sábado, 29 de julio de 2017

GENTRIFICACIÓN

GENTRIFICACIÓN
Tengo amigos a quienes les gusta quejarse. De esto y de lo otro. Como de lo chulo, incómodo, desnaturalizado, caro, desabastecido y turistizado que se está poniendo su barrio. Los hay que viven en el centro y se lamentan del desfile de turistas, de los pisos de alquiler y la desaparición del comercio tradicional. Parece como si en vez de necesitar comprar cebollas y pan se alimentara uno de muñequitas vestidas de sevillana, sombreros made in China o toritos para poner encima del televisor. Se lamentan de que en vez de vecinos tienen en el piso de abajo (o lo que es peor en el de arriba) una sucesión de grupos de jóvenes holandeses contentísimos de experimentar los precios bajos de la cerveza y el vino de España. Otros, que viven en Ruzafa, se quejan de que el barrio se ha convertido en una gran cafetería con rincones propios para la venta de vinilos y otros productos vintage, presentaciones e intercambios de libros abstrusos o sobre mindfulness y el diseño y venta de cualquier cosa que no se encuentre en El Corte Inglés  entre mojito y taza de rooibos. Ninguno se queja, por cierto, del hecho de que su propiedad, que compraron por cuatro perras, ahora, gracias a todos estos inconvenientes de la turistificación, vale un buen montón de euros en el mercado.

Y es que el capitalismo es lo que tiene: que los fenómenos o tendencias, tal como explicaba Marx, al depender de estímulos económicos se mueven a estirones, sin planificación, orden ni concierto, obedeciendo, exclusivamente, a las reglas del provecho. Las zonas urbanas, cuando se deterioran, lo hacen de verdad, pero cuando se ponen de moda y deciden  acicalarse, lo hacen arrasando con el tejido social y encareciendo el producto. En mi ciudad, y como muestra del amor que la burguesía, la clase empresarial y la derecha política locales han tenido por Jávea y Benicassim, han conseguido el deterioro total del litoral marítimo de la ciudad. Empezaron asesinando (irremediablemente) Nazaret, gracias a las ampliaciones portuarias, y siguieron con el acoso y derribo del Cabanyal declarando la zona absurda y empecinadamente de derribo. Chapeau. La ínclita alcaldesa de Valencia y España estará sonriendo satisfecha desde el más allá al ver el desaguisado. Tardará El Cabanyal unos cuantos lustros en lucir, pero, créanme: lo hará. Se convertirá en un barrio lucido (quizá también lúcido) y caro. Y nuestros amigos que hayan comprado allí propiedad y que hoy se quejan del deterioro del lugar se continuarán quejando, tras ver aumentado su valor con desdén, del hecho de que haya perdido su esencia y sabor marinero para  acabar convertido en “otro” barrio boutique.

Entiendo que muchos se quejen de la gentrificación de sus barrios en la medida en la que se llenan de turistas. Turismo significa ocio y este (a menudo) conlleva alcohol, fiesta y ruido. Admito que el fenómeno de los apartamentos turísticos de alquiler, con su cambio continuo de residentes, dificulta la vida de vecindario, pero mi objeción es: ¿cuál era el punto de partida anterior? ¿Es que vienen, acaso, de parajes idílicos? Lo cierto es que tanto Ruzafa como el casco antiguo de mi ciudad (el Carmen, Velluters y Xerea) vienen de sufrir un deterioro considerable. Por motivos conocidos por todos,  el público abandonó los centros históricos, en un principio por los ensanches, después por los barrios periféricos de pisos nuevos y finalmente por zonas suburbanas de chalets y adosados, provocando su decadencia y deterioro. ¿O es que no recordamos El Carmen y, sobre todo, Velluters en un estado decrépito y sucio, focos  de delincuencia y marginalidad? Tengo memorias de los barrios barceloneses del Raval y el Born, con sus insalubres callejuelas e infraviviendas en edificios apuntalados por riesgo de demolición en que los vecinos tendían la ropa a la napolitana (en la fachada) y tiraban la bolsa de basura por la ventana para ahorrarse la empinada y oscura escalera. ¿Es eso preferible al barrio lleno de viviendas de alquiler a turistas que cambian cada pocos días, que solo compran alcohol y muñequitos de torero? Sí, ya lo sé. Lo ideal sería un barrio limpio, ordenado, con gente de aquí, con sus niños y sus ancianos, sus supermercados, su horno con comida para llevar y gran variedad de comercio de conveniencia, algún bar y restaurante de pronto cierre, céntrico y bien comunicado, con colegios para los niños, residencias para los ancianos y clínicas, salones de belleza y tiendas para las mascotas (verdaderos reyes del lugar).

Ring, ring, ¿me pone con el señor Marx? No, con Maduro no, ni con Raúl tampoco; he dicho con el señor Marx. Me da igual que sea Karl o Groucho.

Román Rubio
Julio 2017

domingo, 23 de julio de 2017

POR SI LAS PITONISAS

POR SI LAS PITONISAS
Me pregunto por qué a tantos les resulta tan difícil creer que Miguel Blesa se haya suicidado. No sé si es por mala conciencia por haber deseado su mal tantas veces o, simplemente, por haber visto demasiadas películas de Bourne. Por algún motivo, el suicidio de un notable lleva a muchos a pensar en el asesinato y el asesinato en el complot. El común de los mortales o “pueblo llano” siempre ve oscuras tramas en donde hay muerte violenta quizá porque quiere que el mundo se parezca a las películas y porque el muerto nunca va a desmentir sus complicadas elucubraciones.

Lo cierto es que la muerte de Blesa cuadra a la perfección con el suicidio. Su caída a los infiernos fue vertiginosa: de la cúspide del poder económico, con sus viajes en avión alquilado para matar  mastodontes en cualquier confín del mundo, a la pobreza de quien se las ve y se las desea para pagar el gas por el bloqueo a sus cuentas y propiedades impuesto por el juez. Del prestigio deslumbrador del poderoso al estatus contaminante del apestado. El lugar elegido es el idóneo -¿quién habría de querer hacerlo en el salón de su casa?-. El campo es limpio, es discreto en su amplitud y no mancha a nadie. Descartado el campo abierto, lo que supongo que debía ser la primera opción (¿quizá porque se debía de asegurar de que alguien oyera el tiro?), el hombre lo hizo discretamente en el garaje de la casa y no, como es natural, en la zona habitable. El tiro, al pecho. Por dos razones: una, porque se trataba de  su rifle y su munición y sabía exactamente el efecto del tiro en su cuerpo. Lo había visto en animales en innumerables ocasiones. La segunda, por no desfigurar su cara. ¿Quién querría destrozar su cara y cabeza si tiene la certeza que va a morir con un tiro al pecho? ¡Ay, la vanidad! Como dijo Sábato, “…es tan fantástica que hasta nos induce a preocuparnos por lo que pensarán de nosotros una vez  muertos y enterrados”.

¿Y qué ocurre con la herencia? En la antigua Roma se invitaba a los enemigos del Emperador a cometer suicidio como única manera de que sus herederos pudieran conservar sus propiedades.
En el caso que nos ocupa, los herederos tienen tres salidas: renunciar a la herencia, aceptarla con las cargas que puedan sobrevenir del desenlace civil de los procesos iniciados o aceptarla a beneficio de inventario; es decir, hacer frente a los cargos sólo por el montante de lo heredado. Ellos sabrán.

La rápida incineración del cuerpo del banquero evita el esperpento que se ha vivido con el caso Dalí, al que se enterró en su día bien embalsamado. Pilar Abel alega ser hija no reconocida del pintor surrealista de sexualidad muy, pero que muy imprecisa. Algo de base debe de haber en la reclamación puesto que ha sido aceptada por el juzgado, para lo que se ha debido de exhumar el cadáver del pintor y mutilarlo para tomar muestras con las que llevar a cabo las pruebas de ADN. Lo cierto es que, de probarse la paternidad biológica, la tal Pilar tendría derecho a usar el apellido Dalí y (según su abogado) a un 25% del patrimonio del pintor en el momento de su muerte, lo que debe significar mucho pero que mucho dinero, en la actualidad propiedad del Estado español.
Pilar Adán, presunta hija del artista surrealista y de profesión (ex)pitonisa, había conducido un programa de adivinación en la televisión local de Girona y en 2005 presentó una querella contra Javier Cercas basándose en las similitudes con la Pitonisa Jasmine (Conchi) que aparece en la novela Soldados de Salamina, reclamación archivada por el juez en 2009. Entre las similitudes que señalaba la demandante, de profesión querellante, estaba su atuendo habitual, a saber: “las minifaldas ajustadas, los tacones de aguja y “hasta” el pelo oxigenado” por lo que ella reclamaba 600.000 € de indemnización.

¡Ay!, la vanidad. Ya ven, Blesa salvó su cara para que las llamas destruyeran todo lo demás. Dalí, sin embargo se hizo embalsamar para estar presentable en la eternidad sin sospechar que iba a salir otra vez en este mundo, con su bigote marcando las diez y diez,  para que le tomaran muestras.
Yo lo tengo claro. Me haré incinerar. Por si las pitonisas.

Román Rubio
Julio 2017

martes, 18 de julio de 2017

¡QUIÉRETEME!

¡QUIÉRETEME!
No daba crédito. Me advirtió mi amigo Benito Ledesma por WhatsApp. Decía haber oído la exhortación por la radio y yo le creí a medias, pensando que era rizar demasiado  el rizo. Hasta que en la mañana de ayer la escuché con estos oídos. Se trata del anuncio de unos grandes almacenes. Al final de toda la retahíla de consejos comerciales sobre pareos, polos de caballero, sandalias de playa y vestidos frescos para el verano, la interpelación directa al cliente: ¡Quiéreteme!

Todo venía porque yo le había comentado con anterioridad a mi amigo lo irritante que me resultaba el uso del pronombre enclítico de primera persona “me” entre desconocidos, en lo que para mí es un intento marrullerete y simplón de impostar campechanía y cercanía. Le relaté como acompañé a una familiar mía a hacerse una sencilla operación quirúrgica de ojos. En la consulta, la oftalmóloga -una pizpireta y bronceada mujer de treintaitantos- le daba a mi familiar, entre golpe y golpe de melena, recomendaciones del tipo “no ‘me’ abras los ojos a pleno sol” “no te ‘me’ limpies la lágrima con el dorso de la mano” y cosas así. Yo, confieso que tenía que morderme la lengua en cada ocasión para no rectificarle y decir: “¡Ah!, ¿quieres decir que ‘no abra’ los ojos o ‘se limpie’ con el dorso de la mano?”, haciéndole ver que ese “me” suena a falsa impostura, es paternalista y da otra vuelta de tuerca al infantilismo dominante en nuestra sociedad, en un empeño de hacernos a todos niños mimados. Bastante tuvimos algunos en la infancia cuando nuestras madres decían aquello de: “mi hijo me come muy bien” o “qué mal que me come esta criatura”. Pero, en fin, se trataba de nuestras madres y ellas sufrían “de verdad” cada bocado que dejaba de dar su hijo, cosa que no parece ser el caso de la desenfadada y muy bien remunerada oftalmóloga de pago y de lucida melena.

La primera parte del mensaje comercial –“Quiérete”- insiste en la línea de la marca, que hace unos años sacó la campaña “Porque tú te lo mereces” ¿Se acuerdan? Era aquello de: ¿No querías ese vestido tan elegante y que te quedaba tan bien de Vincenzo & Porquino? Pues es tuyo, mujer. ¿Y los zapatos de Ruperto Vespino, aquellos tan caros? Pues también, “porque tú te lo mereces”. Y tú, muchacho, te mereces ese traje de Leovigildo Plegma que antes valía 700€ y ahora sólo 650€, con el que vas a arrasar… En definitiva, todos, para los grandes almacenes, nos merecemos “lo mejor”, que no es sino, exactamente, lo que ellos venden. Lo que ya me parece un alarde de estrambótico funambulismo es la última parte del mensaje: ese “me” atrevido, falso como un doblón de hojalata y ofensivamente paternalista.

Y como hoy va de pronombres enclíticos (aquellos que se posponen  a los infinitivos, gerundios e imperativos de los verbos) no dejaré de mencionar la que, sin duda, es la noticia de la semana –con el permiso de la última movida del separatismo catalán y la detención de tal o cual prócer-. Se trata de la decisión de la RAE de aceptar “iros” como forma válida para el imperativo del verbo ir, que tenía (y seguirá teniendo) “idos” como forma normativa, asunto que los suramericanos y canarios  tenían ya solucionado con su “váyanse”, como en “váyase, señor González”. Ha sido estupendo. De un día para otro han salido defensores y detractores de una y otra forma en las redes sociales. Los cultos, el puñado y medio que usaban  “idos”, han saltado enfurecidos ante lo que era un clamor, como un día ocurrirá con el “andé” y el “anduve”. Han visto devaluado ese conocimiento que les hacía mirar por encima del hombro a los pobres desgraciados incultos que decían “iros” de la misma manera que estos miraban por encima del hombro a los que, como la inefable Lola Flores, decían: “¡Si me queréis, irse!”.

Estoy con Pérez Reverte cuando manifiesta lo de: “Ahora resulta que los que decían y escribían ‘idos’ eran muchísimos y estaban todos en Twitter. Qué sorpresas te da la vida”.

Román Rubio
Julio 2017

martes, 11 de julio de 2017

TANINOS

TANINOS

En el libro que estoy leyendo, alguien (no diré de quién se trata, ya que la identidad del “personaje” es peculiar y muy relevante) se dispone a hablar de un vino que se está bebiendo en la mesa y del que no puede ver la etiqueta. Y lo hace en los siguientes términos: “Me veo forzado a aventurar que se trata de un Échézeaux Grand Cru. Si me pusieran una pistola en la cabeza para que arriesgara el “domain” (la zona) soltaría La Romanée- Conti, aunque solo fuera por el aroma a grosella y picota. El toque de violetas y delicados taninos sugieren el letárgico y suave verano de 2005, tan a salvo de las olas de calor, aunque un juguetón y remoto aroma de moca, así como uno más próximo de banana madura, conducen al dominio de Jean Grivot de 2009 (…)”. ¿Grosella?, ¿picota?, ¿violetas?, ¿moca?, ¿banana madura? ¿De verdad que el vino que te estás bebiendo “te sabe” a todo eso? Ahora tengo otro dato sobre el porqué de mi limitado éxito en la vida: Quizás se deba a mi falta de sofisticación, porque a mí, lectores, el vino me suele saber a vino. Ni a frutos del bosque ni a hojarasca otoñal (gracias a dios) ni, mucho menos, a setas. En cuanto a los taninos… qué quieren que les diga, si ni siquiera sé muy bien qué son, ¿cómo voy a saber a qué saben?

Lo que parece claro es que la cháchara de los prosistas del vino, al contrario que las ciencias puras, no cumple la propiedad conmutativa, esa de A+B = B+A. Veamos el planteamiento en sentido inverso: ¿Qué sabor tiene un plato con grosellas y picotas salpicadas con un puñado de violetas, algo de moca y una banana madura aliñado con taninos? Está claro, ¿no?; sabe a vino Échézeaux Grand Cru de 800 pavos la botella. O quizá no. Es imposible definir un sabor o un olor con palabras. Todo lo que somos capaces de hacer es hacerlo por aproximación, nombrando, de manera imprecisa, sabores parecidos. Torpes aproximaciones.

Provengo de un pueblo de zona no vinícola. Aún así, algunos lugareños conservaban una viña para elaborar vino para el consumo de la casa y vender el excedente. Mi padre me mandaba a comprar vino con una garrafa de cinco litros a casa de un cosechero del pueblo siendo niño. Allí, en la bodega de la casa, la tía Belén se sentaba en un taburete, abría el grifo del tonel y mientras la garrafa se llenaba de líquido, mis narices lo hacían de un aroma intenso. Ese es, para mí, el olor del vino. El auténtico. He pasado el resto de mi vida midiendo el aroma del vino con el de aquella bodega, y el sabor, con el del trago que yo invariablemente daba de la garrafa en el camino de casa. Para mí, ese ha sido y sigue siendo el patrón sobre el que giran el aroma y el sabor del vino (o caldo, como llaman algunos). Conozco a quién la medida del sabor le viene dado por el sorbo que escamoteaban del vino del cura mientras preparaban los utensilios de la misa siendo monaguillos y otros, del trago de la bota que les ofrecían de niños los adultos en los descansos de las labores agrícolas.

Muchos años después, los monaguillos y pillastres de aquella pobre España  “aprendimos” que el vino se bebe en copa de buen cristal y no en los vasos de carajillo en los que se chateaba antaño, presenciamos con naturalidad y casi con indiferencia cómo nos cambiaban la copa en el restaurante cada vez que se cambiaba la botella de la mesa y sobre todo, aprendimos a hacer ridículas aproximaciones lingüísticas tratando de explicar o definir el sabor del vino, cuando en realidad solo sabe a vino, como la manzana a manzana y la picota a picota. Y a vino sabe el que lleva en la bota mi amigo Leo de Miguel cuando salimos de excursión. Nunca pregunto sobre la etiqueta de lo que pone dentro. A mí me sabe, no a grosellas, ni a moras ni a moca ni mucho menos a taninos. Me sabe a gloria; como el de la bodega de la tía Belén.

P.D. El libro que estoy leyendo es Nutshell (Cáscara de nuez) de Ian McEwan, y es muy bueno.

Román Rubio
Julio 2017

sábado, 8 de julio de 2017

SELECTIVO

                                                              SELECTIVO
Con referencia a mi anterior artículo, LOGSE, he recibido comentarios de personas remarcando la idea de que la enseñanza privada (y/o subvencionada) es superior a la pública, y de ahí la mayor demanda existente en los sitios en que estas entran en competencia. Argumentan que la concertada es más barata y obtiene mejores resultados. Como profesor de la pública que he sido durante muchos años les puedo asegurar que  esto no es así, o no es así del todo. Ni en una cosa ni en otra. Y si es así, lo es con matices. Veamos:
El hecho de que la enseñanza privada sea de pago introduce un poderoso sesgo. Sólo los pudientes pueden acceder a ella, lo que la hace exclusiva de la clase media- alta y alta que estadísticamente obtienen mejores resultados que el conjunto de la población, aunque solo sea por selección natural de la especie. La concertada introduce “contribuciones” monetarias en concepto de colaboración y mejoras, material escolar, actividades extraescolares, uniforme, etc. que encarece el servicio lo suficiente para que las capas más frágiles de la sociedad se autoexcluyan, con lo que logran, ”cristianamente”, desentenderse de muchos alumnos de extracto desfavorecido y rendimiento pobre que hacen bajar los logros. Esta misma circunstancia obliga al sistema a proveer a los centros públicos con especialistas en logopedia, refuerzos, etc. liberando a los concertados del gasto y del alumnado con problemas de aprendizaje. Además, la pública, por el hecho de que no tiene que ser necesariamente rentable, se ocupa de atender las necesidades rurales de población dispersa en donde a los centros concertados, y mucho menos los privados, ni se les ve ni se les espera, encareciendo el producto final. La pública es más cara, sí, pero cubre todo lo poco rentable del espectro. Alguien lo tiene que hacer.

Si en algún sitio se puede analizar comparativamente el sistema, aunque con los sesgos que he apuntado antes es en el Selectivo, las pruebas PAU de acceso a la universidad. Veamos cuales han sido los resultados de Cataluña en las pruebas de este curso 2016-2017: Ha habido cuatro chicas que han obtenido la nota máxima de 9.8: Ivet Boada, del IES Santiago Sobregués Vidal de Girona, María Torras, del IES Pius Font i Quer de Manresa, Mónica Torrecilla, del Colegio Santa Teresa Ganduxer (Teresianas) de Barcelona y Anna Sallés del Colegio Aula Escuela Europea. Todo chicas, dos provenientes de la pública (de Girona y Manresa) y dos de la privada (ambas de Barcelona, de los barrios ricos de Pedralves y Sarriá- San Gervasi); es decir, en la gran ciudad, donde la privada tiene más presencia (es más rentable), la privada se lleva los alumnos provenientes de las élites, igualando -que no mejorando- las calificaciones de alumnos de la pública de lugares donde hay menos oferta privada.
La nota más alta de Tarragona (un 9.75) la ha obtenido Arnau Dolç, del IES Antoni de Martí i Franqués (centro público) y la más alta de Lleida (9.5) ha sido compartida por los alumnos Oriol Ruiz y Pol Morer, ambos del IES Samuel Gili i Gaya y Laia Angrill del IES Arrells II, también público.
¿Dónde está pues la pretendida superioridad de la enseñanza privada y concertada sobre la pública? Desde luego, no en la excelencia. Quizá esté en el porcentaje de alumnos que presentan a selectivo sobre el número total de matriculados, pero ahí interviene mucho el sesgo de la procedencia familiar del alumnado.

Un par de cosas tengo claras:
Un buen alumno es bueno en la enseñanza pública, en la privada y en la concertada.
En igualdad de condiciones, los alumnos de la pública obtienen tan buenos resultados (a menudo mejores, como es el caso que nos ocupa) que los de centros privados y concertados.

Un año más, un hurra por el profesorado, tanto de la pública como de la privada y concertada, que ha conseguido sacar, con esfuerzo y dedicación (¡oh, Dios, odio esa expresión!) lo que los jóvenes llevan dentro.

Román Rubio

Julio 2017 

lunes, 3 de julio de 2017

LOGSE

LOGSE
No hace mucho que escuché en esRadio un debate sobre educación. Conducía por carreteras secundarias y la emisora de Federico se entrometió en mi dial. Era por la tarde de modo que lo que los intervinientes,  desconocidos para mí exceptuando a Garci, seguían la venenosa línea del jefe aunque sin el gracejo y chispeante elocuencia de aquel. Las posturas eran bien conocidas en el lugar. Los tertulianos se empeñaban en contradecir la asunción popular de que la generación de jóvenes actuales, obligada a emigrar en gran número, sea “la más preparada de la historia de España”. No es cierto, afirmaban los intervinientes. Y para apoyar tan peregrina e injusta afirmación aportaban razones como que muchos de “los jóvenes preparados” no sabían dónde nacía tal o cual río de España, que ellos habían aprendido tan bien en la Enciclopedia Álvarez y otras vetustas fuentes. Hablaban como si el lugar de nacimiento de, digamos, el Duero, la lista de los Reyes Godos o las Bienaventuranzas fueran argumentos que hoy en día sirvieran para acreditar el bagaje de alguien que no sea un rancio tertuliano (o escuchante) de esRadio. Los jóvenes de hoy (para los radioparlantes) son poco menos que asnos, producto del buenismo izquierdista, de la LOGSE y de Zapatero, y su preparación solo les hace aptos para servir platos en restaurantes de países europeos en donde sí que se aprenden cosas de verdad –sin especificar si allí aprenden donde nace el Duero-. No consideraron, como es habitual en ellos, que muchos de esos jóvenes “ignorantes” trabajan como ingenieros, informáticos o arquitectos en las firmas más relevantes, son capaces de hablar dos idiomas además del suyo (tres si son catalanes) y no como ellos, incapaces de decir algo inteligible en una lengua distinta de la castellana -como vimos con Garci en su momento-, o que son capaces de trabajar en entornos digitales de los que los ilustrados intervinientes no han oído ni hablar. También criticaban el hecho de que algunos cometieran faltas de ortografía y acentuación y tuvieran una redacción deficiente. Ellos, al parecer, dicen llevarlo bien, lo que no es gran proeza dado que algunos son periodistas profesionales y solo conocen una lengua, desprecian el catalán y consideran a los políglotas con el argumento de que “se puede ser tonto en varias lenguas” (cosa que he oído en esa emisora referido a alguien que habla lenguas extranjeras y tiene la desfachatez de “además” ser rojo, progresista, ecologista, animalista, sindicalista, feminista, marxista, leninista, castrista o cualquier “ista” que no sea “falangista” -que tampoco son bien vistos, pero hay cierta condescendencia si se trata de camisas viejas-).

Les conozco. Cuando empiezan en ese tono siempre acaban siempre echando la culpa al PSOE, a Zapatero y al hecho de que los alumnos pasen de curso sin aprobar las asignaturas y sin saber hacer la “o” con un canuto. Pues bien, señores. Es mentira. Eso no es ni ha sido nunca así. Ni antes ni después de Zapatero. Se ha promocionado de curso a pesar de tener suspensos cuando ya se ha repetido una vez (o varias, en el ciclo) intentando evitar que haya niños de 15 o 16 años, con barba y bigote, en aulas de niños de 11, como ocurriría si no se adoptaran ese tipo de medidas. Me gustaría oír a los intervinientes si tuvieran, en la clase de su hijo/a de 9 años tres o cuatro muchachos de trece o catorce, repetidores profesionales, de comportamiento disruptivo y pendenciero.

Los tertulianos conocen (o deberían conocer) que la pedagogía, como tantas otras cosas en la vida, se rige por movimientos pendulares y que, tras años de separación del rebaño juvenil por conocimientos y capacidades y viendo las deficiencias del sistema en términos de cohesión social, se optó, no solo en España sino en todo el mundo civilizado, por el sistema inclusivo de “todos en un mismo rebaño”. Así, nacieron las “Comprehensive Schools” en el Reino Unido de los años sesenta y, con este sistema de enseñanza inclusiva -y pública- países como Finlandia consiguen estar en el grupo de cabeza en resultados escolares. Deberían conocer también que muchos de los países a los que los nuestros jóvenes emigran tienen resultados similares a España en las pruebas y que la mayoría de ellos han dejado de enseñar listas de reyes y ríos y hacen trabajar a los niños,  monitorizados por el profesor, en proyectos participativos y activos con presentaciones y exposiciones finales, reforzando aspectos como el de hablar en público, el trabajo en equipo y la búsqueda de soluciones a problemas, dejando de  lado, entre otras cosas, las Bienaventuranzas y hasta, si me apuran, el recorrido del Duero.

Lo que en realidad parecían querer decir (tácitamente) los tertulianos es: quiero una clase para mi hijo en la que aprueben todos y si alguno no lo hace, que repita, pero que no admitan repetidores de años anteriores, sobre todo de carácter rebelde, que impidan o dificulten la marcha de la clase. Y si hay repetidores (porque parece ser que en este mundo tiene que haber de todo) que los manden a la pública y a mí que me den dinero de todos en forma de cheque, convenio, concierto o subvención para que pueda llevar a mi hijo (a ser posible de manera gratuita) a un colegio con derecho de admisión en el que no admitan repetidores, golfos, pobres (si no son aseados, estudiosos y dóciles), desharrapados y mocosos, gitanos, inmigrantes (diferénciense estos de los expatriados), moros (hágase la vista gorda con saudíes), pegones, autistas y Froilanes en general. Y que les enseñen donde nacen y desembocan los ríos “de España”, por favor. A ser posible, en inglés, que lo que vale para los demás no tiene porqué valer para mí.

Román Rubio
Julio 2017

jueves, 29 de junio de 2017

EL VALOR DEL DINERO

EL VALOR DEL DINERO

Nunca entendí bien qué es el dinero. Uno tiene dos cabras. Cambia una de ellas por un costal de harina y tiene una cabra y harina para hacer pan. Así funcionaban las cosas en un mundo ancestral y sencillo, aunque poco práctico. Después se inventó la moneda y el mundo rodó mucho mejor. Por la leche de la cabra te daban unas monedas que tú podías usar para comprarte, digamos, unas alpargatas. El alpargatero, si vendía unos cuantos pares, reunía una cantidad de monedas que le permitían comprar su harina o su pellejo de vino. La moneda solía ser de un metal codiciado por su escasez como oro, plata o bronce, de modo que el material en sí tuviera un valor determinado independiente de la inscripción. Hasta aquí la cosa es más o menos sencilla. Todo empieza a sofisticarse cuando aparece el papel moneda. En vez de monedas de metal escaso y, por tanto, limitado, al alpargatero le dan un papel que dice valer un dírham, un denario, un dólar, una libra o un real de vellón con el que hacer sus intercambios. El valor del billete es solo simbólico, pero el emisor dice imprimir una cantidad equivalente al montante de unas reservas en oro u otras riquezas que físicamente tiene en la bodega, con lo que, supuestamente, puedes canjear el valor del billete por su parte correspondiente de la bodega del emisor (otra cosa es que este se carcajee cuando vayas con el billetito). En su camino a la abstracción desnaturalizada, en un momento dado de la historia, se abandona el llamado “`patrón oro”, lo que viene a suponer algo así como: “mire usted; esto vale diez pavos, no porque haya esa cantidad de riqueza en ninguna bodega sino por la sencilla razón de que usted y yo estamos de acuerdo en que esto sea así y con eso se puede comprar esto y lo otro”. En la actualidad, el billete, el ya de por sí abstracto y quimérico billete, se ha convertido en un apunte, en un miserable, lejano e incorpóreo apunte hecho Dios sabe dónde y propiciado por una banda magnética incorporada a un trozo de plástico del tamaño de una tarjeta de visita. En su empecinado camino a lo etéreo, el dinero está en trance de residir en el móvil pero me temo que este no es sino otro estadio transitorio corto. Más pronto que tarde nuestro crédito y nuestras reservas estarán marcados en el iris de nuestro ojo, que dicen que no se puede falsificar, aunque tú y yo los veamos todos iguales. Ya lo veréis.

Hay un par de noticias que me han hecho reflexionar sobre las extrañas cualidades del dinero. La primera es la naturaleza del dinero digital propiciada por el pago del rescate a las empresas atacadas por los hacker: el bitcoin. ¿Quién habría dado un duro por una moneda virtual, que nadie ha visto y que no emite ningún banco central respaldado no ya por tesoro sino por parlamento o ejército alguno? Yo, desde luego, en mi ciega ignorancia, no habría dado ni un maravedí. Ni tú tampoco lector, no te hagas el listo. Pues bien: el valor de “un” bitcoin se sitúa hoy en día entre 2.400 y 3.000 dólares, lo cual habría justificado, en su momento, la inversión de unos cuantos maravedíes, ¿no creen?

La otra noticia que me ha saltado a la vista es un curioso hecho. Alemania, o más concretamente el territorio alemán de Schleswig Holstein, ha obtenido el permiso del banco central europeo (BCE) para emitir billetes de 0 euros. Sí, sí, lo han leído bien: billetes de valor nulo. Bueno, esto es así con matices, puesto que se venden a 2.5 euros. Como lo oyen: es como los duros a cuatro pesetas, pero al revés. Vas al banco (o donde quiera que los vendan), das 2.5 pavos y te dan un billete que pone 0 euros y con el que no puedes comprar nada en Mercadona. ¿Cómo lo ven? La iniciativa ha tenido tanto éxito que la primera remesa, de 5.000 billetes, se vendió en un día y ya hay en la fotocopiadora una segunda edición que está (creo) toda reservada. Apuesto a que, dentro de unos años, los listillos que se han apuntado ganarán una pasta, haciendo cierto aquello de “dinero llama a dinero”. Yo no pido unos cuantos billetes de esos por perezoso y por no saber cómo hacerlo, con lo que tengo la impresión de estar dejando pasar una oportunidad (otra más). Aquí, como en lo del bitcoin, el que no corre, vuela.


Román Rubio
Junio 2017 

martes, 27 de junio de 2017

ESOS LOCOS BAJITOS

ESOS LOCOS BAJITOS
Como tantos otros siempre he alimentado la quimera de ser más alto. Con la altura ganaría autoridad, belleza, asertividad, elegancia y qué se yo que otras sustanciosas y estupendas cualidades facilitadoras de una vida más exitosa y próspera. Da la impresión que la estatura de las personas viene a reflejar una serie ancestral de cruces exitosos entre caballeros dotados para la batalla y bellas y nobles damas que, tras generaciones de aciertos evolutivos, fueran a producir individuos altos y, a ser posible, guapos y delgados. Alertado por tan estériles anhelos no he pasado por alto un par de noticias de actualidad relacionadas con el tema.

En primer lugar, hay que resaltar la evidencia científica de que los bajitos vivimos más. Lo intuíamos. Cuando pensamos en una persona centenaria nos viene a la mente alguien menudo y magro de carnes. Ahora, el profesor Bradley Wilcox de la Facultad de Medicina de la Universidad de Honolulu (Hawaii) acaba de publicar los resultados de un sustancioso estudio hecho con 8.006 individuos norteamericanos de origen japonés nacidos entro 1900 y 1919 que claramente establece que los bajitos viven significativamente más que los altos. Todo tiene que ver con un gen, el FOX03, llamado gen de la longevidad del que, por desconocimiento, poco o nada puedo decirles. Pero las buenas nuevas para las personas de crecimiento restringido (ya está bien de llamarnos bajitos) no terminan ahí. Resulta que tenemos niveles más bajos de insulina, lo que implica menos diabetes y menos propensión a padecer  cáncer. ¡Toma ya. Eso sí que son buenas noticias! Al parecer, al tener menor número de células, las posibilidades de división y proliferación de las mismas son menores. ¡Hurra!

La segunda noticia relacionada con la estatura de los individuos es geográficamente más cercana. Han aparecido las conclusiones de un curioso estudio llevado a cabo por el CIS que relaciona la estatura de los españoles con otras variables, como el partido al que votan, la clase social, etc., obteniéndose fascinantes  resultados para todos aquellos a los que, como a mí, nos interesan estas cosas triviales que ni dan dinero ni sirven realmente para casi nada. Por ejemplo: los votantes más bajitos de todos son los del PSOE, superados por los del PP por muy poco. Más altos son los de Podemos y más aún los de Ciudadanos, que miden de media 4 centímetros más que los socialistas en el grupo de los hombres y tres en el de las mujeres, constituyendo así la aristocracia de la raza hispana. Pero es que, además, los votantes socialistas tienden al sobrepeso más que los de los otros grandes partidos. Quizá sea por eso que hayan elegido como líder a un  tipo alto y esbelto como un chopo. Es como si un conjunto de Icetas, en una imaginaria dación de cuentas al fisco, eligieran como líder a un Pedro Sánchez con el objeto de cuadrar las plusvalías con las minusvalías, algo que Susana no aportaba.


Es curioso que en todos los parámetros (raciales) salen ganando los de Ciudadanos. Los votantes de ese partido son también más delgados o, dicho de un modo más técnico, menos tendentes al sobrepeso (antes conocido como gordura u obesidad). En un primer análisis podríamos deducir que los votantes de Podemos y Ciudadanos, al ser partidos más nuevos, tienen votantes más jóvenes y que esta es, por tanto, la razón de que sean más altos que los de los partidos tradicionales. Y es así; pero no del todo, porque agrupados por edades reproducen el patrón en todas las bandas de edad.
El mismo estudio relaciona la variable de estatura con la de posicionamiento ideológico izquierda- derecha y aquí se obtienen resultados sorprendentes
Las personas que se declaran de derecha- derecha son mucho más bajitas que el resto de los mortales y además mucho, pero que mucho, más regordetas, cuando no directamente obesas. De ahí, quizá, que den tanta importancia a la primacía de la raza. De modo que, si ven por la calle a una persona (pongamos a una mujer) que no llega a 1.60 de estatura y bien provista de solomillos y lorzas (hasta casi los 72 kilos en canal) es muy probable que sea devota de Marhuenda y de María,  amiga de charanga y cofradía, lectora de La Razón y que crea que ser española, aunque sea en su versión bajita y regordeta, es lo mejor que le puede pasar a una y sienta nostalgia del Caudillo.

Román Rubio
Junio 2017 

miércoles, 21 de junio de 2017

MI HOTMAIL

MI HOTMAIL
Mi correo electrónico se ha vuelto algo majara. Para no perder los pocos amigos que me escriben y que tenían mi dirección nunca hice el cambio al gmail. Sí, es cierto, también tengo un gmail, pero aún siendo un entusiasta de Google, permanezco fiel al servidor anterior para asuntos personales. Es el de Microsoft (que tampoco son tontos) y siempre ha sido leal y eficiente. Hasta ahora. Desde hace uno o dos meses me entran infinidad de correos a la carpeta de “correo no deseado”, lo que se conoce como “spam”, correo basura o “junk mail” y que consisten, principalmente, en mensajes comerciales.
En un principio los borraba a diario y empecé a considerar el cambio de mi buzón principal al de Google pero por alguna razón relacionada con el excedente de tiempo y cierta curiosidad natural decidí dejar los correos sin borrar durante días y ver qué pasa. Desde el día 6 de junio he recibido 60 mensajes, todos en inglés, algunos de ellos repetidos, muchos de ellos divertidos, casi todos invitándome a empezar una vida nueva, a ser mejor persona, a comer mejor, a ser más eficaz, a ser más fuerte y sano, más fértil, más culto y exitoso, más autosuficiente y a hacer desaparecer ese molesto y pertinaz dolor de espalda. Todo ello a conseguir en un plazo de una o dos semanas, de modo que, siguiendo los consejos e indicaciones del apartado de “correo no deseado” de Outlook-Hotmail (vaya, ya lo he dicho), en una o dos semanas me habría de convertir en un hombre nuevo. Y comoquiera que el goteo de consejos lleva cuenta de seguir, tendrían a un hombre nuevo cada mes o así. Una proeza. Veamos algunas de las sugerencias:

Building Chicken Coops Guide. Guía para construir tu propio gallinero en el patio trasero de tu casa. Se exponen curiosos modelos: desde elaboradas casetas de madera y tela metálica hasta viejos coches inutilizados con tela metálica en vez de puertas.
Bird House. Build Your Own Bird House. (Construye tu propia casita de pájaros). Quienes han vivido en Inglaterra o los EEUU conocerán las populares casitas para pájaros con comedero que muchos ponen en el jardín, cerca de la ventana, para poder ver de cerca los pájaros mientras sestean en el sillón. Una juerga.
Belly Dancing Course / Lean Belly Breackthrough. Una invitación (dos, de hecho)  para “convertirte en un@ bailarin@ de danza del vientre profesional desde tu propia casa”
Seduction Professionals. Las 4 cosas que todo hombre quiere de una mujer. Uuummm, parece interesante.
Shedplans. Making the Shed You Really Want. No solo podrás construirte gallineros y casitas de pájaros. Aquí te instruyen en cómo construir un práctico cobertizo (siempre en el jardín trasero). No sé, tendría que cambiar de casa para poder meter todas esas cosas en el “jardín trasero” (backyard, para los entendidos).
Chinese Special Formula. All Women are looking for this. No tengo ni idea de lo que ofrecen ya que no he abierto el correo por si se trata de trampa o troyano pero, si el enunciado tiene algo de cierto, lo buscan “todas” las mujeres. Otro producto (o técnica)  prometedor.

Hay más, muchos más que no detallaré por no cansarles. Hay invitaciones a producir comida orgánica y empezar a “comer sano” desde hoy mismo, a hacer proyectos varios de madera en casa y a eliminar tatuajes de manera “natural” ¿?. Hay métodos para aprender a tocar la guitarra en un plisplás, para producir música de Rap-Hiphop y para leer partituras musicales. Hay varias fórmulas para recargar las baterías usadas y toda una estrategia de supervivencia al modo de “nuestros antepasados” con el nombre de Lost Ways. Es decir, todo un elenco de trucos, tratos, recursos  y estrategias, de soluciones prácticas muy adecuadas para un tipo como yo, jubilado y, a menudo, ocioso.
El primer paso ha sido leer los correos y escribir este artículo. El siguiente, ¿quién sabe? Quizá ponerlos en práctica, de modo que al final del verano, en vez de un inútil que escribe trivialidades, tienen a un tipo que ha conseguido quitarse ese estúpido tatuaje de lagartija que se hizo en la mili, que toca la guitarra como Eric Clapton leyendo partituras como quien lee  novelas de El Coyote, que conoce la fórmula que todas las mujeres buscan en un hombre y que goza de las delicias de observar su  gallinero y su casita de pájaros desde el cobertizo de su jardín trasero mientras entretiene a gallinas y pájaros con la danza del vientre. ¡Y todo eso desde un tercer piso!
He decidido no cambiar de servidor de correo. Lo mío es Hotmail (digo, Outlook).


Román Rubio
Junio 2017

lunes, 19 de junio de 2017

PETRONIO

PETRONIO


El Satiricón (ca. 60) es una novela libertina y erótica, quizá la primera picaresca. Se atribuye su autoría a Petronio, personaje de la corte de Nerón, natural de Masala (Marsella) que llegó a cónsul, de pensamiento cercano al epicureísmo, organizador de fiestas y eventos públicos y privados y a quien Tácito y otros historiadores llamaron arbiter elegantarum, (árbitro de la elegancia), cuyas reglas imponía en la Roma del momento, cual influencer de hoy. Si viviera hoy Petronio nos lo imaginamos con una cuenta en Instagram con decenas de millones de seguidores posando día sí día también con chapeos y gorritas, gafas  y viseras, camisas y camisolas, calzones y calzoncillos, bragueros y suspenders, chaquetas y cazadoras, abrigos, sandalias (con y sin calcetines), mirando distraídamente al horizonte o a la cámara con fijeza. Y, ¿quién sabe?, quizá luciendo alguno de esos elaborados  tatuajes que incluyen, en sus delirantes y barrocas figuraciones, alguna bobalicona leyenda japonesa. Como nuestros futbolistas.
Hay dos cosas de las que el atildado marsellés renegaría: de los atuendos ciclistas y de  los letreros de las camisetas. ¿Qué diría Petronio de esos hombres que ya no cumplen los cincuenta, portadores de ajustados culotes y camisetas fosforescentes, marcando un prominente paquete al abrigo de una voluptuosa barriga y reforzando la imagen con  un tubito de plástico en la boca del que “sorben”  el agua? ¿Qué ha sido del gallardo porte de levantar el botijo? En fin, una desdicha.
En cuanto a los letreros en las camisetas y otras prendas, habría que hacer un pequeño alarde taxonómico:

1.- Es altamente inapropiado el mensaje comercial asociado a la construcción, tal como Derribos Sánchez,  Materiales de Construcción Hermanos García, Grúas Hernando y cosas así. Vetados, también, los que se refieren a actividades laborales de oficina como Gestorías o Asesorías Fiscales y Laborales.
2.- Los nombres de peñas festivas de los pueblos al estilo de “Los Canutos” o “Los Roncaores” solo son admisibles en el marco estricto de la fiesta y en la duración de la misma.  Las Comisiones festivas y otras collas, al afirmarse como “hermandades”, no hacen sino excluir a quien no pertenece a ellas. Para que luego digan de los catalanes.
3.- Los bancos, entidades financieras como las (extintas) Cajas de Ahorros y multinacionales, en su interesado marketing, aprovechan la cinta de los sombreros veraniegos para hacerse publicidad. Úsense los sombreros en el momento de la romería o excursión  y sigan usándose, siempre y cuando se les quite la cinta del banco, caja o chiringuito financiero.
4.- Lo mismo con los sombreritos ofrecidos por marcas de cervezas, vinos y bebidas espirituosas como Amstel, Heineken, Rioja o Havana Club. Evitar, asimismo, anuncios de lugares de ocio como discotecas o pubs tipo Pachá, Ku… especialmente si son de Ibiza. Huir, sobre todo, de las camisetas del Hard Rock Café, sea este de donde sea.
5.- Las leyendas referidas a organizaciones cívicas como AMPAS, Asociaciones Vecinales, Culturales (bandas de música, orfeones, amas de casa, etc.) no quedan nada elegantes. No usar fuera del marco de una manifestación puntual o evento de protesta. Aún en ese contexto, úsense con moderación, o mejor, no hacerlo. Lo mismo ocurre con mareas de todos los colores y reivindicaciones variadas. Sobre todo, no llevarlas nunca al Parlamento o cualquier otra institución regional, nacional o semi (como la catalana).
6.- Mercaderías de viajes turísticos como I Love New Yok, London Calling, J’aime Paris, Arrivederci Roma y otras lindezas por el estilo no son aceptables dado su uso extensivo e indiscriminado. Solo se salvaría el I Love Alcorcón, letrero que, dadas las especiales características del lugar, se puede llevar hasta en los sitios más distinguidos. Se aceptarían también (con reparos) declaraciones de amor a Pinto y a Alcázar de San Juan por motivos similares.
7.- Las camisetas y sudaderas con el nombre de alguna Universidad americana o británica del estilo Yale University, UCLA, Princeton, Cambridge University o University of Minnesota no son de buen tono. Tampoco valen Colleges univeritarios como Trinity o King’s. Sólo las llevan quien no ha estudiado o trabajado allí.
8.- Evitar, sobre todo, las gorras de los Yankees. Las compran (para regalar) todos los horteras que van a Nueva York. Y son muchos.
9.- Lo mismo ocurre con los cansinos signos de NYPD (policía) o FDNY (bomberos). Sólo en el momento puntual de los atentados del 11S pudieron tener un pase. Y ello, como homenaje a las pérdidas humanas de los sacrificados bomberos. Intente no llevar nada que ponga Brooklyn (sobre todo si está escrito Brooklin). Es el refugio de los esnobs que quieren destacarse de los que compran lo de la manzanita.
10.- Sobre todo no lleva nunca, pero nunca, una camiseta de club de fútbol. Si alguna vez lo hace, por necesidad perentoria, como en el caso de riesgo de hipotermia, intente que esta no sea del Real Madrid.


Román Rubio
Junio 2017

miércoles, 14 de junio de 2017

RENTA BÁSICA UNIVERSAL

RENTA BÁSICA UNIVERSAL


Parece ser que cada vez es menos necesario el trabajo de las personas. Las máquinas, los ordenadores, la robótica y la optimización de los métodos de trabajo hacen más eficientes los procesos productivos y cada vez más se van necesitando menos mano de obra y, por lo tanto, menos trabajadores. La idea de “una persona, un puesto de trabajo” se va haciendo cada vez más obsoleta. Somos pocos –o son pocos los que nacen- y aún así sobramos (unos más que otros) para el mercado de trabajo.

Ante la evidencia, empieza a extenderse la idea de la necesidad de una Renta Básica Universal, es decir, un sueldo para todos y cada uno de los ciudadanos, pegue o no pegue palo al agua. La idea, en principio, parece una iniciativa radical de izquierdistas impenitentes como Monedero o Varufakis (que la apoyan), pero en realidad no es así. No es novedosa, ya que fue introducida en el siglo XVIII por Thomas Paine -uno de los padres de la Constitución de los EEUU, inglés de nacimiento, liberal y demócrata de principios- en su obra Justicia Agraria, en la que, entre otras cosas, se cuestiona el origen de la propiedad de la tierra. En cuanto a lo de izquierdistas… bueno, no tanto. Acabo de oír invitaciones a la implantación desde sitios tan alejados del izquierdismo como el foro de Davos, la OCDE o al mismo Zuckerberg, multimillonario fundador de Facebook

La idea de la renta, aún a cuenta de querer eliminar la indigencia (que no la pobreza), tiene muchas y muy dispares interpretaciones y versiones. La Iniciativa Legislativa Popular por una Renta Básica presentada en el Parlamento español en enero de 2014 y aprobada en marzo del mismo año (la admisión a trámite, no la ley) estipula la garantía de ingresos suficientes para que todos los ciudadanos superen el nivel del umbral de la pobreza (unos 630 euros en el momento del cálculo). La mayor objeción a esta propuesta es la supuesta desincentivación al trabajo poco remunerado. ¿Quién va a querer limpiar escaleras, o vigilar un parking largas horas por 740 euros si va a cobrar 630 sin hacer nada? El lado bueno sería que habría que aumentar los salarios de este tipo de trabajos de remuneración baja para hacerlos plausibles, lo que, a su vez, haría aumentar los demás salarios haciendo así sacar humo a la máquina de hacer billetes, lo que produciría una alta inflación que, a la larga, (y según los apóstoles del mercado) sería empobrecedora para todos.

Pero vayamos a la genial y extravagante idea de la Renta Básica Universal (RBU) pura. Sería una cantidad (pongamos 630 €) que cobraría “todo el mundo” en una nación o colectividad: Amancio Ortega, Rodrigo Rato, Bárcenas, el Bombero Torero, el dependiente de Mercadona y la funcionaria del departamento de multas del Ayuntamiento, el indigente, el vago, el maleante, el maletilla y el autónomo. Todo el mundo tendría derecho, a partir de cierta edad, al cobro de la renta mínima por el hecho de ser residente español, europeo, catalán o lo que fuere. ¿Qué efectos tendría en uno y otro? El millonario ignoraría el ingreso como a un mosquito en la estepa, al indigente le salvaría la papeleta proporcionándole comida y ropa, al vago le financiaría modestamente su vagancia con sus veinte eurillos diarios y al dependiente de Mercadona, al autónomo y a la funcionaria de las multas (que Dios se apiade de ella) les proporcionaría ese plus que hacen la vida algo más sencilla. Así, en principio, la medida parece que sea el bálsamo de Fierabrás, capaz de curar tanto calenturas como chichones.
La medida no resultaría desincentivadora para con el trabajo puesto que se añade al salario, aliviaría la pobreza extrema y no sería tan cara de aplicar ya  que vendría a sustituir ayudas sociales, seguro de desempleo, etc. ¿Qué impediría, por tanto, implementar la medida? No lo sé. ¿Sería beneficiosa para la sociedad? No tengo la menor idea. Me gustaría tener convicciones al respecto, pero lo cierto es que los ideológicamente tibios no tenemos fuertes convicciones como los políticos, tan seguros de todo, pero si de anticipar consecuencias se trata, ahí van algunas.

- Comoquiera que el umbral de la pobreza se establece con arreglo a un determinado porcentaje de los ingresos medios, tendríamos el mismo número de pobres con 630€ más al mes.
- Las tensiones fronterizas que podría generar el hecho de que en un país (o en varios) se cobrara 630 euros por no hacer nada serían colosales. En el 80% del mundo, que incluye África, gran parte de Asia y Latinoamérica esa cantidad es toda una fortuna, con lo que el éxodo por tierra mar y aire hacia la tierra prometida estaría garantizado.
- Intuyo que se produciría una beneficiosa migración al deshabitado mundo rural. Multitud de personas que viven en las ciudades se volverían a ocupar las casas deshabitadas de los pueblos para vivir de la tierra abandonada de sus antepasados respaldados por la seguridad de una renta mínima que les garantizaría la supervivencia, lo que podría ser la solución contra la infausta y por ahora irremediable despoblación del mundo rural.

Estas y otras muchas consecuencias se derivarían de una solución de este tipo. Te invito, lector, a que, en tu sagacidad y buen juicio, añadas a esta lista tus propias predicciones que serán, sin duda, más profundas y certeras que las de un servidor.

Román Rubio
Junio 2017

sábado, 10 de junio de 2017

OLD BRITANNIA

OLD BRITANNIA


Si yo fuera periodista profesional me prohibiría a mí mismo usar los términos “dulce derrota” y “amarga victoria” por manidos y poco imaginativos. Si fuera profesor de Periodismo recomendaría a mis alumnos que evitaran la tentación de usarlos, del mismo modo que les conminaría a no llamar “serpiente multicolor” al pelotón ciclista, pero como no soy ni una cosa ni la otra los usaré. Lo de Theresa May ha sido una “amarga victoria” que ha propiciado una “dulce derrota” de Corbyn, de nombre Jeremías.

Lo cierto es que no dan una a derechas: Cameron, venido arriba tras ganar un referéndum de independencia muy arriesgado en Escocia, decidió embarcar al país en otra peligrosísima aventura, en teoría pan comido: que se pronunciara el pueblo sobre la permanencia en la Unión Europea. No tenía ninguna obligación de hacerlo. Él, por su cuenta y riesgo, tras consultar con Zeus una noche en el oráculo de Downing Street, decidió que ganando el referéndum acallaría el tradicional guirigay del partido. Lo perdió. Tras error tan garrafal no tuvo más remedio que dimitir. Entonces se dio cuenta que el tal Zeus no era otro sino el malvado Boris Johnson con túnica y barba postiza.

Le sucedió en el cargo Theresa May, rara avis (de rapiña) que se da exclusivamente en el ecosistema inglés, y aún allí, sólo entre las clases nostálgicas del Imperio, y decidió, también sin tener obligación ni premura, convocar al pueblo a unas elecciones generales con el propósito, a lo Susana I de Andalucía y nada de España, de reafirmar su figura de Primera Ministra que le había caído en la Lotería. ¿Y qué ha conseguido  la sagaz ave de presa conservadora? Perder la mayoría parlamentaria que había ganado Cameron y que debería respaldar la negociación del Brexit, dejándose en el camino 12 escaños y quedándose a 8 de la mayoría. Afortunadamente para los Conservadores, cuentan con los 10 escaños de los Unionistas del Ulster, que son más “British”  que los  corgi  de la Reina.

Los Laboristas, entretanto, han estado al margen de los acontecimientos. Forzados a unas elecciones que nunca pidieron, con un líder del ala izquierdista del partido  maltratado por la prensa e infravalorado por muchos, que parecía destinado al matadero, ha conseguido “perder” las elecciones obteniendo un 40% de los votos y ganando 29 escaños en el camino. Un despropósito.

Más despropósitos: en Irlanda del Norte, tras los Unionistas (que, por cierto, habían votado permanecer en la UE en el último referéndum y ahora tendrán que apoyar a May en la negociación de salida) se encuentra el Sinn Féin con 7 escaños, que no ocupa en el Parlamento de Westminster en su política de no reconocimiento de la partición de Irlanda. Más embrollo.

Pero hay más: en Escocia se ha desarrollado una bonita batalla entre dos mujeres: Por un lado la independentista del SNP, Nicola Sturgeon no ha obtenido los espectaculares resultados de 2015 perdiendo 21 diputados en el envite, y ¿quién los ha ganado? Pues, sorprendentemente el Partido Conservador, que nunca se ha comido un rosco al norte de la muralla de Adriano,  liderado por otra mujer: Ruth Davidson, la némesis de la rapaz de Westminster aunque del mismo partido. Ruth proviene de la clase trabajadora (lo que no es muy común entre los Conservadores) y es una mujer sólida, tenaz, brillante comunicadora y abiertamente lesbiana (cualidad poco apreciada en el campo Tory). Y, en la campaña del Brexit, estaba abiertamente a favor de la permanencia en Europa. En fin, un lío. Un puñetero y enrevesado lío, lo miren por dónde lo miren.

Mientras tanto, por aquí, Puigdemont está tocando a rebato. Veremos a ver qué pasa. Cuando se llama al pueblo sin gran necesidad de hacerlo se lleva uno cada chasco… ¿No podrían estar quietecitos un rato?


Román Rubio
Junio 2017

lunes, 29 de mayo de 2017

ARIANA GRANDE

ARIANA GRANDE

Si algo aprendí del atentado de Manchester (el horror no cuenta porque nada se aprende de él) es que me estoy haciendo viejo. No viejo de viejo, sino de demodé, anacrónico y superviviente de tiempos pretéritos. Me explico: Toda la gente que llenaba el Manchester Arena aquella noche estaban allí para ver, aplaudir y celebrar a alguien de la que yo no tenía ni siquiera noticia de su existencia: Ariana Grande. Tampoco hay porqué conocer a todo el mundo, dirán ustedes, pero si la popularidad de una persona hoy viene marcada por su proyección en las redes sociales, hay que reconocer que la tal Ariana, de 23 añitos, es muy, pero que muy famosa. Veamos: Su perfil en Instagram tiene 105 millones de seguidores, que es más o menos la población de España y Francia juntas, solo superado por el de Selena Gómez, con 119 millones. He consultado la lista de las diez personas con mayor número de seguidores en Instagram y me he dado cuenta que hay muchos mundos en éste. Tras las ya mencionadas superestrellas Selena y Ariana, a las que acabo de conocer, se encuentra una tal Taylor Swift. ¿Quién será, Dios mío? Y ya en el siguiente puesto me encuentro a Beyoncé -por fin, alguien conocido-, seguida del conocidísimo por todos nosotros Cristiano Ronaldo gracias a la matraca de los medios madrileños. ¡Qué bien!, me digo, ¡soy humano!, para volverme a descorazonar de nuevo con los que continúan la lista, que son Kim Kardasian ¿?, Kylie Jenner ¿?, Justin Bieber y The Rock ¿? Conocía a Justin Biaber, pero para mi desazón, no ha mucho que clausuró su cuenta en la red. También conocía al padre, tío, hermano, suegro o lo que sea de la Kardashian porque fui uno de los pocos españoles, un poco chiflados, que siguió en directo muchas horas del juicio de O. J. Simpson en Sky News.

En mi infancia –es decir, unos pocos años después del descubrimiento de América- conocí a un pastor en mi pueblo que era de natural muy montaraz. Tanto, que confesaba conocer por su nombre  a más ovejas que personas. El hombre murió relativamente joven, antes del advenimiento de las redes sociales con lo que no sé qué opinión tendría del hecho de que algunos allegados  míos tengan novecientos “amigos” en Facebook. Seamos serios: ¿Cómo se puede tener más de novecientos “amigos” y saberse el nombre de todos? Y si no nos sabemos el nombre, ¿por qué llamarles “amigos”?

Yo, de natural reacio a las redes sociales, finalmente caí en su hechizo con el objeto de dar algo de publicidad a mis escritos. Unas navidades, tras darme de alta en Facebook comencé a aceptar proposiciones de amistad de personas conocidas. Así, tras aceptar como “amigos” a Doña Urraca y al pulpo Paul, conseguí la honrosa cifra de ochenta y tantos. No es que coma sopas con todos, pero, al menos, me sé sus nombres, que ya es más de lo que pueden decir otros.
Lo que de verdad me hiere es la comparativa. Por ejemplo: la tal Ariana Grande tiene unos 32 millones de “seguidores” en Facebook y yo ochenta y tantos (personas, no millones). Estoy dispuesto a reconocer que la muchacha tiene más cualidades reseñables que uno, incluyendo el aspecto y la voz, pero, aún así, que multiplique mi número de seguidores por 390.000…, no sé, lo veo justo. Ni razonable. Uno conoce sus limitaciones, pero lo de ser 390.000 veces menos interesante que Ariana Grande o Katy Perry -la campeona de Twitter, con 86.7 millones de seguidores en esa red- no termino de verlo.

Se trata de otra de las caras de lo que yo concibo como “capitalismo exponencial”. En los años 50, en EEUU, el CEO de una compañía como General Motors recibía un sueldo que era unas seis veces el del operario medio. Hoy en día, mientras los economistas piden que el sueldo del presidente no supere las veinte veces el del empleado, acabo de leer en la prensa que Sánchez Galán, presidente y consejero delegado de Iberdrola, multiplica por 226 ese salario. Al ejecutivo, como a tantos otros presidentes y CEOs de las grandes corporaciones nacionales e internacionales, se le remunera con cantidades que multiplican por doscientas o trescientas veces el salario del empleado, lo que debería implicar que la valía guardara la misma proporción. Sin embargo, mientras la responsabilidad crece en progresión aritmética en el escalafón, la remuneración lo hace de manera geométrica.

La pirámide perfecta del capitalismo exponencial se manifiesta en el fútbol. La diferencia de la recompensa dineraria con que la sociedad premia a Messi o a Ronaldo multiplica cientos de veces lo que puede ganar un futbolista de un equipo modesto de la misma categoría como el Eibar o el Alavés y por miles lo que pueda cobrar uno de 2ª B. Acaba de terminar la liga. Cada jugador del Real Madrid ha obtenido una prima de 300.000 € por ganarla. Las chicas del Atlético de Madrid también ganaron su liga particular sin perder un solo partido. ¿La prima por hacerlo? 54 €. O lo que es igual: 1.325 €, a repartir entre todas. Una cena.
Que cenen bien, las chicas; se lo merecen. Los otros, los del Madrid, que cenen como quieran.

Román Rubio
Mayo 2017