jueves, 29 de junio de 2017

EL VALOR DEL DINERO

EL VALOR DEL DINERO

Nunca entendí bien qué es el dinero. Uno tiene dos cabras. Cambia una de ellas por un costal de harina y tiene una cabra y harina para hacer pan. Así funcionaban las cosas en un mundo ancestral y sencillo, aunque poco práctico. Después se inventó la moneda y el mundo rodó mucho mejor. Por la leche de la cabra te daban unas monedas que tú podías usar para comprarte, digamos, unas alpargatas. El alpargatero, si vendía unos cuantos pares, reunía una cantidad de monedas que le permitían comprar su harina o su pellejo de vino. La moneda solía ser de un metal codiciado por su escasez como oro, plata o bronce, de modo que el material en sí tuviera un valor determinado independiente de la inscripción. Hasta aquí la cosa es más o menos sencilla. Todo empieza a sofisticarse cuando aparece el papel moneda. En vez de monedas de metal escaso y, por tanto, limitado, al alpargatero le dan un papel que dice valer un dírham, un denario, un dólar, una libra o un real de vellón con el que hacer sus intercambios. El valor del billete es solo simbólico, pero el emisor dice imprimir una cantidad equivalente al montante de unas reservas en oro u otras riquezas que físicamente tiene en la bodega, con lo que, supuestamente, puedes canjear el valor del billete por su parte correspondiente de la bodega del emisor (otra cosa es que este se carcajee cuando vayas con el billetito). En su camino a la abstracción desnaturalizada, en un momento dado de la historia, se abandona el llamado “`patrón oro”, lo que viene a suponer algo así como: “mire usted; esto vale diez pavos, no porque haya esa cantidad de riqueza en ninguna bodega sino por la sencilla razón de que usted y yo estamos de acuerdo en que esto sea así y con eso se puede comprar esto y lo otro”. En la actualidad, el billete, el ya de por sí abstracto y quimérico billete, se ha convertido en un apunte, en un miserable, lejano e incorpóreo apunte hecho Dios sabe dónde y propiciado por una banda magnética incorporada a un trozo de plástico del tamaño de una tarjeta de visita. En su empecinado camino a lo etéreo, el dinero está en trance de residir en el móvil pero me temo que este no es sino otro estadio transitorio corto. Más pronto que tarde nuestro crédito y nuestras reservas estarán marcados en el iris de nuestro ojo, que dicen que no se puede falsificar, aunque tú y yo los veamos todos iguales. Ya lo veréis.

Hay un par de noticias que me han hecho reflexionar sobre las extrañas cualidades del dinero. La primera es la naturaleza del dinero digital propiciada por el pago del rescate a las empresas atacadas por los hacker: el bitcoin. ¿Quién habría dado un duro por una moneda virtual, que nadie ha visto y que no emite ningún banco central respaldado no ya por tesoro sino por parlamento o ejército alguno? Yo, desde luego, en mi ciega ignorancia, no habría dado ni un maravedí. Ni tú tampoco lector, no te hagas el listo. Pues bien: el valor de “un” bitcoin se sitúa hoy en día entre 2.400 y 3.000 dólares, lo cual habría justificado, en su momento, la inversión de unos cuantos maravedíes, ¿no creen?

La otra noticia que me ha saltado a la vista es un curioso hecho. Alemania, o más concretamente el territorio alemán de Schleswig Holstein, ha obtenido el permiso del banco central europeo (BCE) para emitir billetes de 0 euros. Sí, sí, lo han leído bien: billetes de valor nulo. Bueno, esto es así con matices, puesto que se venden a 2.5 euros. Como lo oyen: es como los duros a cuatro pesetas, pero al revés. Vas al banco (o donde quiera que los vendan), das 2.5 pavos y te dan un billete que pone 0 euros y con el que no puedes comprar nada en Mercadona. ¿Cómo lo ven? La iniciativa ha tenido tanto éxito que la primera remesa, de 5.000 billetes, se vendió en un día y ya hay en la fotocopiadora una segunda edición que está (creo) toda reservada. Apuesto a que, dentro de unos años, los listillos que se han apuntado ganarán una pasta, haciendo cierto aquello de “dinero llama a dinero”. Yo no pido unos cuantos billetes de esos por perezoso y por no saber cómo hacerlo, con lo que tengo la impresión de estar dejando pasar una oportunidad (otra más). Aquí, como en lo del bitcoin, el que no corre, vuela.


Román Rubio
Junio 2017 

martes, 27 de junio de 2017

ESOS LOCOS BAJITOS

ESOS LOCOS BAJITOS
Como tantos otros siempre he alimentado la quimera de ser más alto. Con la altura ganaría autoridad, belleza, asertividad, elegancia y qué se yo que otras sustanciosas y estupendas cualidades facilitadoras de una vida más exitosa y próspera. Da la impresión que la estatura de las personas viene a reflejar una serie ancestral de cruces exitosos entre caballeros dotados para la batalla y bellas y nobles damas que, tras generaciones de aciertos evolutivos, fueran a producir individuos altos y, a ser posible, guapos y delgados. Alertado por tan estériles anhelos no he pasado por alto un par de noticias de actualidad relacionadas con el tema.

En primer lugar, hay que resaltar la evidencia científica de que los bajitos vivimos más. Lo intuíamos. Cuando pensamos en una persona centenaria nos viene a la mente alguien menudo y magro de carnes. Ahora, el profesor Bradley Wilcox de la Facultad de Medicina de la Universidad de Honolulu (Hawaii) acaba de publicar los resultados de un sustancioso estudio hecho con 8.006 individuos norteamericanos de origen japonés nacidos entro 1900 y 1919 que claramente establece que los bajitos viven significativamente más que los altos. Todo tiene que ver con un gen, el FOX03, llamado gen de la longevidad del que, por desconocimiento, poco o nada puedo decirles. Pero las buenas nuevas para las personas de crecimiento restringido (ya está bien de llamarnos bajitos) no terminan ahí. Resulta que tenemos niveles más bajos de insulina, lo que implica menos diabetes y menos propensión a padecer  cáncer. ¡Toma ya. Eso sí que son buenas noticias! Al parecer, al tener menor número de células, las posibilidades de división y proliferación de las mismas son menores. ¡Hurra!

La segunda noticia relacionada con la estatura de los individuos es geográficamente más cercana. Han aparecido las conclusiones de un curioso estudio llevado a cabo por el CIS que relaciona la estatura de los españoles con otras variables, como el partido al que votan, la clase social, etc., obteniéndose fascinantes  resultados para todos aquellos a los que, como a mí, nos interesan estas cosas triviales que ni dan dinero ni sirven realmente para casi nada. Por ejemplo: los votantes más bajitos de todos son los del PSOE, superados por los del PP por muy poco. Más altos son los de Podemos y más aún los de Ciudadanos, que miden de media 4 centímetros más que los socialistas en el grupo de los hombres y tres en el de las mujeres, constituyendo así la aristocracia de la raza hispana. Pero es que, además, los votantes socialistas tienden al sobrepeso más que los de los otros grandes partidos. Quizá sea por eso que hayan elegido como líder a un  tipo alto y esbelto como un chopo. Es como si un conjunto de Icetas, en una imaginaria dación de cuentas al fisco, eligieran como líder a un Pedro Sánchez con el objeto de cuadrar las plusvalías con las minusvalías, algo que Susana no aportaba.


Es curioso que en todos los parámetros (raciales) salen ganando los de Ciudadanos. Los votantes de ese partido son también más delgados o, dicho de un modo más técnico, menos tendentes al sobrepeso (antes conocido como gordura u obesidad). En un primer análisis podríamos deducir que los votantes de Podemos y Ciudadanos, al ser partidos más nuevos, tienen votantes más jóvenes y que esta es, por tanto, la razón de que sean más altos que los de los partidos tradicionales. Y es así; pero no del todo, porque agrupados por edades reproducen el patrón en todas las bandas de edad.
El mismo estudio relaciona la variable de estatura con la de posicionamiento ideológico izquierda- derecha y aquí se obtienen resultados sorprendentes
Las personas que se declaran de derecha- derecha son mucho más bajitas que el resto de los mortales y además mucho, pero que mucho, más regordetas, cuando no directamente obesas. De ahí, quizá, que den tanta importancia a la primacía de la raza. De modo que, si ven por la calle a una persona (pongamos a una mujer) que no llega a 1.60 de estatura y bien provista de solomillos y lorzas (hasta casi los 72 kilos en canal) es muy probable que sea devota de Marhuenda y de María,  amiga de charanga y cofradía, lectora de La Razón y que crea que ser española, aunque sea en su versión bajita y regordeta, es lo mejor que le puede pasar a una y sienta nostalgia del Caudillo.

Román Rubio
Junio 2017 

miércoles, 21 de junio de 2017

MI HOTMAIL

MI HOTMAIL
Mi correo electrónico se ha vuelto algo majara. Para no perder los pocos amigos que me escriben y que tenían mi dirección nunca hice el cambio al gmail. Sí, es cierto, también tengo un gmail, pero aún siendo un entusiasta de Google, permanezco fiel al servidor anterior para asuntos personales. Es el de Microsoft (que tampoco son tontos) y siempre ha sido leal y eficiente. Hasta ahora. Desde hace uno o dos meses me entran infinidad de correos a la carpeta de “correo no deseado”, lo que se conoce como “spam”, correo basura o “junk mail” y que consisten, principalmente, en mensajes comerciales.
En un principio los borraba a diario y empecé a considerar el cambio de mi buzón principal al de Google pero por alguna razón relacionada con el excedente de tiempo y cierta curiosidad natural decidí dejar los correos sin borrar durante días y ver qué pasa. Desde el día 6 de junio he recibido 60 mensajes, todos en inglés, algunos de ellos repetidos, muchos de ellos divertidos, casi todos invitándome a empezar una vida nueva, a ser mejor persona, a comer mejor, a ser más eficaz, a ser más fuerte y sano, más fértil, más culto y exitoso, más autosuficiente y a hacer desaparecer ese molesto y pertinaz dolor de espalda. Todo ello a conseguir en un plazo de una o dos semanas, de modo que, siguiendo los consejos e indicaciones del apartado de “correo no deseado” de Outlook-Hotmail (vaya, ya lo he dicho), en una o dos semanas me habría de convertir en un hombre nuevo. Y comoquiera que el goteo de consejos lleva cuenta de seguir, tendrían a un hombre nuevo cada mes o así. Una proeza. Veamos algunas de las sugerencias:

Building Chicken Coops Guide. Guía para construir tu propio gallinero en el patio trasero de tu casa. Se exponen curiosos modelos: desde elaboradas casetas de madera y tela metálica hasta viejos coches inutilizados con tela metálica en vez de puertas.
Bird House. Build Your Own Bird House. (Construye tu propia casita de pájaros). Quienes han vivido en Inglaterra o los EEUU conocerán las populares casitas para pájaros con comedero que muchos ponen en el jardín, cerca de la ventana, para poder ver de cerca los pájaros mientras sestean en el sillón. Una juerga.
Belly Dancing Course / Lean Belly Breackthrough. Una invitación (dos, de hecho)  para “convertirte en un@ bailarin@ de danza del vientre profesional desde tu propia casa”
Seduction Professionals. Las 4 cosas que todo hombre quiere de una mujer. Uuummm, parece interesante.
Shedplans. Making the Shed You Really Want. No solo podrás construirte gallineros y casitas de pájaros. Aquí te instruyen en cómo construir un práctico cobertizo (siempre en el jardín trasero). No sé, tendría que cambiar de casa para poder meter todas esas cosas en el “jardín trasero” (backyard, para los entendidos).
Chinese Special Formula. All Women are looking for this. No tengo ni idea de lo que ofrecen ya que no he abierto el correo por si se trata de trampa o troyano pero, si el enunciado tiene algo de cierto, lo buscan “todas” las mujeres. Otro producto (o técnica)  prometedor.

Hay más, muchos más que no detallaré por no cansarles. Hay invitaciones a producir comida orgánica y empezar a “comer sano” desde hoy mismo, a hacer proyectos varios de madera en casa y a eliminar tatuajes de manera “natural” ¿?. Hay métodos para aprender a tocar la guitarra en un plisplás, para producir música de Rap-Hiphop y para leer partituras musicales. Hay varias fórmulas para recargar las baterías usadas y toda una estrategia de supervivencia al modo de “nuestros antepasados” con el nombre de Lost Ways. Es decir, todo un elenco de trucos, tratos, recursos  y estrategias, de soluciones prácticas muy adecuadas para un tipo como yo, jubilado y, a menudo, ocioso.
El primer paso ha sido leer los correos y escribir este artículo. El siguiente, ¿quién sabe? Quizá ponerlos en práctica, de modo que al final del verano, en vez de un inútil que escribe trivialidades, tienen a un tipo que ha conseguido quitarse ese estúpido tatuaje de lagartija que se hizo en la mili, que toca la guitarra como Eric Clapton leyendo partituras como quien lee  novelas de El Coyote, que conoce la fórmula que todas las mujeres buscan en un hombre y que goza de las delicias de observar su  gallinero y su casita de pájaros desde el cobertizo de su jardín trasero mientras entretiene a gallinas y pájaros con la danza del vientre. ¡Y todo eso desde un tercer piso!
He decidido no cambiar de servidor de correo. Lo mío es Hotmail (digo, Outlook).


Román Rubio
Junio 2017

lunes, 19 de junio de 2017

PETRONIO

PETRONIO


El Satiricón (ca. 60) es una novela libertina y erótica, quizá la primera picaresca. Se atribuye su autoría a Petronio, personaje de la corte de Nerón, natural de Masala (Marsella) que llegó a cónsul, de pensamiento cercano al epicureísmo, organizador de fiestas y eventos públicos y privados y a quien Tácito y otros historiadores llamaron arbiter elegantarum, (árbitro de la elegancia), cuyas reglas imponía en la Roma del momento, cual influencer de hoy. Si viviera hoy Petronio nos lo imaginamos con una cuenta en Instagram con decenas de millones de seguidores posando día sí día también con chapeos y gorritas, gafas  y viseras, camisas y camisolas, calzones y calzoncillos, bragueros y suspenders, chaquetas y cazadoras, abrigos, sandalias (con y sin calcetines), mirando distraídamente al horizonte o a la cámara con fijeza. Y, ¿quién sabe?, quizá luciendo alguno de esos elaborados  tatuajes que incluyen, en sus delirantes y barrocas figuraciones, alguna bobalicona leyenda japonesa. Como nuestros futbolistas.
Hay dos cosas de las que el atildado marsellés renegaría: de los atuendos ciclistas y de  los letreros de las camisetas. ¿Qué diría Petronio de esos hombres que ya no cumplen los cincuenta, portadores de ajustados culotes y camisetas fosforescentes, marcando un prominente paquete al abrigo de una voluptuosa barriga y reforzando la imagen con  un tubito de plástico en la boca del que “sorben”  el agua? ¿Qué ha sido del gallardo porte de levantar el botijo? En fin, una desdicha.
En cuanto a los letreros en las camisetas y otras prendas, habría que hacer un pequeño alarde taxonómico:

1.- Es altamente inapropiado el mensaje comercial asociado a la construcción, tal como Derribos Sánchez,  Materiales de Construcción Hermanos García, Grúas Hernando y cosas así. Vetados, también, los que se refieren a actividades laborales de oficina como Gestorías o Asesorías Fiscales y Laborales.
2.- Los nombres de peñas festivas de los pueblos al estilo de “Los Canutos” o “Los Roncaores” solo son admisibles en el marco estricto de la fiesta y en la duración de la misma.  Las Comisiones festivas y otras collas, al afirmarse como “hermandades”, no hacen sino excluir a quien no pertenece a ellas. Para que luego digan de los catalanes.
3.- Los bancos, entidades financieras como las (extintas) Cajas de Ahorros y multinacionales, en su interesado marketing, aprovechan la cinta de los sombreros veraniegos para hacerse publicidad. Úsense los sombreros en el momento de la romería o excursión  y sigan usándose, siempre y cuando se les quite la cinta del banco, caja o chiringuito financiero.
4.- Lo mismo con los sombreritos ofrecidos por marcas de cervezas, vinos y bebidas espirituosas como Amstel, Heineken, Rioja o Havana Club. Evitar, asimismo, anuncios de lugares de ocio como discotecas o pubs tipo Pachá, Ku… especialmente si son de Ibiza. Huir, sobre todo, de las camisetas del Hard Rock Café, sea este de donde sea.
5.- Las leyendas referidas a organizaciones cívicas como AMPAS, Asociaciones Vecinales, Culturales (bandas de música, orfeones, amas de casa, etc.) no quedan nada elegantes. No usar fuera del marco de una manifestación puntual o evento de protesta. Aún en ese contexto, úsense con moderación, o mejor, no hacerlo. Lo mismo ocurre con mareas de todos los colores y reivindicaciones variadas. Sobre todo, no llevarlas nunca al Parlamento o cualquier otra institución regional, nacional o semi (como la catalana).
6.- Mercaderías de viajes turísticos como I Love New Yok, London Calling, J’aime Paris, Arrivederci Roma y otras lindezas por el estilo no son aceptables dado su uso extensivo e indiscriminado. Solo se salvaría el I Love Alcorcón, letrero que, dadas las especiales características del lugar, se puede llevar hasta en los sitios más distinguidos. Se aceptarían también (con reparos) declaraciones de amor a Pinto y a Alcázar de San Juan por motivos similares.
7.- Las camisetas y sudaderas con el nombre de alguna Universidad americana o británica del estilo Yale University, UCLA, Princeton, Cambridge University o University of Minnesota no son de buen tono. Tampoco valen Colleges univeritarios como Trinity o King’s. Sólo las llevan quien no ha estudiado o trabajado allí.
8.- Evitar, sobre todo, las gorras de los Yankees. Las compran (para regalar) todos los horteras que van a Nueva York. Y son muchos.
9.- Lo mismo ocurre con los cansinos signos de NYPD (policía) o FDNY (bomberos). Sólo en el momento puntual de los atentados del 11S pudieron tener un pase. Y ello, como homenaje a las pérdidas humanas de los sacrificados bomberos. Intente no llevar nada que ponga Brooklyn (sobre todo si está escrito Brooklin). Es el refugio de los esnobs que quieren destacarse de los que compran lo de la manzanita.
10.- Sobre todo no lleva nunca, pero nunca, una camiseta de club de fútbol. Si alguna vez lo hace, por necesidad perentoria, como en el caso de riesgo de hipotermia, intente que esta no sea del Real Madrid.


Román Rubio
Junio 2017

miércoles, 14 de junio de 2017

RENTA BÁSICA UNIVERSAL

RENTA BÁSICA UNIVERSAL


Parece ser que cada vez es menos necesario el trabajo de las personas. Las máquinas, los ordenadores, la robótica y la optimización de los métodos de trabajo hacen más eficientes los procesos productivos y cada vez más se van necesitando menos mano de obra y, por lo tanto, menos trabajadores. La idea de “una persona, un puesto de trabajo” se va haciendo cada vez más obsoleta. Somos pocos –o son pocos los que nacen- y aún así sobramos (unos más que otros) para el mercado de trabajo.

Ante la evidencia, empieza a extenderse la idea de la necesidad de una Renta Básica Universal, es decir, un sueldo para todos y cada uno de los ciudadanos, pegue o no pegue palo al agua. La idea, en principio, parece una iniciativa radical de izquierdistas impenitentes como Monedero o Varufakis (que la apoyan), pero en realidad no es así. No es novedosa, ya que fue introducida en el siglo XVIII por Thomas Paine -uno de los padres de la Constitución de los EEUU, inglés de nacimiento, liberal y demócrata de principios- en su obra Justicia Agraria, en la que, entre otras cosas, se cuestiona el origen de la propiedad de la tierra. En cuanto a lo de izquierdistas… bueno, no tanto. Acabo de oír invitaciones a la implantación desde sitios tan alejados del izquierdismo como el foro de Davos, la OCDE o al mismo Zuckerberg, multimillonario fundador de Facebook

La idea de la renta, aún a cuenta de querer eliminar la indigencia (que no la pobreza), tiene muchas y muy dispares interpretaciones y versiones. La Iniciativa Legislativa Popular por una Renta Básica presentada en el Parlamento español en enero de 2014 y aprobada en marzo del mismo año (la admisión a trámite, no la ley) estipula la garantía de ingresos suficientes para que todos los ciudadanos superen el nivel del umbral de la pobreza (unos 630 euros en el momento del cálculo). La mayor objeción a esta propuesta es la supuesta desincentivación al trabajo poco remunerado. ¿Quién va a querer limpiar escaleras, o vigilar un parking largas horas por 740 euros si va a cobrar 630 sin hacer nada? El lado bueno sería que habría que aumentar los salarios de este tipo de trabajos de remuneración baja para hacerlos plausibles, lo que, a su vez, haría aumentar los demás salarios haciendo así sacar humo a la máquina de hacer billetes, lo que produciría una alta inflación que, a la larga, (y según los apóstoles del mercado) sería empobrecedora para todos.

Pero vayamos a la genial y extravagante idea de la Renta Básica Universal (RBU) pura. Sería una cantidad (pongamos 630 €) que cobraría “todo el mundo” en una nación o colectividad: Amancio Ortega, Rodrigo Rato, Bárcenas, el Bombero Torero, el dependiente de Mercadona y la funcionaria del departamento de multas del Ayuntamiento, el indigente, el vago, el maleante, el maletilla y el autónomo. Todo el mundo tendría derecho, a partir de cierta edad, al cobro de la renta mínima por el hecho de ser residente español, europeo, catalán o lo que fuere. ¿Qué efectos tendría en uno y otro? El millonario ignoraría el ingreso como a un mosquito en la estepa, al indigente le salvaría la papeleta proporcionándole comida y ropa, al vago le financiaría modestamente su vagancia con sus veinte eurillos diarios y al dependiente de Mercadona, al autónomo y a la funcionaria de las multas (que Dios se apiade de ella) les proporcionaría ese plus que hacen la vida algo más sencilla. Así, en principio, la medida parece que sea el bálsamo de Fierabrás, capaz de curar tanto calenturas como chichones.
La medida no resultaría desincentivadora para con el trabajo puesto que se añade al salario, aliviaría la pobreza extrema y no sería tan cara de aplicar ya  que vendría a sustituir ayudas sociales, seguro de desempleo, etc. ¿Qué impediría, por tanto, implementar la medida? No lo sé. ¿Sería beneficiosa para la sociedad? No tengo la menor idea. Me gustaría tener convicciones al respecto, pero lo cierto es que los ideológicamente tibios no tenemos fuertes convicciones como los políticos, tan seguros de todo, pero si de anticipar consecuencias se trata, ahí van algunas.

- Comoquiera que el umbral de la pobreza se establece con arreglo a un determinado porcentaje de los ingresos medios, tendríamos el mismo número de pobres con 630€ más al mes.
- Las tensiones fronterizas que podría generar el hecho de que en un país (o en varios) se cobrara 630 euros por no hacer nada serían colosales. En el 80% del mundo, que incluye África, gran parte de Asia y Latinoamérica esa cantidad es toda una fortuna, con lo que el éxodo por tierra mar y aire hacia la tierra prometida estaría garantizado.
- Intuyo que se produciría una beneficiosa migración al deshabitado mundo rural. Multitud de personas que viven en las ciudades se volverían a ocupar las casas deshabitadas de los pueblos para vivir de la tierra abandonada de sus antepasados respaldados por la seguridad de una renta mínima que les garantizaría la supervivencia, lo que podría ser la solución contra la infausta y por ahora irremediable despoblación del mundo rural.

Estas y otras muchas consecuencias se derivarían de una solución de este tipo. Te invito, lector, a que, en tu sagacidad y buen juicio, añadas a esta lista tus propias predicciones que serán, sin duda, más profundas y certeras que las de un servidor.

Román Rubio
Junio 2017

sábado, 10 de junio de 2017

OLD BRITANNIA

OLD BRITANNIA


Si yo fuera periodista profesional me prohibiría a mí mismo usar los términos “dulce derrota” y “amarga victoria” por manidos y poco imaginativos. Si fuera profesor de Periodismo recomendaría a mis alumnos que evitaran la tentación de usarlos, del mismo modo que les conminaría a no llamar “serpiente multicolor” al pelotón ciclista, pero como no soy ni una cosa ni la otra los usaré. Lo de Theresa May ha sido una “amarga victoria” que ha propiciado una “dulce derrota” de Corbyn, de nombre Jeremías.

Lo cierto es que no dan una a derechas: Cameron, venido arriba tras ganar un referéndum de independencia muy arriesgado en Escocia, decidió embarcar al país en otra peligrosísima aventura, en teoría pan comido: que se pronunciara el pueblo sobre la permanencia en la Unión Europea. No tenía ninguna obligación de hacerlo. Él, por su cuenta y riesgo, tras consultar con Zeus una noche en el oráculo de Downing Street, decidió que ganando el referéndum acallaría el tradicional guirigay del partido. Lo perdió. Tras error tan garrafal no tuvo más remedio que dimitir. Entonces se dio cuenta que el tal Zeus no era otro sino el malvado Boris Johnson con túnica y barba postiza.

Le sucedió en el cargo Theresa May, rara avis (de rapiña) que se da exclusivamente en el ecosistema inglés, y aún allí, sólo entre las clases nostálgicas del Imperio, y decidió, también sin tener obligación ni premura, convocar al pueblo a unas elecciones generales con el propósito, a lo Susana I de Andalucía y nada de España, de reafirmar su figura de Primera Ministra que le había caído en la Lotería. ¿Y qué ha conseguido  la sagaz ave de presa conservadora? Perder la mayoría parlamentaria que había ganado Cameron y que debería respaldar la negociación del Brexit, dejándose en el camino 12 escaños y quedándose a 8 de la mayoría. Afortunadamente para los Conservadores, cuentan con los 10 escaños de los Unionistas del Ulster, que son más “British”  que los  corgi  de la Reina.

Los Laboristas, entretanto, han estado al margen de los acontecimientos. Forzados a unas elecciones que nunca pidieron, con un líder del ala izquierdista del partido  maltratado por la prensa e infravalorado por muchos, que parecía destinado al matadero, ha conseguido “perder” las elecciones obteniendo un 40% de los votos y ganando 29 escaños en el camino. Un despropósito.

Más despropósitos: en Irlanda del Norte, tras los Unionistas (que, por cierto, habían votado permanecer en la UE en el último referéndum y ahora tendrán que apoyar a May en la negociación de salida) se encuentra el Sinn Féin con 7 escaños, que no ocupa en el Parlamento de Westminster en su política de no reconocimiento de la partición de Irlanda. Más embrollo.

Pero hay más: en Escocia se ha desarrollado una bonita batalla entre dos mujeres: Por un lado la independentista del SNP, Nicola Sturgeon no ha obtenido los espectaculares resultados de 2015 perdiendo 21 diputados en el envite, y ¿quién los ha ganado? Pues, sorprendentemente el Partido Conservador, que nunca se ha comido un rosco al norte de la muralla de Adriano,  liderado por otra mujer: Ruth Davidson, la némesis de la rapaz de Westminster aunque del mismo partido. Ruth proviene de la clase trabajadora (lo que no es muy común entre los Conservadores) y es una mujer sólida, tenaz, brillante comunicadora y abiertamente lesbiana (cualidad poco apreciada en el campo Tory). Y, en la campaña del Brexit, estaba abiertamente a favor de la permanencia en Europa. En fin, un lío. Un puñetero y enrevesado lío, lo miren por dónde lo miren.

Mientras tanto, por aquí, Puigdemont está tocando a rebato. Veremos a ver qué pasa. Cuando se llama al pueblo sin gran necesidad de hacerlo se lleva uno cada chasco… ¿No podrían estar quietecitos un rato?


Román Rubio
Junio 2017

lunes, 29 de mayo de 2017

ARIANA GRANDE

ARIANA GRANDE

Si algo aprendí del atentado de Manchester (el horror no cuenta porque nada se aprende de él) es que me estoy haciendo viejo. No viejo de viejo, sino de demodé, anacrónico y superviviente de tiempos pretéritos. Me explico: Toda la gente que llenaba el Manchester Arena aquella noche estaban allí para ver, aplaudir y celebrar a alguien de la que yo no tenía ni siquiera noticia de su existencia: Ariana Grande. Tampoco hay porqué conocer a todo el mundo, dirán ustedes, pero si la popularidad de una persona hoy viene marcada por su proyección en las redes sociales, hay que reconocer que la tal Ariana, de 23 añitos, es muy, pero que muy famosa. Veamos: Su perfil en Instagram tiene 105 millones de seguidores, que es más o menos la población de España y Francia juntas, solo superado por el de Selena Gómez, con 119 millones. He consultado la lista de las diez personas con mayor número de seguidores en Instagram y me he dado cuenta que hay muchos mundos en éste. Tras las ya mencionadas superestrellas Selena y Ariana, a las que acabo de conocer, se encuentra una tal Taylor Swift. ¿Quién será, Dios mío? Y ya en el siguiente puesto me encuentro a Beyoncé -por fin, alguien conocido-, seguida del conocidísimo por todos nosotros Cristiano Ronaldo gracias a la matraca de los medios madrileños. ¡Qué bien!, me digo, ¡soy humano!, para volverme a descorazonar de nuevo con los que continúan la lista, que son Kim Kardasian ¿?, Kylie Jenner ¿?, Justin Bieber y The Rock ¿? Conocía a Justin Biaber, pero para mi desazón, no ha mucho que clausuró su cuenta en la red. También conocía al padre, tío, hermano, suegro o lo que sea de la Kardashian porque fui uno de los pocos españoles, un poco chiflados, que siguió en directo muchas horas del juicio de O. J. Simpson en Sky News.

En mi infancia –es decir, unos pocos años después del descubrimiento de América- conocí a un pastor en mi pueblo que era de natural muy montaraz. Tanto, que confesaba conocer por su nombre  a más ovejas que personas. El hombre murió relativamente joven, antes del advenimiento de las redes sociales con lo que no sé qué opinión tendría del hecho de que algunos allegados  míos tengan novecientos “amigos” en Facebook. Seamos serios: ¿Cómo se puede tener más de novecientos “amigos” y saberse el nombre de todos? Y si no nos sabemos el nombre, ¿por qué llamarles “amigos”?

Yo, de natural reacio a las redes sociales, finalmente caí en su hechizo con el objeto de dar algo de publicidad a mis escritos. Unas navidades, tras darme de alta en Facebook comencé a aceptar proposiciones de amistad de personas conocidas. Así, tras aceptar como “amigos” a Doña Urraca y al pulpo Paul, conseguí la honrosa cifra de ochenta y tantos. No es que coma sopas con todos, pero, al menos, me sé sus nombres, que ya es más de lo que pueden decir otros.
Lo que de verdad me hiere es la comparativa. Por ejemplo: la tal Ariana Grande tiene unos 32 millones de “seguidores” en Facebook y yo ochenta y tantos (personas, no millones). Estoy dispuesto a reconocer que la muchacha tiene más cualidades reseñables que uno, incluyendo el aspecto y la voz, pero, aún así, que multiplique mi número de seguidores por 390.000…, no sé, lo veo justo. Ni razonable. Uno conoce sus limitaciones, pero lo de ser 390.000 veces menos interesante que Ariana Grande o Katy Perry -la campeona de Twitter, con 86.7 millones de seguidores en esa red- no termino de verlo.

Se trata de otra de las caras de lo que yo concibo como “capitalismo exponencial”. En los años 50, en EEUU, el CEO de una compañía como General Motors recibía un sueldo que era unas seis veces el del operario medio. Hoy en día, mientras los economistas piden que el sueldo del presidente no supere las veinte veces el del empleado, acabo de leer en la prensa que Sánchez Galán, presidente y consejero delegado de Iberdrola, multiplica por 226 ese salario. Al ejecutivo, como a tantos otros presidentes y CEOs de las grandes corporaciones nacionales e internacionales, se le remunera con cantidades que multiplican por doscientas o trescientas veces el salario del empleado, lo que debería implicar que la valía guardara la misma proporción. Sin embargo, mientras la responsabilidad crece en progresión aritmética en el escalafón, la remuneración lo hace de manera geométrica.

La pirámide perfecta del capitalismo exponencial se manifiesta en el fútbol. La diferencia de la recompensa dineraria con que la sociedad premia a Messi o a Ronaldo multiplica cientos de veces lo que puede ganar un futbolista de un equipo modesto de la misma categoría como el Eibar o el Alavés y por miles lo que pueda cobrar uno de 2ª B. Acaba de terminar la liga. Cada jugador del Real Madrid ha obtenido una prima de 300.000 € por ganarla. Las chicas del Atlético de Madrid también ganaron su liga particular sin perder un solo partido. ¿La prima por hacerlo? 54 €. O lo que es igual: 1.325 €, a repartir entre todas. Una cena.
Que cenen bien, las chicas; se lo merecen. Los otros, los del Madrid, que cenen como quieran.

Román Rubio
Mayo 2017

viernes, 26 de mayo de 2017

Mi nombre es MOORE, ROGER MOORE

Mi nombre es MOORE, ROGER MOORE
The Independent
Compartido en Facebook por Cristina González.

Mark Haynes, guionista londinense, se encontró con Roger Moore cuando tenía siete años en un aeropuerto y cuenta la anécdota del encuentro en el diario The Independent:

Cuando tenía siete años –allá por el año 1983- en los días en que aún no existían las  Salas de Primera Clase en los aeropuertos-, me encontraba con mi abuelo en el Aeropuerto de Niza y vi a Roger Moore sentado en la puerta de embarque leyendo un periódico. Le dije a mi abuelo que acababa de ver a James Bond y le pregunté si podíamos acercarnos a que me firmara un autógrafo. Mi abuelo no tenía ni idea de quiénes eran James Bond ni Roger Moore de modo que me llevó delante de él y le espetó: “Mi nieto dice que eres famoso. ¿Podrías firmar aquí?
Tan encantador como de costumbre, Roger preguntó mi nombre y, tal y como debe ser, firmó el reverso de mi billete de avión con una completa nota llena de buenos deseos. Yo estaba extasiado, pero mientras buscábamos el asiento eché un vistazo a la firma. Era difícil de descifrar, pero allí no ponía “James Bond”. Mi abuelo lo examinó y más o menos dedujo que allí ponía “Roger Moore”. Yo no tengo ni idea de quién es esa persona y mi corazón se encoje. Le dije a mi abuelo que se había equivocado al firmar y había puesto el nombre de otro, de modo que mi abuelo va otra vez hacia Roger Moore con el billete que acababa de firmar.
Recuerdo a mi abuelo  decirle: “dice que te has equivocado de nombre al firmar, que tu nombre es James Bond”. Roger Moore hizo un gesto de complicidad y me hizo una seña para que me acercara a él. Cuando estaba a su altura, se inclinó hacia mí, miró a uno y otro lado, levantó una ceja y en un susurro me dijo: “he tenido que firmar Roger Moore porque si no… Blofeld podría descubrir que estoy aquí”. Me pidió que no dijera a nadie que acababa de ver a James Bond y me dio las gracias por guardar el secreto. Volví a mi asiento con los nervios tintineando de gozo. Mi abuelo me preguntó si había firmado como James Bond. No, le dije. Lo tomé por otro. Ahora me encontraba  trabajando con James Bond.

Muchos años después estaba ejerciendo como guionista en una grabación relacionada con UNICEF y Roger Moore tenía que grabar algo como embajador de la organización. Se comportó amablemente y mientras los cámaras estaban preparando la grabación le comenté de pasada el encuentro en el aeropuerto de Niza. Le encantó la historia y riéndose por lo bajo dijo: “Bueno, no lo recuerdo pero me encanta que conocieras a James Bond”. Fue estupendo.

Y entonces él hizo algo absolutamente genial. Después de filmar se cruzó conmigo en el pasillo camino de su coche y, cuando estuvo a mi altura, se paró, miró a ambos lados, levantó una ceja y en un susurro me dijo: “Por supuesto que me acuerdo de cuando nos encontramos en Niza, pero no quise decirlo aquí entre todos esos cámaras… Cualquiera de ellos podría estar trabajando para Blofeld.

Quedé tan alborozado a los 30 como lo había estado a los 7. Qué tipo. Qué tipo tan tremendo.

Román Rubio
Mayo 2017
Traducido de The Independent 

miércoles, 24 de mayo de 2017

BLACK & WHITE

BLACK & WHITE

En la novela La mancha humana, Philip Roth narra el declive y caída de Coleman Silk, profesor universitario sesentón caído en desgracia por llamar spooks a dos alumnos que no aparecían por su clase y que resultaron ser negros, cosa que el profesor ignoraba. La palabra spook tiene varios significados. Puede querer decir espíritu o fantasma, pero también “negro”, con toda su carga peyorativa. Lo curioso del caso es que por las venas del mismo Silk corría sangre negra, secreto que había guardado durante toda su vida.

El hecho de que haya personas de raza negra (o con un considerable número de genes de esa raza, etnia o grupo –que no seré yo el que discuta el sustantivo-) y no sea evidente en el aspecto externo es algo que yo ignoraba, nativo como soy de esta Celtiberia tan uniforme y alejada del melting pot americano. En EEUU, sin embargo, la raza siempre ha sido un asunto relevante. En los usos y abusos segregacionistas, la ley de la gota de sangre (one-drop rule), vigente en algunos estados del sur hasta principios del siglo veinte, dividía al personal en dos grupos: blancos y “de color”, siendo estos todos aquellos que tuvieran algún ancestro negro, por lejano que fuera.

Hace poco que un sargento de la policía de Hastings (Michigan), al hacerse unos análisis de ADN por un asunto familiar, ha descubierto, a los 47 años,  que tiene un 18% de raza negra en su componente genético. El tío, que es más blanco que las tapas del misal de un comuniante, ha debido de llevarse un chasco. O no, porque dice sentirse orgulloso de su pasado parcialmente negro. El problema ha venido tras la vuelta a la oficina. Sus compañeros de trabajo se burlan de él poniéndole muñequitos de Papá Noel negro en la mesa y llamándole Kunta Kinte. El sargento ha dicho “basta” y lo ha hecho a su manera: o mejor, a la manera americana: pidiendo una indemnización de medio millón de dólares al gobierno de su ciudad como compensación por las burlas de sus compañeros. Medio millón, por unas burlas de nada. Ahora dice el policía sentir en sus propias carnes la humillación de quién se ve discriminado por su raza (que no por el color de su piel, ya que el suyo es blanco como el nácar).

Algo no cuadra en la historia del policía Cleon Brown (que así se llama el hombre); dice sentirse orgulloso de su pasado racial y al mismo tiempo reclama una indemnización por las humillantes burlas racistas… El asunto me evoca el célebre caso de Anatole Broyard (1920-1990), crítico literario de The New York Times, nacido en Nueva Orleans, de ascendencia negra mixta por las dos partes. Vivió su vida como blanco en Nueva York y Connecticut gracias a la suavidad de sus rasgos poco marcados, se casó en segundas nupcias con Sandy Nelson, americana de ancestros noruegos, y tuvo dos hijos con ella que se enteraron de que su padre -y sus ancestros- eran negros tras la muerte de este.

Los baúles familiares, a menudo, están llenos de secretos. A veces de colores. A veces  en blanco y negro.
Román Rubio
Mayo 2017

lunes, 22 de mayo de 2017

DESCONEXIÓN

DESCONEXIÓN

Portugal ganó Eurovisión por primera vez la semana pasada, el Madrid ha ganado la Liga y Pedro Sánchez las primarias del PSOE. La rueda de la vida continúa girando con sus hallazgos y sus chascos. Hablando de chascos: no hay más que ver la cara de Susana Díaz en la pregonada “foto” con sus compañeros. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos? (que dicen los ingleses) o ¡al suelo que vienen los nuestros! (que decía aquel significado miembro de la UCD del denostado en vida y alabado después Adolfo Suárez).

En este contexto periodístico se ha dado a conocer la Ley de Transitoriedad Jurídica con la que los catalanes se dotan para llevar a cabo la desconexión con España en caso de no ser aceptada por el gobierno central la convocatoria del referéndum de independencia, consulta en la que los residentes en Cataluña deberían contestar a la pregunta: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente de España?” Hay que reconocer que la consulta es clara. Aquí no hay ambigüedades de sí pero no, o sí en caso de, o no pero… Según el borrador de ley elaborado en medio-secreto, el resultado sería vinculante cualquiera que fuera el nivel de participación y por mayoría simple, es decir, un solo voto podría decidir en uno u otro sentido. Se juega duro porque las consecuencias en el caso de que se produzca una desconexión unilateral pueden ser devastadoras. Para Cataluña y para España.
Veamos cuales son las inquietudes de andar por casa que entrevé un pardillo como yo, alejado de los centro de poder político y económico.

- La deuda contraída por el Estado español asciende a un 100% del PIB total. Los compromisos de pago se adquirieron para el conjunto del territorio contando con la capacidad de pago que conferían los ingresos correspondientes. Desde el día siguiente de la desconexión, España quedaría con la misma deuda y con un 20% menos de ingresos (tamaño aproximado de la economía catalana en el conjunto del Estado), a no ser que Cataluña se hiciera cargo de su parte de deuda, para lo que debería haber un acuerdo.

- El país (España) tiene unos gastos en representaciones diplomáticas en el extranjero, ejército, Policía, Guardia Civil, inteligencia, etc. Gastos fijos que habría que reducir pero que solo puede hacerlo en el largo plazo. Durante unos cuantos lustros tendría que estar pagando unos ruinosos gastos sobredimensionados.

- La ley catalana estipula quién tiene derecho a la ciudadanía, que son todos aquellos que lleven, al menos, un año censados en el territorio catalán. Ahora bien, ¿qué ocurre con todos aquellos que no quieran adoptar esa ciudadanía y prefieran seguir con su pasaporte español? Supongo que muchos de los ciudadanos residentes se decidirían por la nacionalidad del estado más solvente y que mejor garantizara su salario o pensión. También influiría el estatus europeo en el que quedara Cataluña.

- ¿Quién paga el subsidio de paro y las pensiones al mes siguiente de producirse la desconexión? ¿Con qué recursos afronta Cataluña los gastos de Sanidad, Educación, Servicios Sociales y pagos de salarios de funcionarios, pensiones y subsidio de paro hasta que pongan en rodaje su propia Hacienda y cobro de impuestos? ¿Con la transferencia del Estado? ¿Cuentan con ella?

- ¿Deberá pagar el gobierno catalán la pensión de los policías, guardias civiles, jueces y demás funcionarios del estado español que residan en su territorio? ¿Y las de los que ejercieron allí y viven en otra parte?

- ¿Qué pasa si uno de los dos actores se declara en bancarrota? ¿Deberá el otro salir en el socorro de sus ciudadanos tenga el pasaporte que tenga o deberá hacerlo solo el Estado Español?

- La ley da por sentado la continuidad del territorio en el euro y, sobre todo, en la Unión Europea, lo que no está nada claro. Por un lado, a Europa no le interesa nada el hecho de que el proceso prenda. No solo por Cataluña sino por lo impredecible del proceso y el peligro de levantar la veda y tener que afrontar una peligrosa fuente de inestabilidad con las pretensiones de otras regiones que llevarían a un proceso de descomposición. Y si además, la aceptación de Cataluña lleva implícito el ejercicio de (no) veto de una España humillada y empobrecida, no sé.

- Podrían haber indeseables efectos de posibles boicots para productos catalanes en España y viceversa, con resultados desequilibrados, ya  que a un lado hay 40 millones y 7 en el otro.

- El Estado español es propietario de bienes muebles e inmuebles dentro de Cataluña. Los muebles se pueden transportar. Los inmuebles no. Se tienen que expropiar (sin la aquiescencia del expoliado) y pagar.

Esta es una lista de problemas así, a vuelapluma. Deben de haber muchísimos más, que yo, ni siquiera intuyo pero que tú, lector, puedes continuar añadiendo. Lo único que tengo claro es que el referéndum no pactado, tal y como está planteado por los independentistas catalanes, sin definir ni estipular una mayoría suficiente, es una mala solución. La Ley de Territorial Jurídica intuyo que es peor.


Román Rubio
Mayo 2017 

sábado, 20 de mayo de 2017

UN NARANJITO, DOS NARANJITOS

UN NARANJITO, DOS NARANJITOS



La tibieza patriótica tiene inconvenientes, pero también alguna ventaja: el déficit de entusiástico fervor por la bandera nos protege contra la vergüenza ajena que proporciona el ridículo comportamiento de ciertos compatriotas. Vi, en su momento, a muchos patriotas valencianos sentirse “muy” avergonzados cuando un prócer de nuestra luminosa tierra mediterránea se presentó en el Congreso de los Diputados con una naranja y a modo de reivindicación la depositó frente al Presidente del Gobierno de turno para regocijo, mofa y befa del personal y obteniendo como resultado ninguna ventaja para los cítricos, el bochorno generalizado de sus paisanos y la dudosa proeza de pasar a ser conocido como “Naranjito”. Lo cierto es que Don Visente (q.e.p.d.) lucía un prodigioso parecido con el muñeco. Creímos que la derecha regional tenía el monopolio del paletismo agudo y que la derecha regional-nacional el de la bellaquería y que ambas se confabulaban para dejar en ridículo a sus compatriotas, pero... Hace poco, un senador de Compromís, formación que nada tiene de derecha ni regional ni nacional, ha vuelto a hacer el pardillo con un acto que ha hecho subir los colores a muchos de sus patriotas correligionarios o simplemente paisanos.

Fue en el Senado. El senador por Compromís, Carles Mulet, desgarró una foto de Susana Díaz en el estrado llegando a llamarle “gusana” y otras lindezas al serle requerida una disculpa. La ridícula salida de tono venía provocada por un comentario de la líder socialista que había calificado a la formación del fogoso castellonense como “izquierda inútil”.

En fin, todos entendemos que el apelativo, sea o no cierto, no es un piropo, pero forma parte del juego político. No hay descalificación personal alguna. Lo que la sevillana quería decir, tenga o no razón, es que los votos –y en consecuencia los diputados- de la formación valenciana de izquierdas no es “útil” en el equilibrio de fuerzas que deberían dar lugar a un gobierno de la izquierda. Punto. Probablemente no será cierto, pero todo el mundo sabe que es condición de la política –y, por ende, de los políticos- decir lo que conviene decir, que generalmente es lo que no conviene al adversario; y si encima es cierto, pues mejor.

El castellonense, en su simplona torpeza política y falta de finura parlamentaria, confundió el debate político con el ataque personal y reaccionó de manera zafia, ridícula y vulgar, pero sobre todo inútil; porque inútil es la escenificación del ataque personal y del postureo de fotitos, camisetas y otras infantiles artimañas. ¿Crees que no formas parte de una “izquierda inútil”? Muy bien; yo tampoco lo creo, pero explícalo: convence, persuade, discute, defiende, alega, razona, justifica, demuestra; no rompas fotitos en el estrado, hombre, que no sirve de nada; y luego, muchos de tus paisanos patriotas se avergüenzan. Y con razón.

Por cierto, he visto que toda la actividad laboral del señor Mulet se ha desarrollado casi en su totalidad en el entorno de la política: de auxiliar administrativo para EUPV a asesor-administrativo para Compromís, pasando –y esto es lo más alejado del entorno- por un puesto de auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Villareal, lo que debía haber dejado un poso. Al fin y al cabo, el otro, el de la naranja, tenía una fábrica de brochas (gordas) y cepillos. Que yo sepa.

Román Rubio
Mayo 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

EL ALMA Y HACIENDA

EL ALMA Y HACIENDA
 Acaba de publicarse la contribución de las distintas regiones, naciones, territorios y lugares de España (sin concierto económico) a las arcas de la Iglesia Católica por medio de la aportación voluntaria en la declaración de la renta del último ejercicio disponible. Los resultados son previsibles: Cataluña, y no me sorprende nada, es la región (perdón, país, digo… nación) que menos porcentaje de ciudadanos marcan la casilla de la iglesia. Tampoco me sorprende que sea Castilla la Mancha la región con mayor número de colaboradores con la Conferencia Episcopal. Lo cierto es que la religión –representada mayoritariamente por la Iglesia- es un asunto de magia y ésta prende con más facilidad en regiones rurales lejanas al mar  y menos expuestas al desarrollo industrial, financiero, turístico y, en general, al cosmopolitismo. Les pondré un ejemplo: aunque resulte previsible, ¿qué escenario invitará más a pensar en el más allá?, ¿los Llanos de Albacete o una cala de Ibiza? Por algún motivo, la visión de los  cuerpos de las valkirias tostándose al sol en la playa recóndita de la Pitiusa y el pescado a la brasa regado con vino blanco invita más a la alabanza de la industria de los hombres y del mas acá, en tanto que el sereno porte de una encantadora iglesiuca románica del llano burgalés lo hace con el misticismo y la reflexión sobre el más allá.

-Tras Cataluña-, Galicia, Canarias, Baleares, Asturias y Comunidad Valenciana (todos territorios de tierra afuera) se muestran más reacias a aportar fondos a la iglesia y lo hacen por debajo de la media, en tanto que Extremadura, La Rioja, Murcia, Castilla y León, Andalucía, Madrid, Cantabria y Aragón lo hacen por encima. A primera vista, hay dos cosas que chirrían. En primer lugar, el hecho de que Asturias aporte muy por debajo de la media en tanto que sus vecinos cántabros -litorales también- lo hagan por encima. Quizá la tradición industrial y minera de los asturianos tenga algo que ver. Otra cosa a destacar es el papel de Madrid, que se sitúa entre las regiones más generosas con la Iglesia, lo que contradice su cosmopolitismo, pero ya sabemos que la capital es un territorio aparte, atípico. Puede ser (y a menudo lo es) el más innovador y avanzado, el más paleto y retrógrado, el más religioso, el más gay, el más  moderno y el más tradicionalista, el más tolerante y el más  reaccionario… El informe no incluye los datos de los navarros y los vascos por tener éstos (más bien gozar de) un régimen impositivo especial, aunque según datos obtenidos de otra fuente, los vascos andarían por debajo de la media y los navarros, pueblo más interior y católico, en la misma media.

¿Y, cuál es el escenario de la religiosidad mundial? Según un gran estudio de WIN/ Gallup Internacional llevado a cabo en 65 países, los países más religiosos son Tailandia, con un 95% de creyentes budistas, Armenia (97% cristianos), Bangladesh (91% musulmanes), Georgia (84% ortodoxos) y Marruecos (98% musulmanes suníes). En el lado contrario China, con sólo un 7% de creyentes, Japón (13%), Suecia (19%), República Checa (23%) y Holanda (26%). En términos generales, África, Centroamérica, Asia (excepto China y Japón y Europa oriental son las zonas más creyentes, en tanto que Europa occidental, partes de Norteamérica (especialmente Canadá) y Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), junto con las ya citadas China y Japón, configuran el mundo menos creyente y más pegado a lo tangible.
Otras conclusiones de la macroencuesta realizada a 64.000 personas es que los jóvenes (curiosamente) muestran más religiosidad que los mayores, siendo los adultos entre 25 y 34 años quienes se confiesan más religiosos; y lo que es más predecible: que la religiosidad disminuye claramente con dos factores: nivel económico y sobre todo, nivel educativo y cultural, siendo los países más pobres y con menor desarrollo educativo los que muestran mayor creencia religiosa y dentro de cada país, las clases más humildes y menos instruidas las que configuran el grueso de los creyentes.

¿Y qué dice Dios de todo esto? Nada. Su hombre en la tierra, el bienintencionado Francisco, querido y respetado entre creyentes y no creyentes no dice mucho, el pobre, que bastante tiene con sujetar a su tropa; y su agente en mi tierra, el Cardenal Cañizares, opina que “España vive la noche oscura del ateísmo colectivo”, que los ateos están “vacíos y desorientados” y que tienen “como ideas prevalentes” “el dinero, el sexo, el goce narcisista y el goce del cuerpo”. ¿Qué tendrán algunos Príncipes de la Iglesia que se figuran que el resto vive permanentemente contando billetes y a calzón bajado? Y dice también que la familia está amenazada “por el ‘imperio gay’ y ciertas ideologías feministas”. Él, que tiene prohibido por su secta formar una.

Román Rubio
Mayo 2017 

sábado, 13 de mayo de 2017

¡AY, ESTE MADRID!

¡AY, ESTE MADRID!
-Dr. Livingstone, supongo

- Soy Copérnico

“¡Hola Colón!”, interpeló el comentarista al figurante, micrófono en mano. ¡Soy Copérnico!, contestó el actor caracterizado de época. Parece un diálogo inofensivo. El comentarista, viendo a un tipo disfrazado de personaje del siglo XVI que no lleva el nombre escrito en la frente, lo toma por otro de la misma época. Error insignificante, ¿no? Pues no tanto. De hecho, el comentarista, colaborador de un medio digital con un claro y acusado sesgo antipodemita, “quería” que el personaje fuera Colón. Es más, “quería” atribuir al personaje la subyugación de los indígenas americanos y su cacareado exterminio por los españoles para así ridiculizar la supuesta postura de Podemos en defensa de los pueblos autóctonos y en contra de la conquista de América; de modo que, aprovechando  que el Pisuerga pasa por Valladolid y Carmena está en el Ayuntamiento… ¿Entienden? Desafortunadamente para el tipo del micrófono, cuyo nombre nunca llegué a retener dada su insignificancia, el personaje que saludaba desde la carroza resultó ser… Copérnico. No conozco un ejemplo mejor para explicar el término “prejuicio” Prejuzgar significa tener formado un juicio antes de tener conocimiento de los hechos, y en el caso que nos ocupa el “periodista” había adelantado todo un discurso que el astrónomo polaco tiró por tierra revelando su identidad. No hay nada más ridículo que quedar ridiculizado cuando se pretende ridiculizar.

El año anterior, esa misma cabalgata (conocida ya como Cabalgata de Carmena) fue objeto de feroces críticas por otro motivo. En aquella ocasión la causa fue el atuendo de los Reyes. Estos, o quienes diseñaron sus atuendos, se salieron de la tradición de reyes de la baraja para convertirse en lo que en el Evangelio de Mateo -el único evangelista que se refiere a la Epifanía- son denominados Magos (que no reyes). En fin, todos sabemos que los Reyes Magos, como el Hombre del Saco, el Ratoncito Pérez o Papá Noel son personajes de ficción, pero aún en el caso de que no lo fueran, nunca ningún evangelista dijo que fueran reyes, y aunque lo hubieran sido, ni hizo  alusión a su vestimenta ni tendrían necesariamente por qué andar vestidos como el rey de bastos. No obstante, el escándalo fue monumental y causó un gran revuelo; hasta el punto de hacer llorar a la hija de la Diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo, lo que partió el corazón de tantos madrileños (y hasta de alguno de fuera).

Incapaces algunos de esperar hasta el próximo enero para hacer el ridículo, han decidido aprovechar la primavera para destapar la caja de los truenos. Se acaba de desvelar el cartel de la Feria del Libro de Madrid, la más importante de España, el gran escaparate publicitario de la industria nacional de la edición. El cartel anunciador del evento se le encargó a la diseñadora Ena Cardenal y esta presentó un simpático gatito de color rojo que parece estar leyendo un libro cuyas páginas son, a su vez, sus propios bigotes. Es una imagen divertida, expresiva, entrañable, esquemática, ingeniosamente alusiva al evento y algo naif, que no hiere ni insulta a nadie y que hace que se identifique fácilmente el significante con el significado, cualidad primera y necesaria de todo cartel.
Pues bien; quizá por el hecho de ser rojo, ser gato o tratarse de un gato que lee un libro -¿quién sabe?-, de nuevo las fuerzas telúricas de las cavernas  capitalinas se han rebelado contra lo que consideran un insulto que desmerece a la feria.

Pero lo mejor está por venir. Según la autora del diseño, falta por sacar toda una gama de gatos de distintos colores: blanco, verde, amarillo, azul… y uno, como guiño al colectivo LGTB, con los colores del arco iris. Como la misma artista dice: “Verán cuando salga el gato gay”. “El pollo que se va a montar”. Estén atentos.
¡Ay, este Madrid! ¡Nunca nos defrauda!


Nota: donde pone Madrid y madrileños, puede leerse España y españoles.

Román Rubio
Mayo 2017