viernes, 22 de octubre de 2021

PORTIA

 

PORTIA


Portia es joven, bella e inteligente y está prometida con el gallardo y bondadoso Antonio, que es demandado por el judío Shylock ante la corte del Dux de Venecia por el impago o demora en el pago de una deuda en la que Antonio había incurrido por supuesto naufragio de unos barcos. El precio es terrible, pues en el contrato se especifica que el deudor debe pagar con una libra de su propia carne y Shylock exige que esta sea próxima al corazón. Quien ejerce la defensa del deudor es Portia, que, disfrazada de hombre, da la razón al viejo avaro con la condición de que se cobrara la deuda sin derramar una gota de sangre.

Se pueden imaginar el desenlace. De un lado la juventud, la belleza y la generosidad de la joven cristiana; del otro, la vejez y la avaricia del judío. Pues eso, han acertado. Aunque, lamentablemente, y tratándose del siglo XVI, la joven tuviera que travestirse en hombre.

En el mundo real muchos escritores han decidido adoptar un seudónimo para publicar sus obras, bien para proteger su reputación como es el caso de Charles L. Dogson (Lewis Carroll) y tantos otros doctos profesores de Oxford que decidían probar con el bestseller, John Banville (Benjamin Black) para marcar registros distintos, o Robert Galbraith (J. K. Rowling), que una vez terminada su saga de Harry Potter con éxito arrollador decidió tantear el mercado con un seudónimo hasta que se dio cuenta que era mucho más rentable para ella y la editorial quitarse la máscara. Por no hablar del célebre caso de Elena Ferrante, todavía sin desenmascarar.

Mary Ann Evans (George Elliot) y Aurore Lucile Dupin de Dudevant (Geoge Sand), en el siglo XIX, hubieron de adoptar nombre masculino para poder publicar. Otras, como la autora de novela romántica Megan Maxwell (María del Carmen Rodríguez) o Alice Kellen (que no ha desvelado su verdadero nombre, aunque sí su imagen) lo hacen con el propósito de desligar su vida profesional de la personal. Excepto en el caso de las autoras decimonónicas, que lo hacían obligadas, los/las demás pueden hacer bueno aquello de “escribo con seudónimo porque me interesa, porque soy libre y porque me da la gana”.

Tres guionistas profesionales, Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, bajo el nombre pantalla de Carmen Mola, habían escrito una exitosa trilogía de novela negra —que no he leído dado mi desapego por el género— que incluye La novia gitana.  

El asunto no habría tenido más trascendencia —¿o sí?— si no hubiesen resultado ganadores del último Premio Planeta, dotado con un millón de euros con su novela La bestia.

A partir de ahí, y probablemente propiciado por envidias, rencores, maledicencias y resquemores, un grupo no sé si numeroso pero ciertamente ruidoso ha decidido poner el grito en el cielo, no está claro si por ser tres, por ser hombres, por usar un seudónimo, por usar un seudónimo femenino o por haber ganado tanta celebridad y dinero. O por todo ello. Una librería de Madrid procedió a retirar los libros de Carmen Mola de sus estanterías nada más conocerse la identidad real de “los” autores, lo que hace que nos preguntemos por qué los tenían en sus expositores si no tenían la calidad literaria necesaria o por qué los han retirado si la tenían. Adivinen la razón.

Para muchos, entre los que me incluyo, el asunto ha sido una fiesta, un sainete, una carcajada propiciada por una impostura que, como las buenas gamberradas, no hace daño a nadie. Pero no todo el mundo lo ha visto así. Para otros/as ha sido un insulto al género femenino. Lo fue el hecho de tener que hacerse pasar por un hombre para publicar (en lo que estoy de acuerdo) y lo contrario. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio.

Les contaré un caso que acabo de leer en El Confidencial firmado por Soto Ivars: un escritor madurito y poco exitoso, Sergi Puertas, harto de enviar sus manuscritos a editoriales y obtener el silencio por respuesta se dio cuenta de que el mayor inconveniente era él mismo, su persona, con lo que se decidió a cambiar de imagen. Se creó un perfil en Facebook y una cuenta de gmail y se bajó una foto de internet de una joven agraciada de 25 años con suéter de cuello alto, media melena y expresión modosita a la que hizo llamar Lidia. Pronto, subiendo los mismos contenidos que antes a la red, empezó a obtener más likes y seguidores en un par de semanas de lo que había obtenido en toda su historia de cincuentón. Y decidió, con su nueva identidad, probar suerte con su último manuscrito. Enseguida se percató de sus nuevos poderes cuando empezó a recibir respuestas de los editores, algunos con el contrato ya redactado a espera de la firma. Al final, el autor eligió la editorial Impedimenta y se desenmascaró ante el editor. Este, al principio, indignado, cortó la comunicación, pero después de unas semanas se ofreció a editarle. Con su propio nombre e identidad. El libro, por si tienen la curiosidad, se llama Estabulario y los nombres del autor y la editorial ya los conocen.

Y esta es la historia del Shylock que tuvo que disfrazarse de Portia para defender su causa. O la de otra Carmen Mola, como prefieran.

Román Rubio

Octubre 2021

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jueves, 14 de octubre de 2021

SINÉCDOQUE


 

SINÉCDOQUE



 Se trata de tomar la parte por el todo, como cuando decimos “hago esto para ganarme el pan”; y ese pan incluye hasta el viajecito a Punta Cana. O bien, tomar el todo por la parte, como en “Francia derrota a España”, queriendo decir que la selección francesa de fútbol le gana a la española, aunque sea con un gol dudoso de Mbappé.

Creo haber contado en alguna ocasión un chascarillo de veracidad incierta que corre por las facultades de periodismo. En 1905, recién desembarcado en Nueva York, el arzobispo de Canterbury y primado de la inglesa anglicana se sometió a una sesión informativa ante los periodistas. Uno de ellos le preguntó su opinión sobre la profusión de prostíbulos existentes en Manhattan. El arzobispo, desconocedor del tema, le respondió: “¿Hay muchas prostitutas en Manhattan?”. Al día siguiente, un diario publicó a toda página: “Primera pregunta del Arzobispo de Canterbury al llegar a Nueva York: ¿Hay prostitutas en Manhattan?”

En esas estrategias de los demagogos andaba yo pensando el otro día cuando escuché unas declaraciones del tal Egea, del PP (Ingeniero de Telecomunicación y campeón del mundo de lanzamiento de hueso de oliva en 2008). Decía el prócer, refiriéndose al problema de la vivienda: “Ocupar una vivienda está bien visto por el Gobierno, ser propietario de una vivienda, después de haber “estao” trabajando toa tu vida, está mal visto por el Gobierno”.

Fíjense, en primer lugar, que el uso del “estao” y del “toa tu vida” dicho en el entorno formal del Fórum Europa no es del todo espontáneo, sino el empeño de mostrarse uno campechanote, como diciendo: “como tú y como yo”.

Claro, que para alquilar una casa hay que tener al menos dos. Y lo que calla el campechano conferenciante es que se trata de penalizar a los “grandes tenedores”, que son los que tienen más de diez casas y alguna de ellas vacía durante, al menos, un año. Y también calla que la propiedad viene a menudo facilitada no por el trabajo de “toa” la vida sino por la especulación, la herencia u otras actividades más inconcretas que incluyen viajes con bolsas de basura desde Andorra y otros lugares más remotos con montañas nevadas, palmeras y cocoteros.

Otra de las estrategias de la demagogia es conceder una relación causa-efecto en donde solo hay una correlación entre variables, como aquel que decía que los fuegos los provocaban los bomberos, de otro modo, ¿por qué habría de haber siempre una patrulla en los incendios?

Un estudio publicado recientemente en la revista The Lancet Planetary Health ha determinado que 43000 personas mueren cada año en las ciudades europeas “por la falta de zonas verdes”. Ahí es nada. Y afinando más la puntería dice el estudio que en España son 3809 las personas que mueren por este motivo en el centenar de ciudades estudiadas; el 25% de las muertes (924) en Barcelona. En mi ciudad, Valencia, son 138 las que se van al otro mundo por vivir a menos de 500 metros del Río, de los Viveros o de cualquier otro pedazo de arbolado. Así de claro lo tienen.

https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2021-10-08/un-estudio-estima-que-43000-personas-mueren-al-ano-en-las-ciudades-europeas-por-la-falta-de-zonas-verdes.html

¿Y cómo han llegado a tan afinada conclusión? Pues cogen un mapa y toman en consideración las zonas próximas a los parques y las más alejadas y comparan el número de personas que mueren por causas naturales. ¿A que ustedes habrían adivinado los resultados?

¿Y no podría ser que el nivel de renta tenga algo que ver? Apuesto a que los pisos pegaditos al Retiro, Hyde Park o los Jardines de Luxemburgo son considerablemente más caros que los de los bloques de las periferias pegados a las vías del tren y la gente que se puede permitir vivir allí tiene mejores trabajos, hábitos de vida más cómodos y saludables y mucha más renta. Y eso, quizá, también influya.

Pero, claro, como los bomberos estaban por allí, pues ya está claro quién inició el fuego. Y yo, por si acaso, lo arrimo a mi sardina.

Román Rubio

Octubre 2021


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viernes, 24 de septiembre de 2021

SpeedOut

 

SpeedOut



No me pregunten por qué. Quizá fuera por aburrimiento, por mi vicio de leer cosas de dudoso o nulo interés personal, o espoleado por la curiosidad de saber qué demonios es eso de SpeedOut referido a una empresa consultora, acabé leyendo el artículo SpeedOut ficha como socio a Rafael Aguado, en el diario digital Valencia Plaza. Masoquismo, dirán algunos; curiosidad malsana, dirán otros. Lo cierto es que —ahíto de volcanes y no habiéndose producido aún la detención de Puigdemont— la lectura resultó ser insospechadamente entretenida.

En el primer párrafo me entero de que la consultora ha fichado al susodicho para “afianzar el asesoramiento a “family offices”, lo que me obliga a consultar qué demonios es eso de family offices, cuyo significado intuyo. Cómo no, se trata de la gestión del patrimonio de las familias pudientes, que no de la mía ni de las de mis familiares y amigos, pero en inglés. Siempre se aprende algo.

En el siguiente párrafo me entero de que el tal Aguado (Rafa, para los amigos) tiene una solvencia reconocida en el ecosistema empresarial valenciano, tanto en el innovador como en el de “private equity” y empresarial. Joder, con el nuevo socio; no sólo es reconocido en el ecosistema innovador o el empresarial sino que es un lince en eso del private equity, que es lo que al parecer llamábamos “capital inversión” o adquisición de paquetes mayoritarios de acciones de empresas con el ánimo de especular. Más o menos, lo que hacía Richard Gere en horario de oficina en la película Pretty Woman.

La firmante del artículo nos informa, unas líneas más abajo, de cuál es la línea de “corporate finance” (que como su nombre indica es el diseño de la financiación de una empresa) que más peso tienen en la cuenta de resultados de la consultora, además de las conocidas asesorías a las “startups” y a las “scaleups” (que son lo mismo, pero unas más avanzadas que las otras), para ilustrarnos más abajo con el hecho de que otra de sus áreas de trabajo es la de abordar procesos de “corporate venturing”, que es algo así como el capital de riesgo corporativo, pero con más caché.

También se nos informa que no es objeto de la consultora conducir a las “family offices” por las trilladas aguas del “real state* o mercados inmobiliarios”, lo cual es comprensible; en primer lugar porque el “real state” no existe; en todo caso se trataría de real estate (bienes raíces) y no veo que haya alguna diferencia entre esto y mercados inmobiliarios, la verdad.

Ya creí que me había entretenido bastante con todo eso de las family offices, prívate equity, startups y scaleups, corporate venturing, real estate y otras zarandajas gourmet  cuando me encontré con que, además, la consultora con el atractivo nombre de SpeedOut puede ser útil a los fondos de capital riesgo (pivate equity, con perdón) haciéndoles una función de “scouting” en un terreno (el valenciano) conocido por ellos.

Ahí es nada. No me digan que el artículo no resulta entretenido. Como decía el anuncio aquel de perfume: “Hay muchos mundos, pero están en este”.

https://valenciaplaza.com/speedout-ficha-como-socio-rafael-aguado

 

Román Rubio

Septiembre 2021

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martes, 14 de septiembre de 2021

LADIES & GENTLEMEN

 

LADIES & GENTLEMEN



El último sainete del lenguaje inclusivo ha ocurrido en Gran Bretaña, en concreto en un tren de la compañía London North Eastern Railway, en el que el conductor tuvo la desvergüenza de dirigirse al público del convoy con un inaceptable: “Good afternoon, ladies and gentlemen, boys and girls” (Buenas tardes, señoras y caballeros, niños y niñas). Tamaña afrenta molestó enormemente al pasajero Laurence, que rápidamente denunció al conductor a sus superiores vía Twitter alegando que eso de “señoras y caballeros, niños y niñas” a él, como persona no binaria que es, no le incluía y que por tanto las indicaciones no le afectaban.

Así de claro lo tenía el chaval, lo que para mí no es una noticia, pues cada cual entiende el mundo a su manera y vive su propia paranoia.

Lo que para mí constituye una noticia es la respuesta de la compañía, que no tardó nada en contestar al tal Laurence por la misma vía, de la manera siguiente:

Siento mucho lo ocurrido, Laurence, nuestros Jefes de Tren no deberían usar esa clase de lenguaje, y te doy las gracias por ponerlo en mi conocimiento, Por favor podrías decirme en que servicio te encuentras y me aseguraré de que se comporten tan inclusivos como nos esforzamos por ser en LNER (London North Eastern Railway).

La respuesta de la compañía ha tenido en Gran Bretaña una gran repercusión, levantando la polémica en medios escritos y redes sociales. ¿Es aceptable dirigirse al público con la socorrida fórmula de cortesía “ladies & gentlemen”? ¿Qué hacemos con los que no se sientan ni “señora” ni “caballero”? ¿Podríamos usar el término “mediopensionista”, o quizá decir algo así como “good afternoon, everyone? En inglés, la solución es fácil: esta última fórmula incluye a todos, puesto que “one” vale lo mismo para “uno” que para “una”, o para “une”, si me apuran, pero en español ¡ay, en español! la cosa se complica, ya que la formula “buenas tardes a todos” no sería aceptable por las mismas causas, debiendo añadir “todas” y “todes”. O bien, usar un circunloquio del tipo “todo el mundo”, lo que no es del todo exacto (hay una parte significativa del mundo que no viaja en el tren) y esperar que personajes como Laurence se sientan aludidos y no discriminados ni ofendidos.

Aceptemos la puntillosidad en el lenguaje inclusivo y los recelos que levanta. Fijémonos ahora en el otro lenguaje, el normativo: la coma después de “this” es, cuanto menos, redundante y la de detrás de “attention” es antinormativa, ya que debería ser un punto, como el mismo autor del mensaje reconoce de manera implícita al escribir la palabra siguiente, “Please”, con mayúscula.

De modo que, si hay que cogérsela con papel de fumar en lo referente al lenguaje inclusivo para no lesionar los sentimientos de las diferentes sensibilidades de género, ¿por qué no ser igual de escrupulosos con la ortotipografía para no ofender a los usuarios de la lengua, sean estos del género masculino, femenino o neutro?

Román Rubio

Septiembre 2021

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viernes, 20 de agosto de 2021

AFGANISTÁN NOS APELA

 

AFGANISTÁN NOS APELA



Una cosa es lo que nos gustaría que fuera y otra lo que realmente es. A diferencia de los de mi generación —la del posfranquismo—, acostumbrados a tener en Reyes una caja de lápices de colores y una pelota de plástico cuando se había pedido una bicicleta y un balón de reglamento, las generaciones posteriores parecen haber sido criadas en Disneylandia. Al parecer, pedían una bicicleta y tenían una de carreras, piden un balón y obtienen una Play Station, y esto les hace creer que la realidad se materializa a su acomodo con solo desearlo.

Estos últimos días hemos vivido el hecho lamentable de la (re)toma del poder de los talibanes en Afganistán y el sentimiento generalizado, el mío también, es de desdicha. Ahora bien, si estoy con la mayoría con lo del sentimiento, no lo estoy tanto en el diagnóstico. Muchos quieren ver en los lamentables hechos la imposición de los talibanes “contra el pueblo”, como si los talibanes fueran marcianos enviados allí por las fuerzas malvadas de la galaxia en contra del pueblo inocente, noble y justo, obviando que los talibanes también son “el pueblo”, un pueblo arcaico y antirracional, si quieren, pero pueblo, al fin y al cabo. ¿De dónde han salido si no?

Al parecer, la obviedad de reconocer que “el pueblo” está enfrentado en dos bandos, el islamista radical que pretende imponer la sharía, personificado en los talibanes, y el islamista moderado y/o agnóstico que quiere una sociedad moderna más libre y acorde con el mundo occidental es algo que no aceptan los que entienden la historia como un asunto entre buenos (“el pueblo”) y malos (“los extraterrestres”). Y ya se sabe que de un mal diagnóstico no se sigue una buena cura.

¿Cómo explican los exegetas del maniqueísmo el hecho de que un puñado de guerrilleros se hayan hecho con el país en unas semanas a pesar de que occidente, (los americanos en particular) hayan gastado miles de millones de dólares creando, entrenando y equipando un ejército que ha resultado ser inútil? ¿Puede un grupo de guerrilleros doblegar en semanas la resistencia de un pueblo y un ejército? Piénsenlo. A mí, que desconozco el  país, no me cuadra. A no ser, claro está, que una parte significativa del pueblo esté de parte de los talibanes.

Una parte del público en mi país se ha rasgado las vestiduras ante la afirmación del responsable de la política exterior comunitaria, Josep Borrell, de que “los talibanes han ganado la guerra y tenemos que hablar con ellos”. “¿Cómo que hablar con esos criminales? Con esa gente ni se habla ni se negocia”, dicen los puros, incapaces de aceptar los hechos tal y como se presentan en vez de hacerlo como a ellos les gustaría. “¿Usted con quién cree que tengo que hablar para lograr sacar a las 400 personas que tengo que sacar de Kabul?”, contestó Borrell, con muy buen juicio, a la interpelación de Franganillo, que preguntaba en el telediario en nombre de los insobornables espíritus puros incontaminados por la realidad o la responsabilidad.

Así están las cosas. El mundo, desquiciado, y la gente a lo suyo. A poner verde al primer gobernante de cualquier país que dé la cara. Al Tío Sam por acudir a los incendios y por salir de ellos sin apagarlos. A Borrell porque dice digo o porque dice Diego (da igual) y a Solana por su enigmático mensaje en Twitter “Afganistán nos apela”, a lo que pronto miles de ciudadanos quisieron entender “Afganistán nos la pela”. Ya ven, cada cual entiende lo que quiere.

 

Román Rubio

Agosto 2021

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jueves, 12 de agosto de 2021

VUELTA AL COLE

 

VUELTA AL COLE


No quiero ser agorero, niños, pero la vuelta al cole está a la vuelta de la esquina. Pasa la Virgen de Agosto y los lápices de colores recién afilados, la goma de borrar por estrenar y la mochila nueva están pidiendo entrada en la vida de Brian.

Este año, el Ministerio de Educación ha elaborado un nuevo borrador (“otro”), regulador del currículum de la Enseñanza Primaria, que entraría en vigor en el curso 2022-23. El borrador del nuevo decreto introduce cambios notables en algunas de las asignaturas, entre ellas la de Educación Física.

El nuevo decreto quiere una Educación Física “más actual” y “más alineada” con las necesidades  del siglo XXI. Además de poner el énfasis en la perspectiva de género, como hacen todas las áreas, el decreto insiste en el desarrollo del plano emocional y la lucha contra los comportamientos antisociales, como la exclusión o la relegación en los juegos a los alumnos y alumnas de menor rendimiento físico-deportivo. Y para ello, el departamento que dirige Pilar Alegría propone algunas novedades. La más significativa es la de la necesidad de “dialogar, contrastar ideas y ponerse de acuerdo” para resolver situaciones conflictivas, de forma que el alumnado tenga en cuenta la perspectiva de las otras personas implicadas y busque “soluciones justas” en lo que Educación llama “dinámicas grupales reflexivas”, lo que puede llevar a llenar el horario de ejercicio físico con continuas asambleas para determinar si se salta o no el potro.

Ahora lo entiendo todo. Empiezo a descifrar la lógica de la neomodernidad moderna (como diría Catarella, el policía de las novelas de Montalbano) y su parloteo.

En mi ya lejana infancia solíamos jugar al fútbol en la calle, en el patio, en los solares y en cualquier terreno que fuera medianamente llano y desherbado. Para ello pactábamos las reglas del fuera de banda (en un terreno sin señalizar), las reglas del gol (cuando la portería venía marcada por dos carteras del cole a modo de postes) y había que convenir en cada una de las jugadas cuándo había salido la pelota de la línea imaginaria, si la jugada era merecedora de penalti o no o cuándo había pasado el maltrecho balón por dentro del espacio de la inexistente portería, lo que constituía el más elaborado de los debates. Todo eso hacíamos y conseguíamos jugar unos partidos sin incidentes dignos de mención. Y eso que no teníamos ni idea de lo que significaba “dinámicas grupales reflexivas”.

En cuanto a la discriminación por capacidades físicas éramos tremendamente inclusivos. Recuerdo a un muchacho que había sido atacado por la polio y había quedado con una pierna más debilitada que la otra ¿Creen que estaba excluido del juego? Ni hablar. El chico llegaba a jugar hasta con el rudimentario aparato ortopédico que llevaba por temporadas. A escondidas, por supuesto, de la vista de sus padres, maestros y otras “autoridades” que se lo tenían prohibido. Nunca se quedó sin jugar el muchacho si esa era su voluntad. ¡Y cómo disfrutaba! No sé si era tanto por el juego como por contravenir las indicaciones de padres y cuidadores. ¡Que nos vengan pues ahora con asambleítas a quienes éramos maestros de la negociación del acuerdo en toda clase de condiciones!

Para María José Camacho, profesora de Educación Física de la Complutense, la actividad física tiene una parte emocional importante y la exclusión de los más débiles depende del tipo de prácticas. “Si son muy competitivas, primará el principio de la energía motriz” y por eso considera muy positivo que el nuevo currículum contemple de forma “regulada” y “estructurada” la organización de debates colectivos para resolver conflictos (…).

Estoy de acuerdo con lo del “principio de la energía motriz”, aunque nosotros le llamábamos de otro modo. Le diré cómo lo solucionábamos en nuestro sistema “desregulado” y “desestructurado”: se ponen dos jugadores a unos pasos de distancia y poniendo un pie tras otro, por turno, se llega a montar al pie del contrario. A partir de ahí empiezan a escogerse jugadores de manera alterna para uno y otro equipo. Sin olvidar al portero (antes habrá que convenir si es puesto fijo o habrá que turnarse). El proceso asambleario tenía dos condiciones: que el dueño del balón es, por mérito propio, uno de los seleccionadores y que el chico tullido, el poeta ensimismado e inútil con el balón y el hermano pequeño tienen el mismo derecho a jugar que el Messi del barrio. Así lo hacíamos. Y nos funcionaba de maravilla. Lo digo por si les sirve a los “reguladores” y “estructuradores” de las “dinámicas grupales reflexivas”.

 

Román Rubio

Agosto 2021

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domingo, 25 de julio de 2021

EXPIACIÓN

 

EXPIACIÓN


En la tradición precristiana la expiación suponía la obtención del perdón por medio del sacrificio propio o (mejor) ajeno. La inmolación de un carnero para los judíos, la ofrenda de alimentos y productos valiosos para otros y hasta el sacrificio de niños o mujeres vírgenes para algunos (que se lamentan de la “colonización” occidental y su crueldad), lograban aplacar la ira del dios de turno provocada por el empeño de los humanos en llevar a cabo actos que le ofenden.

Después vino Jesucristo, y con su propio sacrificio personal logró la expiación de todos los pecados de los humanos, logrando así el perdón con el solo requisito del arrepentimiento. Un buen acto de contrición y un firme propósito de enmienda bastaban para abrir la puerta del Reino de los Cielos. Si por debilidad se volvía a caer, se volvía uno a arrepentir. Y si se tenía la oportunidad de hacerlo antes de morir, pues, hala, al cielo.

Este sistema constituía un modelo justo y misericordioso que ayudaba al cristiano a vivir en una cierta armonía con su propia conciencia, sin necesidad de derramar sangre alguna mortificándose con cilicios o fustigándose con látigos de pinchos. Digamos que era un mundo un poco beato pero razonable.

 

Hoy, en cambio, el pecado parece no poder borrarse nunca. La cólera del Dios Posmoderno es implacable. Ni olvido ni perdón. No es que el Posmoderno sea un dios cruel (en el sentido de exigir sacrificios sangrientos de carneros o vírgenes), no; pero es un Dios Rencoroso, Inmisericorde y más Memorioso que Funes, el hipermnésico insomne borgiano, pues, con su gigantesco archivo digital, es capaz de sacar a flote cualquier pecadillo, resbalón o yerro  que haya uno podido hacer en cualquier momento de su vida. Por temprano que haya sido este. Todo lo que haya sido publicado, grabado, filmado, fotografiado o emitido de cada uno de nosotros se guarda en la memoria del Todopoderoso, y ahí está, presto a salir. Sin posibilidad de perdón, sea el desliz grande o pequeño, vaya acompañado o no de contrición y propósito de enmienda. Ya ven, ¿para eso vino Jesucristo?

La penúltima víctima del Dios de la Memoria Infinita ha sido el japonés Kentaro Kobayashi, organizador del acto inaugural de los Juegos Olímpicos de Tokio y cesado de su cargo un par de días antes del acto inaugural. ¿Motivo? Intercalar el desafortunado comentario chistoso de: “Vamos a jugar al holocausto”. ¿Cuándo? Hace treinta y tres años, en 1988, mientras hacía un programa cómico a dúo con otro. No importa que el hombre haya reconocido lo improcedente del chistecito y haya mostrado cientos de veces su arrepentimiento y firme propósito de enmienda. Nada puede aplacar las ganas de revancha del Dios Posmoderno.

Y digo yo: ¿Quién de nosotros podría resistir una lupa que examinara todas las cosas que hemos podido hacer o decir desde épocas tan remotas? Yo, por mi parte, me arrepiento de haber hecho bullying en el colegio quitándole la merienda a un pobre muchacho que era más tímido y apocado que yo. Aún veo su cara inocente mientras me daba el bocadillo para congraciarse conmigo y siento vergüenza y arrepentimiento. Me he prometido no hacerlo en la próxima vida, porque en esta ya es imposible dar marcha atrás. ¿Debo por ello pagar indefinidamente? ¿Debo agradecer que mi villanía no fuera grabada ni denunciada por nadie? ¿Me da derecho ello a acusar con el dedo a quién sí fue grabado o denunciado? Piénsenlo.

Y quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Román Rubio

Julio 2021


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jueves, 22 de julio de 2021

HAMBRUNAS Y PERDONES


HAMBRUNAS Y PERDONES


Lo acabo de leer en The Guardian: el texto de las disculpas que pidió Toni Blair a Irlanda asumiendo la culpa del Reino Unido por la hambruna irlandesa de mediados del siglo XIX no fue escrito por él, sino por un colaborador. Y no solo eso, sino que, ante la imposibilidad de contactar con el Primer Ministro para que firmara el texto y acabándose el plazo, se enviaron las disculpas a la Embajada en Dublín sin el visto bueno ni la firma de Blair. El texto venía a decir algo así como: “Quienes gobernaban en Londres en aquel tiempo fallaron a la gente por no apoyarla cuando una pérdida de la cosecha devino en una masiva tragedia humana” (la traducción es mía). En realidad, el texto no llegaba a ser una disculpa, sino, simplemente, un reconocimiento de los hechos. Una especie de mildiu venido de América arrasó con la patata en partes de Europa provocando una hambruna en Irlanda que dejó un millón de muertos y otro millón de emigrantes (entre un 20% y un 25% de la población). Los propietarios de la tierra, nobles ingleses y anglo-irlandeses, decidieron no ayudar a los campesinos aparceros proveyéndoles de alimentos ni aliviando la carga de impuestos, en atención a la doctrina de Adam Smith y las excelencias del libre mercado.

Las “disculpas” inglesas, 150 años después de la hambruna, ayudaron a facilitar el Acuerdo de Viernes Santo de 1988 que significó el principio de la paz irlandesa.

Los dirigentes de Alemania han pedido perdón en múltiples ocasiones: a los judíos por el holocausto, a los polacos por las atrocidades bélicas cometidas y a los namibios por sus veleidades coloniales en tierras africanas.

Yo no sé a ustedes, pero a mí, eso de pedir perdón “como pueblo” por algo que hicieron otros y que ocurrió en un pasado más o menos lejano, me parece algo con lo que no me siento cómodo. ¿Perdón por algo que ni he hecho ni he podido evitar? ¿Y cuánto tiempo hay que remontarse en el pasado para que uno sienta que la culpa ha sido expiada? ¿Cincuenta, cien, doscientos años? ¿Cinco siglos?

Todo esto viene a raíz de la exigencia del Presidente de México, López Obrador, a España, para que la nación española pida disculpas por la conquista, cosa con la que por cierto, no está de acuerdo la mayoría del pueblo mexicano.

De modo que, Señor López Obrador, la actual nación española (es decir, yo y mis coetáneos) debemos pedir perdón por algo que sus tatarabuelos López y Obrador hicieron en tierras americanas mientras mis tatarabuelos Rubio y Martínez permanecieron en el solar patrio sin veleidades aventureras al otro lado del Atlántico. No sé, yo no lo veo claro, ni usted tampoco señor López. No quiero ser mal pensado, pero ¿no será que está usted a la caza del voto indígena?

Por mi parte, de acuerdo: nos sentamos: usted se hace el agraviado por la conquista y yo hago como que me siento culpable. Usted hace como que se cree mi arrepentimiento y yo su agravio y después salimos para la foto chocando la mano y tan listos. Usted gana sus votos y yo..., bueno, no sé.

Acto seguido, exijo a los países árabes disculpa pública por la invasión de la península ibérica para volver a convocar a los mismos y pedir mis propias disculpas por haberlos tirado con violencia de un territorio que fue suyo durante ocho siglos, lo cual es más de lo que han durado muchas civilizaciones. Conmino a Italia a que se disculpe por la expansión romana y a Francia por la entrada de Napoleón. Y así nos pasamos la vida, la mar de entretenidos, pidiéndonos perdón unos a otros por las fechorías acaecidas en el pasado y que han posibilitado que hoy estemos usted y yo aquí.

¡Ah, y los vikingos! Hay que exigir las disculpas públicas y sonoras a Dinamarca, Suecia y Noruega por las razzias de los vikingos, que, quitando de alguna que otra serie o película, no han traído más que pillaje, saqueos y destrucción.

Román Rubio

Julio 2021

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domingo, 11 de julio de 2021

MARÍA DE NAZARET

 

MARÍA DE NAZARET


¿Tienen idea de cuántas Madonas, Inmaculadas y Vírgenes habrá visto uno en su vida en museos, láminas, ilustraciones y representaciones varias? Madonas  bizantinas, románicas, góticas, renacentistas, barrocas y modernas, en todas las poses posibles: sujetando al niño, amamantándolo, jugando con él,  mirándolo amorosamente mientras juega o, ya hecho un mocito, mientras se enreda en debates en el templo con los doctores de la ley. En todas las representaciones, María, la madre de Jesús, aparece en su rol de Madre de Dios y Virgen Inmaculada con un aspecto beatífico, angelical, virtuoso, resignado y sumiso, exceptuando quizá a la Madonna de Loreto, del golfarra Caravaggio, en la que el pintor utiliza como modelo a su propia amante, Lena, prostituta de profesión y de rostro y pose sexis y muy alejados de la convención mariana.

Pues bien, ¿y qué opinan del hecho de que quizá haya (o más bien, haya habido) un retrato “real” de María, la madre de Jesucristo? Quizás para ustedes sea ropa vieja y ven en mi interpelación algo así como el descubrimiento del Mediterráneo, pero yo debo reconocer que no ha sido hasta la lectura del libro “El Reino”, de Emmanuel Carrère, que me he enterado de que esto es o ha podido ser así. Y es que eso es lo que tienen nuestros autores favoritos, que saben poner el foco en cosas que nos resultan interesantes y que a uno, de no ser por el dedo señalador, le pasan inadvertidas.

Los hechos fueron como sigue:

Lucas, el Evangelista, nunca llegó a conocer a Jesucristo; los demás sí; Mateo y Juan por haber sido discípulos y haber acompañado al Maestro en sus andanzas por el mundo, y Marcos, más joven, lo había conocido y quizá tratado algo, aunque de lejos. Algunos quieren ver en él al joven que acabó desnudo tras perder la sábana en la que se envolvía al seguir precipitadamente al cortejo que prendió a Jesús en Getsemaní, según el Evangelio del propio Marcos.

Pero Lucas, no. Lucas, médico de profesión, siguió a Pablo en su apostolado por las nacientes iglesias. Y Pablo, recordemos que no había conocido a Jesús, al menos en carne y hueso, sino convertido en luz cegadora haciéndole caer del caballo. Lucas era cultivado, escribía en griego culto y además de médico era pintor. En su viaje a Jerusalén, siguiendo a Pablo, se empapó de testimonios entre los que habían conocido a Jesús en vida, material con el que escribió su Evangelio; y entre ellos, conoció a María, la madre de Jesús y sus hermanos (porque los hubo) y, según la tradición, la pintó. Le hizo un retrato al natural, sobre tabla, al modo de los iconos bizantinos. El retrato acabó en Constantinopla en manos de la entrañable Eudoxia, la esposa de Arcadio, que reinó en Bizancio en el siglo V, y habría sido destruido (o desaparecido, al menos) en 1453, durante la toma de Constantinopla por los turcos.

Nada sé de las cualidades pictóricas de Lucas, ni si su propósito fue hacer algo realista o cayó en la tentación, como tantos otros, de hacer un rostro idealizado (de hecho, cuando se produjo la estancia de Lucas en Jerusalén, en los años 50 del siglo I, unos años después de la muerte de Jesús, María ya era anciana), pero, ¿qué quieren que les diga? Uno siente una gran curiosidad por ese rostro y de ahora en adelante mirará con atención cada uno de los iconos bizantinos sobre tabla representando una madona no vaya a ser que… ¿Quién sabe? Los turcos no tenían por qué haber destruido todo, todo. Además, ¿quién puede asegurar que un monaguillo no se llevara a casa el cuadro bajo la túnica para salvarlo de la ira del invasor? No hay ninguna evidencia. Ni de ello ni de lo contrario. Ave, María.

Román Rubio

Julio 2021


lunes, 5 de julio de 2021

YO CANTÉ, TU CANTASTE, ÉL CANTÓ

 

YO CANTÉ, TU CANTASTE, ÉL CANTÓ




Al cantante, mira por donde, le ha salido la virgen. Sin fase de selección ni intervención alguna del público, la empresaria de espectáculos con reminiscencias marianas le ha designado para representarnos en Eurovisión. Lo cual ya sería de por sí una afrenta, aún sin tener en cuenta los agravantes de:

1ª.- Que la empresa de espectáculos Comunidad de Madrid al Cielo no tiene competencias para ejercer el derecho de representación (que en puridad corresponde a una entidad “nacional” como el Cervantes)

2ª.- Que el artista había basado gran parte de su intrincada carrera escénica en la denuncia de los chiringuitos y demás puestos redundantes que se promueven desde la Dirección General de Espectáculos y que sirven de pesebre bien aprovisionado para enchufados a costa de autónomos, empresarios y otros sufridos paganos.

3ª.- Que quizá haya en el mercado otros artistas más competentes que el cantarín valenciano para desempeñar el encargo.

Y estando de acuerdo, como estoy, con todos estos argumentos en favor de los tirios, pasaré a criticar algunos otros expuestos por los troyanos.

Los hay que critican que al funambulista de la política le hayan puesto a dirigir la Oficina del Español y ven en la denominación de “español” una especie de insulto o provocación, sacando otra vez a la palestra la estéril polémica español-castellano, tratando de vincularla con la no menos estéril de “buenos” y “malos” españoles. Y ahí sí que no estoy en absoluto de acuerdo.

Le llaman (le llamamos) español porque este es el nombre de la lengua que hablamos la mayoría y en la que está escrita este texto. Vale, también se le llama “castellano”, y también sería correcto, porque da la casualidad de que ambas denominaciones son equivalentes e igualmente válidas, aunque el Diccionario panhispánico de dudas reconoce que el término español es menos ambiguo y más reconocible, aunque solo sea por el hecho de que es así como se le conoce internacionalmente (Spanish, spagnol, Spanisch, spagnolo,…).

¿Y qué piensan los canarios, por ejemplo, de izquierdas o de derechas sobre lo de llamar “castellano” a lo que ellos hablan? ¿Y los gaditanos? Pues, seguramente que lo que hablan allí no es castellano, que, si acaso, castellano es lo que hablan los de Valladolid o Cuenca, y si me apuran, los del telediario de TVE.

Y como se trata de una lengua global, deberíamos considerar lo que piensan los otros, los “no españoles”, ni “buenos” ni “malos”.


Pues ya ven: en Argentina, Bolivia, Paraguay y Venezuela parece que prefieren llamarle castellano, y en México, Centroamérica, Colombia, Chile, Uruguay Cuba y EEUU, español. Distintas preferencias. Como aquí.

También he leído opiniones en el sentido de que en el Reino Unido llaman a su lengua inglés, y no británico. Así es, pero no está hecho con el propósito de no molestar a los galeses como parecen insinuar algunos. Es así porque así lo ha determinado el uso, que es el que hace la lengua. Con el inglés es tan claro que por no tener no tienen ni Academia de la Lengua; son los grandes diccionarios (Oxford, Collins, Merriam Webster… los que marcan la norma, de acuerdo con el habla). Y los diccionarios se venden con el título de Inglés-Español. Así, con ñ y todo. Será por algo.

Román Rubio

Julio 2021