martes, 28 de junio de 2016

JOSÉ LÓPEZ

JOSÉ LÓPEZ















En  Nacional III,  García Berlanga, el genio español de la comedia, en compañía  de otro genio en el guión –Rafael Azcona- narra una situación delirante en la que un López Vázquez viciosillo y medio subnormal (que me perdonen los lectores si ven falta de respeto hacia los “dotados de manera diferente”), hijo del no menos vicioso e histriónico Marqués de Leguineche (Luis Escobar) saca (o intenta, que no recuerdo bien) de España los milloncetes de pesetas que suponían los ahorros de la familia buscando puertos más seguros ante la posible llegada de los socialistas. Para ello se hace enyesar un brazo y se mete los fajos de billetes dentro de la escayola. Para camuflarse y no llamar la atención de los aduaneros se suma a un grupo de peregrinos lisiados y/o fanáticos que van a Lourdes con sus curas y sus monjitas en busca de uno u otro milagro. Otra divertida astracanada de los genios de la comedia española a los que imaginamos en la mesa de un bar elucubrando bufonadas entre whisky y whisky. Otra hipérbole de la “casta” patriótica que ama tanto a su país que prefieren sacar el dinero fuera.

Después, como ocurre a menudo, la realidad nos ha acercado a la ficción y hemos visto a patriotas traer (o llevar) fajos de billetes en bolsas de basura de Andorra, lugar en el que también se celebraban pyjama parties de constructores y alcaldesas, tesoreros y banqueros que llevan y traen… Creíamos haberlo visto todo. ¡Qué va! No contábamos con Argentina. Ellos nos superan en todo. Vean si no.

El tipo que ven en la foto, a pesar de llevar casco de acero y chaleco antibalas no va a ninguna guerra. Está detenido y va esposado. El hecho de que los detenidos en Argentina vayan con chaleco antibalas y casco es algo que tendrán que explicar ellos. Se llama José López y ha sido secretario de Obra Pública durante doce años en los gobiernos de Néstor y Cristina Krichner. Hace unos pocos días, en medio de la noche, un vecino de una zona de las afueras de Buenos Aires vio a un coche de alta gama parado junto a la tapia de un monasterio ocupado (muy poco ocupado, dado el escaso número de integrantes) por las Monjas Misioneras orantes y penitentes de Nuestra Señora del Rosario. Al parecer, el tipo que se apeó del coche estaba tirando bolsas por encima de la tapia del monasterio. Extrañado el vecino llamó a la policía que se encontró con la sorpresa de que el hombre era la mano derecha del exmimistro de Planificación Julio De Vido y que las bolsas estaban llenas de dinero: dólares, euros y alguna otra divisa extranjera además de joyas. En una de las bolsas se encontró un fusil Sig Saguer calibre 22. La primera reacción del individuo fue –como no- la de intentar sobornar a los policías ofreciéndoles parte del dinero, cosa que no consiguió, para a continuación culparles de robo de lo que el político declaró que era una “donación” para lo orden de las monjitas; al fin y el cabo se trataba sólo de una menudencia de nueve millones de dólares, dólar arriba, dólar abajo: justo lo que las monjitas necesitaban para repasar el tejado y alguna que otra mejora. El jefe de los policías, con sorna, le contestó que ya se lo imaginaba y que por esa razón habían venido ellos: para ayudarle a contar el dinero, tarea que llevó hasta las tres de la madrugada.
La historia, aunque argentina, tiene todos los elementos de la comedia española: hay un pícaro, político y falso patriota, es muy, pero que muy chapucero, hay nocturnidad, busca el amparo y la protección de la iglesia con su pátina de impunidad y tras intentar el soborno -ya que la extorsión no es posible-  piensa en unas excusas muy malas y de entre ellas, elije la peor. ¡Ché, tú. Un genio!

Román Rubio
Junio 2016 

lunes, 27 de junio de 2016

CAMERON NO TIENE PRISA

CAMERON NO TIENE PRISA














Cameron no tiene ninguna prisa. En la alocución de su dimisión (diferida, al estilo Cospedal) anunció su salida para Octubre, con el objeto de  demorar la petición de desvinculación de la UE unos meses. El Primer Ministro sabe que según el artículo 50 del Tratado de Lisboa se abre desde ese momento un periodo de dos años para pactar la ruptura. En caso de no producirse acuerdo, la salida se produce automáticamente interrumpiéndose todo vínculo, para bien o para mal. Se da así cuatro meses para que la diplomacia inglesa prepare la negociación y a él personalmente para pensar en su futuro dentro y fuera del partido y maldecir en la intimidad a un primo octavo suyo, descendiente por vía bastarda del rey Jorge II, su particular demonio con tupé rubio que no se llama Trump sino Johnson; Boris, para los amigos.

Se podría dar la circunstancia de que el brillante, amoral y algo payaso Boris Johnson, convertido en Primer Ministro tras la renuncia del perdedor, consiguiera alguna mejora en el estatus del Reino Unido dentro de la Unión y convocara a referéndum de nuevo al pueblo británico en el que apoyara la opción de quedarse. ¿Por qué no?, ¿creen que le temblaría el pulso o el verbo al ambicioso hombre del tupé con ancestros judíos, turcos, franceses y con sangre real inglesa bastarda? No subvaloren su perfidia y avidez de medrar. Son inconmensurables.

Otra posibilidad de repetición de referéndum podría venir del mismo Parlamento de Westminster. Una vez negociadas las condiciones de salida, el Parlamento podría verse en la tesitura de tener que aprobar o bien un mercado común con la Unión que implicase una aceptación del principio de apertura de fronteras a ciudadanos europeos –lo que me hace preguntarme para qué han hecho este viaje- o bien la cancelación de ambas situaciones: fronteras cerradas para mercancías, servicios, capitales y personas, para lo que el Parlamento podría convocar de nuevo a la ciudadanía a decidir en las urnas.

Hay un tercer escenario de repetición de referéndum también plausible. Imaginemos que antes de acabar el plazo de dos años (mientras se negocia la salida) se convocaran elecciones generales: esto podría ocurrir en dos escenarios: que el Partido Conservador se parta en dos, lo que no es descartable, o que se confirmen las peores expectativas económicas del Brexit, pierda la confianza el gobierno y fuerce a los políticos a convocar elecciones. ¿Qué ocurriría en el caso de que las ganara  un Partido Laborista partidario de permanecer en la Unión Europea? ¿Podría retirar la petición de salida y cancelar las negociaciones? ¿Aceptaría la UE el juego británico de deshojar la margarita: ahora sí, ahora no, mañana no sé?

Apuesto una disculpa pública en este mismo blog y una birra para todo el que me lo recuerde (si me equivoco) a que habrá un segundo referéndum en Gran Bretaña antes de dos años con el tema de la salida de la Unión.  Se admiten apuestas.

Román Rubio
Junio 2016 

sábado, 25 de junio de 2016

FERNÁNDEZ DÍAZ

FERNÁNDEZ DÍAZ












El hecho de que el Ministro del Interior de España, del PP, hable con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña para incitar a éste a que encuentre indicios –mejor, pruebas- de corrupción entre los líderes independentistas para desacreditarles no me sorprende nada. Es más: después de lo que hemos visto en este país (y en otros vecinos) en actuaciones anteriores me sorprendería que no lo hiciera. ¡Ay, si quienes han estado en ese puesto, como el capaz Rubalcaba, pudieran hablar por esa boquita! No digo que lo apruebe, ni que lo vea ético, ni de gran calidad democrática ni nada por el estilo, no. Es que el ministro del Interior –jefe de las policías- acólitos de la Academia del Gran Fouché y bajo la manta del secretismo que les confiere la custodia de la seguridad del estado han protagonizado las intrigas palaciegas más extravagantes y, a menudo, chapuceras de la escena política.

El jefe conservador de las policías conmina al vigilante de la recaudación a que ponga la lupa sobre sus enemigos políticos de la misma manera que Florentino, directamente o por intermediario solvente,  harto de ver ganar títulos al eterno rival, puede invitar al recaudador de Hacienda, sentado cómodamente en el calefactado palco del Bernabéu, a que revise las cuentas de los de la Travessera de les Corts, no vaya a ser que a alguno de Can Barça se le haya ocurrido hacer lo que hacen todos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Lo que resulta insólito es que al todopoderoso y tramposillo ministro le hayan grabado la conversación…¡En su propio despacho! Con una claridad y resolución meridiana: como de estudio de grabación, vamos. Para lo cual, o bien su interlocutor le estaba grabando de manera premeditada para difundirlo después -lo que parece improbable por aquello de que nadie echa piedras sobre el propio tejado-, o lo grabó un tercero interviniendo el teléfono de uno (o los dos ) interlocutores sin que estos lo supieran -lo que no es muy probable dada la calidad de la grabación (sin ruidos ni interferencias)- o bien el ministro tiene su despacho lleno de micrófonos, con lo que el material grabado puede ser (casi) infinito y no sé a ustedes, pero a mí el hecho de que espíen al Ministro del Interior que es el que por tradición espía a todos los demás no deja de resultarme chocante. Es como poner un ojo electrónico y un magnetofón en el cuarto de baño del Gran Hermano -el de Orwell, no el de Telecinco-. ¡Ay los espías: nunca decepcionan!

El asunto parece ir de celos entre patriotas comisarios, todos ellos altos cargos policiales y por asuntos pendientes que incluyen grabaciones del caso del Pequeño Nicolás y otros asuntillos del pasado por los que algunos altos cargos se declararon odio eterno. Eugenio Pino - jefe de los Antidisturbios con Aznar y en cargos más anodinos con los socialistas-, comisario con el que el Ministro ha puenteado en muchos asuntos a Cosidó, director general de la Policía, Marcelino Martín-Blas Aranda, comisario jefe de la opaca Unidad de Asuntos Internos, enemigo de José Manuel Villarejo desde la Operación Emperador contra la mafia china por haber involucrado en un informe a un hijo de éste, también comisario de la Policía, condecorado con una medalla pensionada en 2014 por -créanlo, de verdad: sus intervenciones policiales en Cataluña-; todos ellos a las puertas de la jubilación, engrosada en muchos caso por méritos remunerados por “Servicios a la Patria” han creado una red de rencillas y traiciones en la cúpula policial que han expuesto al incauto ministro a la ignominia y el descrédito. ¿Se puede pedir más?

Bueno, está Argentina y el tipo que tiraba sacas de dinero por encima de la tapia de un convento, pero eso da para otro artículo.

Román Rubio
Junio 2016 

viernes, 17 de junio de 2016

CAMACHO

CAMACHO
















El cura rural, que se sabía poco instruido tenía que predicar el evangelio del día ante un público inusualmente fino, de ciudad, con lo que requirió la ayuda del sacristán que, este sí, tenía estudios. “Y dijo Jesucristo: Lázaro, levántate y anda. Y Lázaro se levantó y andó”. “Anduvo, idiota, anduvo”, le corrigió el sacristán que estaba a un lado, apostado, a modo de apuntador. “Bueno, anduvo  idiota unos días, pero luego ya andó bien”, añadió el bondadoso párroco para regocijo de los parroquianos y desesperación del redicho sacristán.

Hace unos años me comentó un amigo mío, con cierta malicia, cómo había escuchado  en la radio a un periodista deportivo  que interpelaba al exseleccionador José Antonio Camacho tras un resultado decepcionante de la selección en el partido de ida contra un rival: Periodista: “¿Míster, qué efecto puede tener el resultado de ayer para el devenir de la selección?” “No; si los que tienen de venir son ellos” respondió el entrenador con desparpajo.

¡Ay, Camacho! ¡Genio y figura! Ahora lo tenemos como comentarista de los partidos del equipo nacional entreteniéndonos con su peculiar prosa. Tengo que reconocer que para mí es un aliciente más que tienen los partidos de España. Juegan bien (de momento) y encima nos regalan el racial discurso del gran Camacho. Sé que muchos discreparán de mi opinión. Les entiendo, pero para gustos, colores. Uno de los temas de los comentaristas, estén o no acompañados del murciano de raza, es la táctica del cuatro-dos-tres-uno o la del cuatro-cuatro-dos. Cada vez que los escucho miro de reojo a mi mujer o a cualquier otro lego futbolístico que haya cerca de mí. El tema (para el lego) parece de enjundia y yo no hago nada por desvelarles que se trata de una impostada perogrullada: el cuatro-dos-tres-uno quiere decir que jugamos con cuatro defensas, dos pivotes, dos interiores (extremos), un mediapunta y un delantero; en el caso del cuatro-cuatro-dos jugamos con cuatro defensas, cuatro mediocampistas de los que dos son pivotes,  dos interiores (extremos) y dos hombres en punta, uno que uno suele ser más mediapunta y el otro delantero puro: si ven ustedes alguna diferencia, explíquenmela. Para mí es pura jerga (bla, bla, bla) de periodistas que nuca han jugado al fútbol y entrenadores que sí han jugado pero tienen que hablar de algo de lo que aparenten saber.

Y llegados al punto de la táctica, analicemos la defensa. ¿Se han dado cuenta de que ya no hay defensas altos y grandotes? Pues no, señor. Ahora los defensas tienen más o menos envergadura para así poder “encimar” al contrario con mayor facilidad. A los comentaristas no parece importarles que la envergadura sea el tamaño de un ave con las alas desplegadas. En el caso de los humanos, es lo que cada uno mide de punta a punta de los dedos con los brazos abiertos por completo. Siempre ha sido una medida importante en el boxeo: un boxeador con gran envergadura puede mantener más fácilmente al contrario fuera del alcance de su brazo. También lo ha sido en el baloncesto: un jugador con mucha envergadura tiene más posibilidades de hacer un tapón que otro con menos, pero en el fútbol… ¿no querrán decir altura, o tamaño? Y si quieren decir altura, ¿por qué dicen envergadura? Veremos qué dice Camacho al respecto. Estén atentos.


Román Rubio
Junio 2016

miércoles, 15 de junio de 2016

LA ESPAÑA VACÍA… (Y marcó Piqué)

LA ESPAÑA VACÍA… (Y marcó Piqué)













Acabo de leer el magnífico ensayo La España vacía en el que el joven autor Sergio del Molino expone de manera original y erudita que hay una España del interior, de grandes espacios con densidades de población inferiores a territorios semihelados como Laponia; un territorio negro que rodea a la mancha luminosa de Madrid en los mapas nocturnos de la NASA de la que todos o casi todos procedemos (¿quién no tiene un Sagrillas en su vida?), sin posibilidad plausible de revitalización que nutre el imaginario de los habitantes de la España llena –la del litoral más Madrid-. Los pueblos deshabitados, o casi, del interior llenan los figurados desvanes de los mitos y recuerdos  telúricos, vividos o imaginados, de los habitantes de Móstoles, Badalona, Baracaldo o Torrent, pero también de los de muchos de Pedralves, Getxo o Chamartín. Es como si ese país vacío del interior, ese hinterland, guardara las esencias del ser de cada uno de nosotros que vivimos en el populoso y cosmopolita litoral o en el muy concurrido Madrid.

Muchos escritores han loado la belleza, el “tirón” emocional al menos, de la estepa mesetaria resaltando las emociones producidas en ellos por el desolado páramo, helado en invierno, tórrido en verano y sin atisbo de verdura o sombra todo el año, pero han sido tres quienes lo han hecho con mayor convicción, sentimiento y proyección: el bilbaíno Unamuno, el sevillano Antonio Machado y el alicantino Azorín (todos ellos precedentes del habitado litoral –consideramos Sevilla puerto de mar dada la relativa navegabilidad del Guadalquivir y en beneficio del argumento-.

El lunes, un tipo de la España vacía, de Fuentealvilla (Albacete), con toda la pinta de serlo y adorado y vitoreado en todos los rincones del país, que juega en el Barça –equipo de la España superpoblada con aspiraciones a no serlo- llevó, con su juego magistral, a la selección de la España Total (también conocida como España Una –apelativo que desecho por razones obvias-) al triunfo ante una República Checa a la que muchos recordamos casada con Eslovaquia. Y otro futbolista, Piqué, jugador del mismo equipo y natural de la Cataluña independentista, comprensiblemente antimadridista, partidario del referéndum de autodeterminación, abucheado, vituperado y odiado por ello en las españas vacías, en la gran urbe mesetaria y en los litorales (menos en un par de pedazos, en donde le adoran) marcó, en el minuto 87, para gozo de los habitantes de todas las Sagrillas de las españas, el gol que llevó a la España Total – la que incluye a la vacía, más Madrid, más el litoral, más los dos o tres pedazos que nunca pitan al barcelonés- a la victoria.

Lo han entendido, ¿verdad?, ¿o se lo explico?

Román Rubio
Junio 2016

lunes, 13 de junio de 2016

CÓMO ESTÁ MADRIZ

CÓMO ESTÁ MADRIZ












Hay a quien le gusta la ópera; a otros, el flamenco, el teatro clásico, el jazz, la canción española o la protesta,  el musical de Broadway o el rythm and blues. Como dijo Rafael El Gallo: “hay gente pa tó”.  Si vas a ver ópera es muy posible que te encuentres con una puesta en escena rompedora en lo estético. La última vez que fui a una función fue a “El ocaso de los dioses” de Wagner puesta en escena por la Fura dels Baus en la que las celebradas ninfas del Rin (¿se imaginan tal despropósito?, ¿a quién sino a una mente quasi pervertida como la de Wagner se le ocurre imaginar a ninfas en el Rin?) aparecían nadando en unos tanques transparentes de agua en medio del escenario y algunos cantantes hacían sus gorgoritos suspendidos en el aire por arneses. Algunos aplaudieron la osada escenografía, a otros no les gustó nada y a otros, como a mí, nos dejó  indiferentes; bastante tuvimos con lograr  pasar las largas horas de tediosas interacciones cantadas en alemán sobre temas mitológicos germanos sin dormirnos, que ya es.

Es muy posible que en una interpretación de El Rey Lear de Shakeaspeare la acción se sitúe en la corte del Imperio Austrohúngaro y el Rey tenga chófer y quizás pistola. ¿Quién se escandalizaría ante una interpretación de El Mercader de Venecia o de Mucho ruido y pocas nueces en versión moderna en la que Shylock fuera un moderno banquero o el Príncipe don Pedro de Aragón sea negro (Denzel Washington)? Nadie. Aceptamos el envite como un juego, como una broma del artista que puede añadir o quitar encanto al texto original, según gustos. De la misma manera, el aficionado al flamenco está acostumbrado a que sus intérpretes se alíen con tipos del jazz, de la música clásica o del rythm and blues y escenifiquen sesiones y hasta conciertos enteros de fusión, de acercamiento y mezcla de ritmos y estilos, como lo han hecho Raimundo Amador o Paco de Lucía con BB King o Eric Clapton o los Beatles con Ravi Shankar y su sitar.

¿Y la zarzuela?, ¿qué pasa con la zarzuela? Con la Iglesia hemos topado, Sancho. En el teatro de la Zarzuela, en Madrid se ha estrenado el musical Cómo está Madriz, una interpretación irreverente y libre de dos obras: La Gran Vía de Chueca y El año pasado por agua de Valverde. Paco León hace de protagonista conductor del relato; de un relato moderno y pasota en dónde se alude al gasto faraónico de las obras públicas de la ciudad –como ocurría en La Gran Vía- y otras parcelas de la actualidad envuelta en (al parecer) estupendos números musicales de las obras de Chueca y Valverde.

¿Y cuál ha sido la reacción del público montaraz y requeté ante el “innovador” experimento? Ruiz Gallardón, ante las críticas a un Ayuntamiento arruinado y a la corrupción política, se levantó a media función (ya se sabe lo mal que sienta ver de frente a los demonios) y se fue. Otras personas sacaron silbatos del bolsillo y boicotearon la obra que tuvo que pararse a mitad, lo que me resulta sorprendente: “si sé que el espectáculo es irreverente y me molesta (y lo sé, puesto que me meto un silbato en el bolsillo), ¿por qué pago el billete y voy a ver algo que “sé” que “es” ofensivo?” Así es el público. Hasta ahí podíamos llegar. Todo es susceptible de cambio, de evolución de reinvención, de modernización pero la zarzuela parece ser el reducto de los irreductibles que oran y embisten cuando se dignan a usar de la cabeza, de quienes quieren que el mundo (y la Patria) sea de una determinada manera; inamovible, quieta; de charanga y sacristía.

Me encanta que Podemos empiece a reivindicar La Patria para horror, no sólo de izquierdistas e independentistas recalcitrantes -que ya es regocijo- sino para toda esta nebulosa de Zarzueleros, Falleros, Rocieros, Sanfermineros, Lanceros del Toro de la Vega, pistoleros de Montejurra, Guardianes del Tabernáculo, Clavariesas de la Virgen de la Gruta, Damas del Corpus, Cofrades de La Mejor Muerte, del Peor de los Dolores y del Prepucio del Niñito Jesús; Alféreces provisionales, Acólitos del Perdón de los Pecados, Amigos del Azucarillo, el Barquillo y el Aguardiente, Adoradores de la Barretina, Lobistas del Aurrescu  y del del Silbo Canario como disciplinas olímpicas y para todos aquellos que dan consideración de sagrado a su propia ideología, afición, devoción o hobby y que se compran el ticket para ver una función que saben que les molesta con el único propósito de hacer patria, criar mala leche y hacérsela criar a los demás. ¡Que Dios, Yahveh y Alá les confundan!

Román Rubio
Junio 2016

viernes, 10 de junio de 2016

SEÑOR PRESIDENTE

SEÑOR PRESIDENTE











Viene Obama a visitarnos. ¡Hurra! Del 9 al 11 de julio, en su viaje de vuelta de la cumbre de la OTAN en Varsovia, se acercará por aquí el Presidente de los Estados Unidos en visita oficial. Visitará una base americana, Sevilla y Madrid en dónde se reunirá con el Rey y con el intérprete del fantasmagórico Jefe del Gobierno en funciones Mariano Rajoy. Recuerden: “es very difficult todo esto”. Un Presidente que entra en sus cinco últimos meses de mandato (un lame duck en toda regla) y otro “en funciones” -pero pocas- en animada cháchara, si es que el pantocrátor Rajoy es capaz de mantener animada cháchara con otro ser vivo sea a través de intérprete o  tête à tête.

Tras quince años de ninguneo (exactamente desde que Zapatero retiró de repente las tropas de Irak) ningún presidente se ha dignado en pisar suelo español. No sólo eso: el anterior (el más nefasto de los presidentes norteamericanos, George W Bush), no sólo dejó de hacerlo sino que pasó de recibir a Ánsar en el rancho tejano  a no querer saber nada del jefe del estado español, ni en Texas ni en Washington. No se ha notado mucho, la verdad. Con no mandar a Trillo de nuevo a invadir Perejil “al alba y con tiempo duro de Levante”…

Sin embargo no es la primera vez que Obama viene a España. Cuando trabajaba como trabajador social en la ciudad de Chicago, antes de entrar en la Facultad de Derecho de Harvard, el joven Barack, hijo de una chica blanquísima de Kansas y un estudiante keniata negro como la noche, se colgó una mochila y se lanzó a recorrer mundo. Se dirigía a Kenia a conocer sus orígenes, sus familiares y su media hermana, pero antes de adentrarse en África quiso cumplir el sueño de cualquier norteamericano: viajar por Europa. El joven Obama, cuenta en su libro “Dreams from my father”, visitó Londres, París, Roma, Madrid y Barcelona. Hizo el recorrido entre las dos ciudades españolas en autobús nocturno, lo más barato. Allí se encontró con un muchacho negro africano que se buscaba la vida como temporero en los campos de España y se creó un lazo de solidaridad entre un joven negro que no hablaba inglés y que recogía fruta a jornal y otro, mochilero, casi igual de pobre, que hablaba inglés estupendamente y que habría de convertirse en presidente del país más poderoso de la tierra. Al llegar a Barcelona, el africano le dio al americano un cepillo de dientes, una botella de agua y un peine. “Juntos nos lavamos bajo la neblina matinal…”, escribe. Y continúa: “Sólo era otro hombre hambriento lejos de su casa, uno de los numerosos hijos de las viejas colonias (…) que ahora rompían las barricadas de sus antiguos amos, organizando su propia invasión harapienta y caótica. Y sin embargo, cuando caminábamos hacia la Rambla, sentí que lo conocía mejor que a nadie; que, aunque viniésemos de partes alejadas del mundo, de alguna manera, hacíamos el mismo viaje”. Los dos andrajosos anduvieron juntos el camino hacia Las Ramblas ajenos a lo que les deparaba a uno y otro el destino; como ajenas a los caprichos del destino eran también las almas de los transeúntes que se cruzaban con desagrado en la acera con dos jóvenes negros maldormidos y sucios.

Ahora, uno de esos jóvenes llega convertido en Emperador del Mundo Entero y, el mismo que podía sentir el rechazo de los desconocidos a flor de piel (negra),  se verá ahora agobiado por las genuflexiones serviles de los melifluos cortesanos pelotas que vienen a ser los mismos personajillos que antes se apartaban con temor en la acera al paso del extranjero. ¡Lo que es la vida!

Hubo otro presidente americano, Bill Clinton, que es ahora candidato a ocupar de nuevo la Casa Blanca por el turno de consorte.  En su juventud pasó una temporada como becario en Oxford. En aquella feliz época de canutos y viajes con mochila, el chico de Arkansas visitó Granada, y allí, en el Mirador de San Nicolás, entre tragos de litrona compartida, vendedores de artesanía, guitarras flamencas y de country, chicas mochileras como él, gitanas con un tallo de romero que te leen la mano quieras o no, turistas de Albacete, hippies frescos y trasnochados y otros individuos pintorescos, el joven vio el atardecer, con su Alhambra y su Sierra Nevada como fondo. El americano, ante tanto esplendor,  creyó haber visto el cielo en la tierra. Y mantuvo la imagen del paraíso en sus ensoñaciones por mucho tiempo. Hasta que visitó España de manera oficial y la diplomacia española le preparó la encerrona. Cerraron la plaza a los individuos inoportunos: es decir, a todos: las gitanas, los hippies, los turistas de Albacete…, le pusieron a Aznar y al Rey al lado y se tuvo que tragar todo un atardecer con la Alhambra y la Sierra Nevada al frente y Aznar al lado practicando inglés. No hay noticias de que haya vuelto. Tampoco se le espera.

Román Rubio
Junio 2016 

miércoles, 8 de junio de 2016

NO LES PIENSO VOTAR

NO LES PIENSO VOTAR




Ya sé que lo que opine un tipo como yo –afortunadamente- no crea tendencia pero soy mayor y tengo clara una cosa: que nunca, nunca, nunca voy a votar a alguien que en un debate interpele a su rival con la frase: “Pero no te pongas nervioso, hombre. Te estás poniendo nervioso”, con un rictus forzado a modo de sonrisa como si de un Marhuenda, un Inda u otro subproducto del Ruedo Ibérico se tratase. El pasado domingo vi a Iglesias y a Rivera y ambos utilizaron la vulgar artimaña para tratar de neutralizar al otro expresando de este modo que son ellos y no el interlocutor el que se está poniendo nervioso. Aguanté cinco minutos del farragoso debate en el que estaban poniéndome nervioso a mí, decidí en ese momento que nunca votaría a ninguno de los dos ni a ningún otro que tuviera un asesor de comunicación que le permita utilizar semejante marrullería de tramposillo torpón y me puse a ver un aburrido documental de la fauna del Guadalquivir. ¡Ya está bien, pequeños ególatras! Seguid con vuestros “no te pongas nervioso” y tratad con vuestros trucos de conseguir los votos de los gregarios corderitos hechos al cacareo del aula magna de la telebasura.

En las pasadas elecciones escuché el debate de Rajoy y el pavo del PSOE del que no recuerdo ni el nombre y vi a un papagayo repetidor de consignas vacuas expresadas en tono agresivo e impertinente; un tipo joven, atlético y bien plantado interpelando de manera innecesariamente marrullera y hasta violenta a un pasmado presidente decimonónico y ya había decidido no votar a ninguno de los dos.

¿Qué propósito persiguen los lidercillos queriendo, sobre todas las cosas, “ganar” un debate con las armas de verduleras de programa de telecinco? ¿Esperan así conseguir más votos? ¿Qué nos queda a los tipos como yo que huimos espantados ante las frases hueras del marketing político pronunciadas con vehemencia? Nos queda Carmena. Como el tío Lucas, el del “Sombrero de tres picos” de Pedro A. de Alarcón, todo lo que dice parece ser “oportuno, discreto, ingenioso, persuasivo…” y en su alma parece haber “valor, lealtad, honradez, sentido común, (…) y cierto espíritu de ironía, de burla y de sarcasmo”. Nada que ver con los petimetres espadachines del nerviosismo que sudan los sobacos mientras proclaman tranquilidad para ellos y zozobra en casa del vecino. Y nunca la he oído intentar desarmar al otro con el ardid de “no te pongas nervioso”. Ni mentar a Venezuela. El problema es que no se presenta. Creo.
Román Rubio

Junio 2016

domingo, 5 de junio de 2016

CHOCA ESOS CINCO

CHOCA ESOS CINCO


El gesto de darse la mano es muy antiguo. Ya hay constancia de ello en el mundo clásico aunque desconozco la frecuencia y el propósito con que se usaba. Parece ser que se generalizó en la Edad Media en el contexto de cierre de trato y también de saludo de cortesía. El caballero armado ofrecía la mano derecha (con la que desenvainaba la espada) a su interlocutor como signo de cortesía y garantía de no agresión, reforzado por una mirada a los ojos del otro acompañada de una sonrisa o, al menos, relajación facial.

Es cierto que en algunas culturas, como la japonesa, prefieran la pequeña reverencia y en algunos países musulmanes se limita a acto entre hombres pues cualquier contacto directo hombre-mujer resulta pecaminoso. Aún así, dar la mano es el saludo por excelencia, aceptado como tal en casi todas las culturas. Elimina las desconfianzas con el contacto y muestran intenciones de paz, acuerdo, afecto y respeto mutuo. Entre mujeres o entre hombre-mujer se impuso el beso en la mejilla como saludo. Algunas mujeres no se sienten muy cómodas siendo besuqueadas por los hombres. De manera significativa en los pueblos nórdicos y germanos son menos dadas al besuqueo. Se palpaba la incomodidad en el gesto de Angela Merkel, criada en el entorno familiar rígido de una familia de pastor protestante, cuando era besuqueada por un tipo campechano y falaz como Sarkocy. Nunca estuvo la Merkel cómoda en el mua-mua.

Los franceses han sido y siguen siendo los campeones en el asunto de chocar esos cinco. Parecen dominar los códigos de cuánto apretar y cuánto tiempo dejar la mano a merced del dominio y balanceo del otro. Difícilmente un francés dejará la mano sudorosa y blanda de pez como puede hacer un inglés o apretará la tuya hasta hacerte crujir los nudillos como puede hacer un español o un ruso.

Todas estas reflexiones me produjo hace poco el saludo que el capitán del Real Madrid, Sergio Ramos hizo al capitán del equipo contrario y al grupo arbitral con motivo de la final de la Champions League. Y es que el tradicional saludo de dar la mano ha cambiado el formato entre los jóvenes que hoy se llaman millennials, nativos digitales o qué se yo. En vez  del choque de esos cinco, con una posición de la mano paralela al suelo, dar la mano se ha convertido en una enérgica palmada a la mano del otro al tiempo que se agarra el pulgar, con la mano hacia arriba.

¿Y esto quiere decir algo? ¿Hay algún novedoso mensaje implícito en la nueva forma de saludo o es sólo una moda que viene a ofrecer las mismas patatas presentadas en un paquete diferente? El nuevo saludo parece más enérgico, más juvenil, más expresivo y hasta sincero pero también menos educado y respetuoso; como los nuevos tiempos. Los jóvenes lo usan de manera natural; simplemente han cambiado una forma por otra. Pero, ¿y los más mayores?, ¿han adoptado también esta nueva manera de chocar los cinco? No está claro: unos parece que sí y otros no tanto.  Hay cierta confusión a la hora de darse la mano entre amigos: hay que esperar a ver qué fórmula elige el otro que al mismo tiempo espera a ver cuál decides tú. Un lío.

Ahora bien, una cosa es dar la mano y otra echar una mano. Echar una mano a otro siempre ha significado sacarle de un apuro: como cuándo alguien cae a un hoyo, río, balsa, pozo o arroyo y no puede salir por sí mismo. En este caso, la manera de echar una mano no es ninguna de las dos anteriores. Si de verdad se quiere liberar a alguien, hay que agarrarle fuerte de la muñeca al tiempo que el otro te agarra a ti. Sólo así podrá el infortunado salir del pozo. Y para ello hace falta fuerza, determinación y hasta poner en riesgo tu propia vida pues el infortunado te puede arrastrar al pozo con su empeño de salvación.
En esto andaba yo pensando la otra noche tras el partido, ya ven.

Román Rubio
Junio 2016






martes, 31 de mayo de 2016

FINAL DE LOS CHAMPIÑONES

FINAL DE LOS CHAMPIÑONES


Es lo que tienen los fenómenos de masas. Tienden a la mitificación y la mistificación, generando leyendas. Según el mito, el atlético sufre los infortunios más abyectos: “Papá ¿por qué somos del Atleti?” Una y otra vez. Para agrandar la leyenda colchonera, Dios creó los postes, los largueros, los árbitros, las casualidades o simplemente la mala suerte. La épica de la derrota merecida o inmerecida, sobre todo inmerecida, hace de los atléticos, con sus Sabinas y sus Reyes, gente entrañable. Los reales (de Madrid) reinan en Europa; y la victoria, que parece que lleven grabada en la piel -si es que queda algo sin tatuar en el cuerpo de sus gladiadores y en el alma de los del palco-, les hace cada vez más grandes, más amados, más odiados, más todo; de la manera en que el pueblo ama y odia al  rico y poderoso. Ganar parece que no les produzca aburrimiento. Para ello, los blancos cuentan con la colaboración de la fortuna, los postes, los largueros, los árbitros, los remates con el culo y las voleas de Zidane, Franco y la curiosa ley del fuera de juego, esa regla incomprensible para tantas personas que no han jugado al fútbol y sin la cual no habría contraataque ni casi fútbol.

Todo se magnifica en una final: decenas de miles de personas bramando en el estadio y millones siguiendo el desenlace por televisión en medio mundo alimenta las leyendas. Los blancos se llevaron la copa y los atléticos, como tantas otras veces, la honra; para poder decir, como Felipe II (del que no consta que fuese atlético, como el VI): “Más vale honra sin copas que copas sin honra” O fue, quizás, al revés.

En los prolegómenos del partido hubo algo que me llamó la atención. Se trata de la pancarta que desplegaron los atléticos: “TUS VALORES NOS HACEN CREER”. La verdad, suena bien, parece algo serio, honesto y de generoso principios, pero, parándose a pensar, ¿qué diablos quiere decir? Es algo huero, son sólo palabras que suenan bien juntas. ¿Tus valores? ¿Qué valores? Los valores del Atlético de Madrid, como los de la Ponferradina, el Inter de Milán y el Requena Sporting Club son siempre los mismos: ganar, ganar y ganar; por cuatro a cero si es posible y si no, por uno a cero, de penalti y en el último minuto, reproduciendo esa tediosa letanía del deporte cuyo único objetivo es ganar. La diferencia es que unos (generalmente, pero no siempre, los más ricos) lo consiguen más veces que otros que son algo menos ricos, algo menos tramposos o algo menos de las dos cosas. La segunda parte del mensaje era para mí también enigmática: “nos hacen creer”. Andaba yo buscando algún significado profundo y noble cuando recordé que “nunca dejes de creer” ha sido un mensaje típicamente atlético, lo que nos lleva a lo mismo: a ganar y ganar; partido a partido como de manera repetitiva proclama su entrenador.  Nada original en el frente colchonero. Quién en esta vida no quiere más que ganar debería hacer cursillos de preparación para la derrota y así evitaría muchos ridículos berrinches.

Los disgustos, en el otro lado, son menores en número pero no en intensidad. Cuando el Madrid pierde, el sentimiento de frustración y desasosiego es más profundo y desalentador.

A finales de los años ochenta pasé al Berlín Oriental en un autobús lleno de franceses. Subieron dos policías al autobús y comenzaron a revisar pasaportes contrastándolos escrupulosamente con las caras sin decir palabra. Al llegar a mí, miró el pasaporte, miró mi cara y sin expresión emocional alguna comenzó a recitar: Chendo, Camacho, Santillana… y así todos y cada uno de los madridistas de no sé qué año cuya alineación había traspasado el muro infranqueable del paraíso socialista.

Lamentablemente, el mismo día que el Real ganaba su copa xⁿ,  en algún lugar de Irak, por segunda vez en el mismo mes, los guerrilleros del ISIS entraron en una peña madridista en donde se veía el partido y descargaron sus armas automáticas contra los presentes matando al menos a doce e hiriendo a algunos otros. Es difícil de entender para quienes no conocemos el avispero que Bush, Blair y nuestro Gran Cazador Aznarín de Tarascón tuvieron a bien remover. No sé si la cosa va contra los chiíes, contra occidente, el deporte, el Madrid, la distracción banal y antirreligiosa  o es sólo por maledicencia y crueldad. Lo cierto es que, pese a mis pocas simpatías por el poderoso Madrid, prefiero la pueril y fría complicidad del vopo socialista.

Román Rubio
Mayo 2016

viernes, 27 de mayo de 2016

BREXIT

BREXIT



¿Se van? ¿No se van? Los ingleses, digo. Yo creo que no. El debate será reñido pero al final predigo que ganarán los partidarios de quedarse; por varios motivos, pero uno principal: que la City –centro financiero de Londres- quiere quedarse dentro de la Unión Europea. Así les irá mejor, o más bien, les continuará yendo bien.

Si vas a Londres te llama la atención que todo el trabajo parece estar ocupado por extranjeros: en el hotel te sirven el desayuno chicas rumanas, lituanas, italianos o libaneses; si compras un libro en Charing Cross te cobra una cajera francesa con un delicioso acento u holandesa –a esta última no la identificarás como tal porque no tiene acento alguno-; si entras a comprar a un SPAR verás que el reponedor o cajero lleva un nombre polaco o búlgaro en su etiqueta del uniforme. El fontanero, albañil y carpintero que sacan material de construcción de la furgoneta de la esquina son todos polacos (se calcula en unos 600.000 el número de polacos viviendo y trabajando en el Reino Unido) y a los españoles los encontrarás de camareros en los hoteles y los pubs, en la limpieza y en los talleres. Pero no solo de trabajos manuales vive el hombre. Si se produce la eventualidad de tener que ir a urgencias de un hospital las probabilidades de que te atienda un médico inglés son ínfimas -hay casi 30.000 médicos de otros países de la UE trabajando en el NHS (Seguridad Social) y más de 37.000 que desempeñan otra función dentro del sistema de salud público, muchos de ellos españoles-. Arquitectos e ingenieros españoles y rumanos, informáticos indios, economistas y abogados de Argentina, Australia o Nueva Zelanda constituyen la fuerza laboral de un gigante que parece asimilar cualquier cosa que venga de fuera. No paga mal del todo pero, eso, sí, el alquiler de la vivienda cuesta una fortuna y el transporte y la vida tampoco son baratas con lo que con una mano te da y con otra te cobra. Así son las cosas en la sociedad capitalista. Así es en el Reino Unido; en Londres, al menos.

Y me pregunto: ¿cómo es que allí caben tantos y aquí sobran tantos jóvenes? ¿Será que aquí hay muchos más, como ocurre con los países del tercer mundo? Pues no; compruebo las pirámides de población de los dos países y veo que no es ese el problema. Tenemos menos jóvenes que ellos. Es sólo que, misteriosamente, allí hay más cosas que hacer, más trabajo, lo cual para mí es un misterio.
Eso sí; no tienen AVE. Cuando viajan en tren lo hacen en anticuados, tradicionales, simples trenes de viajeros, los desgraciados. Sólo tienen un tren parecido a nuestro moderno y veloz AVE y es el Eurostar, porque conecta Londres con París y Bruselas, en donde todos son unos finolis, unos pijos y unos comodones, como los españoles; bueno, finolis sí, pero tan pijos y comodones, no.

Nosotros, sin embargo, podemos ir a Madrid en un abrir y cerrar de ojos en un tren rapidísimo y moderno. Y no solo quienes vivimos en Valencia y otras capitales: hay una estación en Requena-Utiel, que no está en Requena ni en Utiel, sino en medio de la nada transitada por una media de 20 pasajeros por día y que costó 12.4 millones de euros. Está alejada del pueblo, en medio de los viñedos, de modo que ¿para qué quiero tren si tengo que ir en coche y dejarlo en un parking de pago? Para eso me voy en mi coche. La hay en Villena, con 71 usuarios al día y precio similar; (no hay descuento para los residentes en la prisión). La de Puente Genil tiene un tráfico de 69 pasajeros, 99 la de Huesca y 14 la de Segovia y 1 pasajero (sí, lo han leído bien: un pasajero diario) la de Talienta (Huesca) y es que una de cada cuatro estaciones del carísimo AVE tienen menos de cien pasajeros al día. Presumimos, eso sí de tener la segunda red de alta velocidad más extensa del mundo tras China. Hemos superado a Francia y doblamos los kilómetros de Alemania, hemos gastado 47.000 millones de euros en una red que transporta el 3.4% de pasajeros del total de usuarios del tren y que no admite cercanías ni mercancías. ¿Alguien da más? Es que los demás no saben vivir. Pronto seguiremos ampliando las líneas para integrar al Cantábrico, Galicia y Extremadura en una loca carrera a la ruina.

No sé si las dos cosas están relacionadas (no he ido ni a Harvard ni a Deusto como ese presuntuoso ministro español). Me refiero al hecho del empleo del Reino Unido y el AVE de España, pero… ¿y si tuvieran algo que ver? ¿Lo han pensado?

Román Rubio
Mayo 2016

lunes, 23 de mayo de 2016

LUPUS

LUPUS


El otro día me lo recordó un amigo hablando de una tercera persona: en la serie Dr. House, cuando los perturbadores síntomas de un paciente no tenían ninguna lógica y no se podía determinar la causa de la enfermedad, se producía una sesión de brainstorming médico (sesión clínica) y alguien del equipo, una vez valoradas y desechadas todas las alternativas lógicas, cuando ya parecía que no se podía avanzar más, decía: lupus. Y asunto concluido; se medicaba de manera genérica (el lupus parece aceptar cualquier medicación como buena) y al final del capítulo, House, él solito, descubría la verdadera enfermedad que ocasionaba los síntomas y que nunca era el misterioso lupus. Entretanto el enfermo había sobrevivido al tratamiento con corticoides (que nunca vienen mal) reforzados por antibióticos, inmunodepresores y cualquier otra cosa que se les ocurriera a los magos de la bata blanca.

En eso andaba yo pensando el domingo cuando vi la foto de Carmena, alcaldesa de Madrid, Ada, de Barcelona y el menos mediático Juan Espadas, alcalde de Sevilla preparados para presenciar la final de la Copa del Rey de fútbol. Tuve la impresión de ver en la imagen la representación de las tres ciudades más importantes de España: Carmena –como anfitriona- y Ada dispuestas a tragarse un tostón (como constaté en los primeros planos de la Colau durante el partido) en solidaridad con la Reina Letizia; en cuanto al de Sevilla… no sé. Ni siquiera sabía que había un alcalde; cuánto menos su nombre, el partido político o si le gusta el fútbol o las torrijas.

Faltaba, eso sí, Ribó. Faltaba Valencia. ¿Qué le pasa a Valencia? Los síntomas son preocupantes: el paciente está deprimido y no levanta cabeza: sus equipos de fútbol descienden a segunda división o no se clasifican para competiciones europeas, el asfalto de las calles se deteriora sin remedio, el nuevo estadio –que habría de acoger finales nacionales e internacionales- sigue en esqueleto, el barrio marinero quizás con más carácter del mediterráneo -El Cabañal- está en ruinas gracias al empecinamiento de Rita la de la Barbería, o la Barbaridad ¿(o era de la Berbería)? ¿(o del Barbitúrico)?, que ya no me acuerdo; la feria (la gran feria comercial) ha dejado de existir, sólo queda un inmenso edificio casi sin uso, como el Ágora, el Veles i Vents o el velódromo Luis Puig. ¿Se acuerdan del velódromo Luis Puig? ¿Qué será de él? ¿Alguien lo sabe, o lo ha visto recientemente? ¿Seguirá allí? ¿Y qué ocurrirá dentro? ¿Estará ocupado por los fantasmas de Eddy Merck y Guillermo Timoner? El puerto se comió todas las playas del sur para llenarlas de contenedores que vienen de la China y van a Madrid, no hay trabajo para nuestros jóvenes (o muy poco) haciendo que estos se tengan que buscar la vida en el extranjero o ¿cómo no? en Madrid; muchos locales comerciales están cerrados o casi sin público de modo que sólo los chinos parecen estar interesados en alquilar, los restaurantes, vacíos, sacan a su camarera más simpática a la calle de negro con mandil blanco tratando -con una sonrisa- de meter a alguien que haga sonar la caja, desciende el tráfico, la renta no levanta, las inútiles infraestructuras (circuito urbano, Copa América…) se caen a pedazos o se llenan de juncos y cañares, el aeropuerto mejora los números pero menos que otros como  por ejemplo, Alicante, que lo dobla con creces tanto en pasajeros como en destinos; la construcción (gracias a Dios) se paraliza, el turismo -en su mayor parte low cost- se estanca y si crece, lo hace menos que en otras ciudades como Málaga o la misma Sevilla, (no digamos Barcelona en dónde empieza a ser una peste); decrece  el número de viajeros del autobús y del metro pero la bici no acaba de arrancar y llueve en las Fallas.
 Menos mal que la paella acaba de ser incluida como icono en los móviles, gracias al buen hacer de los grupos de presión y los excelentes cocineros que han conseguido el gran logro. Además, en el icono, se ha desechado la pertinaz y extendida idea de poner gambas junto al pollo. ¡Un logro de los valencianos del que deberíamos sentirnos orgullosos! A partir de ahora los filipinos, tejanos, colombianos y keniatas podrán comunicar por móvil: “me voy de paella con los amigos” con un solo toque de dedo.

Los síntomas son devastadores. El diagnóstico está cerrado en falso: es lupus. Ahora, al final del capítulo, le toca al Dr. House, en un genial desenlace, determinar el verdadero diagnóstico, y a partir de ahí dejar los corticoides y empezar a administrar el tratamiento adecuado.

Román Rubio
Mayo 2016

lunes, 16 de mayo de 2016

EUROVISION

EUROVISION
Veo muy poco la tele, lo cual tiene cosas buenas y cosas malas. Entre las buenas está el hecho de que me libro de muchas horas de ruido inane improductivo y vulgar que no hace sino alimentar el aburrimiento gregario. Entre las malas está el que, al no ver los anuncios de programas, me pierdo cosas interesantes. El sábado noche llegué a casa y alguien puso la 6ª, con lo que me aburrí un rato con el malababa de Marhuenda y el graciosillo ocurrente Miguel Ángel Revilla arreglando el mundo sin ser consciente de que en la 1 estaban retransmitiendo, nada más ni nada menos, que el festival de Eurovisión, acontecimiento sociológico gigante, desde el Globen Arena de Estocolmo, lugar que conozco por haber estado alojado en el Hotel del recinto con panorámica del interior desde la cafetería. Rabia.

Por la prensa del día siguiente me enteré que había ganado Ucrania con una canción sobre los tártaros desplazados por Stalin. La canción rusa, favorita, había quedado en tercera posición para agravio, otra vez, del pueblo ruso y, sin duda, del presidente Putin. Eurovisión en estado puro. También me enteré de que había habido problemas ¿cómo no? de banderitas. Que si la ikurriña no estaba autorizada pero luego sí, que si la de Nagorno Karabaj  lo había sido pero luego no, o algo así, o quizás lo contrario; ¿qué importancia tiene? En la decoración de las calles con banderitas la única en la que la gente se fija es la de Japón con su punto rojo sobre blanco, tan esquemática, tan simbólica, tan reconocible, tan mona ella.

A ver, tengo que aclarar que las canciones me importan poco, casi nada. En realidad, me aburren. Nada más empezar quiero que acaben. Me interesa todo lo demás: la retórica de la historia de cada una que debe ser contada en dos minutos, la excentricidad y a menudo mal gusto de las exageradas y efectistas escenografías, la inverosimilitud del atrezzo, los horteras efectos especiales y la acertada y astuta narración entre sarcástica y comprometida de José María Íñigo, las sorpresas de los frikis tipo Chikilicuatre o La Mujer Barbuda, y, sobre todo, la intriga, las filias y las fobias, el pequeño politiqueo de las votaciones (no hay más que recordar la expectación que había en España hace años cuando votaba Portugal. Hoy por ti, mañana por mí). El sonsonete: La Norvégie, deux points, Norway, two points; L’Allemagne, huit points, Germany, eight points, que está grabado en el subconsciente de muchos como el de la Lotería de Navidad.

Me propongo pues a ponerme al día festivalero a través del internet y ahí viene la primera sorpresa: por orden de aparición salen Letonia con la canción Justs-Heartbeat, Eslovenia con Blue and Red y Moldavia con Falling Stars, Croacia, con Lighthouse y Bielorusia con Help You Fly. ¡Pero bueno! ¿Es que todos cantan en inglés? Bueno, todos no; en el puesto número 9, la  italiana Franchesca Michielin interpreta la canción No Degree of Separation que, a pesar del engañoso título, sólo tiene partes en inglés. En el puesto número doce salió la irrelevante Alemania con la canción Ghost, que quedó la última tras las votaciones, cosa que no me dio ninguna lástima. Busqué con expectación a Francia y como casi siempre, no me defraudó. Los franceses, con la dignidad que les caracteriza, presentaron al cantante Amir (hijo de tunecino y marroquí) con la canción J’ai cherché, en francés, obteniendo con ella un honroso 6º puesto. ¡Vive la France! Curiosamente, Austria presentó la bonita canción Loin d’ici, también en francés, lo que no deja de ser sorprendente. ¿Y nosotros? ¿Qué hicimos nosotros? La cantante que representaba a España (de nombre Barei) interpretó la canción Say Yay -¿Say What?- ¿Qué coño quiere decir eso? Traducido significa: “di (o decid) yay (hurra)”, lo que no parece que constituya un gran mensaje. Y eso sí: toda en inglés. Al parecer, la idea era de hacerla mixta español-inglés, pero la cantante decidió que la mejor manera de representar a España era hacerlo… en inglés, y así lo hizo; apelando a la no coacción al artista. Pues no, señorita; si quieres jugar a la pelota vasca lo haces con manopla y si quieres usar raqueta, entonces tendrás que  jugar al tenis o al pádel y así podrás retar a Aznarín de Tarascón (el Gran Cazador). ¿Y qué resultado obtuvimos en la votación? El puesto 22 de 26. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

El asunto lingüístico no es nuevo. Recuerdo que en 1968, Massiel, con su vestido corto de lentejuelas, ganó el festival acompañando al dinámico trío lalalá porque anteriormente Joan Manuel Serrat –dada la versatilidad lingüística del título de la canción- había decidido cantarla en catalán, lo cual habría tenido más sentido que hacerlo en inglés ya que el catalán es, al fin y al cabo, una de las lenguas de España, aunque ni a los españolistas ni, por supuesto, a los catalanistas les haga mucha gracia.

El domingo por la tarde, para rebajar el empacho festivalero de la mañana, me fui al Palau de les Arts de mi ciudad a ver el ballet Don Quijote representado por la Compañía Nacional de Danza con la participación de la bailarina Elisa Badenes, del ballet de Stuttgart. Genial. Arte puro. Y la bailarina, excepcional; con una técnica (de lo que no puedo dar fe por no ser un especialista) y una expresividad y frescura (de lo que sí puedo hacerlo como miembro de la raza humana) exquisitas. Pasé un rato estupendo y, en ocasiones, llegué a emocionarme con las elegantes y atrevidas evoluciones de la bailarina y acompañantes, lo que es más de lo que haya conseguido nunca hacer cualquier festival; de Eurovisión incluido.

Román Rubio
Mayo 2016