jueves, 20 de mayo de 2021

LO HE VISTO EN TU PASAPORTE

 

LO HE VISTO EN TU PASAPORTE



Recuerdo mi primer pasaporte. Era una libreta verde, con el nombre de España en la portada y el escudo del aguilucho con el logo “UNA, GRANDE, LIBRE”, y servía para viajar a todos los países del mundo menos a Albania, Mongolia Exterior (para mí era un enigma lo de “Exterior”, tratándose de un país sin salida al mar), República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y República Popular de Corea, sitios todos ellos a los que uno tampoco tenía mucho interés en ir.

Hace poco renové el pasaporte actual. Este, de color vino y con el logo de Unión Europea en la portada. No consta limitación alguna de tránsito, al menos en el papel. Y toda esa maravilla de salvoconducto, que abre las puertas del mundo, por el módico precio que hube de pagar de 30€. Una ganga. Aunque ya sabemos que una cosa es lo que valen las cosas y otra lo que cuestan. El pasaporte es barato y muy valioso a la vez. Bueno, el de la Unión Europea, el de Estados Unidos y cuatro o cinco más como el de Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Noruega… y pare usted de contar, porque el resto de pasaportes valen poco y algunos de ellos menos aún de lo que cuestan.

Vean sino al hombre de la foto. Apostaríamos, sin peligro a equivocarnos, que no lleva pasaporte alguno; en primer lugar porque se ve que no trae nada más que la ropa que lleva puesta, sucia de la arena de la playa; y en segundo lugar porque ¿para qué hace falta un pasaporte si sabes que no te van a dejar entrar? Es como intentar ir a la ópera con el ticket del Mercadona.

En momentos así aprecia uno de qué va eso del privilegio al nacer. Algunos creen que es cosa moderna, pero, quiá, esto viene de lejos. Vean sino lo que ocurrió hace más de veinte siglos en los alrededores de Jerusalén (¿he dicho Jerusalén?) según el testimonio de un tal Lucas, famoso por haber relatado las andanzas de Jesús y sus discípulos:

 

Cuando le tuvieron ya extendido para los azotes, dijo Pablo al centurión allí presente: “¿Os está permitido flagelar a un hombre romano que no ha sido previamente juzgado?” Al oír esto el centurión, se fue al tribuno y le avisó diciendo: “¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es romano.” Vino, pues, el tribuno y le dijo: “Dime, ¿eres romano, tú?”  Él le dijo: “Sí.” Y respondió el tribuno: “A mí me costó un gran capital adquirir esta ciudadanía.” Pablo dijo: “Pues a mí solo nacer.” Al instante, pues, se retiraron de él los que se disponían a torturarlo. Y el tribuno tuvo miedo al saber que era romano y que lo había hecho apresar.

Hechos de los Apóstoles 22, 25-29

Y así fue como ocurrió hace dos mil años. Como ahora. A unos les cuesta mucho lo que otros obtienen con solo nacer. Y 30 eurillos.

 

Román Rubio

Mayo 2021

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miércoles, 5 de mayo de 2021

MADRID, MADRID, MADRID (Oda a la vida retirada)

 

MADRID, MADRID, MADRID

(Oda a la vida retirada)


Si digo que me esperaba el resultado de las elecciones de Madrid corro el peligro de que se me diga aquello de “a toro pasado…”, pero es la verdad. Pese a huir como del diablo del debate madrileño, me topaba cada día con un montón de críticas feroces, burlas y ridiculizaciones de la candidata Ayuso, esa mujer “con su aire de peponcita del cine mudo, una pizca posmoderna”, como la describe Antonio Elorza en El País.

Tanto chiste, oprobio, mofa y befa escuché de ella que tuve claro que había de ganar con amplia mayoría, si no, ¿a qué venía tanto ruido?

Me sorprende que no lo tuvieran tan claro los  que parecen haber caído del guindo. Quienes viven en este lado del río solo reciben mensajes de la “prensa amiga”, escuchan las “emisoras amigas”, ven a Wyoming y se constituyen en grupos compactos en redes sociales en donde es casi imposible ver notas discordantes que les lleva a una visión con orejeras —esas viseras laterales que ponían a las caballerías para que miraran siempre al mismo lado—. Así, Ayuso se ridiculizaba y demonizaba tanto en esta parte del Danubio como crecía su aura en la otra.

¿Y qué ocurría allí, en la otra orilla? Pues, lo mismo: el rebaño leía sus periódicos, escuchaba a sus tertulianos y formaban sus grupos de facebook y wasap en donde corrían vídeos y memes de ministros, ministras y ministres hablando de niñas, niños y niñes atendidos por pedagogos, pedagogas y pedagogues, provocando el pasmo y la chirigota del personal.

Predecir el resultado era fácil y difícil a la vez: solo había que subirse a mitad del puente y contar las reses, pero, ay, también sabemos que la vista engaña y uno ve lo que quiere ver.  Ya lo dijo Groucho Marx: ¿a quién va usted a creer, señora, a mí o a sus propios ojos?

Lo siento por Gabilondo. Era mi candidato. Me gusta su disposición sosegada, su discurso argumentativo, su pragmatismo y su talante tranquilo, sin algaradas. Por los mismos motivos expresé mis preferencias por Ximo Puig y, en su día, por Rubalcaba o por Carmena. También por Angela Merkel —lo que me ha acarreado la crítica de algunos de mis lectores, que la tachan de azote de los pueblos del sur—.

No es tiempo, sin embargo, de aguas tranquilas ni de guarecerse de “aqueste mar tempestuoso”, como Fray Luís de León; son tiempos de embiste, ambición sin límites, patadas en los tobillos, exabruptos, eslogancillos fáciles y resultones, insultos y algaradas. Malos tiempos para el sosiego y los oyentes de Radio Clásica.

Y por el centro del cada vez más tumultuoso río, se ve pasar algún que otro cadáver. Hoy, el de Pablo Iglesias; ayer el de Albert Ribera, mañana… La corriente los arrastra a esa Isla de los Niños Perdidos donde moran gente como Isabel Tocino, Hernández Mancha, Roca Junyent, Gerardo Iglesias o Rosa Díez, que hoy estarán preparando la habitación de Pablo y desalojando de trastos de la de Arrimadas, a la que se espera pronto, mientras se distraen con los programas de Michael Portillo, otro cadáver de la política, reciclado en viajero de tren con su guía Brandshaw.

Y mientras los madrileños viven  la resaca del combate, a Gabilondo se le ve absorto por El Retiro recitando los versos del poeta:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Román Rubio

Mayo 2021


miércoles, 28 de abril de 2021

GAMBITO DE DAMA

 

GAMBITO DE DAMA


Aprovechando que tengo Netflix —gracias a la generosidad de alguien cercano— me puse anoche el primer capítulo de la celebrada serie americana Gambito de Dama, basada en la novela del mismo nombre (The Queen’s Gambit, 1983), de Walter Trevis,  y tengo que reconocer que me llevé una agradable sorpresa.

Entiéndaseme: llevo visto un solo capítulo, con lo que mi percepción de la historia podría cambiar, pero no lo creo, ya que las primeras impresiones fueron muy buenas. Me explico:

Empieza la historia con que la protagonista, una niña de 9 años, se queda huérfana tras un accidente de tráfico y es llevada a un orfanato. Mal asunto; me esperaba lo peor: malos tratos, insensibilidad cruel de los/las gestores de la institución y bullying de las otras internas, frente a lo que se impone un épico instinto individual de superación…; en fin, otra payasada de Hollywood. Primer error: el trato dado por el personal del centro es correcto —no podemos decir cariñoso, pero sí respetuoso y humano—. Habrá bullying, al menos, para con la niña —me dije yo— presto a presionar el botón de cambio de canal; pero no, mira por dónde, tampoco hay bullying. Por el contrario, la única otra interna relevante en la historia (de este primer capítulo) es una entrañable niña negra, Jolene, unos años mayor que ella y un palmo más alta, que, lejos de ser una amenaza, resulta ser amigable y cómplice.

A estas alturas del capítulo, empezaba a estar agradablemente desconcertado. El guión había “perdido” dos oportunidades “de libro” para haber mostrado su tediosa dosis de lo que hoy es conocido como “pornografía emocional”: la crueldad espartana e inhumana del hospicio y el encarnizamiento del personal y de las otras internas con la huerfanita. La historia empezaba a ganar credibilidad e interés.

En un momento dado, la niña, que parecía tener una capacidad especial para las matemáticas y, en general, para el pensamiento racional y simbólico (al tiempo que expresaba una indiferencia por las disciplinas de humanidades como la poesía), sorprende al conserje de la institución jugando solo al ajedrez y le llama poderosamente la atención. El conserje, un hombre taciturno y seco, entrado en años, acostumbra a jugar al ajedrez en solitario en su lóbrega habitación del sótano, y la huérfana, que va allí a limpiar los borradores, le observa y descubre el juego por el que se apasiona desde el primer momento y para el que tiene un talento especial.

Aquí está, me dije yo: hombre blanco, mayor, turbio, solitario, taciturno y seco, refractario a cualquier acercamiento amigable, recibiendo las visitas de la niña indefensa emperrada en aprender el juego en su oscura estancia del sótano. Todo apuntaba a que estábamos cerca de la agresión  (o al menos abuso) de la menor, mientras yo acariciaba con el dedo el botón de cambio de canal. Pero no: el hombre, reticente al principio, apercibido a su debido tiempo del potencial de la niña en el juego del ajedrez, se dedica, no solo a enseñarle las primeras jugadas sino —una vez que esta comienza a desplegar su talento— a establecer los contactos para que pueda desarrollarse como ajedrecista.

No descubriré más de la trama: si la han visto, por innecesario; y si no la han visto, para no desvelarles el tema personal que empieza a perfilarse y que intuyo que será parte esencial de la historia. Sólo quiero insistir en el agrado que me produce el comprobar que aún haya argumentos y tramas en que los guionistas no se empeñen en provocar la indignación del espectador y la lágrima fácil  empleando las maniobras más elementales y burdas como son el abuso infantil o la agresión física o sexual hacia el indefenso.

Empecé a ver la serie con el dedo en el botón de cambio de canal, pero lo aparté e intuyo que me va a proporcionar unas cuantas veladas de distracción de la buena.

Román Rubio

Abril 2021


jueves, 22 de abril de 2021

AND THE WINNER IS…

 

AND THE WINNER IS…



Cada vez me gustan menos los debates parlamentarios. Me pasa como con los partidos de fútbol, pero multiplicado por diez: sólo me interesa de ellos el resultado. Me basta con saber quién ha quedado ganador y, por el morbo, perdedor.

Si los debates políticos, en general, no son de mi interés, la idea de ver en tv el debate de Madrid —que, por cierto, fue sorprendentemente emitido para toda España en más de una cadena, dando por supuesto que lo que pasa en Madrid es del interés de los de Melilla o Ponferrada— habría sido para mí una tortura solo comparable a la sufrida por Alex DeLarge, el protagonista de La Naranja Mecánica en plena terapia de reeducación conductual.

Acostumbrado a acudir a los resultados del fútbol para ver cómo ha quedado el Valencia (a menudo pierde), abrí El País del jueves y me dirigí ávido al artículo ¿Quién ha ganado y quién ha perdido en el debate electoral de Madrid?, en el que ocho analistas expresaban su opinión y valoración del evento. Y este es el sorprendente veredicto de los jueces del VAR de la política, todos ellos reputados analistas:

Mariam Martínez-Bascuñán, politóloga.

 Ganador: Pablo Iglesias, Podemos               Perdedor: Edmundo Bal, Ciudadanos

Berna G. Harbour, periodista de El País.

Ganadora: Mónica García, Más Madrid        Perdedora: Díaz Ayuso, Populares

Empiezo a estar algo mosqueado. Que dos especialistas en comunicación no estén de acuerdo en quién ha ganado un debate es sorprendente, pero que no coincidan tampoco en quién lo ha perdido...

Pero sigamos:        

 Xavier Peytibi, consultor de comunicación política:

 Ganadora: Mónica García. Más Madrid     Perdedora: Rocío Monasterio. Vox

 Teodoro León Gros. Columnista de El País:

 Ganadora: Díaz Ayuso: Populares                Perdedor: Pablo Iglesias: Podemos

A estas alturas ya estoy hecho un lío. ¿Cómo se puede designar a uno (Iglesias) como ganador cuando otro reputado especialista y compañero de periódico lo da como perdedor? ¿Estarán viendo el mismo debate?

Cristina Monge, politóloga

 Ganadora: Mónica García: Más Madrid     Perdedor: Edmundo Bal. Ciudadanos.

Pilar Mera, historiadora

 Ganador: Pablo Iglesias. Podemos               Perdedor: Àngel Gabilondo. PSOE

Bien, tenemos ahora a Pablo Iglesias empatado a triunfos con la candidata de Más Madrid.

Víctor Lapuente, politólogo

Ganador: Pablo Iglesias. Podemos            Perdedor: Edmundo Bal. Ciudadanos.

José Carlos Díez, economista

Ganadora: Mónica García. Más Madrid    Perdedora: Rocío Monasterio. Vox

De lo que he sacado las siguientes conclusiones:

-Que la ganadora del debate fue Mónica García de Más Madrid, porque a pesar de estar empatada con Pablo Iglesias, ésta no ha sido designada como perdedora por nadie, bien porque lo hiciera mejor, las expectativas fueran menores o porque tuviera menos que perder.

-Que Díaz Ayuso, como Iglesias, levanta pasiones, a favor y en contra, y se tiende a ver a estos como ganadores o perdedores, sin medias tintas.

-Que los perdedores fueron Monasterio, de Vox, y Bal, de Ciudadanos, pues solo aparecen en el último puesto.

-Que Gabilondo (el pobre) no existe. O existe poco, pues apenas se le nombra y cuando ocurre es para mal.

-Que dada la variedad en los resultados y la poca consistencia de los mismos cualquiera podría ser especialista en comunicación o politólogo. Bastaría con designar ganador y perdedor a uno, una, une, jugándoselo al pito pito gorgorito mientras se ve algo interesante en Filmin sin miedo a hacer el ridículo. Acertaría lo mismo que el chimpancé eligiendo una foto. O los especialistas consumados.

 

Román Rubio

Abril 2021


viernes, 2 de abril de 2021

IBAI

 

CUANDO IBAI LLANOS LLEVABA PALETÓ, PALETÓ


En los tiempos prehistóricos en que uno iba a la escuela, las niñas solían cantar en el recreo la tonadilla aquella de: “Cuando Fernando Séptimo usaba paletó, paletó”, mientras jugaban a no sé qué de dar saltitos mientras comían el bocadillo, al tiempo que  los chicos pateábamos el balón haciendo lo propio.

Nadie en aquel entonces sabía qué demonios era aquello del paletó pero fuese parte de la indumentaria o atizador de brasero nos sonaba a algo viejo, demodé, decimonónico, viejuno, como ha dado en llamarse ahora a todo lo que resulta anticuado.

El paletó se coló en nuestras vidas como algo trasnochado y ahora tengo la inquietante sensación de que quien se queda anacrónico es uno mismo. Me explico:

En dos entrevistas que he leído recientemente, una a Iñaqui Gabilondo y otra a Jesús Carrasco (escritor, autor de Intemperie) se refieren ambos, en uno u otro momento, a Ibai, o al fenómeno Ibai. Desconocedor que es uno del mundo que le rodea (especialmente del posterior al paletó), al principio no sabía yo si se trataba de un fenómeno meteorológico, una persona o una ley de la termodinámica. Cuando deduje por el contexto que se trataba de una persona y —dada la talla de los mentores— debía de tratarse de alguien muy célebre e importante, decidí buscar al fenómeno Ibai (Ibai Llanos) en la Wikipedia. Y ahí empezó el desconcierto.

Ibai Llanos nació en Deusto (Bilbao) en 1995. En agosto (de 2014) narra su primer partido de League of Legends, entre wSystem y PainGaming, durante la Season 7, de la División de Honor de la LVP. No es hasta el año 2015, en enero, cuando empieza a castear la EU LCS.

No sé a ustedes, pero a mí, lo único que me ha quedado claro es que es de Bilbao. Lo demás es tierra ignota: ¿Qué será eso de un partido de la League of Legends? ¿Y wSystems o PainGaming? ¿Y la Season 7? ¿Es que ha habido 6 Seasons con anterioridad? Lo de LVP logré descifrarlo aprovechando el link y me enteré de que se trataba de la Liga de Videojuegos Profesional. Algo es algo, me dije. Creí que comenzaba a comprender, pero mi dicha se vino de nuevo abajo cuando me enteré de que, en enero, empezó a castear la EU LCS.

Casi desmoralizado, salté al siguiente párrafo para ver de sacar algo en claro de las proezas del bilbaíno. Fui informado de que:

Retransmitió la Superliga Orange y empezó a presentar un late night para la cadena U-Beat que copresenta con un rapero conocido como Kapo 013 que a su vez es comentarista de la Red Bull Batalla de los Gallos y juez de la Freestyle Master Series. Ahí es nada.

A estas alturas de la biografía ya me había rendido y empezando a sentir sobre mis carnes el significado de la palabra anacrónico, de modo que pasé de puntillas por el siguiente párrafo en el que aparecían nombres de programas para mí desconocidos como G2 Esports, personajes colaboradores como Reven o Ernesto BarbeQ Folch, entornos de internet como Twitch y otros acertijos jeroglíficos fuera del alcance de mi discernimiento.

En definitiva, que empieza a sentirse uno como el paletó, que, por cierto, se trataba de un abrigo largo a la moda francesa, sin faldones, prenda que el Rey Felón se trajo consigo tras su exilio parisino.

Así de simple, como eran las cosas antes. ¿A que esto del paletó lo han entendido a la primera?

 

Román Rubio

Abril 2021

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sábado, 27 de marzo de 2021

SIMONE & WEILFUNKEL

 

SIMONE & WEILFUNKEL



A veces pasa. No has oído hablar de una persona en años y de pronto te la nombran por aquí y por allá y te aparece hasta en la sopa. Me acaba de ocurrir con una mujer que tenía semiolvidada (o, más bien, olvidada del todo): la francesa Simone Weil.

Emmanuel Carrère la cita no una sino varias veces en su último libro, Yoga, que acabo de leer, y en el mismo fin de semana en que acabé la lectura, me encontré con que la periodista Laura Fernández abre su reportaje-entrevista a la escritora Siri Hustvedt en El País con otra cita literal de la Weil en boca de la novelista americana. En el mismo diario del 24 de marzo se me revela que Camus, gran admirador de Simone, la calificó como “el único gran espíritu de nuestra época”. Vaya, por dios, tanto tiempo sin haber oído de la francesa y todas esas referencias me aparecen a lo largo de una mañana de lectura.

Recordé y constaté que Pablo D’Ors abre su inspirador librito Biografía del silencio con unos celebrados versos de la Weil, esos que empiezan por “El deseo de luz produce luz…” y me vino también a la memoria cierto artículo de Muñoz Molina titulado Vasos comunicantes, en el que el escritor confiesa ser un lector devoto de Simone hasta el punto de confesar: “Desde que descubrí a Simone Weil, su lectura es como un bajo continuo que acompaña de  fondo a otros libros”.

Ante tan abundante presencia de referencias no pude evitar consultar la biografía de la autora, cuya vida se me hace más accesible que sus escritos (que desconozco). He aquí algunos rasgos biográficos de la filósofa, mística y activista francesa:

Simone Weil (1909-1943) nació en el seno de una familia burguesa parisina. Su padre era un eminente médico y su hermano mayor, André Weil, un matemático reputado. A los dieciocho años ingresó, con la calificación más alta, en la Escuela Normal Superior de París, superando en nota a su insigne tocaya Simone de Beavoir, que también se formó en la prestigiosa institución. Convertida en profesora de liceo tras graduarse fue transferida de varios centros por activismo político y críticas a los métodos pedagógicos. Entró de obrera en la Renault en donde dijo aquello de “allí recibí la marca del esclavo”, trabajó como peón agrícola en la región de Marsella y tuvo contacto con Trotsky en París. Sindicalista revolucionaria, abogaba por un pacifismo radical, lo que no impidió que se enrolara en la Columna Durruti en la Guerra de España. En el frente de Aragón tomó parte en acciones de combate y allí presenció el fusilamiento de un joven falangista, lo que provocó su reflexión: “Los nuestros han vertido sangre de sobra. Soy moralmente cómplice. Se están produciendo formas de control y casos de inhumanidad contrarios al ideal libertario”.

A pesar de que sus escritos, aunque heterodoxos, exhiben un aura católica enfrentada con el judaísmo, su familia fue declarada como no-aria durante la ocupación alemana de Francia por lo que huyó a Londres en donde colaboró con la resistencia desde la emisora Francia Libre, liderada por De Gaulle. Allí, en Inglaterra, se le diagnosticó una tuberculosis, enfermedad que, según algunos, le vino por alimentarse mal en solidaridad con los ciudadanos de la Francia ocupada (creía que no tenía derecho moral a comer mejor que ellos) y murió a la edad de 34 años haciéndose bautizar poco antes de morir, dejando una gran cantidad de escritos, ensayos y poesía en donde expresa su filosofía, su ideario y su mística.

Conmovido por la figura de la francesa, eché un vistazo al periódico que quedó sobre la mesa y vi que en la portada (¡sí, en la portada!) venía la historia de otra mujer cuyo nombre prefiero eludir, que había aparecido en cierto canal de televisión y acaparado una audiencia extraordinaria contando, por entregas, sus irrelevantes experiencias conyugales y familiares. En el debate público consiguiente—que ocupó páginas y páginas en los periódicos del fin de semana— participaban un par de Ministras de la nación y un buen número de opinador@s cuyos nombres e identidades ni retuve ni haré el esfuerzo de investigar.

Por respeto a la Weil.

Román Rubio

Marzo 2021


domingo, 14 de marzo de 2021

SE BUSCA TRADUCTOR

 

SE BUSCA TRADUCTOR


Imaginen que quieren contratar a la persona idónea para hacerles un trabajo. Cualquier trabajo; preferiblemente de índole intelectual o artística. Por ejemplo, una guía turística de la localidad, un montaje teatral o una exposición de cuadros de artistas locales. El que sea. Y como condición para la contratación anuncian que la persona elegida debe ser  hombre, blanco y de ideario conservador. ¿Qué creen que ocurriría? No sé ustedes pero a mí no me gustaría estar en el pellejo de quien hace esos requerimientos. En primer lugar, porque me parece injusto y deshonesto; en segundo lugar porque es anticonstitucional y denunciable y en tercero porque el ataque social sería tan implacable que me resultaría incómodo abrir el correo, las redes sociales y hasta salir a la calle.

Ahora, vean el caso contrario. La editorial de Amanda Borman, la joven poeta que se hizo mundialmente famosa al leer el poema The Hill We Climb en la toma de posesión del Presidente Biden, está en el proceso de traducir la obra de la joven en otras lenguas y, como es natural, necesita de traductores. Y ahí estás el problema, pues el requerimiento de los agentes de la autora exigen (o priorizan, porque exigir imagino que sería delito) que la persona que lo traduzca sea mujer, de raza negra y activista señalada. Lo primero es fácil de identificar (bueno, no tanto, como se verá después), lo segundo también: el color se ve hasta en una foto y para lo tercero, ay, para lo tercero piden a la editorial del país un currículo en el que se señale si ha colaborado con alguna ONG o ha estado involucrada en alguna lucha (significativamente racial o de género), de modo que, como los cristianos viejos, hay que demostrar la pureza de sangre y de ideas. Yo, por mi parte, estaría excluido por no cumplir ninguno de los requisitos exigidos. Ni soy mujer, ni de raza negra y mi mayor “compromiso” con el activismo social fue el de ser monaguillo a la edad de nueve años. Y eso creo que no cuenta.

Pero dejemos mi caso. Para su edición en catalán, la editorial Univers, que tiene los derechos, encargó la traducción del poemario The Hill We Climb (El turó que enfilem, en catalán) a Víctor Obiols, poeta y músico experimentado, que cuenta entre sus traducciones a Shakespeare y a Óscar Wilde. Pues bien, con el trabajo ya casi acabado fue descartado por la agencia representante de la autora americana por no reunir las condiciones de mujer y de raza negra. No sabemos si su pedigrí como activista pasó el filtro de pureza impuesto por la caprichosa y exigente poeta. El traductor adujo en su cuenta de Twitter que quizá debía haberse pintado la cara de betún, lo que supuso la cancelación de su cuenta por parte de la compañía del gorjeo. La editorial ha buscado ahora una segunda traductora: María Cabrera, y se cruzan los dedos esperando que la opción sea aceptada por el tribunal de pureza de sangre, como ha aceptado la traducción en castellano de Lumen por Nuria Barrios, poeta, novelista y traductora de, entre otros, John Banville y James Joyce. Eso sí, ninguna de las dos son negras.

El asunto trae cola. Para la traducción al neerlandés, la editorial holandesa buscó una figura de primera fila: le encargó la traducción a Marieke Lucas Rijneveld, persona no binaria, que no se identifica como hombre ni como mujer, que había sido ganadora/ganador/ganador@/ganadore del prestigioso premio Booker International con su primera novela La inquietud de la noche a la edad de 29 años.

Todo iba bien hasta que una activista negra neerlandesa, Janice Deul, iniciara una campaña en contra de Marieke, de cabello rubio y género indeterminado lamentándose de no haber elegido una artista del “spoken word y orgullosamente negra”, lo que provocó la renuncia de Marieke.

En fin, para la edición inglesa de mis libros estoy buscando un traductor que me abra el mercado anglosajón y con ello las puertas de la opulencia. Exigiré algunas cualidades: que sea alto y guapo, como el autor; indolente y perezoso, como el mismo, y que haya sido monaguillo o, en su defecto, miembro del coro de la iglesia en su niñez. Me da igual que sea hombre o mujer, con tal que sepa hacer la o con la ayuda de un canuto. Como el autor.

Román Rubio

Marzo 2020

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lunes, 8 de marzo de 2021

CARONTE AGUARDA

 

CARONTE AGUARDA



Ya se sabe cómo es Caronte: hosco, tacaño, envuelto en harapos, encapuchado, amante de las tinieblas, siniestro y paciente, muy paciente. Siempre está ahí, sentado en su barca en la penumbra, escondiendo su cara semicomida por la lepra y con la mano —llena de soriasis y sabañones— siempre extendida, presta  a recoger como pago la moneda necesaria para pasar a uno al otro lado de la Laguna Estigia, hasta la orilla del Reino de Hades. ¡Y ay, de quien no lleve encima la moneda! Caronte es tozudo, inmisericorde, inamovible y dejará al alma vagar en pena cien años en la orilla sin poder alcanzar el merecido, aunque lúgubre, descanso del Averno.

Hay que llevar siempre en el bolsillo la moneda de euro, el doblón, la guinea, el duro de plata isabelina, por si (dios no lo quiera) tiene uno que encontrarse cara a cara con Caronte de manera inesperada. Eso y lo de la ropa interior: siempre limpia. La tía Aurelia a menudo conminaba a sus sobrinos (y sobrinas) a llevar siempre la ropa interior limpia y las uñas de los pies cortadas y arregladas porque la muy pulcra tenía pánico a que, por accidente o trampa del destino, hubiera de ser sometida a examen médico de manera inesperada.

Prudente, la tía Aurelia. Y limpia.

Gaudí no escuchaba los consejos de la discreta señora y el 10 de junio de 1926 fue atropellado por un tranvía en la calle Cortes de Barcelona cuando se dirigía a pie a la Parroquia San Felipe de Neri a visitar a su confesor, cosa que hacía con regularidad. No hay constancia del estado de su ropa interior, pero el aspecto que ofrecía era el de un mendigo y la atención recibida, en una sociedad clasista como la de la época, fue deficiente, y aún habría sido peor de no haber sido por un guardia civil que pasaba por allí y obligó a un coche a que llevara al herido al Hospital de la Santa Cruz, entonces de Beneficencia, donde murió —ya desvelada su identidad— sesenta horas después.

El 19 de abril de 1906, Pierre Curie murió atropellado por un coche de caballos en la calle parisina de Dauphine, junto al Pont Neuf de la capital francesa, puente que, a pesar de su nombre, fue construido a finales del siglo XVI y resulta ser el más antiguo de la ciudad. El científico —Premio Nobel de Física junto a su mujer, Marie— absorto, quizá en sus meditaciones, fue arrollado fatalmente por el vehículo y enterrado en el cementerio de Sceaux, en las afueras de París. En 1965 fue exhumado junto a su esposa para ser trasladados ambos al Panteón de personas ilustres. Marie, que había muerto de leucemia —provocada, con toda probabilidad, por su exposición a materiales radiactivos—, había sido enterrada en ataúd de plomo, pero Pierre, muerto mucho antes, no; y hay testigos de la exhumación (exagerados ellos) que dicen que los huesos brillaban como si fueran de neón, tal había sido la exposición del científico a materiales radiactivos, cuyos tubos se guardaba en los bolsillos. Caronte no habría aceptado una moneda que brillara como un fosforito.

Entre Mónaco y Niza hay unos 20 kilómetros, y en ese tramo fueron al encuentro del barquero, de manera inesperada y no deseada, dos mujeres en su madurez. La primera, bailarina de postín subió al descapotable del joven mecánico italiano que era su amante un 14 de septiembre de 1927, vistiendo un vistoso y largo pañuelo de seda rodeando su cuello. El pañuelo resultó enredado en los radios de la rueda del coche y la mujer, Isadora, murió in situ por estrangulamiento. Algunos años después, Grace, la gran Grace, estrella de Hollywood y Princesa consorte del pequeño país mediterráneo del glamur y el juego resultó muerta a 20 kilómetros de allí cuando recorría en su Rover el camino de regreso a casa en compañía de su hija Estefanía.

En todas estos encuentros indeseados con Caronte andaba yo pensando el otro día cuando escuché por la radio la muerte de un tal Álex Casademunt, cantante, participante en un remoto programa de Operación Triunfo y al que deseo que hubiera tenido la precaución de guardar una moneda en el bolsillo para vencer la tacañería de tan siniestro barquero.

Román Rubio

Marzo 2021

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martes, 23 de febrero de 2021

LESA MAJESTAD

 

LESA MAJESTAD


A propósito del encarcelamiento de cierto personaje cuyo nombre soy reacio a  mencionar, me he dedicado a investigar si el delito de injurias al Jefe del Estado y a sus símbolos (bandera, himno…) es una peculiaridad de nuestro sistema legal (propio de un “estat feixista”, como he oído decir por ahí) o, por el contrario, está en consonancia con lo dispuesto en otros países de nuestro entorno.

Para ello, he consultado el informe del Representante de la Libertad en los Medios de la  OSCE  (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), un documento de 267 páginas, en inglés, que supone un recorrido exhaustivo por el sistema legal de 58 países, en su mayor parte europeos.

https://www.osce.org/files/f/documents/b/8/303181.pdf

Los resultados de la consulta son esclarecedores. Dado el volumen de información he decidido destacar unos pocos países como ejemplo que puedan servir de comparación. La conclusión es que, exceptuando el Reino Unido y Noruega —que no tienen legislación específica al respecto—, los demás (repúblicas y monarquías) todos tienen regulado el tema con mayor o menor severidad.

España.-

La calumnia y la difamación dirigidas al Rey, la Reina, ascendientes y descendientes, consortes… es un delito criminal (Art. 490.3) del Código Penal. Si la ofensa es grave, la pena es de prisión de entre seis meses y dos años o de entre seis y doce meses para las de menor gravedad. Además, el mal uso de la imagen real de manera que “pueda dañar el prestigio de la Corona es un delito criminal castigado con una pena de entre seis meses y dos años.

También está penada la difamación del estado y sus símbolos… contra España, Comunidades Autónomas, Poder Judicial, Tribunales Superior y Supremo, ejército y fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, con penas de entre siete y doce meses.

Francia.-

En 1981 fue derogada la ley que se refería a las ofensas al Jefe del Estado, incluyéndole en la del resto de altos cargos. La difamación pública de funcionarios del estado se castiga con multas de hasta €45.000. La lista incluye al presidente, ministros, diputados, senadores y cargos religiosos, de religiones subvencionadas por el estado. En casos especiales se aplica prisión de hasta un año.

La difamación del estado, sus símbolos e instituciones castiga el ultraje (insulto grave) al himno o la bandera tricolor con una multa de €7500 y seis meses de prisión si es “cometida como grupo de acción” ¿?

Alemania.-

La injuria o difamación pública al Jefe del Estado y del Gobierno está penada en Alemania con pena de entre tres meses y cinco años de prisión.

La difamación del Estado y sus símbolos (colores nacionales, bandera escudo) y la expresión de desprecio hacia Alemania, sus regiones o el orden constitucional son considerados ofensa criminal castigada con hasta tres años de reclusión.

Además, el código alemán castiga a quienes “intencionadamente apoyan las iniciativas contra la existencia de la República Federal de Alemania o contra sus principios constitucionales”.

Por si hay tentaciones separatistas, se entiende.

Italia.-

La ofensa al honor o el prestigio del presidente se castiga con pena de prisión de entre uno y cinco años.

La difamación de la República, Tribunal Constitucional, fuerzas armadas, bandera y emblemas nacionales se castiga con multas de entre €1000 y €5000, que asciende a entre €5000 y €10000 si se cometen en acto público o ceremonia oficial.

Países Bajos.-

Las injurias difamatorias al Rey se castiga con pena de prisión de hasta cinco años. El cónyuge, el heredero y, en su caso, el Regente están protegidos con penas de hasta cuatro años.

 

Portugal.-

El insulto o difamación al Presidente de Portugal se castiga con tres meses de prisión, que se ve incrementado a prisión de entre seis meses a tres años si la ofensa es cometida públicamente.

La difamación del estado, sus símbolos e instituciones está penada con prisión de entre seis meses y 240 días. El insulto al Estado, la bandera o el himno se castiga con una pena de prisión de un máximo de dos años o una multa de hasta 240 días.

 

En fin; Dinamarca, Suecia, Austria, Bélgica y en general todos los países recogidos en el informe (exceptuando, como he señalado antes a Reino Unido y Noruega) tienen recogida en sus respectivas legislaciones la represión y castigo de toda forma de injuria o difamación a los Jefes de Estado y a sus instituciones, así como a la bandera, himno y otras representaciones del estado con mayor o menor dureza.

Otra cosa es la frecuencia y rigor con los que la legislación se aplica, que difiere bastante entre países. Esto podría dar lugar a pensar que:

 1º.- Algún Estado (¿el nuestro, quizá?) fuera demasiado riguroso y exageradamente  implacable en la aplicación de la ley.

2º.- Que una parte significativa de la ciudadanía de la nación sea más montaraz, cerril, irrespetuosa y desleal que en otros lugares.

3º.- Ambas cosas.

Ustedes mismos.

 

Román Rubio

Febrero 2021 


sábado, 13 de febrero de 2021

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

 

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA


Quizá conozcan ustedes la historia: andaba de caza el maharajá con su ayudante cuando cayó de su caballo y se dislocó la muñeca. Comenzó el soberano a maldecir su suerte mientras el criado le vendaba y le insistía en que no hay mal que por bien no venga. El noble, indignado por las frasecitas de filosofía barata del criado, le empujó a un pozo y le dejó allí para que muriera de inanición mientras proseguía su camino. Más adelante el soberano fue capturado por una banda de ladrones que tras robar sus pertenencias se dispusieron a sacrificarlo en ofrecimiento a su dios. Uno de los bandidos se dio cuenta de la rotura del antebrazo y paralizaron el sacrificio ya que solo eran aptos les seres sin tara o defecto alguno y le dieron libertad. El príncipe, de vuelta a palacio, sacó del pozo a su criado y se postró en lágrimas solicitando el perdón de este. “¿Perdón?”, dijo el criado. “No hay nada que perdonar. Si no me hubieras tirado al pozo habríamos sido apresados los dos y sería a mí a quien habrían sacrificado. Recuerde Su Alteza que no hay mal que por bien no venga”.

´Corría septiembre de 2013 cuando Madrid presentó en Buenos Aires su candidatura para organizar los Juegos Olímpicos de 2020 consiguiendo un rotundo fracaso aunque dejando para la posteridad, eso sí, aquello de la “relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor” como frase icónica superando al celebrado “is very difficult todo esto” que espetó el inimitable Mariano Rajoy en una visita a la Casa Blanca.

La expresión por la que se recordará siempre a la inane alcaldesa de Madrid, que lo fue por obra y gracia de Gallardón,  dejó a los madrileños —y de rebote a todos los demás— con un cierto sabor de ridículo, no por la sintaxis del discurso —que fue aceptable—, y ni siquiera por la pronunciación (hemos visto a otros líderes en situaciones incluso peores) sino, más bien, por ese tonillo ridículo de “seño” que trata al mundo como si estuviera habitado por párvulos sin destetar. También es cierto que en aquel acto también intervinieron Gasol y el Príncipe Felipe y ambos lograron elevar el mensaje lo suficiente como para librar a la candidatura del ridículo.

Lo cierto es que lo que se vio como un estrepitoso fracaso, a la larga, no lo ha sido tanto. Veamos: el ganador —Tokio— no pudo celebrar los juegos en 2020 por causa de la pandemia y ahora se enfrenta a unos retos descomunales para poder hacerlo en julio y agosto de 2021. El gobierno japonés ha invertido una cantidad de 10.000 millones de euros en preparar la ciudad y poder alojar y hacer competir a los 11.000 deportistas de 206 países, descontando unas pérdidas de 2.700 millones de euros de patrocinadores locales y 660 millones en entradas, ya que todas las competiciones se celebrarán sin público.

Los ingresos por turismo se han esfumado, con lo que se han ido al traste las expectativas de restaurantes, atracciones turísticas y gasto en general de turistas extranjeros. Los visitantes, periodistas y otros, no podrán hacer uso del transporte público ni salir de la villa olímpica por otro medio que no sea el transporte olímpico oficial y los atletas deberán olvidarse de la proverbial convivencia estrecha con los pares ya que deberán guardar las normas de seguridad: comer en los comedores de la propia villa respetando la distancia de dos metros entre comensales, además de pasar una PCR obligatoria cada cuatro días, medida que afecta a atletas, técnicos, periodistas  y  todo el personal implicado.

¿Y si hay positivos? Más vale no pensar en ello. Si se da un positivo en un equipo, este, en su totalidad, deberá retirarse de la competición temporalmente y guardar cuarentena; no solo ellos sino los componentes del último equipo con el que han competido, lo que puede hacer de la competición y sus eliminatorias un completo caos.

En fin, que los Juegos de 2020 no son ninguna peladilla y las consecuencias económicas y de todo tipo para Madrid y para España, el país más arruinado de occidente por la pandemia, habrían sido desastrosas.

De modo que, mira por dónde, la “relaxing cup of café con leche” ha contribuido finalmente y sin proponérselo a aliviar, sino a evitar la ruina. Sabio que era, el criado del maharajá.

Román Rubio

Febrero 2021



lunes, 8 de febrero de 2021

DEMOCRACIA

 

DEMOCRACIA

https://www.economist.com/graphic-detail/2021/02/02/global-democracy-has-a-very-bad-year


El equipo de investigación de The Economist acaba de hacer público su Índice democrático de los países del ejercicio 2020 concluyendo que, debido a la pandemia, ha habido un retroceso global. El equipo de especialistas evalúa el sistema y la sociedad de 167 naciones atendiendo a 60 indicadores que dan una imagen bastante precisa del parámetro democracia-autoritarismo de cada país otorgando a cada uno una puntuación de 0 a 10 y estableciendo un ranking. En el mapa se puede apreciar por colores la salud democrática de los países, yendo del azul intenso (democracias plenas) al rojo intenso (regímenes autoritarios)

Los países con mayor democracia —de azul fuerte en el mapa— puntúan todos por encima de 9, y son, por este orden: Noruega (9.81), Islandia  (9.37), Suecia, Nueva Zelanda, Canadá, Finlandia, Dinamarca y la República de Irlanda. Nada nuevo. Como de costumbre, los países escandinavos están encaramados en la cima del desarrollo social y antiautoritario, acompañados por los neozelandeses, los canadienses y los irlandeses del Eire. Por cierto: de estos países, Noruega, Suecia y Dinamarca son monarquías y Nueva Zelanda y Canadá también dicen serlo, o al menos así consta en sus constituciones y expresa la efigie de sus billetes.

En un segundo grupo  están las naciones que son consideradas una “democracia plena” y puntúan por encima de 8 en esta variable. Y en este grupo privilegiado, algo por detrás de Reino Unido y Alemania, en el lugar 22 del mundo, con una honrosa puntuación de 8.12 está España y olé: entre Japón y Corea del Sur, puntuando por encima de países tan tradicionalmente democráticos como Francia (7.99), EEUU (7.92), Portugal (7.90) o Italia (7.74), considerados estos como “democracias defectuosas”, y pintados en un azulillo más rebajado que el nuestro.

Como buena noticia hay que señalar que Uruguay (8.61), Chile (8.28) y Costa Rica (8.16) están en el grupo de notable alto para acallar a quienes solo quieren ver en Latinoamérica atraso y fatalismo.

¿Y en el furgón de cola? Detrás de los grandes países de naranja intenso como China, Arabia Saudita, Venezuela, Cuba o Irán, en rojo bermellón van los auténticos parias del mundo: la franja maldita del África central que va de Libia al Congo, pasando por Chad y la República Centroafricana, la desdichada Siria y el farolillo rojo otro año más: Corea del Norte, que con una puntuación de 1.08 ocupa el lugar 167 y último de los rebaños del Señor.

 

Román Rubio

Febrero 2021