domingo, 8 de marzo de 2020

¡VIVA LA ESPAÑA VACÍA! ¡MUERA LA VACIADA!


¡VIVA LA ESPAÑA VACÍA! ¡MUERA LA VACIADA!




¿De izquierdas o de derechas?, ¿constitucionalista o independentista?, ¿del Madrid o del Barça?, ¿trap o hipster? Nada de nada. Ha nacido una nueva división entre españoles: los partidarios de la “España vacía” contra los de la “España vaciada”.
No importa que hablemos de lo mismo, ni que ambos términos sean correctos, como se encargaron de explicar Álex Grijelmo y la Fundéu. Hay que tomar partido. Yo, desde el principio, elegí mi sitio en la trinchera. Soy de la “España vacía”, a muerte, sin discusión alguna. El término me parece elegante, sencillo, expresivo y lleno de contenido y no pretenciosete, sabiondongo, quejumbroso, y reprochosillo, como dicen los relamidos de la “vaciada”, como queriendo culpar  al maestro armero, al malvado capitalismo o al contubernio de Múnich de que en el lugar más idílico y venturoso del mundo —su pueblo, of course— no se vea un alma por la calle, excepto en el mes de agosto.
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—Oiga, llamo por lo de la casa. ¿Se alquila vacía o con muebles?
—Nada de vacía. Se alquila vaciada, que para eso nos pegamos la paliza mi mujer y yo, llevando viajes al punto limpio.
—Vale, ¿y cuánto piden?
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—Se te ve el bolsillo lleno
—Ni hablar. Lo tengo llenado.
—¿Y eso?
—Pues porque me he metido las llaves, los pañuelos y el móvil. Antes estaba vaciado.
—¡Ah!
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—¿De dónde eres?
—De un pueblo cerca de Calamocha. De la España vacía.
—será de la España vaciada.
—Bueno, ¿y tú?
—Yo de Badalona. De la España llenada.
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—Tienes la camisa sucia.
—Querrás decir ensuciada.
—Los pantalones, en cambio, se ven limpios.
—Yo más bien diría limpiados, perdona.
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—Por Dios, ¡qué oscuro es ese cuadro!
—¿Y no le parece más bien que está oscurecido?
—En cambio, ese otro es bien claro.
—Sí. Se le ve muy aclarado.
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—Mamá, mamá, en el jardín de la casa de al lado hay un hombre desnudo.
—No te alarmes, hija. Está solo desnudado; pronto se vestirá.
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España está vaciada.
Quién la desenvaciará?
El desenvaciador que la desenvacíe,
buen desenvaciador será.

Román Rubio
Febrero 2020

martes, 25 de febrero de 2020

PORNOVENGANZA


PORNOVENGANZA




No hace mucho que se ha dado el caso en Francia. El candidato “macronista” a la alcaldía de París ha renunciado a la candidatura. ¿La razón? Un video de los atributos masculinos del candidato en plena acción, enviado a una mujer y con el que trataba de impresionarla, seducirla, agasajarla o a saber qué. La mujer, Alexandra de Taddeo, es la nueva pareja del “artista” ruso Piotr Palensky, autor de radicales “performances” anti-Putin, anti-patrióticas y anti lo que sea, en la más depurada tradición del nihilismo ruso de finales del XIX. Para Piotr, acostumbrado a autolesionarse desnudo en público y otras lindezas, las imágenes del político en tan comprometida situación fue una bendición para su autopromoción y no dudó en difundirlas, asfixiando la carrera del candidato al tiempo que pontificaba sobre la pureza del mundo mundial.

El caso nos ha recordado a otros más domésticos como el del entrenador del Málaga, dimitido o cesado por el club tras ser víctima de extorsión por un vídeo similar y el tan celebrado de Olvido Hormigo, concejala socialista de un pueblo de Toledo, que envió al portero del equipo de fútbol local un vídeo de su cuerpo en pleno frenesí orgásmico  con el mensaje de: “lo que te estás perdiendo”. Vean la diferencia: en París se ve  involucrado un artista conceptual-nihilista ruso y aquí el portero del equipo de regional preferente del pueblo. Es como en París, pero con boina.

El asunto trae consigo siempre un debate sobre el conflicto entre el derecho a la imagen y la libertad de expresión. Unas consideraciones:

1ª.- El mostrar públicamente o difundir esa clase de vídeos es una enorme villanía merecedora de desprecio y reprobación. Es cobarde y malvado y propio de personas mezquinas y miserables.
2ª.- El hecho de hacer la fechoría no tiene por qué ser delito; al menos en el caso de que la imagen haya sido proporcionada por el propio "actor". Una cosa es que alguien hackee el teléfono y lo difunda (lo que es delito flagrante) y otra dar publicidad a las imágenes que voluntariamente ha facilitado el sujeto, lo que hace que la infracción sea más discutible.
3ª.- Para difundir ese tipo de imágenes uno ha de ser un majadero, muy poco prudente o ambas cosas. Una cosa es que a uno le guste meterse plátanos por un orificio corporal distinto de la boca, lo que, aunque algo rarillo, es un acuerdo tácito o explícito entre la persona y el plátano (dos adultos), y otra cosa es grabarlo, lo que ya indica un cierto grado de perversión. Lo de difundirlo ya, pasa al terreno de la estupidez, teniendo en cuenta que desde el momento que se sube a internet termina uno perdiendo el control y la propiedad de la imagen.
4ª.- Para que estas situaciones se produzcan se debe dar la concurrencia, de, al menos, dos ejemplares: un jactancioso y descuidado patán y un bellaco desleal y sin principios, lo que convierte el asunto en un festín trágico.

Ha habido casos sonados en que la difusión de las imágenes o el relato (en su caso) se han hecho sin la connivencia del autor. En España se difundió un jugoso vídeo en que el entonces director del periódico El Mundo disfrutaba de un momento de asueto extramarital con la famosa Exuperancia y en EEUU, Monica Lewinski, en una acción unilateral sin precedentes, anunció a bombo y platillo que había succionado las partes bajas del presidente Clinton en el mismísimo Despacho Oval. Así, sin venir a cuento. ¿Y cómo podía demostrarlo la solícita becaria si no había habido documento gráfico, dirán ustedes? Pues porque la calculadora muchacha conservaba el vestido con los vestigios del ADN presidencial y lo guardaba como oro en paño cuidándose muy mucho de llevarlo a la tintorería.
El caso más insólito de extorsión sexual lo vivió, sin embargo el tenista Boris Becker. Este fue requerido en los tribunales en una demanda de paternidad por la modelo rusa Ermakova, que afirmaba que el tenista alemán era el padre (y pedía una cierta cantidad de millones en concepto de manutención) de su hija Anna. El tenista, extrañado, confesó que no había mantenido relaciones sexuales con la rusa, pero la prueba de ADN confirmó la paternidad. ¿Qué había pasado, pues? Según testimonio de la mujer, esta le había practicado sexo oral al alemán y se había guardado el resultado en un tarro, sustancia que se hizo inocular obteniendo así el embarazo deseado.

Ahí lo tienen: otro ejemplo de que la realidad puede ser más enrevesada que la ficción.

Román Rubio
Febrero 2020





martes, 11 de febrero de 2020

¡ESTOS GRINGOS!...

¡ESTOS GRINGOS!...

Se ha celebrado la ceremonia de los Óscar y ahora viene la resaca. La participación española ha vuelto de vacío. Ni la película de animación Klaus ni la de Almodóvar ganaron estatuilla y la publicitada aparición de la cantante  Gisela duró… siete segundos en solitario y otros pocos haciendo coro. Ya ven: viaje a Los Ángeles, minuciosos ensayos, vestido de trinqui Premium de Primark y tediosas sesiones de maquillaje y peluquería para siete segundos de gloria, pero ya saben que los designios del entertainment se escriben con caprichosas grafías.

Y, mira por dónde, saltó el sainete. La canción de Frozen, “Into the unknown”, fue interpretada en inglés por Idina Menzel y nueve cantantes más que intervenían en su propia lengua (danés, noruego, alemán, ruso, tailandés, japonés y… español). O mejor dicho: español y castellano, ya que, para los organizadores,  la catalana Gisela interpretó su parte en castellano (Castilian) y la mexicana Carmen Sarahí en español (Spanish).


Hay que ver, estos gringos. Primero encuadran a Antonio Banderas como actor “de color” cuando todo el mundo sabe que es de Málaga y después rotulan la versión de la cantante española como Castilian y la de la mexicana como Spanish, cuando todo el mundo sabe que se trata de la misma lengua.

¿Y a qué viene el despropósito?, dirán ustedes. Pues tiene su explicación. Y lógica, además.  Disney tiene como norma hacer dos versiones de doblaje: una para España y otra para Latinoamérica, con distintos acentos y actores de doblaje. Y esa era la razón por la que había dos intérpretes en español en la gala de los Oscar: representando las dos versiones. Así de simple. De modo que, al rotulista de la gala se le planteó el problema de tener que diferenciar las dos interpretaciones y eligió un camino, a mi parecer, de lógica intachable. ¿No son español y castellano la misma cosa? Pues llamo español (término más global) a la versión para EEUU y América Latina y castellano a la versión para la península ibérica. Normal, ¿no?

Entonces, ¿a qué tanto revuelo? Imaginen si no, qué otra opción podía haber tomado el responsable de los rótulos. O mejor: por qué término se habría inclinado usted de haber estado en su lugar. Apuesto a que cualquier otra decisión que hubiera tomado habría sido —al menos— tan controvertida, comentada y criticada como la del (no tan) ignorante gringo.

Y es que, en asuntos de España y de los españoles, todo resulta ser un poquito más complicado que lo que en realidad es. Lo dicho: tormentas en vasos de agua.

Román Rubio
Febrero 2020

viernes, 7 de febrero de 2020

MINISTROS Y MINISTRAS

MINISTROS Y MINISTRAS

—¿Te acuerdas de cuando Azaña era Ministro de la Guerra, Nemesio?
—Pero, ¿cómo me voy a acordar, si eso fue en la República y yo nací en el 42, Abelardo; cómo me voy a acordar?
—Pues mira, ahora es una mujer. Aquí lo pone —dijo Abelardo, doblando el periódico—: Margarita Robles, Ministra de Defensa.
—¿De Defensa? ¿Pero no era de la Guerra?
—Eso era antes, hombre. Cuando los países atacaban. Ahora solo se defienden.
—De modo que ahora, en la guerra, todos se defienden y ninguno ataca…
—Pues claro.
—Y Fernando de los Ríos ya no estará en Instrucción Pública, digo yo…
—Pero ¿en qué mundo vives, Nemesio? ¿Qué es eso de Instrucción Pública y Bellas Artes? Ahora hay al menos cuatro ministerios que hacen lo que hacía aquel. Mira: hay un Ministerio de Ciencia e Innovación dirigido por Pedro Duque, que fue astronauta, otro de Educación y Formación Profesional, encabezado por Isabel Celáa y otro de Cultura y Deporte.
—Pero, ¿no has dicho que eran cuatro?
—Ah, sí. Está también el de Universidades, que se me olvidaba, dirigido por Manuel Castells, de Hellín, que es un sociólogo muy reputado.
—¿Y todo eso para uno de los de antes? Hay que ver. ¿Y en Fomento?
—Está Ábalos. Un profesional. Pero ya no se llama así. Ahora es Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana.
—¿Agenda, qué? ¿Qué quiere decir eso, que se va a ocupar solo de las ciudades? Y de los pueblos, ¿qué?
—Para eso está Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
—Ah, bueno. Mientras haya uno que se ocupe de Economía…
—¿Cómo uno? Lo menos cuatro. Mira, por un lado está María Jesús Montero en Hacienda, otro en Agricultura, Pesca y Alimentación, otra para Industria, Comercio y Turismo y a Nadia Calviño para Asuntos Económicos y Transformación Digital.
—¿Y con tantos como son no se pisarán los unos a otros por los pasillos a la hora de controlar el precio de la merluza congelada?, digo yo.
—No hombre, no. Para eso está el ministro de Consumo, que es un muchacho de izquierdas muy responsable: para que no se atropellen los unos a los otros en esos menesteres.
—¿Y se llama así de sencillo el ministerio? ¿Consumo?
—Sí, a pesar de que un asesor se emperró en cambiar el nombre por el de Consumo y Lucha contra la Obsolescencia Programada y el Abuso de los Intermediarios.
—Joder, no me extraña que no lo pusieran. Así, simple, como Exteriores.
—Nada de eso, Nemesio. El de Exteriores es ahora Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.
—No me jodas, ¿pero es que ahora nadie puede pensar en nada sencillo?
—Sí. Sanidad se llama Sanidad y no Ministerio de la Cura y Prevención de las Enfermedades y Mejora de la Calidad de Vida.
—¿Y Gobernación?
—Ahora se llama Interior.
—Pues tengo una idea. Hay que cambiarlo por Ministerio de Mossos, Erzaintzas y Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que queda más moderno, ¿no?
—Déjalos venir. No des ideas, Nemesio, no des ideas.

 Román Rubio
Febrero 2020

martes, 28 de enero de 2020

AMARILLO-RUGOSO


AMARILLO-RUGOSO




Quien más quien menos recuerda algo de las Leyes de Mendel sobre la herencia genética que estudió en el bachillerato. Mendel (1822-1884) fue un agustino que formuló unas reveladoras leyes de herencia en las que reveló el hecho del carácter de rasgos dominantes y recesivos y cómo se manifiestan en las distintas generaciones. Para sus experimentos utilizó guisantes de dos colores: amarillos y verdes y concluyó que el amarillo era el rasgo dominante (que se manifestaba en la primera generación) y el verde el recesivo (que se manifestaba en determinados ejemplares de las siguientes). Pronto vio que el método era demasiado simple y decidió dar un paso más introduciendo  la textura: los guisantes lisos y los rugosos, en donde el liso resultó ser el carácter dominante y el rugoso el recesivo, y con ello formuló la segunda ley de la herencia, en la que se daban los genotipos de amarillo-liso, amarillo- rugoso, verde-liso y verde-rugoso.

Algunos quieren ver en el panorama político español la simplicidad de los guisantes amarillos y verdes de Mendel en un escenario de izquierda-derecha cuando, en realidad, responde al de la segunda ley, siendo el asunto territorial el de la textura liso-rugoso. Así, se dan distintos fenotipos: el constitucionalista o unionista (también llamado españolista) de izquierdas, el de derecha-separatista o nacionalista (véase Torra), y sus contrapuestos: izquierda-nacionalista y derecha-unionista. Podía haber un elemento centrista en el espectro, pero unos guisantes de color naranja renegaron del papel.
Algo similar ocurre en el Reino Unido, en donde el hecho de ser tory (conservador) o labour (social-demócrata) no explica gran cosa si no se considera el parámetro de los pro y antieuropeista (Brexit), que se encuentran mezclados —que  no revueltos— en ambos lados del espectro.

En Bagdad se han producido manifestaciones masivas de personas de mayoría chií en contra de la presencia de tropas norteamericanas en el país. Para entender la naturaleza de los fenotipos que se dan en aquel país, Mendel tendría que haberse aplicado más con sus variantes, ya que  el escenario excede la complejidad de los dos ejes de color y textura  que consideró el fraile. Allí, a la consabida dialéctica izquierda y derecha y la territorial (kurdo o árabe) habría que añadir la de estado laico-estado islámico y dentro de esta a la de chií (61% de la población y con tendencia proiraní) o suní (39%, más próxima a la tutela de los saudíes), con lo que la tipología de los guisantes se multiplica.

¿Y hay algo que una al chií, kurdo, suní, islamista, laico o socialista? Pues, sí: el odio a Israel.

Ayer vi en la 2 el documental sobre el verdadero Schinder (el de la lista) y hace un par de días la película de Polanski sobre el caso Dreyfus y me pregunto: ¿qué pasa con los judíos?

Román Rubio
Enero 2020

lunes, 20 de enero de 2020

RACIALIZAR


RACIALIZAR




—¿Sabes que a Antonio Banderas lo han puesto en la categoría de actor de color?
—¿Pero cómo?, ¿no es español?
—Claro, por eso. Español, hispano, latino…
—Pero si es de Málaga, ¿qué coño, latino ni hispano ni leches?
—¿Y?
—Pues que es blanco como “la nácar”. De color serán otros. Por cierto, ¿qué es ser de color?
—Pues eso digo yo, chica, porque una vez fui a Nueva York y allí no sabe una ni lo que es. Yo no sabía si era blanca, de color o qué. Tuve que rellenar unos impresos para denunciar el robo de la cámara, ¿sabes? Y tenía que marcar si era Caucasian (es decir, blanca), Latin, Hispanic, Arabic, Afroamerican, Asian y qué se yo. Vaya lío.
—¿Y qué pusiste?
—Ah, yo Caucasian, como marcaban todos los blanquitos de allí. Aunque, la verdad, no sé ni por qué. Porque yo, con el Cáucaso no tengo nada que ver. Ni he ido allí ni se me espera. Ahora que ellos, aún menos, que no saben ni donde está.
—¿Y qué le pareció al policía?
—¿A él? Muy bien. Era puertorriqueño o cubano o algo así. Él me dijo que era Hispanic.
—¿Y qué diferencia hay entre Hispanic y Latin?
—Y yo qué sé. Parece ser que eres hispano si hablas español y latino si hablas portugués, criollo o…
—¿O qué?
—O español. Pero de América, claro.
—Pues yo, ¿sabes qué te digo? Que habría puesto Latin, ¿o es que el español no viene del latín?
—Ya. Entonces, ¿los franceses y los italianos son también latinos?
—No. Los italianos son italianos y los franceses, franceses. Lógico, ¿no? Bueno, Capone, Scorcese, Corleone y Pacino son italoamericanos. Los demás, caucásicos.
—¿Y Messi? ¿Es blanco o latino?
—Pues blanco, ¿que no lo ves? Si tiene la barba pelirroja como un irlandés.
—¿Y Simeone?
—Latino.
—¡Anda! Eso es “racializar”.
—Raci… ¿qué?
—Racializar, que significa discriminar a un colectivo por su raza o etnia.
—Entonces, ¿lo que hacen con Banderas es racializar?
—¡Y yo qué sé chica! Estoy hecha un lío.

Román Rubio
Enero 2020

domingo, 5 de enero de 2020

CONSTITUCIÓN


CONSTITUCIÓN




Cuando se va a empezar una partida de póker los jugadores deben tomar algunas decisiones: ¿se juega con la baraja completa o se quitan cartas? ¿Con comodines o sin ellos? En caso de poner uno o dos comodines ¿vale más el repóker o la escalera de color? ¿El color vale más o menos que el full? Una vez decididas esas cuestiones sobre las jugadas se pasa a fijar las reglas de la apuesta: ¿se juega con resto? —es decir, ¿puedo ir a cualquier jugada con el dinero que tengo sobre la mesa?—, ¿puedo sacar dinero a mitad de partida o de jugada?, ¿se juega con “po” (igualando el total de la apuesta de la jugada anterior, de la que todos han pasado) o sin él? Una vez decidido el reglamento se da la primera carta.
Lo que han hecho los jugadores, lo sepan o no, ha sido un proceso constituyente. Se ha aprobado por unanimidad o mayoría sustancial el reglamento de la partida. Y todos saben que hay que respetar las reglas. ¿Se pueden cambiar estas? Pues, claro. ¿Cuántas veces? Tantas y como se consiga un consenso. Nunca sin él. Así de simple.

Los alemanes han consensuado 60 cambios en su Constitución de 1959 en temas fundamentales como el servicio militar o la regulación de la Hacienda Pública, pero tienen una “clausula de eternidad” (art. 79.3) que impide la modificación de los principios formulados en los artículos 1 y 20 (referentes a la dignidad del ser humano y a la organización estatal como Estado federal, democrático y social.

Los norteamericanos han hecho veintisiete enmiendas (10 de ellas simultáneamente) en su Constitución de 1787, ese icónico texto que empieza por “Nosotros el Pueblo” (We the People), pero hay otras seis enmiendas que no han sido aprobadas por los estados. Cuatro están técnicamente pendientes y las otras han expirado en sus propios términos. ¿Y por qué no han prosperado? Pues porque no han superado el procedimiento de aprobación. La enmienda debe ser propuesta a los estados por un voto de dos tercios de ambas cámaras del Congreso y ser ratificada por tres cuartos de los estados. Lo que, si lo piensan un poco, no es nada fácil; necesita un amplísimo consenso. Quizá sea esa la razón por la que no han conseguido frenar la tenencia y uso de armas de fuego que tantos disgustos da.

Recuerdo el referéndum que se hizo en España para la aprobación de la Constitución Europea. Yo voté SI. Lo tuve claro desde el principio. “¿Cómo lo tienes tan claro?, “¿es que acaso la has leído?” —me dijo un buen amigo—. “Por supuesto que no: ¿cómo iba a leer un texto tan abultado y farragoso?” Voto SÍ porque se ha conseguido un consenso entre tropocientos países y nosecuantos partidos y eso para mí es suficiente. Mi amigo, finalmente votó NO. ¿Y saben por qué? Porque alguien de Compromís le convenció. Él tampoco lo había leído.
La cuestión era que la Iglesia (la Conferencia Episcopal de Rouco y su Cope) pedían el “no” porque el texto declaraba el espacio europeo como laico y aconfesional, los independentistas (CIU, ERC, Eusko Alkartasuna y otros —excepto PNV—) votaban NO porque no se reconocía el derecho de autodeterminación y la izquierda (IN) —(ay, la izquierda, otrora internacionalista—, porque decían que se estaba construyendo una Europa de los mercaderes y no de los pueblos. Al final ganó el SÍ y no sirvió de nada: Francia y Holanda tiraron por tierra el proyecto, pero eso es otra historia.

Hoy se está pidiendo a gritos cambios en la Constitución Española. Unos quieren república, otros autodeterminación, otros una ley electoral nueva, otros abolir las autonomías, otros incluir el derecho a la muerte digna (yo mismo), otros todo ello junto y otros nada. Perfecto. Pero lo que al español le parece difícil aceptar es que para que haya cambios debe haber consensos, y consensos claros, porque si no, habría que repetir el proceso cada mayoría parlamentaria (es decir, cada ocho años, de media) lo que haría a un país, ingobernable.

Ya lo hicimos en el 1812, en 1837, 1845, 1852 (proyecto), 1856 (no promulgada), 1876, 1929 (proyecto), 1931, 1938 (Leyes Fundamentales del Reino) y 1978. ¿Cuántas veces más habrá que hacerlo? Y sobre todo, ¿para durar cuánto?

En fin, nosotros a lo de siempre: “o me echan las cartas que quiero o rompo la baraja”.


Román Rubio
Enero 2020

martes, 31 de diciembre de 2019

AÑO NUEVO


AÑO NUEVO




Sospecho que el año 2020 va a ser de aúpa.
¿Que por qué? Pues porque en mi opinión el 2019 ha sido un año más bien soso, sin hitos reseñables, o así lo ve un servidor, que ya ha visto pasar unos cuantos.

Vale, es cierto: siempre hay alguna guerra por algún lado del mundo, pero ni ha habido ninguna nueva ni las que hay han empeorado, que ya es decir.

Ha habido muertos, porque tiene que haberlos —de otro modo no cabríamos todos en el mundo— pero no ha muerto ningún Michael Jackson ni David Bowie, tan solo un Camilo Sesto, que está bien (no que se haya muerto, sino como cantante), pero tampoco era nada del otro mundo. Ni siquiera en el mundo de las letras ha habido pérdidas colosales: quizá la de Sánchez Ferlosio, porque a Punset, por entrañable que fuera el personaje, no lo veo ganando el Cervantes. Ni a Chicho Ibáñez Serrador ganando el Oscar, ya que nos ponemos. En el campo de la política sí que han caído dos grandes: Chirac y Rubalcaba, pero el primero tenía ya 87 años, y díganme qué año no cae un par tipos como Thatcher Mitterrand o Kohl. Se quemó Notre Dame, es verdad, pero tampoco han ocurrido grandes desastres como terremotos, erupciones volcánicas reseñables, tsunamis o grandes atentados: un par de tiroteos en EEUU (¿qué año no los ha habido?) con un número de bajas inferior al de otras ocasiones.

Los franceses han salido a la calle, pero, ¿cuándo no lo han hecho? ¿O es que recuerdan algún año en que los controladores no hayan cerrado el espacio aéreo, los ferroviarios los trenes o los camioneros las carreteras, cuando no todos a la vez? Ahora están en la calle por lo de las pensiones pero es que hasta los chalecos amarillos parecían haberse calmado. Y, afortunadamente, no han tenido atentados terroristas reseñables, como había ocurrido otros años.

No ha muerto ningún Papa (ni envenenado ni de muerte natural) ni han disparado a ningún presidente de los EEUU, lo que para algunos es una mala noticia. Tampoco ha sido asesinado ningún líder de movimientos sociales.

Gran Bretaña dice que se va cuando, en realidad, nunca ha estado dentro.  Aún así, han dejado pasar el año. Y la mitad de los catalanes también siguen queriendo irse, lo cual tampoco es novedad. Hasta el procés parece haberse estancado.

Vale, dirán ustedes: Greta Thunberg ha cruzado en barco velero no una, sino dos veces el Atlántico, pero Joshua Slocum lo había hecho ya en 1898 manejando el barco él mismo, en solitario y sin placas solares, ni internet ni radio siquiera.

Por no aparecer, no ha aparecido nada reseñable en el capítulo de las “fake news”, solo alguna mentirijilla, que no llega a ser ni trola, y no como en los buenos tiempos  (por cierto, que les recuerdo que es una expresión que siempre debe usarse en plural, como “hacer gárgaras” y que la “fake new”, como he oído por ahí a más de uno, no existe, como no existe “hacer una gárgara”).
No ha habido en el año ninguna película (quitando quizá la de Tarantino) ni ningún libro que haya sido excepcional y todo parece algo más anodino de lo habitual, lo que no quiere decir peor. Ni siquiera Rosalía es un fenómeno nacido en el año. Ya venía del 2018, lo que pasa es que no se acuerdan.

Ni las palabras del año parecen tener gran interés. ¿Saben cuál es la palabra propuesta por Fundéu? Emoji. Como lo oyen; elegida entre otras candidatas como DANA, influente, seriéfilo o exhumación y tan alejada de la sonora aporofobia de hace dos años, selfie o la menos agraciada de microplástico del año pasado.

Que el próximo sea tan anodino como este. O más.

Román Rubio
Diciembre 2019

viernes, 20 de diciembre de 2019

MARIVÍ


MARIVÍ




Mariví, que es muy limpia. Se levanta por la mañana y lo primero que hace es meterse en la ducha. De agua caliente, claro; con fría que se duchen los del Opus, si quieren.

Como tiene mucha conciencia ecológica, trata de que la ducha sea corta, pero a menudo no lo consigue; debajo del agua caliente se está tan bien… Acto seguido, se viste. Cada día, como es natural, se pone ropa limpia; la interior, por supuesto; y la de fuera, casi también, no vaya a ser que a alguien le pueda llegar un tufillo de su humanidad, por leve que este sea, ¡qué vergüenza! La lavadora no para en su casa, de tan limpios y lo bien que huelen ella y su pareja, con la que convive.

Va a trabajar al hospital en coche. Tiene algo de mala conciencia por aquello de la contaminación, pero el hospital está a siete kilómetros de su casa y la combinación de autobús o metro no es muy buena. Tampoco es cosa de pasarse una hora haciendo trasbordos.

A menudo sale de compras, generalmente en las rebajas. Como ella dice: “de vez en cuando hago polvo las tiendas de ropa: Zara, Mango y cosas así, más bien baratitas, no vayan ustedes a creer, que los sueldos no dan para marcas caras.

Le molesta mucho pasar frío en casa o ir muy abrigada, de modo que la tiene caldeada en invierno y refrigerada en verano. Eso sí, con temporizador y termostato, para no gastar demasiada luz, que es malo para el planeta. Lava los platos en el lavaplatos y seca la ropa en la secadora. Cocina a menudo en la Thermomix y estas Navidades se ha regalado uno de esos robots que aspiran ellos solos cuando uno no está en casa.

Suele hacer un viaje al año con su pareja. Bueno, hacen más, pero uno largo en avión: que haya que pasar un océano, vamos. Es muy moderna e imaginativa y le gusta planificase bien los viajes. Se siente diferente a sus amigas o compañeras de trabajo que van por agencia y se van a sitios tan manidos y horteras como el Caribe, a uno de esos hoteles de la pulserita del all-inclusive. Ella no; Mariví no hace turismo, Mariví viaja. En una ocasión alguien se mofó de su alegato, tachándolo de sandez, y de pretencioso, pero se trataba de un compañero de trabajo; un intelectual algo ácido, y ella no se lo tuvo en cuenta.

A Mariví le asusta la idea del cambio climático y está muy concienciada en que hay que tomar medidas. Va a todas las manifestaciones que se convocan por el clima y toma parte en iniciativas de talleres y charlas. Hasta se está acostumbrando a apagar las luces cuando no está en una habitación y a poner programas cortos en la lavadora. Este invierno, como prueba de sus convicciones, ha bajado un grado el termostato de la calefacción. ¡Para que vean que va en serio!

En el fondo, ella sabe que el planeta no tiene solución y que las iniciativas de reducción de emisiones y todo eso no pueden hacer sino retrasar algo (decenas, cientos de años…) lo que parece ser inevitable y que “lo que no puede ser porque es imposible” (como diría Rajoy) es que seis mil millones de personas que viven sobre la faz de la Tierra puedan llevar la vida que lleva Mariví sin acabar con el granero más pronto que tarde.

Ah, y al planeta le da igual; es a las personas a quienes afecta. Dentro de dos mil millones de años, el planeta seguirá girando alrededor del Sol (si es que este existe) mientras en una charca empezarán a aparecer unos bichitos verdes minúsculos con trompetillas por orejas. Y vuelta a empezar.


Román Rubio
Diciembre 2019

miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA BUENA CONDUCTA


LA BUENA CONDUCTA



De los lejanos años de mi niñez tengo memoria de una infame práctica de aquella España franquista.  Se trata del Certificado de Buena Conducta. Cualquier ciudadano que quería hacer algo con su vida, como trabajar de funcionario, médico, barrendero o taxista, debía obtener tan siniestro documento. En la España rural (de la que procedo) debía ir firmado por el alcalde (que era a su vez el Jefe del Movimiento), el cabo de la Guardia Civil y el señor cura. De ese modo, se aseguraba el sistema de  que el personal fuera, sino bueno, al menos, dócil.

Hoy, afortunadamente los Guardianes de la Moral ya no son el cabo, el cura y el alcalde, pero haberlos, haylos. Y se encargan de mantener la pureza ideológica de quienquiera que aspire a algo más que taxista o médico. Y más le valdría a uno adaptarse a ese perfil.

No hace mucho que un amigo, cuando le dije que yo estaba leyendo el libro Homo Deus, me expresó sus recelos sobre su autor, Yuval Noah Harari (creador del famosísimo Sapiens). “¿Recelos, ¿qué recelos?”, dije yo. “No sé”, dijo mi amigo, “¿no lo ves demasiado perfecto?  Es un autor de enorme éxito internacional. Vale, lo acepto. Pero es que es gay, está felizmente casado con otro tío. Y además es judío y vegano” “¿Qué le falta? ¡Ah, sí!, practica la meditación Vipassana y es doctorado por Oxford. ¿Qué defecto se le puede achacar? Vale, no es mujer —lo que mejoraría su posición—, pero al menos tiene la decencia de ser gay; es vegano, lo que conecta con el pensamiento emergente; y, aunque no sea palestino o sirio (lo que mejoraría aún más su perfil), al menos es judío (pueblo sufriente) y simpatizante de la causa palestina”. “¿Imaginas que ese mismo libro hubiera sido escrito por un despreciable hombre blanco, heterosexual, comedor de hamburguesas, partidario de la causa judía y practicante de boxeo?”

Me ha venido esto a la memoria al seguir en la prensa el revuelo levantado por la controvertida decisión de otorgar el Premio Nobel de Literatura al austriaco Peter Handke.
No he leído nada del autor, por lo que no voy a opinar sobre si es merecido el galardón o no, pero una cosa sí que tengo clara:

Si no es lo bastante bueno, ¿por qué habría de ganar el Nobel? Y, si lo es, ¿por qué no habría de ganarlo? ¿Por haber apoyado, en su momento, la causa serbia; y en concreto al líder serbio Milosevich?

¿Y quién soy yo para juzgar la conducta de los demás si ni siquiera comprendo lo que pasó allí? Y si la juzgo, porque soy así de bueno y de sabio y me gusta tirar la primera, la segunda y la tercera piedra sobre la adúltera, ¿qué demonios tiene que ver mi postura moral de Señorita Rottenmeier con la literatura? Por lo menos el cura, el cabo y el alcalde no daban los premios literarios de aquellos oscuros tiempos.

Y si alguna vez se ven en un jurado y tienen que evaluar un relato que empiece así: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, concédanle el premio con la conciencia bien tranquila y no piensen en si el autor apoyaba a tal o cual dictador. Ni de izquierdas ni de derechas. Juzguen menos. Y lean más.


Román Rubio
Diciembre 2019





jueves, 5 de diciembre de 2019

LOS CHICOS Y LAS CHICAS


LOS CHICOS Y LAS CHICAS




De verdad, pienso que esto se nos va de las manos.

La casa de material de fitness americana Peloton ha sacado un anuncio para Navidad que ha obtenido un rechazo en las redes sociales en el Reino Unido. El anuncio ha sido calificado de “sexista” y “distópico”.
En el spot se ve a una mujer recibiendo de su pareja el regalo de una bicicleta estática, de esas que tienen una pantalla por la que se ve a otras personas haciendo la misma cosa, como si estuvieran en una clase; en streaming —le llaman—. A continuación se ven una serie de vídeos de ella filmándose a sí misma haciendo ejercicio sobre la bici. En uno de ellos dice: “Cinco días seguidos, ¿no te sorprende? A mí sí” Y en otro: “Hace un año no me daba cuenta cuánto habría de cambiar mi vida”, lo que da a entender que el regalo lo había recibido un año antes.
El anuncio se titula “El regalo que devuelve, o recompensa  (gives back)” y muchos críticos reprochan que la mujer del anuncio está delgada desde el principio y que la implicación de que su pareja piensa que ella necesita estar aún más en forma  y perder peso es “paternalista” y “dañina”.
En You Tube el video ha obtenido cerca de 2 millones de visitas por el momento y está atrayendo cinco pulgares hacia abajo (no me gusta) por cada pulgar hacia arriba (me gusta), lo que ha hecho caer el valor en bolsa de la compañía un 9% en cuestión de días.
Lo de “distópico” viene por el hecho de que la mujer se comunica con su pareja por grabaciones en vídeo, lo que parece aludir a la serie británica en clave distópica, Black Mirror.

En agosto se prohibieron en el Reino Unido dos anuncios por no adecuarse a las normas de no discriminación. Uno, del queso Philadelphia, en el que se exponían unos padres novatos mostrando su ineptitud en el cuidado de sus hijos y otro de Volkswagen en el que salía una mujer sentada junto a un carrito de bebé (¿cómo se le ocurre a una marca presentar a una mujer junto a un carro de bebé?). Menudo insulto.

¿Y a quién puede mostrar hoy la publicidad sin que haya alguien que se sienta vejado, ultrajado, discriminado o humillado? Veamos:
—¿Se debería permitir que una mujer mayor (digamos, Concha Velasco) anuncie un producto protector contra las pérdidas de orina? ¿No es denigrante para las mujeres de cierta edad?
—El cambio de la bañera por la ducha también lo es. Por los mismos motivos.
—El anuncio del pegamento para dentaduras debería estar también prohibido. Y si hay que hacerlo, que salga un joven que ha perdido los piños en un accidente; aunque, bien pensado, resultaría ofensivo para los accidentados. Podría usarse un mono, pero ofendería a los animalistas. Lo mejor es usar un muñeco asexuado y de edad indeterminada.
—Ni se les ocurra sacar a “UN” adolescente y sus zapatillas de deporte para publicitar un anti-olor. En caso de hacerlo (lo que supone un ultraje para los chicos jóvenes), que nunca sea la mamá la que recoja las deportivas. Ni el papá. Ni la hermana. Ni el hermano. Ni él. Ni el perro, por los motivos conocidos.
—Los audífonos no son solo prerrogativa de la gente de edad. Los viejecitos atléticos y felices andando por la playa con los pantalones arremangados riéndose como idiotas mientras se miran a los ojos no son una opción. Repito: no son una opción. Discrimina a la gente mayor (antes llamados viejos).
—No solo los jovencitos guapos hacen el amor, así que dejen de sacar a jóvenes atractivos para anunciar los preservativos. ¿O es que los Quasimodos no tienen también su derecho a beneficiarse de los deleites de tales adminículos perfumados?
—Los gatos ya no cazan ratones (pobrecitos), con lo que hay que comprarles la comida en los supermercados; lo cual no implica que tenga que hacerlo una mujer joven, atractiva y con pelo largo. Puede hacerlo cualquier persona, incluido el Quasimodo del punto anterior.
—La mayoría de los hombres nos sentimos ofendidos cuando sacan a un guaperas que envidia al coche de su vecino. También al que disfruta ensuciando el suyo por caminos embarrados creyendo que hace algo interesante con su vida. Discrimina a los que no somos guaperas ni nos gusta ensuciar tontamente el coche. Y pone la imagen del hombre a la altura del betún.
—No se les ocurra sacar a una embarazada. Es discriminatorio e injusto para quienes no podemos estarlo nunca por mucho que lo intentemos.

Y, por supuesto, no quiero ver el careto de ningún niño: ni bebé ni en edad de ir al colegio. Si a las revistas y otras publicaciones se les obliga a pixelar la cara ¿por qué se habría de permitir sacarlas en publicidad? ¿Por dinero? ¿No ven que se les puede traumatizar para el resto de sus días?
En realidad, me molestan los anuncios y los hombres, mujeres, niños y perros que aparecen en ellos y también me molestan los que se molestan por esas chorradas, como el que esto mismo escribe.


Román Rubio
Diciembre 2019




lunes, 2 de diciembre de 2019

LA CULPA ES DEL MAESTRO ARMERO


LA CULPA ES DEL MAESTRO ARMERO




Para quienes no hayan hecho la mili aclararé que el maestro armero es el artesano encargado del mantenimiento de los fusiles del Regimiento. ¿Que no se acertaba en el blanco? La culpa era del maestro armero, que había dejado mal alineadas las mirillas de puntería.

A Bolsonaro parece que se le está quemando la Amazonía. ¿La culpa? De Leonardo DiCaprio, que aporta fondos a la organización Earth Alliance, que, como su nombre indica (Alianza por la Tierra), se dedica, no a proteger la Amazonía sino a prenderle fuego.

Es algo común. ¿Ha ocurrido un desastre? Miro a mi alrededor y le echo la culpa a mi enemigo, aunque este estuviera visitando a su tía de Valladolid en el momento de la tragedia. Sin pudor alguno. Por la cara. Total…, ¡si siempre va a haber un número indeterminado de idiotas que se lo van a creer!
¿Recuerdan los tiempos posteriores al 11M?  En la COPE se juntaron Jiménez Losantos, P. J. Ramírez y algún otro y decidieron que los culpables habían de ser ETA, Rubalcaba, el Reino de Marruecos y la Masonería. ¡Ah!, Pedro Jota añadió a los policías que supuestamente le habían grabado con Exuperancia. ¿Y no habrá ningún vecino de escalera que me caiga mal? Pues lo incluyo en la lista y asunto terminado.

Otro coloso de la mentira sin escrúpulos es Donald Trump, que  culpó  al padre del su rival por la candidatura de Partido Republicano, Ted Cruz, de haber matado a Kennedy, mientras este le disputaba el puesto. ¿Y saben lo peor? Que mucha gente le creyó. Como le creyó cuando acusó a Obama de haber nacido en el extranjero. Parece una nimiedad, pero no lo es tanto: el haber nacido en el extranjero inhabilita a alguien para optar a la presidencia del país. Era fácilmente comprobable por un candidato a la Presidencia. También lo era demostrar la falsedad, como hizo Obama enseñando su certificación de nacimiento, pero la duda ya estaba creada. ¿No habría sido esta falsificada?

El hecho de inventar y difundir trolas para apoyar los intereses de uno es propio de cínicos ambiciosos  y estos han existido siempre, como también han existido (y eso es lo más preocupante, público dispuesto a creérselas.

¿La verdad? Ni la sé ni me importa. Yo aquí he venido a que me cuenten lo que quiero oír. Y si se lo tiene que inventar usted, pues se lo inventa.

Y de eso no hay quien se salve, ¿o no aplaudieron ustedes cuando el capitán Renault dijo aquello de: “detengan a los sospechosos habituales”, salvando así a Rick?

Hay alguna diferencia: sabíamos que el cínico Renault mentía, con lo que no nos engañaba, más bien nos hacía cómplices de su cinismo —que aceptábamos con gusto—, mientras que los idiotas creen o quieren creer que lo que les cuentan los malvados es verdad.

Y, al fin y al cabo, Renault es un personaje de película y Bolsonaro, Losantos, P.J. y Trump son bien reales. Boris Johnson, también.

Román Rubio
Diciembre 2019