jueves, 16 de diciembre de 2021

ESOS CHISTECITOS

 

ESOS CHISTECITOS


Acababa de leer en El País una entrevista de Jabois a Diego San José, alguien a quien no conocía; se trata de un tipo de Irún de 43 años,  guionista de comedia de profesión, autor, coautor o colaborador de muchos programas de televisión como Vaya semanita, El intermedio o La hora de José Mota y de películas como Ocho apellidos vascos, Pagafantas o la serie de HBO, Venga Juan. Entre otras cosas de interés, el guionista dice: “Una cosa que yo odio en la comedia es hacer chistes sobre cosas que la gente ya tiene claras. Es decir, la ficción que tú haces para dar la razón al espectador en lugares donde se está calentito. Y cuando los trenes están arrancados te subes a ellos”.

La frase me recordó algo que había oído el día anterior a la conductora de la mañana de la SER —y muy respetada por mí—, Ángels Barceló, a propósito de no sé qué elecciones. La catalana se permitió hacer un chistecito sobre lo de que “hay que votar bien, como dice Vargas Llosa, ja, ja, ja”, ridiculizando el aforismo del escritor y, de paso, su postura política. Claro, se trata de la SER, con lo que la periodista —de gran altura, en la mayoría de las ocasiones— se permitía el sarcasmo ante un público que adivinaba entregado. No importa que fuera con una frasecita y no discutiendo el sentido de la misma. No importa que el Nobel lo argumentara con ejemplos como el de que Hitler llegara a la Cancillería por los votos u otros casos sangrantes de la historia en que la elección ha conducido a resultados desastrosos. ¿Quién no va a estar de acuerdo (o en desacuerdo) con un eslogan tan facilón como el que repitió la periodista con sarcasmo? Claro, lo fácil es hacer el chistecito ante el auditorio entregado. Otra cosa sería argumentar en contra. Eso ya… ¡El pueblo siempre tiene razón! ¡Venga! Discútanlo, si se atreven.

En la historia reciente española se puso el referéndum como la panacea de la democracia. Nada parecía ser tan democrático como un referéndum. ¡Que hable el pueblo! Pues, bien; para hacer de abogado del diablo yo proponía a los defensores de la tesis (ojo, no a los defensores del referéndum, cosa que me parece muy aceptable, sino a los defensores de la tesis de este como máxima expresión de la democracia) que consideraran el caso de un plebiscito en el que se preguntara al pueblo por la prohibición de la entrada de moros en el país y del ejercicio de la religión musulmana. ¿Cuál creen que sería el resultado de la votación? Especialmente, si se aprovecha a hacerlo tras un atentado yihadista. “Eso es imposible”, me decían. “¿Por qué?”, preguntaba yo. “Pues porque esa pregunta no se puede plantear”. Efectivamente, ese referéndum, cualquiera que fuera el resultado, no se puede plantear. Y no porque sea moralmente cuestionable: un día te puede juzgar un cura bajo su moral y otro un depravado (aunque hay casos en que se trata de la misma persona), sino porque lo impide nuestras leyes. Lo impide la Constitución, que dice, claramente, que ningún ciudadano puede ser discriminado en función de su raza, ideología o religión.

Esta columna parece que ha quedado algo deslavazada, de modo que, por si necesitan una síntesis, les lanzaré el mensaje: ¡cuidadín con los eslóganes, las frases trilladas y los auditorios entregados!

Sean prudentes.

Román Rubio

Diciembre, 2021

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1637673012&sr=8-1 

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1637673219&sr=8-1







lunes, 13 de diciembre de 2021

EN DEFENSA DE LA AUTOAYUDA

 

EN DEFENSA DE LA AUTOAYUDA

(O cómo ser anticool)


Entiendo a los que se toman con distancia y una sonrisa condescendiente los mensajes de la autoayuda. Ya saben: esos que nos aparecen en Facebook o en otras redes sociales, a menudo divulgados por algún cándido ciudadano, más o menos amigo, del tipo “El mañana no ha llegado y el pasado ya ocurrió; vive el momento”, o “Caer no significa hundirse, solo que hay que levantarse”, o bien “Cada fracaso es una nueva oportunidad para reinventarse”, o “Todo está a tu alcance; solo hay que empeñarse en conseguirlo”. Muchos le damos el valor que tienen: el de mensajes bienintencionados, un poco moñas, que, sin tener por qué ser estrictamente ciertos (¿cómo voy a poder conseguir hacer realidad mi sueño de ser una estrella de la NBA si le llego al sobaco al más bajito y tengo los pies planos?), pueden tener un efecto optimista, estimulante o balsámico para las personas que necesitan un empujoncito a la moral de vez en cuando  (más o menos, todos nosotros). Al fin y al cabo, esos mensajes, aunque algo ingenuos, siempre serán más beneficiosos que los contrarios de: “Los errores del pasado son imborrables”, “El futuro no traerá más que enfermedad y muerte” o “¿Por qué intentar conseguir tus sueños si mides uno sesenta y no eres ni siquiera inteligente?”

La autoayuda, pues, “ayuda” a muchas personas a seguir en la brecha aportando una pizca de optimismo, por lo que no dejo de ver un tufillo arrogante en quienes se vanaglorian en su desprecio. Mi madre solía hacer uso del empujoncito de la religión y cada sábado y fiesta de guardar acudía a la iglesia en donde pedía por los suyos y salía con optimismo renovado y la seguridad íntima de que nos iba a ir bien, con resultados desiguales. Woody Allen, Tony Soprano y alguno de mis amigos y vecinos (y de los tuyos, lector, aunque no siempre lo confiesan) necesitan de otra pantomima diferente a la religión, pero con fundamentos y efectos parecidos, de modo que, ¿qué mal hay en recurrir a la meditación, el yoga, el mindfulness y los mensajitos algo ingenuos, o las tesis algo más elaboradas de la autoayuda o de la psicología positiva (su prima intelectual) traída al mundo académico por Martin Seligman?

Pues sí; muchos —a menudo de manera oportunista— empiezan a ver la autoayuda como una herramienta del demonio. Unos, psicólogos de titulación, atacan a esta por puro corporativismo: “Si esto ayuda a la gente, ¿qué valor añade la orla colgada en la pared de mi despacho?” Otros aplican su vena filosófico-marxista y alegan: “Si tu bienestar depende de ti y de tu capacidad de levantarte por ti mismo y no del “sistema”, ¿qué sentido tiene eso de la revolución pendiente que ando pregonando?”. Tanto unos como otros mantienen una postura muy cool, no solo de desprecio a la autoayuda (ese alimento de gentes seguidoras de Salsa Rosa y otros inframundos), sino de franca beligerancia, tratando a esta como el opio del pueblo.

Me refiero a posturas como la de Marian Donner en su Manifiesto en contra de la autoayuda (Libros Cúpula) o el artículo de Carlos Javier González Serrano, “Contra la dictadura de la felicidad: el dañino pensamiento positivo” (El vuelo de la lechuza), los dos últimos y más claros alegatos anti-autoayuda que han caído en mis manos.

https://elvuelodelalechuza.com/2021/11/02/contra-la-dictadura-de-la-felicidad-el-danino-pensamiento-positivo/?fbclid=IwAR0msogOi9Iu_9AgWRk_Af-b35A-SLdaXWj3kNpZjRc-0Hi3hXfz9vZ2EzU

Léanlos si tienen gana. Yo, mientras tanto, me estoy entreteniendo con las Cartas a Lucilio (o Epístolas morales) que escribió Séneca en sus últimos años, un poco antes de que su pupilo Nerón le invitara a quitarse la vida. Es un clásico del siglo I, pero, créanme, en realidad se trata de un libro de autoayuda un poco crecido por el brillo de lo añejo.

Porque nunca viene mal un empujoncito a la moral. Y si uno no le tiene fe a los pregoneros del más allá, a los sillones del psicólogo ni a los vendedores de paraísos colectivistas, ¿qué le queda, pues?


Román Rubio

Diciembre 2021

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1637673012&sr=8-1

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1637673219&sr=8-1






martes, 23 de noviembre de 2021

EL CABALLO Y EL GORRIÓN

 

EL CABALLO Y EL GORRIÓN


Quienes hayan leído El País del domingo de pe a pa pueden saltarse este artículo: les puede resultar repetitivo; para los demás, les diré que me he familiarizado con lo que en EEUU se ha dado en llamar The Great Resignation, o, de manera más coloquial The Big Quit, y que en español lo traducen como La Gran Dimisión o (y esto es cosecha propia)  La Desbandada.

Lo trata Joaquín Estefanía en su artículo La dimisión del empleo y, de manera exhaustiva, la corresponsal en Nueva York, María A. Sánchez-Vallejo, en su reportaje La Gran Dimisión agita EEUU. Se trata del hecho de que un número muy significativo de personas en aquel país, cuatro millones más o menos, se despiden de sus puestos de trabajo cada mes desde el pasado abril (coincidiendo con el fin de las restricciones de la pandemia), a menudo sin el propósito de buscar otro empleo; o al menos, no inmediatamente.  

 

Las causas son complejas y variadas: la aprensión a volver a las sedes tras acostumbrarse a trabajar en pantuflas para algunos, la acumulación de ahorro originado por las restricciones para otros, los cheques del gobierno para paliar la inactividad y la propia introspección propiciada por meses de reflexión parecen haber hecho mella en muchas personas que han decidido no volver a ese trabajo de mierda mal pagado que les permite (solo) subsistir. Así lo ha expresado Robert Reich, antiguo secretario de trabajo de Bill Clinton y el mismo Biden cuando dijo aquello de “pagadles más”, ante la queja de los empresarios por la falta de trabajadores.

Lo cierto es que muchos andan huyendo de sus trabajos: no solo los que ganan un sueldo de mierda, como dice el ex político, sino otros que tienen buenos puestos en lo que allí llaman “mundo corporativo”. Los empresarios están teniendo problemas para encontrar trabajadores competentes en muchos sectores como el del cuidado de las personas, la sanidad o el transporte, en lo que el Nobel de Economía, Paul Krugman, ha definido como una crisis de oferta, al contrario de la Gran Depresión, que lo fue de demanda.

Y así están las cosas en EEUU, un país con un 5% de desempleo, lo que supone casi el pleno empleo, y con un 3% de desertores (quitters) del mercado laboral.

¿Y qué pasa en Europa? Pues tres cuartos de lo mismo: en Gran Bretaña y en otros países del continente, incluida España, se las ven y se las desean para cubrir puestos de camioneros, con la amenaza de desabastecimiento del mercado. No es de extrañar: cualquiera que haya hecho un par de trayectos de ocho o diez horas con su propio coche sabe lo cansado que es, incluso con la perspectiva de llegar a casa. Imaginen como será si hay que hacer lo mismo al día siguiente y al otro y al otro en la cabina de un camión de varios ejes, teniendo que descansar las horas preceptivas en inhóspitos aparcamientos de carretera. Le hace pensar a uno si vale la pena dar la vida por un sueldo. Algo parecido ocurre con los trabajadores de la construcción, los recolectores de la fruta en el campo y otros esforzados tarzanes de esta vida.

Lo que para unos es una carga insoportable, para otros es un trozo de paraíso. Vayan sino a las fronteras: acérquense por Melilla, el Río Grande o los bosques de Bielorrusia y verán a miles de personas vislumbrando las migajas del camino transustanciadas en maná. Lo que me ha traído a la memoria aquello que el economista John Keenneth Galbraith dio en llamar “the horse and sparrow theory” (la teoría del caballo y del gorrión), que viene a decir que si das de comer al caballo suficiente avena, algo caerá en los caminos para los gorriones; se supone que (de manera sarcástica y algo cruel) a través de los excrementos de la caballería.

Pobres gorriones. Y eso que en los días de verano, cuando acosan las moscas, bien que ayudan a mantenerlas a raya, como en la fábula de Rafael Pombo.

Román Rubio

Noviembre 2021

https://www.amazon.es/dp/B0DMR7R556/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=



https://www.amazon.es/FELICIDAD-Los-estoicos-autoayuda/dp/B0BXNBD9Y3/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1678872809&sr=8-1





miércoles, 3 de noviembre de 2021

PREDICAR Y DAR TRIGO

 

PREDICAR Y DAR TRIGO

Según la sabiduría popular “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Lo primero, para las gentes de ética relajada, no compromete a nada, como era el caso de “el escudero de Guadalajara, que de lo que promete a la noche, a la mañana no hay nada”. Está claro que Boris Johnson no conoce los refranes de la lengua castellana. Si acaso, como buen inglés, sabrá aquel más soso de “Deeds speak louder than words”, algo así como que “un hecho vale más que mil palabras” o la más imaginativa de “Put your money where your mouth is”, “pon la pasta en lo que pregonas”, o como dicen los franceses, “Les conseillers ne sont pas les payeurs”; no son los consejeros quienes pagan.

El Primer Ministro acaba de volver a Londres desde Glasgow en un vuelo privado tras atender la Cumbre por el Clima Cop26. En vez de coger un tren que tarda cuatro horas y media ha alquilado un jet privado, un Airbus A321, ya que el Voyager asignado al cargo estaba en revisión. Eso sí, cuando le han echado en cara que unas horas antes acababa de sermonear a los asistentes con que “las palabras sin actos se quedan en nada” y de añadir que “los allí presentes (se supone que él se incluía) serían juzgados por sus hijos si se negaban a actuar”, el pintoresco etoniano —que, al parecer, no se siente intimidado por el eventual juicio de sus seis hijos (de tres mujeres)—, se ha justificado diciendo que el aparato elegido funciona con “fuel de aviación sostenible” y que emite el 50% de CO2 de lo que emite el Voyager. ¿De qué se quejan, pues?

El Príncipe de Gales, otro adalid del ambientalismo, productor de elaboración ecológica en su granja de Gloucesteshire, también ha vuelto de Glasgow en avión privado y no precisamente en el mismo que el Primer Ministro, que compartir avión es casi tan plebeyo como ir en línea regular. Ecológico, sí; pero sin renunciar a la comodidad y los privilegios.

Y, entretanto, Greta Thunberg andaba por allí con su megáfono echándoles en cara lo del blablabla. No consta, sin embargo, cómo se ha desplazado hasta Escocia. Esta vez, lamentablemente, se nos ha privado del relato de la peripecia.

En otro punto alejado del mundo, en Perú, el Ministro del Interior, Luis Barranzuela, obsequió a sus amigotes, algunos de ellos políticos, con una fiesta de Halloween la noche del 31 de Octubre, víspera de Todos los Santos y tradicionalmente el día de celebración de la canción criolla en el país andino. El ruido festivo resultó ser tan molesto que algunos vecinos hubieron de llamar a la Policía Municipal para ver de acallar el alboroto. Junto con la policía se presentó alguna que otra cámara de televisión y saltó el escándalo. La cosa no tendría mayor importancia a no ser porque el prócer había recordado públicamente a los peruanos la semana anterior que las reuniones y fiestas seguían estando prohibidas en atención a un posible repunte de los contagios Covid y que, por tanto, se abstuviesen de celebraciones. Las cosas pasaron a mayores y la Presidenta del país, Mirtha Vásquez, pidió explicaciones. El ministro pillín se excusó diciendo que de festejo nada, que se trataba de una reunión de trabajo y que lo de la música no era cierto, que provenía de las casas de los vecinos, lo que podría haber colado de no haber sido estos los que habían llamado a la policía  por las molestias.

De modo, que ya ven: lo que vale para ti, a mí no me afecta; como ocurría con aquel ya conocido escudero de Guadalajara·, O, como dice de manera rotunda y taimada la lengua castellana: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

 

Román Rubio

Noviembre 2021 

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF





viernes, 22 de octubre de 2021

PORTIA

 

PORTIA


Portia es joven, bella e inteligente y está prometida con el gallardo y bondadoso Antonio, que es demandado por el judío Shylock ante la corte del Dux de Venecia por el impago o demora en el pago de una deuda en la que Antonio había incurrido por supuesto naufragio de unos barcos. El precio es terrible, pues en el contrato se especifica que el deudor debe pagar con una libra de su propia carne y Shylock exige que esta sea próxima al corazón. Quien ejerce la defensa del deudor es Portia, que, disfrazada de hombre, da la razón al viejo avaro con la condición de que se cobrara la deuda sin derramar una gota de sangre.

Se pueden imaginar el desenlace. De un lado la juventud, la belleza y la generosidad de la joven cristiana; del otro, la vejez y la avaricia del judío. Pues eso, han acertado. Aunque, lamentablemente, y tratándose del siglo XVI, la joven tuviera que travestirse en hombre.

En el mundo real muchos escritores han decidido adoptar un seudónimo para publicar sus obras, bien para proteger su reputación como es el caso de Charles L. Dogson (Lewis Carroll) y tantos otros doctos profesores de Oxford que decidían probar con el bestseller, John Banville (Benjamin Black) para marcar registros distintos, o Robert Galbraith (J. K. Rowling), que una vez terminada su saga de Harry Potter con éxito arrollador decidió tantear el mercado con un seudónimo hasta que se dio cuenta que era mucho más rentable para ella y la editorial quitarse la máscara. Por no hablar del célebre caso de Elena Ferrante, todavía sin desenmascarar.

Mary Ann Evans (George Elliot) y Aurore Lucile Dupin de Dudevant (Geoge Sand), en el siglo XIX, hubieron de adoptar nombre masculino para poder publicar. Otras, como la autora de novela romántica Megan Maxwell (María del Carmen Rodríguez) o Alice Kellen (que no ha desvelado su verdadero nombre, aunque sí su imagen) lo hacen con el propósito de desligar su vida profesional de la personal. Excepto en el caso de las autoras decimonónicas, que lo hacían obligadas, los/las demás pueden hacer bueno aquello de “escribo con seudónimo porque me interesa, porque soy libre y porque me da la gana”.

Tres guionistas profesionales, Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, bajo el nombre pantalla de Carmen Mola, habían escrito una exitosa trilogía de novela negra —que no he leído dado mi desapego por el género— que incluye La novia gitana.  

El asunto no habría tenido más trascendencia —¿o sí?— si no hubiesen resultado ganadores del último Premio Planeta, dotado con un millón de euros con su novela La bestia.

A partir de ahí, y probablemente propiciado por envidias, rencores, maledicencias y resquemores, un grupo no sé si numeroso pero ciertamente ruidoso ha decidido poner el grito en el cielo, no está claro si por ser tres, por ser hombres, por usar un seudónimo, por usar un seudónimo femenino o por haber ganado tanta celebridad y dinero. O por todo ello. Una librería de Madrid procedió a retirar los libros de Carmen Mola de sus estanterías nada más conocerse la identidad real de “los” autores, lo que hace que nos preguntemos por qué los tenían en sus expositores si no tenían la calidad literaria necesaria o por qué los han retirado si la tenían. Adivinen la razón.

Para muchos, entre los que me incluyo, el asunto ha sido una fiesta, un sainete, una carcajada propiciada por una impostura que, como las buenas gamberradas, no hace daño a nadie. Pero no todo el mundo lo ha visto así. Para otros/as ha sido un insulto al género femenino. Lo fue el hecho de tener que hacerse pasar por un hombre para publicar (en lo que estoy de acuerdo) y lo contrario. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio.

Les contaré un caso que acabo de leer en El Confidencial firmado por Soto Ivars: un escritor madurito y poco exitoso, Sergi Puertas, harto de enviar sus manuscritos a editoriales y obtener el silencio por respuesta se dio cuenta de que el mayor inconveniente era él mismo, su persona, con lo que se decidió a cambiar de imagen. Se creó un perfil en Facebook y una cuenta de gmail y se bajó una foto de internet de una joven agraciada de 25 años con suéter de cuello alto, media melena y expresión modosita a la que hizo llamar Lidia. Pronto, subiendo los mismos contenidos que antes a la red, empezó a obtener más likes y seguidores en un par de semanas de lo que había obtenido en toda su historia de cincuentón. Y decidió, con su nueva identidad, probar suerte con su último manuscrito. Enseguida se percató de sus nuevos poderes cuando empezó a recibir respuestas de los editores, algunos con el contrato ya redactado a espera de la firma. Al final, el autor eligió la editorial Impedimenta y se desenmascaró ante el editor. Este, al principio, indignado, cortó la comunicación, pero después de unas semanas se ofreció a editarle. Con su propio nombre e identidad. El libro, por si tienen la curiosidad, se llama Estabulario y los nombres del autor y la editorial ya los conocen.

Y esta es la historia del Shylock que tuvo que disfrazarse de Portia para defender su causa. O la de otra Carmen Mola, como prefieran.

Román Rubio

Octubre 2021

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=a+santiago+voy&qid=1634904436&qsid=259-3542133-5246512&s=books&sr=1-1&sres=B08R4952SF%2CB07FP3Z217%2C8491396209%2C8408224697%2C8427130872%2C846633212X%2C8491581170%2C8408234498%2C8408197428%2C8490703000%2CB07QW5QQM3%2CB07Q6ZFN17%2CB085KFBPVV%2CB07F2SHWFK%2C8466664416%2C8413441021




jueves, 14 de octubre de 2021

SINÉCDOQUE


 

SINÉCDOQUE



 Se trata de tomar la parte por el todo, como cuando decimos “hago esto para ganarme el pan”; y ese pan incluye hasta el viajecito a Punta Cana. O bien, tomar el todo por la parte, como en “Francia derrota a España”, queriendo decir que la selección francesa de fútbol le gana a la española, aunque sea con un gol dudoso de Mbappé.

Creo haber contado en alguna ocasión un chascarillo de veracidad incierta que corre por las facultades de periodismo. En 1905, recién desembarcado en Nueva York, el arzobispo de Canterbury y primado de la inglesa anglicana se sometió a una sesión informativa ante los periodistas. Uno de ellos le preguntó su opinión sobre la profusión de prostíbulos existentes en Manhattan. El arzobispo, desconocedor del tema, le respondió: “¿Hay muchas prostitutas en Manhattan?”. Al día siguiente, un diario publicó a toda página: “Primera pregunta del Arzobispo de Canterbury al llegar a Nueva York: ¿Hay prostitutas en Manhattan?”

En esas estrategias de los demagogos andaba yo pensando el otro día cuando escuché unas declaraciones del tal Egea, del PP (Ingeniero de Telecomunicación y campeón del mundo de lanzamiento de hueso de oliva en 2008). Decía el prócer, refiriéndose al problema de la vivienda: “Ocupar una vivienda está bien visto por el Gobierno, ser propietario de una vivienda, después de haber “estao” trabajando toa tu vida, está mal visto por el Gobierno”.

Fíjense, en primer lugar, que el uso del “estao” y del “toa tu vida” dicho en el entorno formal del Fórum Europa no es del todo espontáneo, sino el empeño de mostrarse uno campechanote, como diciendo: “como tú y como yo”.

Claro, que para alquilar una casa hay que tener al menos dos. Y lo que calla el campechano conferenciante es que se trata de penalizar a los “grandes tenedores”, que son los que tienen más de diez casas y alguna de ellas vacía durante, al menos, un año. Y también calla que la propiedad viene a menudo facilitada no por el trabajo de “toa” la vida sino por la especulación, la herencia u otras actividades más inconcretas que incluyen viajes con bolsas de basura desde Andorra y otros lugares más remotos con montañas nevadas, palmeras y cocoteros.

Otra de las estrategias de la demagogia es conceder una relación causa-efecto en donde solo hay una correlación entre variables, como aquel que decía que los fuegos los provocaban los bomberos, de otro modo, ¿por qué habría de haber siempre una patrulla en los incendios?

Un estudio publicado recientemente en la revista The Lancet Planetary Health ha determinado que 43000 personas mueren cada año en las ciudades europeas “por la falta de zonas verdes”. Ahí es nada. Y afinando más la puntería dice el estudio que en España son 3809 las personas que mueren por este motivo en el centenar de ciudades estudiadas; el 25% de las muertes (924) en Barcelona. En mi ciudad, Valencia, son 138 las que se van al otro mundo por vivir a menos de 500 metros del Río, de los Viveros o de cualquier otro pedazo de arbolado. Así de claro lo tienen.

https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2021-10-08/un-estudio-estima-que-43000-personas-mueren-al-ano-en-las-ciudades-europeas-por-la-falta-de-zonas-verdes.html

¿Y cómo han llegado a tan afinada conclusión? Pues cogen un mapa y toman en consideración las zonas próximas a los parques y las más alejadas y comparan el número de personas que mueren por causas naturales. ¿A que ustedes habrían adivinado los resultados?

¿Y no podría ser que el nivel de renta tenga algo que ver? Apuesto a que los pisos pegaditos al Retiro, Hyde Park o los Jardines de Luxemburgo son considerablemente más caros que los de los bloques de las periferias pegados a las vías del tren y la gente que se puede permitir vivir allí tiene mejores trabajos, hábitos de vida más cómodos y saludables y mucha más renta. Y eso, quizá, también influya.

Pero, claro, como los bomberos estaban por allí, pues ya está claro quién inició el fuego. Y yo, por si acaso, lo arrimo a mi sardina.

Román Rubio

Octubre 2021


https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF






viernes, 24 de septiembre de 2021

SpeedOut

 

SpeedOut



No me pregunten por qué. Quizá fuera por aburrimiento, por mi vicio de leer cosas de dudoso o nulo interés personal, o espoleado por la curiosidad de saber qué demonios es eso de SpeedOut referido a una empresa consultora, acabé leyendo el artículo SpeedOut ficha como socio a Rafael Aguado, en el diario digital Valencia Plaza. Masoquismo, dirán algunos; curiosidad malsana, dirán otros. Lo cierto es que —ahíto de volcanes y no habiéndose producido aún la detención de Puigdemont— la lectura resultó ser insospechadamente entretenida.

En el primer párrafo me entero de que la consultora ha fichado al susodicho para “afianzar el asesoramiento a “family offices”, lo que me obliga a consultar qué demonios es eso de family offices, cuyo significado intuyo. Cómo no, se trata de la gestión del patrimonio de las familias pudientes, que no de la mía ni de las de mis familiares y amigos, pero en inglés. Siempre se aprende algo.

En el siguiente párrafo me entero de que el tal Aguado (Rafa, para los amigos) tiene una solvencia reconocida en el ecosistema empresarial valenciano, tanto en el innovador como en el de “private equity” y empresarial. Joder, con el nuevo socio; no sólo es reconocido en el ecosistema innovador o el empresarial sino que es un lince en eso del private equity, que es lo que al parecer llamábamos “capital inversión” o adquisición de paquetes mayoritarios de acciones de empresas con el ánimo de especular. Más o menos, lo que hacía Richard Gere en horario de oficina en la película Pretty Woman.

La firmante del artículo nos informa, unas líneas más abajo, de cuál es la línea de “corporate finance” (que como su nombre indica es el diseño de la financiación de una empresa) que más peso tienen en la cuenta de resultados de la consultora, además de las conocidas asesorías a las “startups” y a las “scaleups” (que son lo mismo, pero unas más avanzadas que las otras), para ilustrarnos más abajo con el hecho de que otra de sus áreas de trabajo es la de abordar procesos de “corporate venturing”, que es algo así como el capital de riesgo corporativo, pero con más caché.

También se nos informa que no es objeto de la consultora conducir a las “family offices” por las trilladas aguas del “real state* o mercados inmobiliarios”, lo cual es comprensible; en primer lugar porque el “real state” no existe; en todo caso se trataría de real estate (bienes raíces) y no veo que haya alguna diferencia entre esto y mercados inmobiliarios, la verdad.

Ya creí que me había entretenido bastante con todo eso de las family offices, prívate equity, startups y scaleups, corporate venturing, real estate y otras zarandajas gourmet  cuando me encontré con que, además, la consultora con el atractivo nombre de SpeedOut puede ser útil a los fondos de capital riesgo (pivate equity, con perdón) haciéndoles una función de “scouting” en un terreno (el valenciano) conocido por ellos.

Ahí es nada. No me digan que el artículo no resulta entretenido. Como decía el anuncio aquel de perfume: “Hay muchos mundos, pero están en este”.

https://valenciaplaza.com/speedout-ficha-como-socio-rafael-aguado

 

Román Rubio

Septiembre 2021

https://www.amazon.es/s?k=socorro+me+jubilo&__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=1CPW3T5X6HWW2&sprefix=socoro+me%2Caps%2C197&ref=nb_sb_ss_sc_1_9

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=a+santiago+voy&qid=1632511233&qsid=259-3542133-5246512&sr=8-1&sres=B08R4952SF%2CB07FP3Z217%2C8408234498%2C8408237691%2C8408224697%2CB08WHPK1WF%2CB085KFBPVV%2CB07QW5QQM3%2C1731025181%2CB00P60ZXN8%2CB0897Z418B%2C8490703000%2CB07J1GFTBJ%2C8409202581%2CB099ZX9FBY%2CB07Q6ZFN17%2CB082WMSLRM%2C8427130872%2CB077XPBNDQ%2C8467552085




martes, 14 de septiembre de 2021

LADIES & GENTLEMEN

 

LADIES & GENTLEMEN



El último sainete del lenguaje inclusivo ha ocurrido en Gran Bretaña, en concreto en un tren de la compañía London North Eastern Railway, en el que el conductor tuvo la desvergüenza de dirigirse al público del convoy con un inaceptable: “Good afternoon, ladies and gentlemen, boys and girls” (Buenas tardes, señoras y caballeros, niños y niñas). Tamaña afrenta molestó enormemente al pasajero Laurence, que rápidamente denunció al conductor a sus superiores vía Twitter alegando que eso de “señoras y caballeros, niños y niñas” a él, como persona no binaria que es, no le incluía y que por tanto las indicaciones no le afectaban.

Así de claro lo tenía el chaval, lo que para mí no es una noticia, pues cada cual entiende el mundo a su manera y vive su propia paranoia.

Lo que para mí constituye una noticia es la respuesta de la compañía, que no tardó nada en contestar al tal Laurence por la misma vía, de la manera siguiente:

Siento mucho lo ocurrido, Laurence, nuestros Jefes de Tren no deberían usar esa clase de lenguaje, y te doy las gracias por ponerlo en mi conocimiento, Por favor podrías decirme en que servicio te encuentras y me aseguraré de que se comporten tan inclusivos como nos esforzamos por ser en LNER (London North Eastern Railway).

La respuesta de la compañía ha tenido en Gran Bretaña una gran repercusión, levantando la polémica en medios escritos y redes sociales. ¿Es aceptable dirigirse al público con la socorrida fórmula de cortesía “ladies & gentlemen”? ¿Qué hacemos con los que no se sientan ni “señora” ni “caballero”? ¿Podríamos usar el término “mediopensionista”, o quizá decir algo así como “good afternoon, everyone? En inglés, la solución es fácil: esta última fórmula incluye a todos, puesto que “one” vale lo mismo para “uno” que para “una”, o para “une”, si me apuran, pero en español ¡ay, en español! la cosa se complica, ya que la formula “buenas tardes a todos” no sería aceptable por las mismas causas, debiendo añadir “todas” y “todes”. O bien, usar un circunloquio del tipo “todo el mundo”, lo que no es del todo exacto (hay una parte significativa del mundo que no viaja en el tren) y esperar que personajes como Laurence se sientan aludidos y no discriminados ni ofendidos.

Aceptemos la puntillosidad en el lenguaje inclusivo y los recelos que levanta. Fijémonos ahora en el otro lenguaje, el normativo: la coma después de “this” es, cuanto menos, redundante y la de detrás de “attention” es antinormativa, ya que debería ser un punto, como el mismo autor del mensaje reconoce de manera implícita al escribir la palabra siguiente, “Please”, con mayúscula.

De modo que, si hay que cogérsela con papel de fumar en lo referente al lenguaje inclusivo para no lesionar los sentimientos de las diferentes sensibilidades de género, ¿por qué no ser igual de escrupulosos con la ortotipografía para no ofender a los usuarios de la lengua, sean estos del género masculino, femenino o neutro?

Román Rubio

Septiembre 2021

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335/ref=sr_1_1?crid=NJ10LDA3AT5V&dchild=1&keywords=socorro+me+jubilo&qid=1631684943&s=books&sr=1-1







viernes, 20 de agosto de 2021

AFGANISTÁN NOS APELA

 

AFGANISTÁN NOS APELA



Una cosa es lo que nos gustaría que fuera y otra lo que realmente es. A diferencia de los de mi generación —la del posfranquismo—, acostumbrados a tener en Reyes una caja de lápices de colores y una pelota de plástico cuando se había pedido una bicicleta y un balón de reglamento, las generaciones posteriores parecen haber sido criadas en Disneylandia. Al parecer, pedían una bicicleta y tenían una de carreras, piden un balón y obtienen una Play Station, y esto les hace creer que la realidad se materializa a su acomodo con solo desearlo.

Estos últimos días hemos vivido el hecho lamentable de la (re)toma del poder de los talibanes en Afganistán y el sentimiento generalizado, el mío también, es de desdicha. Ahora bien, si estoy con la mayoría con lo del sentimiento, no lo estoy tanto en el diagnóstico. Muchos quieren ver en los lamentables hechos la imposición de los talibanes “contra el pueblo”, como si los talibanes fueran marcianos enviados allí por las fuerzas malvadas de la galaxia en contra del pueblo inocente, noble y justo, obviando que los talibanes también son “el pueblo”, un pueblo arcaico y antirracional, si quieren, pero pueblo, al fin y al cabo. ¿De dónde han salido si no?

Al parecer, la obviedad de reconocer que “el pueblo” está enfrentado en dos bandos, el islamista radical que pretende imponer la sharía, personificado en los talibanes, y el islamista moderado y/o agnóstico que quiere una sociedad moderna más libre y acorde con el mundo occidental es algo que no aceptan los que entienden la historia como un asunto entre buenos (“el pueblo”) y malos (“los extraterrestres”). Y ya se sabe que de un mal diagnóstico no se sigue una buena cura.

¿Cómo explican los exegetas del maniqueísmo el hecho de que un puñado de guerrilleros se hayan hecho con el país en unas semanas a pesar de que occidente, (los americanos en particular) hayan gastado miles de millones de dólares creando, entrenando y equipando un ejército que ha resultado ser inútil? ¿Puede un grupo de guerrilleros doblegar en semanas la resistencia de un pueblo y un ejército? Piénsenlo. A mí, que desconozco el  país, no me cuadra. A no ser, claro está, que una parte significativa del pueblo esté de parte de los talibanes.

Una parte del público en mi país se ha rasgado las vestiduras ante la afirmación del responsable de la política exterior comunitaria, Josep Borrell, de que “los talibanes han ganado la guerra y tenemos que hablar con ellos”. “¿Cómo que hablar con esos criminales? Con esa gente ni se habla ni se negocia”, dicen los puros, incapaces de aceptar los hechos tal y como se presentan en vez de hacerlo como a ellos les gustaría. “¿Usted con quién cree que tengo que hablar para lograr sacar a las 400 personas que tengo que sacar de Kabul?”, contestó Borrell, con muy buen juicio, a la interpelación de Franganillo, que preguntaba en el telediario en nombre de los insobornables espíritus puros incontaminados por la realidad o la responsabilidad.

Así están las cosas. El mundo, desquiciado, y la gente a lo suyo. A poner verde al primer gobernante de cualquier país que dé la cara. Al Tío Sam por acudir a los incendios y por salir de ellos sin apagarlos. A Borrell porque dice digo o porque dice Diego (da igual) y a Solana por su enigmático mensaje en Twitter “Afganistán nos apela”, a lo que pronto miles de ciudadanos quisieron entender “Afganistán nos la pela”. Ya ven, cada cual entiende lo que quiere.

 

Román Rubio

Agosto 2021

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335/ref=pd_rhf_gw_p_img_1?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=19REHY6G1NJ7C9CC99CV#customerReviews





jueves, 12 de agosto de 2021

VUELTA AL COLE

 

VUELTA AL COLE


No quiero ser agorero, niños, pero la vuelta al cole está a la vuelta de la esquina. Pasa la Virgen de Agosto y los lápices de colores recién afilados, la goma de borrar por estrenar y la mochila nueva están pidiendo entrada en la vida de Brian.

Este año, el Ministerio de Educación ha elaborado un nuevo borrador (“otro”), regulador del currículum de la Enseñanza Primaria, que entraría en vigor en el curso 2022-23. El borrador del nuevo decreto introduce cambios notables en algunas de las asignaturas, entre ellas la de Educación Física.

El nuevo decreto quiere una Educación Física “más actual” y “más alineada” con las necesidades  del siglo XXI. Además de poner el énfasis en la perspectiva de género, como hacen todas las áreas, el decreto insiste en el desarrollo del plano emocional y la lucha contra los comportamientos antisociales, como la exclusión o la relegación en los juegos a los alumnos y alumnas de menor rendimiento físico-deportivo. Y para ello, el departamento que dirige Pilar Alegría propone algunas novedades. La más significativa es la de la necesidad de “dialogar, contrastar ideas y ponerse de acuerdo” para resolver situaciones conflictivas, de forma que el alumnado tenga en cuenta la perspectiva de las otras personas implicadas y busque “soluciones justas” en lo que Educación llama “dinámicas grupales reflexivas”, lo que puede llevar a llenar el horario de ejercicio físico con continuas asambleas para determinar si se salta o no el potro.

Ahora lo entiendo todo. Empiezo a descifrar la lógica de la neomodernidad moderna (como diría Catarella, el policía de las novelas de Montalbano) y su parloteo.

En mi ya lejana infancia solíamos jugar al fútbol en la calle, en el patio, en los solares y en cualquier terreno que fuera medianamente llano y desherbado. Para ello pactábamos las reglas del fuera de banda (en un terreno sin señalizar), las reglas del gol (cuando la portería venía marcada por dos carteras del cole a modo de postes) y había que convenir en cada una de las jugadas cuándo había salido la pelota de la línea imaginaria, si la jugada era merecedora de penalti o no o cuándo había pasado el maltrecho balón por dentro del espacio de la inexistente portería, lo que constituía el más elaborado de los debates. Todo eso hacíamos y conseguíamos jugar unos partidos sin incidentes dignos de mención. Y eso que no teníamos ni idea de lo que significaba “dinámicas grupales reflexivas”.

En cuanto a la discriminación por capacidades físicas éramos tremendamente inclusivos. Recuerdo a un muchacho que había sido atacado por la polio y había quedado con una pierna más debilitada que la otra ¿Creen que estaba excluido del juego? Ni hablar. El chico llegaba a jugar hasta con el rudimentario aparato ortopédico que llevaba por temporadas. A escondidas, por supuesto, de la vista de sus padres, maestros y otras “autoridades” que se lo tenían prohibido. Nunca se quedó sin jugar el muchacho si esa era su voluntad. ¡Y cómo disfrutaba! No sé si era tanto por el juego como por contravenir las indicaciones de padres y cuidadores. ¡Que nos vengan pues ahora con asambleítas a quienes éramos maestros de la negociación del acuerdo en toda clase de condiciones!

Para María José Camacho, profesora de Educación Física de la Complutense, la actividad física tiene una parte emocional importante y la exclusión de los más débiles depende del tipo de prácticas. “Si son muy competitivas, primará el principio de la energía motriz” y por eso considera muy positivo que el nuevo currículum contemple de forma “regulada” y “estructurada” la organización de debates colectivos para resolver conflictos (…).

Estoy de acuerdo con lo del “principio de la energía motriz”, aunque nosotros le llamábamos de otro modo. Le diré cómo lo solucionábamos en nuestro sistema “desregulado” y “desestructurado”: se ponen dos jugadores a unos pasos de distancia y poniendo un pie tras otro, por turno, se llega a montar al pie del contrario. A partir de ahí empiezan a escogerse jugadores de manera alterna para uno y otro equipo. Sin olvidar al portero (antes habrá que convenir si es puesto fijo o habrá que turnarse). El proceso asambleario tenía dos condiciones: que el dueño del balón es, por mérito propio, uno de los seleccionadores y que el chico tullido, el poeta ensimismado e inútil con el balón y el hermano pequeño tienen el mismo derecho a jugar que el Messi del barrio. Así lo hacíamos. Y nos funcionaba de maravilla. Lo digo por si les sirve a los “reguladores” y “estructuradores” de las “dinámicas grupales reflexivas”.

 

Román Rubio

Agosto 2021

https://www.amazon.es/%C2%A1SOCORRO-Me-jubilo-Rom%C3%A1n-Rubio/dp/1537233335/ref=rvi_1/262-5587530-0289416?pd_rd_w=BlE6Q&pf_rd_p=8f535f5e-6919-439b-bdd9-ee2e8e329dd9&pf_rd_r=XNWP28114BA88DP7FK79&pd_rd_r=90bb1efa-7acc-44f7-90cf-0b6ada3b640a&pd_rd_wg=WVn3c&pd_rd_i=1537233335&psc=1

https://www.amazon.es/SANTIAGO-VOY-Memorias-Camino-Norte/dp/B08R4952SF/ref=rvi_7/262-5587530-0289416?pd_rd_w=mAp3d&pf_rd_p=8f535f5e-6919-439b-bdd9-ee2e8e329dd9&pf_rd_r=N31CJV95AT6RBB0S8NDW&pd_rd_r=2b47537a-47d2-434f-974b-e60e704dab0d&pd_rd_wg=nOcH1&pd_rd_i=B08R4952SF&psc=1