jueves, 10 de agosto de 2023

OTRA VEZ PEDROCHE

 

OTRA VEZ PEDROCHE

No sé que tienen tus ojitos que me vuelven loco, decía la rumba. Pues eso, no sé qué haces, Pedroche, que tienes la capacidad de enervar al personal (mayoritariamente femenino, pero no solo) con tus apariciones en biquini, desnuda, semidesnuda o a medio vestir, en la Puerta del Sol, en la nieve o ante el espejo de tu casa.

Ni contigo ni sin ti: si te muestras de negro tapada hasta el cuello y los tobillos, al modo de los usos arábigos y lutos pretéritos, eres víctima del odioso patriarcado que te obliga a ocultar tu cuerpo, y si lo haces con el textil justo para tapar las (breves y muy prietas) vergüenzas, porque te prestas a sus procaces caprichos. "Contigo porque no vivo y sin ti porque me muero". Hagas lo que hagas, la exposición de tus alicientes corporales despierta enconados rechazos.

El público femenino (y hasta el binario, el no binario y el yuxtapuesto) se pone de uñas porque pones tu cuerpo al servicio del patriarcado. Es posible que así sea, pero no deja de ser una curiosa dominación patriarcal esta en que a los hombres les importa un pimiento lo que te pones o te quitas y son mayormente las mujeres las que se muestran molestas, cuando no insultadas por tus lucimientos.

El último agravio han sido tus poses en biquini a tres semanas del alumbramiento y la portentosa recuperación, que, de no tener truco, parece ser obra de brujería o concurrencia de la Virgen de Entrevías, pues diríase que trajo el niño la cigüeña. 

¿Y qué ven en esas fotos muchas personas —algunas de ellas muy ilustres—según expresan en la prensa y otros medios?

Unas se quejan de tu cuerpo escultural, cosa imperdonable para la mayoría, que, como quien esto escribe, reciben del espejo una imagen muy, pero que muy, mejorable. Para ellas, tu cuerpo es un insulto que provoca la desdicha de tantas otras que se amargan al compararse, lo que es mala cosa, pues como dijo Montesquieu, ser feliz sería muy fácil a no ser por ese empeño humano por compararse de continuo con los demás.

Otras ven la ofensa en el hecho de que supuestamente tienes unos ingresos holgados que te permiten ayuda en el hogar (cosa que algunas de quienes te critican comparten, con aprovechamiento modesto o nulo), un entrenador personal y otros privilegios de clase, o más bien de estatus, que el hecho de ser de Vallecas indigna aún más a muchas de tus detractoras, que deciden obviar que es la disciplina, el sacrificio y los genes—y no el entrenador ni las burbujas del jacuzzi— lo que consigue los efectos que saltan a la vista, limitándose a ver el resultado y no el proceso.

Algunas se lamentan de la falta de respeto y solidaridad con la mayoría de mujeres que han vivido con comprensible aflicción el deterioro corporal tras el duro trance del parto, como si Dios repartiera las dádivas con equidad y merecimiento.

Y otras te culpan de todo ello junto, haciéndote responsable de tanto malestar entre tantas otras mujeres por el hecho de tener el cuerpo que la naturaleza y los aciertos evolutivos te dieron y que parecen envidiar.

Es curioso que el fenómeno Pedroche no se dé en hombres por igual. Nunca he oído a ninguno quejarse del cuerpo de Brando, Eastwood, Osborne, Newman, Pitt o Beckham, a cualquier edad en la que estos han tenido a bien mostrarse en camiseta de tirantes y otros paños de tamaño reducido. Los hombres hemos visto las imágenes de estos y otros Adonis con generosa resignación y hasta hemos felicitado a Mastroianni por mostrarse en calzoncillos blancos y calcetines negros con liguero sin pudor alguno. Sin envidias ni rencores. Algo bueno teníamos que tener.

Román Rubio

Agosto 2023 





    




viernes, 4 de agosto de 2023

UN PALETO EN LA CORTE DEL REY ARTURO

 

UN PALETO EN LA CORTE DEL REY ARTURO



Estábamos (mal)acostumbrados a ver a Nadia Calviño manteniendo embelesado con su cháchara inteligente a un corro de hombres con traje gris, y a un Presidente Sánchez moviéndose con soltura en los pasillos de los encuentros internacionales charlando de esto y lo otro con Macron, Rishi Sunak, Biden o Scholz, y trayendo de esos encuentros mejoras notables como la excepción ibérica para las energías y otros suculentos caramelos.

Diríase que habíamos superado el “is very difficult todo esto” del inefable Mariano, el relamido “relaxing cup of café con leche” o el impostado acento tejano al que nos tenían acostumbrados los políticos anteriores, verdaderas nulidades a la hora de la comunicación en foros internacionales y que nos forzaban a admitir como axioma inapelable la “excepción hispana” (que no ibérica, pues ya se sabe que los portugueses siempre nos han aventajado en ese campo). Al parecer, ningún Presidente anterior excepto Felipe González —que se manejaba bastante bien en francés, aunque era nulo en inglés— era capaz de comunicarse en una lengua que no fuera la castellana. Se dice que Calvo Sotelo sí que lo era, aunque fue tan fugaz en el cargo que nadie recuerda haberlo oído hablar en lengua alguna.  

¿Qué es eso de ir hablando por ahí sin intérprete? ¿Se trata acaso de otro signo de decadencia imperial y un insulto a las sagradas tradiciones hispanas? ¡Que aprendan ellos español, hombre! ¿Qué ha sido del preciado legado de Paco Martínez Soria, Lina Morgan, Sarita Montiel, el Alfredo Landa de Vente a Alemania Pepe o el Sacristán de Lo verde empieza en los Pirineos? ¿Adónde ha ido a parar la Ramona de Fernando Esteso, el flamante tractor amarillo y esa pareja de viejos que van camino de Albacete? Miren, lo máximo que estamos dispuestos a aceptar en beneficio del cosmopolitanismo son las bromas del Gomaespuminglish, que aquello sí que era divertido: “Gomaespuminglish, lección para lechones. Lechon uan”. Ahí sí que nos reíamos. Eso era diversión de la buena, sin nada de la afectación de estos listillos pretenciosos.

Había que invocar a las fuerzas patrias y el mismísimo Sánchez convocó elecciones, y los españoles (con la acostumbrada excepción de catalanes y vascos), nostálgicos de aquellos tiempos, votaron mayoritariamente a un tipo que dice Bruce Sprintrer cuando habla del Boss, Kevin Klein para referirse a sus calzoncillos de los domingos y Guchi a la marca del bolso de su señora, lo que me recuerda a aquel puesto del mercadillo de mi barrio que para anunciar las rebajas de noviembre puso el cartel de “Blas Fraile”. En fin, ¿qué se puede esperar de un tipo que dice que George Orwell escribió su famosa distopía ¡en 1984!?

Sé que algunos no lo ven así, y me pregunto por qué ven normal que se exija un nivel alto de inglés para cualquier trabajo de cierta proyección internacional (y a veces hasta comarcal, por aquello de sacar pecho ante los del pueblo de al lado) y no lo hagan para el máximo representante del Estado, que tiene que estar lidiando asuntos con otros dirigentes que, ellos sí, hablan inglés con fluidez.

¿Imaginan a Luis Vives, Erasmo de Rotterdam, Guillermo de Ockham o Copérnico siendo incapaces de comunicarse en latín? Claro que la excepción de la regla es el caso de nuestro San Vicente Ferrer. Ese sí, que “predicando siempre en su ‘lengua valenciana’ era comprendido por castellanos, franceses, vascos, italianos del Piamonte y Lombardía…”, pero, claro, se trataba de un santo y los santos pueden hacer milagros. No tengo claro que el ilustre lucense pueda hacer con el gallego lo que Vicente consiguió con el valenciano.

Román Rubio

Agosto 2023 


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martes, 11 de julio de 2023

TADZIO

 

TADZIO



¿Quién no tiene en el recuerdo aquel muchacho que  exhibía su hierática belleza por la playa del Lido de Venecia mientras sonaba el Adaggieto de la Quinta de Mahler? Algunos otros evocarán quizá al Tadzio de la novela de Thomas Mann, La muerte en Venecia, en la que el escritor maduro Gustav von Aschenbach se ve capturado hasta perder la cordura la respetabilidad y hasta la vida por el efecto de un adolescente lánguido y apolíneo, de una belleza fría y perfecta de estatua clásica y ojos color de mar, en una Venecia que empezaba a ser tomada por el cólera. ¿Qué hay de real y qué de imaginario en la novella del autor alemán que se convirtiera años después en Premio Nobel de Literatura?

Lo cierto es que el escritor, casado y padre de seis hijos, y que había tenido enamoramientos con otros hombres, coincidió con su Tadzio particular en una estancia en el Grand Hôtel des Bains del Lido veneciano en 1911. Se trataba del joven barón polaco Wladyslav Moes, de unos trece años de edad, que tal y como aparece tanto en la novela como en la bastante fiel película se alojó en dicho hotel en compañía de su familia por recomendación médica en la primavera de aquel año.

La propia esposa del escritor, Katia Mann, explica cuál fue la inspiración de su marido:

En el comedor, el primer día de llegar, vimos a esa familia polaca que aparecían exactamente como los describía mi marido: las niñas vestían de manera rígida y severa, y el encantador y bello muchacho de unos trece años vestía un traje marinero con cuello abierto y bonitos lazos. Captó inmediatamente la atención de mi marido. El chico era tremendamente atractivo y mi marido estaba siempre mirándolo en la playa con sus compañeros. No lo perseguía por Venecia, sin embargo, pero el chico lo tenía fascinado y pensaba en él a menudo…

El joven barón, ajeno a la atención que despertaba en el alemán, se hizo hombre y se casó en 1935 con la también noble Anna Belina-Brzozowska, con la que tuvo dos hijos. En 1939 ejerció como oficial del  ejército polaco, luchó en la batalla de Bzura y fue hecho prisionero y enviado a Oflag (campo de prisioneros para oficiales) en donde pasó casi seis años. Luego llegaron los rusos y el noble terrateniente fue desposeído de sus propiedades y se ganó la vida trabajando, mayormente como intérprete y en la Embajada iraní de Varsovia. Murió y fue enterrado en esa ciudad en 1986.

En 1964, Moes dio un interviú al traductor de Thomas Mann al polaco en el que revelaba que él había sido el inspirador de Tadzio en La muerte en Venecia.

Yo soy el chico. Incluso en Venecia me llamaban Adzio o a veces Wadzio… Pero en la historia se me llama Tadzio… así es como lo debió de entender el maestro... En la historia encuentro todo descrito exactamente, incluso mi ropa, my comportamiento —bueno o malo— y las bromas toscas en los juegos con mi amigo en la arena.

Yo estaba considerado como un chico muy guapo y las mujeres me admiraban y besaban cuando caminaba por el paseo. Algunas me dibujaban (…). El escritor debió quedarse impresionado por mis ropas poco convencionales y las describió sin omitir detalle: un traje de lino a rayas y una corbata roja, así como mi chaqueta favorita azul con botones dorados.

De modo que en la historia ya hemos desenmascarado a dos personajes protagonistas: Gustav Aschenbach, que no es otro que el mismo Thomas Mann, y el joven noble polaco, Wladyslav Moes, involuntario ídolo objeto del deseo estético (que no sexual) del escritor maduro. Ahora falta desenmascarar al tercero: el actor que impersona al joven Apolo en la película. Se trataba de un muchacho sueco, de nombre Björn Andrésen, al que Visconti  encontró en Estocolmo tras haberlo buscado por toda Europa al negarse Luis Miguel Dominguín a que el papel lo hiciera su hijo adolescente que vivía en Madrid y se llamaba Miguel Bosé. Y eso que Visconti era el padrino de la criatura.

El muchacho, el sueco, era algo mayor de lo que el director italiano buscaba, ya que tenía 15 años, y un poco demasiado alto para el gusto del director. Aún así, cuando se lo presentaron en el casting, Luchino fue consciente de que había visto a Tadzio.

Hoy, Björn tiene sesenta y tantos, se ha convertido en un hombre enjuto y triste, de largo pelo y barba blancos y vive en Estocolmo en un pequeño piso, al bode del  desahucio por su situación cercana al Diógenes. La película documental The Most Beautiful Boy in the World, presentada en el festival Sundance de 2021 y disponible en Filmin, da cuenta de su circunstancia actual y de lo que significó ese papel en la vida de un muchacho que nunca conoció a su padre y criado por su abuela tras la temprana muerte de su madre encontrada muerta en el bosque. Si les interesan las vidas tristes no se la pierdan. No es fácil ser el chico más guapo del mundo, como lo calificara Visconti en aquella lejana rueda de prensa de Cannes.

Aunque se tenga talento —y estoy pensando ahora también en el caso del español—, la carga puede ser demasiado pesada para ser llevada sin riesgo de derrumbe.

 

Román Rubio

Julio 2023

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sábado, 8 de julio de 2023

TOM SAWYER

 

TOM SAWYER


No toda fiesta es Los Sanfermines, aunque en estas fechas lo parezca. Venía yo escuchando la radio en el coche cuando, en una de esas conexiones con los centros regionales de RNE, la periodista que intervenía por Extremadura ponía en valor las fiestas de Los Conversos, de Hervás, localidad del norte de Cáceres, en las que según la pregonera se celebra la expulsión de los judíos de la localidad ocurrida en 1492. ¿Cómo dice? ¿Una fiesta para “celebrar” la expulsión de los judíos del pueblo en época de los Reyes Católicos? Y eso, después de haber anunciado no se qué iniciativa de la autoridad autonómica  para neutralizar actitudes racistas de los ciudadanos extremeños.

He contrastado la noticia en Internet y, por supuesto, el Ayuntamiento del pueblo da otra versión, alegando que se trata de una celebración para hacer conocer a naturales y visitantes el legado sefardí de tan celebrada villa cacereña y resaltar la riqueza del legado de los pueblos, etc., etc. Imagino que el becario que redactó la entrada de la locutora habrá recibido su reprimenda y se le habrá demandado propósito de enmienda.

Como la habría recibido Mark Twain (1835-1910) de haber escrito hoy Las aventuras de Tom Sawyer, delicioso libro, que —dado mi estado veraniego de regresión a la adolescencia—, acabo de leer, en una edición de Salvat de 1995, traducido por Ramón Strack, y en el que el escritor incluye frases del estilo:

Tom hizo novillos y se divirtió mucho. Volvió a casa apenas con tiempo para ayudar a Jim, el negrito, a partir leña antes de la cena y, finalmente, contar sus aventuras a Jim, mientras este realizaba tres cuartas partes del trabajo. (Capítulo I).

Más adelante, en ese mismo capítulo, incluye el siguiente diálogo entre Tom y Jim, tratando de convencer al criado (o esclavo, todavía factible en el Misuri de la época) de que pintara la valla:

—Oye, Jim, iré por agua si tú quieres blanquear algo.

Jim sacudió la cabeza y dijo:

—No puedo, amito Tom. Anciana señora (se refiere a la tía Polly), ella me dijo que tenía que ir a buscar esta agua y no pararme a hacer bromas con nadie.

Tom insiste en ir él mismo a por agua y convence a Jim ofreciéndole una canica como soborno.

—Una canica blanca, Jim. Y es una canica estupenda.

—¡Cielos! Es una canica de un brillo maravilloso, ciertamente. Pero, amito Tom, ¡tengo mucho miedo de la anciana señora!

En otra ocasión, Tom y Huck comienzan una interesante conversación sobre si el mejor método para curar verrugas era un sortilegio con un gato muerto, como defendía Huck,  o el agua de yesca, como  alegaba Tom:

—¡Agua de yesca! No daría un comino por el agua de yesca.

—¿Tú? ¿La has probado?

—No. Pero Bob Tanner, sí.

—¿Quién te lo dijo?

—Bueno, él se lo dijo a Jeff Thatcher, Jeff se lo contó a Johnny Baker, Johnny se lo contó a Jim Hollins, Jim se lo dijo a Ben Rogers, Ben se lo contó a un negro y el negro me lo pasó a mí. Esto es.

—Bueno, ¿y qué? Todos mienten. Por lo menos, todos menos el negro, que no lo conozco. Pero yo nunca he visto a un negro que no mienta, ¡caramba!  (Capítulo VI).

Como es bien conocido, Las aventuras de Tom Sawyer es un libro de aventuras y como tal incluye excursiones nocturnas a cementerios, islas del Misisipi y cuevas. En el cementerio del pueblo, una noche, Tom y Huck, ocultos, escuchan unas voces. Una era la del viejo borracho Muff Potter, y la otra era la de…

—Oye, Huck, conozco otra de sus voces: es la del Indio Joe.

—¡Esto es! ¡Ese mestizo criminal! Preferiría que fuera la horrible visión de los diablos. ¿Qué estarán buscando?

Así es como introduce la novela al villano de la historia, que no es sino un indio, o al menos mestizo, aunque se empeña en momentos del relato en presentarlo como el viejo sordomudo español (the old deaf and dumb Spaniard).

En otro episodio, el muchacho, enamorado de Becky Thatcher, la hija del juez recién llegado al pueblo, empezó a actuar de manera extravagante para hacerse notar:

Enseguida Tom se halló fuera comportándose como un indio: gritos salvajes, risas, cazas de chicos, saltando por encima de la valla arriesgando su vida y sus miembros, dando volteretas, apoyándose sobre la cabeza…

En fin, haciendo lo que se dice “el indio”.

Y, por si faltaba poco, cuando los chicos se hacen piratas, como es natural, toman nombres y Tom adopta el de “Tenebroso Vengador de la América Española” (The Black Avenger of the Spanish Main). Habría que preguntar a Twain el mensaje de tan llamativo apelativo, pues no llego a adivinar de qué o quién habría que cobrar venganza: si de los españoles, del continente o de sus habitantes nativos.

En fin, que el autor no pasaría hoy la prueba del algodón, con esa postura de superioridad —o al menos distancia— étnica.

Y como curiosidad, señalar que el verdadero nombre del escritor era Samuel Langhorn Clemens, que desempeñó un tiempo las labores de capitán de barco en el Misisipi y que adoptó el pseudónimo de Mark Twain, que era la voz con la que un marinero provisto de una sonda avisaba al capitán de que llegaban a una marca de dos brazas de profundidad, el mínimo seguro para la navegación.

Román Rubio

Julio, 2023

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viernes, 30 de junio de 2023

VALENCIA PLAZA

 

VALENCIA PLAZA


¿Que por qué me da por leer el periódico Valencia Plaza? Por varias razones: la primera, porque es gratis; la segunda, porque por ser un periódico digital está confeccionado exprofeso con un diseño atractivo (y no como Levante) y fácil de leer; y la tercera, y no menos importante, porque me encuentro artículos tan deliciosos como el que sigue, que por no entender no entiendo ni el titular. Vean:

Bit2Me, admitida en la quinta convocatoria del “sandbox” financiero con su producto de tokens.

¡Dios santo!, ¿de qué estarán hablando estos tipos? Para quienes no estamos en el ajo, la palabra sandbox (literalmente, cajón de arena) podría referirse a cierto cajón o foso, lleno de arena en la que se ponía a los niños a jugar en un entorno blando y relativamente seguro. En cuanto a “tokens” se podría tratar de esas fichas que se usaban para los teléfonos, máquinas de lavado de coches o los contadores de electricidad que había en los años setenta en las casas de huéspedes inglesas, pero mucho me temo que los de Bit2Me, sean quienes sean y se dediquen a lo que se dediquen, no juegan en cajones de arena ni compran fichas para los teléfonos de pared ni para lavar el coche. Por otra parte, parecen haber sido admitidos para tan divertido juego con arena a la quinta convocatoria, que es más de lo que le costó a cierto vecino mío sacarse el carné de conducir. En fin, que todo esto es muy misterioso.

La ilicitana Bit2Me y Openbank se encuentran dentro del listado de proyectos admitidos provisionalmente en la quinta convocatoria del 'sandbox' financiero, junto a Quantum Markets y Tokn1

Afortunadamente, según se lee en el corpus de la noticia, van en compañía de Openbank, que por el nombre parecen ser muy importantes. Y por si fuera poco, les acompañan Quantum Markets y Tkn1, empresas ellas de actividad tan misteriosa como imprescindible para que el mundo siga rodando a conveniencia de listillos engreídos.

“Por un lado, Bit2Me entra en este 'sandbox' para desarrollar su proyecto de Bolsa de Security Tokens (STX), que estará bajo la supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), mientras que Openbank cuenta con cuatro proyectos para probar la posibilidad de realizar operativa bancaria a través del DNI Wallet”, dice el periodista.

Más o menos ya estamos al corriente de lo que significa “sandbox”, que viene a ser algo así como “entorno de pruebas”, denominación inadecuada ya que de ese modo todos nos enteraríamos de qué va sin necesidad de hacernos sonrojar con nuestra ignorancia. En cuanto a los “Security Tokens” a los que hace referencia este proyecto son, según el artículo: “Acciones y bonos no complejos que son instrumentos financieros regulados por la ley de Mercados de Valores y registrados en la blockchain”.

Ya ven: todo muy sencillo y además “no complejo”. Todos podremos tener más o menos una idea de lo que significan bonos y acciones y podemos adivinar lo que es la Ley de Mercados de Valores aunque no la hayamos leído, pero para volver a sacarle a usted los colores por su ignorancia le añadimos lo de la blockchain, no vaya a ser que haya usted entendido algo. En fin, no me hagan explicarles lo que es eso de la blockchain ya que es tan obvio que lo sabe cualquiera que haya tomado la Primera Comunión con don Abel.

Añadiré que la startup ilicitana cuenta con la participación de Inveready Venture Capital, Investcorp y Telefónica Ventures, entre otros.

Y por si esto fuera poco, “para Leif Ferreira, CEO de Bit2Me, "la entrada de Bit2me Security Tokens Exchange (STX) en el sandbox financiero supone un hito importantísimo para iniciar el camino que lleve a institucionalizar, democratizar e impulsar el uso de los tokens de valor entre los emisores que buscan financiación e inversores en busca de rentabilidad pero en un formato innovador, como es el de blockchain DLT”.

Está claro, ¿no? Pues, por si tienen alguna duda, les dejo el enlace del artículo, y si entienden algo, las explicaciones serán bienvenidas. Aunque solo sea para que a uno no le hagan sonrojar por su ignorancia con sus neolatinajos.

https://valenciaplaza.com/bit2meadmitidaenlaquintaconvocatoriadelsandboxfinancieroconsuproyectodetokens

Román Rubio

Julio, 2023 










lunes, 26 de junio de 2023

PRIMERAS IMPRESIONES

 

PRIMERAS IMPRESIONES


Dicen que son muy importantes.  La primera impresión de una persona predispone, y a menudo determina, la relación con los demás, por mucho que se empeñen algunos —de manera magistral— a matizar el asunto, como cuando Pedro Antonio de Alarcón describe al Tío Lucas en El sombrero de tres picos:

El tío Lucas era más feo que Picio. Lo había sido toda su vida, y ya tenía cerca de cuarenta años. Sin embargo, pocos hombres tan simpáticos y agradables habrá echado Dios al mundo.

 (…) Dijérase que solo la corteza de aquel hombre era tosca y fea; que tan pronto como empezaba a penetrarse dentro de él aparecían sus perfecciones, y que estas perfecciones principiaban en los dientes. Luego venía la voz, vibrante, elástica, atractiva; varonil y grave algunas veces, dulce y melosa cuando pedía algo, y siempre difícil de resistir. Llegaba después lo que aquella voz decía: todo oportuno, discreto, ingenioso, persuasivo… Y, por último, en el alma del tío Lucas había valor, lealtad, honradez, sentido común, deseo de saber y conocimientos instintivos o empíricos de muchas cosas, profundo desdén a los necios, cualquiera que fuese su categoría social, y cierto espíritu de ironía, de burla y de sarcasmo, que le hacían pasar, a los ojos del académico, por un don Francisco de Quevedo en bruto.

Pero no he venido aquí a hablar de personas, sino de libros; no de mi libro, como aquel señor de Valladolid, sino de libros en general y de la importancia del primer párrafo y su potencial de seducción. Aún recuerdo (y cito de memoria) el comienzo de cierta novela que leí en un caluroso verano de mi época de estudiante: “Escarlata O’Hara no era realmente bella, pero era algo de lo que los hombres no solían darse cuenta hasta caer inmersos en su sutil hechizo”. No hace falta que diga el título; el nombre lo delata. Habrá quien piense que la frase es relamida y anticuada. Quizá, pero tiene una fuerza que invita a tragarse las 500 páginas que siguen sobre las tribulaciones de aquella Escarlata seductora, que no bella.

Muchos años después, hojeando novelas en la librería encontré una cuyo comienzo me intrigó: “Buscaba un sitio tranquilo para morir, y alguien me recomendó Brooklyn, de modo que al día siguiente por la mañana salí para allá desde Westchester a explorar el terreno”. Algunos habrán adivinado que estoy hablando de The Brooklyn Follies, de Paul Auster. En la frase hay dos premisas que la hacen irresistible: una es la paradoja de llamar “tranquilo” a ese lugar del otro lado del puente y la otra es la mención de la muerte del narrador y su poderosa llamada.

García Márquez lo sabía y por eso comienza sus Cien años de soledad del modo: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. O aquella otra: El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo, y Rulfo empieza su celebrada historia con: Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo.

La historia que empieza así no podría terminar de otro modo que del siguiente: Pedro Páramo respondió: “Voy para allá. Ya voy”. Se apoyó en los brazos de Damiana Cisneros e hizo intento de caminar. Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras. El círculo se había cerrado: comienza con el ruego en el lecho de muerte de la madre y acaba con la muerte del padre. Fin de la historia.

Conozco a bastantes personas de edad similar a la mía (entre provecta y decrépita) que les ha dado —como a mí— por revisitar libros que: 1) Habíamos leído ya de jóvenes y tenemos una vaga memoria; 2) No estamos seguros de haber leído después de haber visto películas y relatos sobre ellos; 3) Estamos (casi) seguros de no haberlos leído pero consideramos una especie de delito no haberlo hecho.

Mi penúltima incursión por la “nostalgia literaria” me ha llevado a una historia que comienza de la manera siguiente: El hacendado Trelawney, el doctor Livesey y los demás caballeros me pidieron que escribiera todos los pormenores que yo conociera de (…). Así pues, cojo la pluma en este año de gracia de 1700 y pico y me remonto con la memoria al tiempo en que mi padre regentaba la posada del “Almirante Benbow”. Cuando el marino de piel atezada, con la cicatriz de un sable en el rostro, tomó por primera vez asiento en nuestra casa, bajo nuestro propio techo.

El comienzo es irresistible. Omitiré el título por innecesario, pero por si sirve de aclaración, copiaré el final: los lingotes de plata y las armas todavía dormitan, por las noticias que yo tengo, allí donde Flint las enterró, y no seré yo quien vaya en su búsqueda. Por nada del mundo consentiría en regresar a aquella maldita isla. Mis pesadillas más terribles son aquellas en que escucho la resaca retirándose de aquellas costas, cuando me despierto sobresaltado a la voz estridente del “capitán Flint”(el loro de John Silver) que me gritaba al oído: “¡Doblones de a ocho! ¡Doblones de a ocho!

Y entre un párrafo y otro, doscientas y pico páginas de estupenda aventura que incluye barcos, lingotes de oro, marinos con pata de palo, loros que repiten consignas piratas y mucho ron. ¿Quién da más?

Román Rubio

Junio, 2023 

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sábado, 17 de junio de 2023

HIGHWAY TO HELL

 

HIGHWAY TO HELL


En la costa báltica de Polonia, unos kilómetros al norte de Gdansk, hay una estrecha península boscosa llena de frondosos senderos y flanqueada por extensos y vírgenes arenales llamada Hel. En polaco se pronuncia igual que en inglés Hell (infierno), cosa de la que los lugareños desconocían mientras vivían tras el telón de acero y solo chapurreaban ruso o alemán. Después, tras la caída de la Unión Soviética, se afanaron como todo el mundo  en aprender inglés, con un aprovechamiento muy superior al del señor Feijóo, que aún no ha llegado a la lección de “El Boss y los esprinters”, ¿o era los esfinters?

Los polacos sí. Ellos aprendieron pronto la lección y gracias a AC/DC se enteraron de que la “Highway to Hell” era la carretera que les llevaba al infierno, y les hacía mucha gracia la paradoja de que a su particular edén del Báltico se le conociera (al menos homofónicamente) como el infierno, que viene a ser algo así como para nosotros llamar Paradiso al paraje de la  depuradora de Pinedo, pero al contrario.

Pues bien, para recorrer esa highway to hell (no confundir con la Stairway to Heaven, de Led Zeppelin) y llegar a las playas y bosques de la península desde la ciudad más cercana hay una línea de autobús que no se sabe si por retranca de la compañía o por simple casualidad se le bautizó con el número 666, lo que no ha dejado de provocar continuas protestas de ciertos círculos católicos del país que piden una y otra vez el cambio de numeración ante tal afrenta inaceptable a sus creencias.

¿Y por qué?, dirán ustedes; ¿qué puede tener de ofensivo para cualquier ser racional, aunque se trate de polaco, el número de una línea de autobuses? Pues porque se trata nada menos que del número de la bestia, del diablo, del Anticristo o como prefieran llamarle. Lo crean o no así está consignado nada menos que en el Apocalipsis, ese libro bello, extraño y enigmático que escribiera el Apóstol Juan en la isla de Patmos y que, de manera incomprensible, forma parte del Nuevo Testamento. En el capítulo 13:18 el evangelista escribe de manera críptica: “¡Aquí se requiere sabiduría! El que tenga inteligencia calcule la cifra de la bestia. Es cifra de un hombre. Su cifra es seiscientos sesenta y seis.”

Como ni yo ni probablemente usted andamos sobrados de sabiduría, el acertijo nos resulta indescifrable. Según algunos exégetas se trataba del nombre de Nerón en clave, según otros el de Domiciano —otro emperador poco amigable con el prójimo— y no tardará el día en que alguno lo identifique con Donald Trump y hasta con el añorado Rubalcaba. Ya se sabe que la tarea del exégeta es muy volátil.

La idea, si es que fue de manera intencionada, era estupenda, y así lo entendió el personal: el Anticristo, la bestia el diablo o lo que fuera te llevaba al Infierno con su renqueante motor diesel. Una broma genial, un reclamo turístico y un aliciente más para la zona. ¿Quién podría resistirse a coger el autobús de la bestia que conduce al Infierno, todo de juguete?

Pero estamos en Polonia, el país de Juan Pablo II,  y allí el meapilismo goza de predicamento de modo que la broma fue considerada un asalto a la fortaleza de la moral y un enaltecimiento de la maldad y el pecado, algo inaceptable para los guardianes de las llaves del templo.

La compañía, harta de las continuas quejas de los chupacirios, se ha avenido finalmente a cambiar el número de la línea. Ha decidido dar la vuelta a la última cifra y sustituir el 6 por un 9, de modo que el 66 luce ahora como un 69. Veremos a ver lo que dicen los santurrones. De momento no ha llegado a mis oídos queja alguna, pero sospecho que pronto tendremos noticias de ellos.

Mientras tanto, feliz viaje a los infiernos.

Román Rubio

Junio 2023 

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miércoles, 7 de junio de 2023

LAS TRIBULACIONES DE ENRIQUE

 

LAS TRIBULACIONES DE ENRIQUE

Recuerdo que la primera vez que visité los EEUU hube de completar un formulario de color verde durante el vuelo que había que entregar al oficial de inmigración a la entrada. En el papel había que responder a preguntas del estilo: “No pertenezco a organización terrorista, comunista o revolucionaria alguna, no tengo intención de atentar contra el Presidente o hacer uso de armas de fuego contra personas ni de consumir estupefacientes o comerciar con ellos”. También había que declarar la intención de no sacar del país a niño con nacionalidad estadounidense sin la autorización expresa del cónyuge/tutor en suelo americano. Y así, todo. En general, se trataba de cosas obvias que invitaban a tachar la casilla correspondiente con una sonrisa de condescendencia hacia cierta postura naif de los yanquis.

En visitas posteriores la cosa había cambiado: el formulario se llama ESTA y se completaba online en la página de la Embajada de los EEUU bajo modesto pago de $14, subido hace poco a $21. Cambia el medio, pero no el contenido, puesto que hay que contestar a las mismas preguntas de Perogrullo, que en ocasiones se tornan una pesadilla, como en el caso de aquella abogada valenciana que pasó años en prisión por haberse traído a España a su hija, nacida en New Jersey, tras el divorcio de su marido americano, reclamante de la custodia de la niña. La prisión le sobrevino, no por el “rapto” de la menor, puesto que la mujer tenía la custodia legal —otorgada por un juez español— sino por el hecho de haber mentido en el papelito a la entrada del país americano al que volvió a arreglar sus asuntos.

Hoy, el que se puede ver envuelto en un problema de esa índole es el Príncipe Henry. La fundación Heritage, un laboratorio de ideas conservadoras, ha interpuesto una denuncia contra el Departamento de Seguridad Estadounidense (DHS) por haber permitido la entrada del príncipe al país tras haber confesado en múltiples ocasiones haber consumido drogas (cocaína, marihuana y hongos) en el pasado —según explicó él mismo, para sobrellevar el trago de la muerte de su madre y los rumores sobre la identidad de su progenitor—, lo que le haría inhábil para obtener la visa de residencia.

La cosa no está clara: Enrique no entra como turista, con lo que el procedimiento es otro, aunque eso no signifique que sea menos exigente. No ha trascendido si para trasladar su residencia a California obtuvo visa de consorte o una visa 0-1, esta última pensada para “personas que poseen habilidades extraordinarias en las ciencias, artes, educación negocios o atletismo… cuyos logros han sido reconocidos nacional o internacionalmente”. Conocido y reconocido, el hombre es; en cuanto a la naturaleza de los logros ya hay más dudas, a no ser que su estatus de nacimiento lo sea.

El asunto nos lleva al puritanismo del país norteamericano. Barak Obama confesó en sus memorias haber consumido ocasionalmente drogas en su juventud y Clinton (más cobarde) solo reconoció haber fumado marihuana, aunque, eso sí, sin tragarse el humo. Bush, hijo, por su parte, nada dijo de las drogas pero sí del alcohol, al que parece haber tenido cierta afición hasta que el Espíritu Santo vino en su ayuda apartándolo de tan maligno vicio. Vicio en el que Trump nunca llegó a caer, dada su condición de abstemio total, condición que compartía con Hitler, Franco y otras aves de corral, lo que no dice nada bueno de tan reputado estatus.

Y hablando de puritanismo y de los EEUU: en el estado de Utah, sede de la iglesia mormona y ombligo de la mojigatería bíblica, se consiguió prohibir en las escuelas y bibliotecas abiertas al público infantil y juvenil la presencia de libros con contenidos “pornográficos o indecentes”. Esto ha dado lugar a que el distrito escolar de Davis, en dicho estado, haya tenido que retirar de sus estanterías la mismísima Biblia, tras la queja de una familia que ha denunciado que en el libro sagrado del cristianismo aparecen temas como incesto, onanismo, bestialismo, prostitución, mutilación genital, felación, violación y hasta infanticidios (véase Herodes), lo que hace al libro no apto para las mentes infantiles y juveniles.

No sé cuántos lectores jóvenes tendrá la Biblia en aquel estado, pero lo que sí sé es que la prohibición —y no los sermones— será el mayor reclamo para que las nuevas generaciones empiecen a interesarse por él.

Román Rubio

Junio 2023

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