domingo, 20 de octubre de 2019

NO HAY MÁS CIEGO QUE QUIEN NO QUIERE VER


NO HAY MÁS CIEGO QUE QUIEN NO QUIERE VER




 “Cuando un hombre hace algo completamente estúpido es siempre por los motivos más nobles”.
“Nada es verdaderamente cierto solo porque un hombre muera por ello”.
Oscar Wilde

11 de mayo de 1931: decenas de conventos, colegios y centros católicos son quemados.

20 de diciembre: Linchamiento de 4 guardias civiles en Castilblanco (Badajoz) en el marco de unas manifestaciones y huelgas convocadas por la Federación de Trabajadores de la Tierra.

5 de enero 1932: Arnedo, La Rioja. Guardias civiles abren fuego contra campesinos matando a once personas, entre ellas, a cuatro mujeres y un niño e hiriendo a 16 más.

10 de enero: Mitin carlista. A la salida, algunos se encaran con jóvenes socialistas y se produce un tiroteo con el resultado de tres muertos y un número indeterminado de heridos. Las pesquisas determinan que los tiros habían salido del Convento de las Madres Reparadoras de la vecindad. Se publica la orden de disolución de los Jesuítas.

Abril: enfrentamiento entre socialistas y carlistas en Pamplona. 2 fallecidos y 8 heridos por arma de fuego.

10 de agosto: golpe de estado fallido del General Sanjurjo (La Sanjurjada)

Julio: Huelga de la Telefónica emprendida por la CNT que da lugar a los acontecimientos trágicos en Sevilla. 30 muertos y unos 200 heridos. Insurrección anarquista en el alto Llobregat en la que las banderas republicanas son sustituidas por la rojinegra de la FAI/CNT.

Enero 1933. Levantamiento anarquista para instaurar el comunismo libertario que deja un balance de 37 muertos y 300 heridos en tres días en Cataluña, Valencia y Andalucía.

11 de enero. En Casas Viejas (Cádiz), la Guardia de Asalto abre fuego matando a todos los habitantes de la casa de un cabecilla de las revueltas campesinas de la zona. Se fusila in situ a catorce personas.

29 de octubre. Fundación de Falange Española.

Diciembre de 1933: Siete días de insurrección anarquista con Zaragoza como foco principal. 75 muertos y 101 heridos entre los insurrectos y 14 muertos y 63 heridos entre las fuerzas del orden (Guardia Civil y Guardia de Asalto)

Octubre de 1934: Revolución de octubre. 40 muertos en el País Vasco y 8 soldados y 38 civiles en Cataluña. Asturias: 34 religiosos asesinados y 58 iglesias y conventos incendiados. 1.100 muertos y 2.000 heridos entre los sublevados y unos 300 en las fuerzas de seguridad coordinadas desde Madrid por un joven general de nombre Francisco Franco.

Mayo 1936: Yeste (Albacete). Enfrentamiento entre jornaleros y Guardia Civil. 1 guardia y 17 campesinos muertos, algunos de ellos a sangre fría.

12 de marzo. Aparece La Falange en el escenario de la acción. Atentado contra Luís Jiménez de Asúa en el que muere su chófer Jesús Gisbert.

14 y 15 de abril: Atentado en el Paseo de la Castellana en un desfile militar perpetrado por falangistas del que salen ilesos Martínez Barrio y Azaña. Muere un militar. A continuación se produce un tiroteo con el resultado de seis muertos y algunos heridos. Uno de los muertos es Ángel Sáez de Heredia, primo de José Antonio.

Entre abril y junio, los falangistas causaron más de 50 víctimas entre militantes de izquierda, la mayoría en Madrid. Las represalias acabaron con la vida de unos 40 falangistas. Unos cien edificios religiosos fueron asaltados e incendiados, aunque sin víctimas.

Y luego vino lo peor. Y, cuando ya parecía que todo el mal estaba hecho, vino la cruel e inmisericorde represalia de la posguerra.

Y en esta rueda de la fortuna, que en este país siempre parece detenerse en impar y negro, llegó la Transición, el periodo más largo de paz, democracia y prosperidad que las últimas 20 generaciones han conocido. Hoy se la discute y desprestigia. Muy, pero que muy mal agüero.

“La verdad es raramente pura y nunca simple”. O.W


Román Rubio
Octubre 2019

domingo, 13 de octubre de 2019

SANT DONÍS


SANT DONÍS




El 9 de Octubre no solo es la fiesta de la Comunidad Valenciana. Es también la fiesta de Sant Donís, el San Valentín valenciano. Me lo recordó el hecho de ver desfilar al Gremio de Pasteleros con su chaquetilla blanca en la Procesión Cívica. Eso, y los expositores del horno de mi calle, que por esas fechas se llenan de pequeñas frutas de mazapán. Y es que por aquí es tradición lo de la mocaorà, un pañuelito lleno de frutas y hortalizas de esa masa azucarada que los enamorados regalaban al objeto de sus amores, humilde interpretación del bono por la noche en el spa o la cena en el restaurante de media estrella michelín que habría de venir después.

Despistado como es uno, nunca había pensado que nuestro Sant Donís era el Saint Denis de los parisinos, ese que da nombre al barrio de París y a la población del extrarradio que acoge la famosa basílica y el Stade de France.

Saint Denis (San Donisio) fue el primer obispo de París y Apóstol de las Galias, en época romana. Fue martirizado y decapitado, en 272, en compañía de dos de sus discípulos, Rústico y Eleuterio, probablemente en Montmartre (mons Martyrum), durante la persecución de Aureliano. Aún así, descabezado como estaba, el empecinado obispo anduvo con la cabeza debajo del brazo la distancia considerable de unos seis kilómetros hasta el lugar en que hoy se levanta la basílica, en la banlieu parisina e hizo entrega de la misma (de la cabeza) a Casulla, una devota mujer descendiente de la nobleza romana, tras lo cual se desplomó. Curiosamente, la basílica que se construyó en honor del santo acogió después a los Reyes de Francia; entre ellos Luis XVI y María Antonieta, también decapitados. Allí, en el cadalso fue donde la reina, tras pisar involuntariamente el pie del verdugo, dijo aquello de: “Pardonez-moi, monsieur. Je ne l’ai pas fait exprès” (Perdóneme señor. No lo he hecho adrede). Noblesse oblige.

Tres días después de Sant Donís, el 12 de octubre, se celebra en España el día de la Virgen del Pilar, rememorando la aparición de la Virgen María en carne mortal al Apóstol Santiago en Caesaraugusta (Zaragoza) a las orillas del Ebro, unos 230 años antes de la caminata del obispo parisino con su cabeza bajo el brazo. La Virgen le habría transmitido su deseo, conocido por Jesucristo,  de que la acompañara en el momento de su muerte junto a los otros discípulos, con lo que Santiago fue a Judea, y allí fue ajusticiado y decapitado por orden de Herodes Agripa. Dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, se habrían encargado de traer el cuerpo decapitado navegando en una improbable “barca de piedra” hasta Compostela, en donde fue enterrado.

Esta versión ha sido cuestionada por muchos historiadores, algunos de la significación de Unamuno y Sánchez Albornoz, que piensan que el inquilino de tan famosa tumba no es el Apóstol sino el obispo galaico Prisciliano, acusado de brujería y gnosticismo, ejecutado, ¿adivinan cómo? Exacto: decapitado,  junto a unos compañeros en una ciudad centroeuropea y presuntamente traído a Galicia en 385 por dos de sus discípulos que estarían enterrados junto al insigne gnóstico.
Todos ellos terminaron con la cabeza separada del cuerpo y en compañía de dos discípulos. Casualidad.

La bella Judith salvó a su ciudad y al pueblo de Israel cortando la cabeza de Holofernes, general asirio, y Salomé, otra bella del lugar, tras encandilar a Herodes Antipas con un artístico baile, pide a este la cabeza de Juan el Bautista, que le es ofrecida en bandeja de plata.

Hace unos días, una mujer en Castro Urdiales dejó a una amiga un paquete para que se lo guardara. La amiga, intrigada por el olor, abrió el envoltorio y descubrió una cabeza humana. Era la de un hombre, pareja de la mujer, que había desaparecido meses antes. Este decapitado sin milagro ni “barca de piedra” ni discípulos. Sin épica, sin relato. Sin cuerpo, siquiera. Solo sordidez.

Román Rubio
Octubre 2019

jueves, 10 de octubre de 2019

EL CAZADOR


EL CAZADOR


La edición digital del domingo 6 de octubre traía un reportaje sobre un tal Marcial Gómez Suqueira, de 79 años, cazador y “franquista con orgullo” en el que este se vanagloria de haber matado varios miles de ejemplares de 420 especies (algunas de ellas protegidas, como el oso polar o el rinoceronte blanco) de caza mayor a lo largo y ancho del mundo. El personaje, que piensa donar, o ceder —que no lo tengo claro—, su colección  a la Junta de Extremadura para hacer un museo, es un rico empresario que fue propietario y vendió el 52% de la aseguradora Sanitas por una millonada y  dice cosas como: “hace tres años intenté calcular el tiempo que he estado cazando. Me salía que he estado pegando tiros, las 24 horas del día, durante once años y tres meses de mi vida. Sin parar, pegando tiros”.


Confiesa haber tenido cuatro aviones en su vida (mejorando el modelo cada vez) y haber pasado la mayor parte del tiempo yendo de un sitio a otro del globo, con el único propósito de matar animales. En su colección de “trofeos” (quizá la mayor del mundo) se topa uno tanto con un leopardo de Zimbabue como un tigre de Tailandia, un león de Sudáfrica, un ocelote de México o un guepardo de Namibia, un lobo de Alaska, un armadillo de EEUU o un cocodrilo de Tanzania. Miles.

Puedo comprender a quien le tira a la perdiz para echarla a la paella e incluso al que espera una noche al jabalí que le destroza la cosecha, pero en un tipo que mata por matar, solo veo maldad. Resulta difícil ver donde reside el placer de abatir a un animal salvaje. Creo que hay que ser muy mala persona para gastarse una pasta en irse al otro lado del mundo con el único objetivo de matar algo inocente y bello.

Como es natural, el texto levantó gran indignación. Unos, como yo, por el hecho de que existan tipos así y otros en contra del periodista y del periódico El País por publicarlo, quejándose de que el punto de vista del autor del reportaje fuera demasiado neutral o tibio en la condena al individuo, limitándose a exponer lo que ve y lo que dice.
Es cierto que Manuel Ansede, que es quien firma el impecable reportaje, en ningún momento da su opinión. Y mucho menos se permite juicio alguno. Ya lo hará el lector. Y eso es algo que muchos no le perdonan. No les basta con conocer los hechos. Quieren que se los expliquen y se los sirvan, no solo vistos para sentencia sino ya juzgados, malacostumbrados, quizá, por aquello de: “Ya conocen ustedes las noticias. Ahora nosotros les contaremos la verdad”. Eso, eso, bien mascadito; que me la cuenten, que me la cuenten.

Y no es porque el periodista no tenga una opinión, que seguro que sí que la tiene; de hecho, contextualiza al personaje con observaciones como la de que lleva la bandera de España con el aguilucho en su iPhone o que tiene el retrato de Franco presidiendo la sala del billar, pero está escribiendo un reportaje y no una columna de opinión. ¿Por qué habría de devaluar con su opinión lo que de tan forma tan poderosa muestran los hechos?

Ay, pero muchos quieren (exigen) que se tutele su pensamiento y se les diga exactamente lo que quieren oír, que su atonía intelectual se vea respaldada por una fuente de prestigio. Unos esperan a ver qué dice El País, otros a ver qué dice Wyoming y la mayoría a ver qué dice Iñaki Gabilondo.

Y ese sí que tiene la última palabra. ¡Qué gran peso sobre tus espaldas tienes, Iñaki!


Román Rubio
Octubre 2019

martes, 8 de octubre de 2019

BANDERITA, TÚ ERES ROJA


BANDERITA, TÚ ERES ROJA





Hace ya años que acompañé a un amigo extranjero a ver un partido a Mestalla. Allí, mi amigo se quedó muy extrañado al ver que la afición valencianista parecía no tener un color determinado: unos llevaban camiseta blanca, otros naranja, otros con los colores de la señera y otros negra, azul o, incluso, dorada. Los únicos que parecían tener colores de club eran los rojiblancos bilbaínos agrupados allá en lo alto, en el rincón noroeste del Gol Gran. Como la situación del club era muy inestable en aquel tiempo cada camiseta tenía un anunciante distinto, con lo que un forastero tenía la impresión de ir a ver un trofeo cuadrangular en vez de un partido de Liga.

Escribo esto la víspera del 9 d’Octubre, fiesta de la Comunidad Valenciana con lo que mañana disfrutaré de la exhibición de banderas que más que a un país representarán de nuevo más bien un torneo cuadrangular. El año pasado observé a unos extranjeros que situados junto a mí presenciaban la manifestación de la tarde en la Calle Colón con cara de no entender nada. Por si me preguntaban por el significado de tanta banderola, yo me había hecho un esquema mental que más o menos era:

Hay unos ciudadanos que marchan pacífica y festivamente por el centro de la calzada exhibiendo unas banderas a franjas rojas y amarillas más o menos delgadas. Otros, que parecen ser amigos porque marchan a su lado en jovial camaradería, portan una bandera igual pero con una estrella. Entre ellos no parece haber ningún tipo de problema. Algunos conversan animadamente.  Claro que –habría que explicarle al turista- esta camaradería se da porque se trata de Valencia, que en Barcelona…, pero, en fin, allá ellos. Otros andan entremezclados en pacífica armonía portando banderolas de franjas más anchas, también rojas y amarillas, pero con una raya morada. Estos —habría que informar al de fuera—  son los nostálgicos  la República Española. El hecho de que vayan junto a los que abogan por una república catalana independiente y a los que portan la señera sin estrella (que representa la Cataluña autonómica pero puede representar, también, a los Països Catalans) es un poco difícil de entender, pero es solo para los extranjeros, porque para nosotros, los de aquí, está más claro que el agua.

Ahora vamos con los que vociferan, increpan e insultan a los que desfilan: A pesar de que los colores de sus banderas  sean los mismos, como pueden ver, son enemigos. Los de la bandera roja y amarilla de rayas gordas son los que están por la unidad de España, pero no hay que confundirse: no pueden ver a los de la raya morada que desfilan por la calzada  porque unos están por la república y otros por… bueno, por cualquier cosa que no sea república: monarquía, dictadura… todo depende de si llevan en su bandera un escudo o un aguilucho.
Es muy importante  que estos otros de las barras delgadas que hacen colla con los de las tres rayas gordas con los  mismos colores no se confundan con los de dentro de la calzada. Verás que llevan una cenefa azul, la bandera “oficial” del territorio. Estos abogan por una Comunidad Valenciana (que no País, sobre todo eso) fuerte y sana dentro de España y, a ser posible, alejada de los que quieren hacer migas con Cataluña (que son los sin cenefa) y de los que, sin querer juntarse con ellos, quieren hacer una república nueva. ¿A que se entiende?

De todas formas, tenía un plan B: unas calles más abajo había un entretenido desfile que me resultaría más fácil de explicar: se trata de unas filas de tipos generalmente barbados desfilando  al son que marca uno que se pavonea más que los demás contoneándose con una espada en la mano. No hay que preocuparse: no son yihadistas ni están haciendo proselitismo islámico ni nada. Son tipos disfrazados de guerreros de Almanzor de fantasía  que se  encienden un puro, se cogen del brazo de sus amigos y desfilan al ritmo de los timbales sin propósito violento alguno. Suelen acompañarse de collas de mujeres semivestidas con tules y otras trasparencias que hacen piruetas y mueven el ombligo de manera vertiginosa y muy entretenida al son de la música. A veces, los guerreros de Disneylandia sacan los trabucos y, con gran estruendo,  disparan kilos de pólvora contra otros disfrazados de Cid Campeador, pero ni ponen bala ni tiran a dar. Es todo de mentiras.


Román Rubio
Octubre 2019

sábado, 28 de septiembre de 2019

MONSIEUR CHIRAC


MONSIEUR CHIRAC




El 2 de abril de 2005 me encontraba en Roma de turismo con mi familia. Coincidió con la muerte de Juan Pablo II, y como es natural fuimos a la Plaza de San Pedro a vivir el ambiente. Allí, de improviso, me vi con una persona con un micrófono en la mano preguntándome si quería responder unas preguntas para no sé qué cadena de televisión americana. Había muchas televisiones aquella noche grabando entrevistas y por una vez las sotanas y los hábitos eran los más buscados por las cámaras. Yo aportaba la imagen de padre de familia acompañado de mujer e hijos adolescentes, imagen que se evaporó  en el momento en que se encendió el foco y me dejaron solo ante la entrevistadora.
Me vi allí opinando sobre alguien extremadamente conservador y anticomunista furibundo con quien yo no tenía en común ni siquiera la fe, pero como no está bien hablar mal del muerto en los velatorios, destaqué la oposición firme y clara al gobierno de Washington cuando este declaró la guerra a Irak. 
En el momento de enfrentarse al poderoso, el polaco no se amilanó y le dijo a Bush y a quién quiso oírle que aquella maniobra era criminal y que no podía contar con la complacencia de la Iglesia Católica.

Esto me vino a la cabeza hace un par de días cuando me enteré de la muerte de Chirac. El francés, pilar de la República, tuvo un episodio de corrupción en su vida que afeó parte de su carrera política pero, como el Papa polaco, tuvo la decencia y la dignidad de oponerse al Presidente del Imperio en su injusta, mentirosa, torpe y criminal aventura. La Historia encontró a Chirac y Chirac se encontró con la Historia. No fue fácil para él, como tampoco lo fue para Francia. En EEUU se desató una fuerte reacción y se llegaron a boicotear los productos franceses, pero enfrente se encontraron con la firme posición de la digna República Francesa y de su Presidente, un hombre de derechas, decente, que, junto con su Ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, se plantaron ante el poderoso, arropado este por el Judas de la Izquierda (Tony Blair), para denunciar sus villanías.
¿Y qué hizo, entretanto, el Gobierno de España?

El ignominioso presidente Aznar hizo gala de la más execrable de sus  cualidades de caballerete malvado y rencoroso y recitó aquello de:

Me porté como quién soy,
doncel petulante y chulo,
arrogante con David,
 y con Sansón, lameculos.

Y dejó la imagen de España a la altura del betún. Y a muchos de nosotros, avergonzados.

¡Va por ti, Chirac!

Román Rubio
Septiembre 2019

viernes, 20 de septiembre de 2019

ELECCIONES


ELECCIONES




Intento mantenerme al margen de noticiarios y seguimiento de la política, pero, así y todo, creo haber entendido de qué va esto. A ver si soy capaz de explicar el contexto, tal y cómo yo lo veo:

Hay un caballero con coleta que, después de unos resultados electorales deplorables, se presenta al presidente pidiendo (exigiendo, más bien) la Luna, como si del Mayo del 68 se tratara.

El habitante de la Moncloa, que no dice ni hace nada que no sea producto del marketing político (o marketing, en general), le ofrece una vicepresidencia y algún ministeriete de poco presupuesto, que es mucho más de lo que el caballero de la coleta se ha ganado, según sus  resultados electorales.

Hay un tipo llamado “Potro Desbocado” (Albert para los pocos amigos que le van quedando) que, teniendo la llave de la gobernabilidad del Reino —ofreciendo su apoyo al presidente— la tira por la borda, junto con su prestigio y hasta su decencia. El alazán, sin  motivo real o aparente alguno, está siempre crispado, nervioso y agresivo con sus rivales y apático y silente con sus compañeros, que continuamente saltan del barco.

Hay unos periféricos que, como en ellos es costumbre, tienen una sola pregunta: ¿Qué hay de lo mío? Con tan poca lealtad y solidaridad que, regidos por el lema de “cuanto peor, mejor” dejaron caer al de la Moncloa al no apoyar sus presupuestos, favoreciendo así a la derecha de sus demonios.

Hay un líder de la derecha —que se ha dejado barba— intentando ocupar un espacio por el que luchan “Potro Desbocado” por un lado y los de la España cañí por otro.

Y hay un tipo en Moncloa que, viendo la inoperancia y torpeza de sus rivales y creyendo que va a obtener mejor resultado, convoca a los habitantes del Reino, una y otra vez, a elecciones, hasta que obtenga el resultado deseado.

¿Me he perdido algo? No soy adivino, pero creo que el maniquí de la Moncloa no ha tenido en cuenta que la abstención —más que sus intrascendentes rivales— es su gran enemigo en esta ocasión.
Y como muestra, la dificultad para entrar en la página de borrarse: de la propaganda electoral y hasta de la ciudadanía, si la oportunidad se presentara.

Román Rubio
Septiembre 2019

lunes, 16 de septiembre de 2019

ECOLÓGICO


ECOLÓGICO



https://www.youtube.com/watch?v=g26EjnBH0x0


El artículo de hoy va sobre un tema en el que confieso ser un lego, sin formación ni base científica. Me baso solamente en mi experiencia como observador de la naturaleza y mi propia intuición, de modo que si un especialista o alguien mejor formado e informado que yo en el tema me corrige, no tendré inconveniente en reconocer mi ignorancia.

La idea me vino al ver un vídeo que ha corrido estos días por Youtube de la impresionante crecida del río Albaida a su paso por Manuel, en Valencia. Los que grababan, desde encima de un puente vieron venir la enorme crecida, del que por lo normal es un riachuelo semiseco, ocupando todo el cauce y arrastrando toneladas de cañas y maleza. Uno de los testigos, en su valenciano poco normativo exclama: “¿No deían els eclologistes que hi había de netejar el cauce? Pues, hala, ja está netejat”. Lo que hizo preguntarme si de verdad los ecologistas decían que había que limpiar el cauce. O, más bien, si es siquiera ecológico limpiar los cauces para que el agua discurra de manera más fluida ¿Por qué habría de serlo si el río sabe cobrárselo cuándo lo necesita y es capaz de hacerlo sin esfuerzo alguno? Una cosa, en mi opinión, es que cause menos daño a los asentamientos humanos, cultivos y vías de transporte y otra que sea más o menos ecológico.

La verdad es que lo que es ecológico o no lo es me genera muchas dudas. Tengo un pequeño huerto de 50 metros cuadrados que riego “a manta” (por inundación) mientras muchos de mis vecinos tienen instalado el riego por goteo, con lo que con bastante menos cantidad de agua obtienen una cosecha similar. Esto me hace a menudo sentir culpable, como cuando me permito la pecaminosa indulgencia de comerme un entrecot de ternera rubia gallega.
Entiendo los argumentos de los críticos que me echan en cara que gastar más agua de la que sería suficiente para regar las plantas es un despilfarro, pero, ¿es menos ecológico? Y ahí mi duda.

En tiempos de los romanos, cuando se fundó mi ciudad, el río se desbordaba cuando quería. O más bien, siempre estaba desbordado, ya que el caudal no estaba regulado por presa alguna. Así se formó la llanura fluvial valenciana (no hace tanto que habían barcas junto a la Plaza del Ayuntamiento). Poco a poco se fueron construyendo presas para desecar los terrenos y regular el caudal del río. Los agricultores pusieron sus huertas y construyeron acequias para “inundar” de manera controlada y a su conveniencia los terrenos que antes inundaba el río. De este modo, reproducían o copiaban de manera artificial lo que el río hacía de manera natural.

La inundación del regadío provocaba las filtraciones necesarias para mantener los niveles de las aguas subterráneas impidiendo su salinización y permitiendo la excavación controlada de pozos.

Por eso, si “ecológico” significa respetar el orden natural de las cosas minimizando la acción humana sobre el entorno, piénsese siempre dos o tres veces las implicaciones cada vez que alguien use el término. A lo mejor quieren decir económico, conveniente, productivo o fácil. O simplemente, moderno. O quizá ecológico. No sé.


Román Rubio
Septiembre 2019

jueves, 12 de septiembre de 2019

¡QUIQUIRIQUÍ!


¡QUIQUIRIQUÍ!





Canta el gallo. He pasado unos días andando por la Galicia del interior, tierra de vaca y aldea, y todas las mañanas me despertaba con el quiquiriquí del gallo. Bueno, yo me despertaba con el quiquiriquí porque los ingleses que andaban por allí se despertaban con el mismo gallo que para ellos entonaba el (lo crean o no) cock-a-doodle-doo. Siempre ha sido para mí un profundo misterio el hecho de que el canto de gallo en inglés se transcriba con algo que suena algo así como cocadudeldu. Traten de imaginarse a un gallo diciendo tal cosa. Con algo más de sentido común, los franceses oían cocoricó y los italianos, más parecidos a nosotros, chichirichi (pronúnciese quiquiriquí). Como estábamos en territorio gallego, los locales, probablemente, oirían cocoricó que es como dicen los portugueses.

Con el ladrido del perro pasa lo mismo. Donde nosotros escuchamos guau los ingleses oyen woof y los franceses ouaf y si aquí el gato hace miau, en Inglaterra y países anglófonos dice meow.
Lo cierto es que los gallos, los gatos y los perros maúllan, ladran y cacarean de la misma manera, sea en Francia, en Inglaterra o en el mismísimo Mondoñedo. Son las personas las que interpretan la realidad del cacareo o el ladrido al modo de los habitantes de la caverna de Platón. La realidad es la realidad y las personas no ven sino reflejos de la misma y la interpretan a su gusto. Unos oyen guau y otros woof.

Las tortillas gallegas son insuperables y en las aldeas los gallos y las gallinas andan sueltos dentro de las parcelas y a veces por la mismísima calle sin que nadie los y las moleste. Por mi parte, no vi ni escuché ninguna queja por parte del público aviar. Es más, se le veía contento y feliz cacareando alegremente mientras picoteaba por aquí y por allá. Por esa razón las gallinas dan tan sabrosos huevos y me resultó chocante lo que leí en La Voz de Galicia una mañana mientras tomaba mi café con leche en un bar: en un pueblo de Gerona la portavoz (quizá portavoza) de una organización vegana informó al mundo de que en su granja habían separado a las gallinas de los gallos para que estas “no fueran violadas” por aquellos.

Hay que ver qué razón tenía Platón con su alegoría de la caverna. La realidad, que es una (mundo inteligible) puede ser interpretada de las maneras más opuestas y extravagantes (mundo sensible). Lo que para algunos (y algunas) constituye una amena actividad recreativa que ayuda a soportar el aburrimiento del picoteo, para otras (y otros) es violación. Y para lo que algunas (y algunos) es liberación, para otros (y otras) no es sino la implementación de una inaceptable política de apartheid aviar y una subversión del orden natural de las cosas.

En fin, posiciones encontradas. Como encontradísimas fueron las posiciones de una turista británica que en el zoco de Tánger se reveló ante el estado en que el vendedor tenía a las gallinas en su jaula. La inglesa, de la que se desconoce su régimen de alimentación, se lanzó sobre las cajas de gallinas que el hombre tenía a la venta a grito pelado intentando abrirlas, llegando a morder al vendedor en la mano. Su actitud de histeria fue tal que requirió de la presencia de la policía de su majestad que la llevó a comisaría primero y a un hospital después por ver de tranquilizarla.
Ya ven, lo que la turista veía como una situación inaceptable de maltrato animal tras dar cuenta del buffet del hotel en el que se alojaba, para el vendedor no era sino el modo de llevarse unos dírhams con los que poner la comida en la mesa de su casa.

Lo dicho: Vemos sombras; el pollo es el mismo, aunque uno oiga quiquiriquí y el otro cok-a-doodle-doo.

Román Rubio
Septiembre 2019

sábado, 31 de agosto de 2019

EL BUEN SALVAJE


EL BUEN SALVAJE




El mito es bastante antiguo. Las primeras consideraciones sobre la bondad del individuo incontaminado por la sociedad provienen de la época del descubrimiento de América por los españoles, desarrollado y universalizado siglos después por la Revolución Francesa que se basó en las ideas de Locke, Montaigne y, sobre todo, de Rousseau, para difundir  la idea de  la pureza del humano que vive en la naturaleza sin adulterar, mito favorecido por la literatura y la imaginación de ciertos autores como el caso de Tarzán o de Mowgly, en El libro de la selva, y contradicho por los casos documentados de los niños salvajes Victor de Aveuron y Gaspar Hauser.

El buen salvaje sigue manteniendo su pureza cuando vive en “sociedades primitivas”, una especie de Arcadia feliz que por la debilidad de sus estructuras sociales contaminan menos la naturaleza bondadosa del individuo que las pérfidas “sociedades civilizadas”.

Todo esto me vino a la cabeza cuando leí en el periódico del jueves que “Un grupo de arqueólogos encuentran 227 cadáveres de menores de entre 4 y 14 años sacrificados en un rito precolombino en la costa norte del Perú”. Los esqueletos, de 1.200 o 1400 años de antigüedad, constituyen el mayor hallazgo de restos de sacrificio de niños en la América precolombina. Pero no el único. Ni el más moderno. 
En junio de 2018 se descubrieron restos de 56 niños en Pampa la Cruz, a solo dos kilómetros de Huanchanquito, lugar donde en Abril de 2018 se descubrieron 140 niños y 200 llamas sacrificados en un ritual de la cultura Chimú, en la costa norte de Perú, al parecer ejecutado con la finalidad de aplacar las catástrofes naturales ligadas al fenómeno climático El Niño, que —como diría Rajoy— tampoco es cosa moderna. 
Según las pruebas con radiocarbono sobre cuerdas y textiles llevadas a cabo por National Geographic, los hechos se produjeron entre 1400 y 1450, un siglo antes de la conquista de Pizarro (1532) superando el hasta entonces mayor hallazgo de enterramiento infantil producto de sacrificios rituales (42 niños) encontrados en el Templo Mayor de la capital azteca de Tenochtitlán (actualmente, Ciudad de México)

 No voy a justificar aquí el hecho de la brutal conquista de las tierras americanas por la Corona española. Se mató y expolió, pero también se mejoró la vida en muchos aspectos. Y no solo en lo que respecta a los sacrificios humanos. El intercambio tecnológico colombino fue bueno para todo el mundo, el de aquí y el de allá.

¿Qué sería de Europa sin patatas, por ejemplo; o sin pimientos, chocolate, maíz o alubias? Es difícil imaginar Asturias sin fabada, pero también una Colombia sin café, una Argentina sin gauchos a caballo ni vacas que cuidar ni bifes para echar a la brasa. Y ni siquiera un par de Quilmes para refrescar el gaznate.

¿Y el sofrito, fundamento de todos los guisos de la popular “cocina mediterránea”?
En algún momento, en algún lugar del Atlántico dos barcos se cruzaron: uno traía tomates y otro llevaba cebollas y aceite de oliva. Había nacido el sofrito, la base de cualquier guiso que se precie.
Es verdad que los españoles de la época llevaron un regalo envenenado que diezmó la población autóctona: la viruela; pero ellos, para no ser menos, devolvieron el “regalo” con una plaga no menos letal: el tabaco.

Hagamos del sofrito el símbolo del comercio y el intercambio entre civilizaciones.


Román Rubio
Agosto 2019

miércoles, 14 de agosto de 2019

LA NAVAJA DE OCKHAM


LA NAVAJA DE OCKHAM




Guillermo de Ockham (1280-1389) fue un fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico que formuló el célebre principio conocido como la navaja de Ockham, principio de economía o principio de parsimonia, que viene a decir algo que usted y yo sabemos sin ser filósofos, escolásticos y ni siquiera franciscanos, ya que el enunciado estipula que: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla viene a ser la más probable. Lógico, ¿no? Es utilizada en ciencia para el desarrollo de los modelos teóricos, en economía, en lingüística y en otras disciplinas; y en el mundo anglosajón usan la palabra “elegancia” para calificar a las explicaciones sencillas de teorías complejas.
El origen del término es confuso. En el siglo XVI se pensaba que con este principio, Ockham “afeitaba como una navaja las barbas de Platón” por la simplicidad ontológica que propugnaba, en contra de la ontología platónica, tan llena de entes.

Tengo que reconocer que soy un firme (¿e ingenuo?) seguidor del principio de Ockham en casi todos los órdenes de la vida, pero no todo el mundo lo es —o lo ha sido—; entre ellos, Kant o Leibniz. Este último lo criticó cuando formuló su principio de plenitud, según el cual “todo lo que sea posible que ocurra, ocurrirá”.

Hoy en día mis coetáneos, o más bien, los más tramposos y/o crédulos contemporáneos de moral laxa lo han reformulado por la teoría de la conveniencia, que viene a decir aquello de que “la verdad es todo aquello que me conviene”. Y al abrigo de tan conveniente filosofía nacen las teorías conspiratorias.

El otro día, Epstein, el otrora poderoso Epstein, acusado y convicto de abusar de menores apareció muerto en su celda de una prisión de Manhattan. Había intentado suicidarse antes y esta vez lo consiguió atando una sábana a la litera, anudándosela al cuello y arrastrándose de rodillas. Pues bien, el amigo Trump ha dejado caer vía Twitter que el “presunto suicida” había sido amigo de Clinton, lo que claramente descarta la posibilidad de suicidio, al menos en el universo de Leibniz en el que “todo lo que sea posible que ocurra, ocurrirá —si me conviene—” ¿Y cuál es el mayor indicio en contra de la tesis del suicidio? Pues que uno de los vigilantes era un interino, un sustituto o algo así. Unas evidencias igual de convincentes que cuando acusó al padre de Ted Cruz (su rival republicano en su carrera a la presidencia) de “haber matado a Kennedy”.

¿Y los separatistas catalanes? ¿Qué piensan de Epstein y la muerte de Kennedy Puigdemont y compañía? Nada, por supuesto. Como su enemigo es el Estado Español, implican al CNI en el atentado de las Ramblas de Barcelona. De otro modo, ¿qué hacía el servicio de inteligencia español investigando al imán de Ripoll si no era para preparar el atentado?

Todos, pero todos los acontecimientos trágicos y luctuosos tienen detrás una, dos, tres, cuatro y hasta cientos de teorías conspiratorias. Parece que hay un gran número de personas incapaces de admitir que las cosas son, por lo general, simples —como dijo Ockham— y que tras cada accidente, incidente, atentado o asesinato no tiene por qué estar necesariamente la CIA, el CNI, el IBEX o Rubalcaba.

En España estuvieron Pedrojota, Jiménez Losantos, el infumable Aznar y muchos otros, años y años, intentando convencer a los incrédulos ciudadanos que fue ETA, en connivencia con Rubalcaba, la autora del terrible atentado del 15M. Y aún hoy el bueno de Villarejo (que a buen recaudo lo tenga Dios muchos años) dice tener pruebas incriminatorias sobre el asunto. Bueno, y sobre el Pequeño Nicolás, la Familia Real y si me apuran, del asesinato de Kennedy.

Usted dígame quién es su enemigo, que yo le diré quién es el culpable.


Román Rubio.
Agosto 2019

lunes, 5 de agosto de 2019

PENSIONISTAS


PENSIONISTAS




Que la Patria es una madre generosa es un hecho. Algunos quieren ver en ella a una madrastra. Si lo es se trata de una madrastra buena, dadivosa, clemente y cariñosa, y no como la de Blancanieves. Suele premiar con una pensión —modesta o generosa— a  todos sus hijos por villanos y desagradecidos que hayan sido para con ella o para con sus hermanos y hermanastros.

En ello andaba yo pensando el otro día cuando leí que El Dioni, el famoso Dioni, el que trincó trescientos millones de pesetas del furgón que debía custodiar y se piró al Brasil a dar cuenta de la fortuna, vive ahora modestamente en Moratalaz de la pensión con que la patria le compensa por los servicios prestados. Creí entrever algún tipo de reproche o decepción por el hecho de ser remunerado con la magra cantidad de 830€ al mes, lo que para hombre de su condición y mérito no deja de ser una miseria. Él, que había sido vecino de Ayrton Senna, Pelé y Roberto Carlos en Río y que se autodefinía como el más “guarrindongo” de los millonarios durante los 55 días que duró su aventura brasileña, se veía ahora rebajado a comprar en el Día, ir al cine el día del espectador y comer pipas en el parque. Pobrecito. No sé cómo la patria no se estira más y le da una pensión acorde con el mérito. Tan ofendido se sentía el guardián de la cebada que en las manifestaciones de los pensionistas salió con un cartel en el que anunciaba que, o la patria era más generosa con él (y, ya de paso, con todos) o se vería obligado a desvalijar otro furgón. Reivindicándose. ¡Escondan los furgones, que viene El Dioni!

¿Y de qué creen que vive el exteniente coronel Antonio Tejero? Pues de la pensión que le pasa la madre patria. Bueno, y de la vivienda que le proporciona en Madrid y de los cuadros que pinta, ya que cuando estuvo preso en el castillo de la Palma de Ferrol (ex del Caudillo) se aficionó a la pintura y los nostálgicos de aquellos polvos le quitan de las manos estos lodos de ínfima calidad artística que dibuja por la modesta cantidad de dos o tres mil euros la unidad. Entre unas cosas y otras, el quasi salvador de la patria se saca un buen vivir.

Se acordarán ustedes de Roldán, el que fuera director de la Guardia Civil y que se llevaba una comisión de cada casa cuartel que se construía o reformaba en España, ¿verdad? Pues el hombre vive tranquilamente en Zaragoza del mermado estipendio de 744€ que le ingresa mes sí mes también la madre patria. Vale, no es mucho, pero algo habría ahorrado el hombre entre raya y raya y, si no, ahí tiene a Sánchez Dragó con el que escribir libros al alimón y sacarse un sobresueldo.

Y Villarejo, ¿qué quieren que les diga de Villarejo? El ilustre jubilado, padre de todas las trampas y husmeador de todos los culos y cloacas del Reino ve —desde el bonito chalet de Estremera en el que reside, en la frondosa campiña madrileña— cómo le ingresan su jugosa cantidad mensual incrementada por las gratificaciones de las medallas por servicios a la patria.
Claro, que en esto de las pensiones, como en todo, hay clases: su amigo Francisco González también recibe su pensión; este en su propio domicilio, pero no parece darle importancia a la cantidad ya que el BBVA, en agradecimiento a las tropelías que tanto han dañado la reputación del banco, le obsequió con una pensión de 80 millones de euros. Nada que ver con El Dioni, Roldán y otros pobretones servidores de la patria.

¿Y creen que Jordi Pujol recibe su paga de Andorra, en donde puso el dinero del abuelito Florenci a buen recaudo? Pues, no. Es la buena madrastra la que paga. Sin preguntar ni rechistar. Por puro amor altruista.

Esto, por lo que respecta a los maketos, pero ¿qué hay de los gudaris?
Como los presos de ETA se han negado al trabajo en la cárcel, les corresponde una pensión no contributiva de 368.9€ que complementa el gobierno vasco con otros 338.7€. Todos ellos donaron sus casas y patrimonio a familiares para impedir que fueran usados como indemnización a sus hermanastros (digo, a las víctimas), con lo que el Gobierno Vasco les añade un suplemento de 525€ al mes en concepto de ayuda habitacional. Les queda, pues, una apañadita paga de 1232€, que no es mucho, pero ya la quisieran para sí los patriotas Dioni y Roldán.
Como ven, siempre hay un plato de comida en la casa de la madre.


Román Rubio
Agosto 2019

viernes, 2 de agosto de 2019

¿POR QUÉ HABRÍA DE CASARSE UNA MUJER CON SU PERRO?


¿POR QUÉ HABRÍA DE CASARSE UNA MUJER CON SU PERRO?




Elizabeth Hoad y su perro, Logan, se dieron el “sí quiero” en [el programa] This Morning esta semana. Y no han sido la primera pareja en hacerlo.
Una mujer se casó con su perro. [El presentador]  Eamonn Holmes condujo a la novia al altar. El novio, un golden retriever, llevaba sombrero de copa. Kem Cetinay (famoso personaje televisivo que adquirió popularidad en el programa The Island) hizo de paje, portador de los anillos. La ceremonia, como si de un delirio de David Lynch se tratara,  tuvo lugar en directo en el programa This Morning del martes. Un espectador lo calificó  de una “visión profundamente desagradable”. “Debería de haber una ley que prohibiera casarte con tu puñetero perro”, tuiteó otro.

De hecho, la hay —el único matrimonio legal es que se da entre dos seres humanos— pero hubo algunos guiños para marcar que no se trataba de una ocasión solemne. Alison Hammond, el oficiante,  se esforzó en ponerlo de manifiesto cuando interpeló a los presentes por si había algún “hueso de la discordia” que resultara un impedimento que impidiera la boda  de  Elizabeth Mary Francis Hoad y Logan Humpfrey Segundo, de seis años de edad. Nadie dijo lo obvio –“¿Qué recorrido tiene?”-  pero Logan ofreció a la cámara una mirada distraída e  intrigante.
Pero, ¿qué mueve a una mujer a casarse con su perro, aunque sea simbólicamente? Antes de la ceremonia, Hoad, de 49 años, dijo en el programa This Morning que después de cuatro compromisos fallidos, 220 citas y un repertorio de experiencias insatisfactorias en  su búsqueda del amor –hombres que ocultaban su matrimonio, hombres que perseguían mujeres más jóvenes- había abandonado la búsqueda de ejemplares masculinos de su especie.
Por otra parte, Logan ha sido una constante en su vida desde que lo adoptó hace un año. “Él me ha salvado y yo lo he salvado a él. Yo estaba rota antes de tenerlo” Y no solo ella, dijo Hoad- muchas de sus amigas preferían la compañía de sus perros a la de los hombres-. No es ni siquiera la primera que se casa con uno.

Wilhelmina Morgan Callaghan, de Irlanda del Norte, se casó con Henry, su terrier de yorkshire en 2009 porque “los perros son mejores que los hombres” y “sé que tengo a Henry para toda la vida”. Lilly Smartelli, 55, de Phoenix, Arizona, anunció en el New York Times tiempo atrás sus planes de casarse con Bernie, su poodle-cross, para poder experimentar así la dicha de estar casada con su mejor amigo antes de morir. ¿Su única duda? Los gastos. “Él siempre ha estado ahí para mí. Me escucha y me quiere sin importar nada. ¿Qué más puede querer una mujer?”.

La relación entre tener perro y tener un menor nivel de estrés, menor soledad y mejor salud física y mental está bien acreditada. Las posibilidades de Hogan de vivir feliz para siempre será más alta con Logan que si se embarcara de nuevo en otra decepcionante aventura. Un estudio del 2010 concluyó que el matrimonio es beneficioso para las mujeres. Por el contrario, este mismo año, Paul Dolan – profesor de Ciencias del Comportamiento en la London School of Economics- afirmó que el matrimonio era beneficioso para los hombres pero no para ellas.  

Para equilibrar el resultado, y en respuesta a la indignación consiguiente, Dolan escribió: “necesitaríamos empezar a dar menos importancia a la clase de relación que las personas eligen tener  y cómo vive sus vidas. Mientras no nos hagan daño, ¿por qué debería importarnos?”, lo que se podría alegar en favor de This Morning.
Tracey Emin, como es bien conocido, se casó con una piedra “porque esta no va a ningún sitio” – pero un perro, al menos, te devuelve tu amor.

The Guardian. Edición digital 1/08/2019

Román Rubio
Agosto 2019





martes, 30 de julio de 2019

CALCOS


CALCOS




Es abrumadora la influencia del inglés sobre las otras lenguas. Y no hablo solo por la cantidad de vocablos con que inundan a las demás (y no solo al español): big data, coworking, running, crowfunding, spoiler… sino por los calcos lingüísticos que impregnan día a día el resto las otras lenguas sin que los hablantes se den cuenta siquiera. Se trata de palabras o expresiones que se traducen directamente del inglés como la cada vez más usada “ponerme en tus zapatos” (to be in yor shoes) por la tradicional “ponerme en tu piel” o “estar en tu piel”.

En la edición digital de El País de hoy leo un titular que me llama poderosamente la atención: “Danzar y danzar para remover las más dolorosas heridas”, firmado por Celina Indhira García Belda. En la imagen, una foto de una clase de danza formada mayoritariamente por mujeres y liderada por un bailarín negro. ¿”Remover” las heridas dolororas? Por favor; eso es exactamente lo que “no” hay que hacer. Si acaso, hay que tratar de olvidarlas, sea bailando o haciendo cualquier otra cosa, para que no sigan haciendo daño.
En la entradilla de la noticia se intuía la solución al enigma: decía que “El coreógrafo franco-congoleño Bolewa Sabourin apoya a mujeres víctimas de violencia sexual mediante el uso del baile, una herramienta poderosa para sobreponerse y reapropiarse otra vez del propio cuerpo”. Ah, ahora sí que se entiende. Lo que quería decir la articulista es que con el baile se trataba de paliar, aliviar, curar o rehabilitarse de la cruel herida de la violencia de género.
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Se trata de un despiste de la autora?, ¿una errata, quizá? No. En realidad es que la noticia ha sido trasladada al español sin muchos miramientos desde un medio extranjero. En inglés “to remove” no significa remover sino quitar, eliminar. De ahí la metedura de pata, que llega al punto de invertir el significado de la noticia.

En la misma edición del mismo periódico leo que Trump, fuente inagotable de exabruptos, arremete ahora contra el reverendo afroamericano Al Sharpton con el argumento de que este “odia a los blancos y policías” y que es “un estafador”, a lo que el reverendo contesta con ironía que “de ser eso cierto, [Trump] me querría en su gabinete”.
Lo que me resultó chocante del artículo que firma para El País Antonia Laborde es el párrafo en el que dice “…el neoyorquino [Trump] lo acusó [a Sharpton] de ser un “estafador” y un “alborotador” que siempre está buscando cómo marcar un punto”. ¿De verdad, entienden eso de “cómo marcar un punto? ¿Lo han oído alguna vez? ¿No les suena como si quisiera haber dicho “anotarse un tanto”? No sé a ustedes, pero a mí me suena como a la traducción literal del inglés “to make a point” que, entre otras cosas, significa empeñarse en algo o hacerse de notar. ¿A ustedes no?

Seguiré leyendo el periódico. Seguro que encontraré algún que otro “calco” del inglés que no reportaré aquí por no aburrirles.

Román Rubio
Julio 2019