viernes, 14 de marzo de 2025

MOBILE WORLD CONGRESS Y OTROS EVENTOS

 

MOBILE WORLD CONGRESS Y OTROS EVENTOS



Mi padre, que murió poco antes de empezar el siglo,  pertenecía a aquella generación de españoles que vivió la guerra civil (en el bando perdedor, por cierto) y también vivió la estupenda —y hoy denostada por algunos— Transición. Era hombre bastante instruido y lector de periódicos. Por este motivo me lo imaginé leyendo La Vanguardia del pasado  11 de marzo, en especial el artículo titulado Las startups quieren facilitar la usabilidad de la inteligencia artificial, y me pregunté hasta qué punto habría sido capaz de entender tanto el mundo de hoy como su lenguaje.

En primer lugar, a mi padre habría que explicarle que las “startups” (término que venía sin señalar en cursiva ni comillas) significa… bueno, ya saben: esas compañías tecnológicas más o menos  innovadoras. Después le llamaría la atención el término “usabilidad”, palabra de fácil comprensión, pero de uso reciente, proveniente del término inglés usability que significa algo así como “facilidad de uso o funcionalidad”. Por supuesto habría que explicarle lo de la “inteligencia artificial”, cosa ardua, aunque no imposible.

Si siguiera leyendo el artículo, se enteraría (o no) de que todo este había sido el tema del evento 4YFN, celebrado en Barcelona coincidiendo con el MWC. Por supuesto, habría que aclararle que el MWC no es otra cosa que el Mobile World Congress, que significa Congreso Mundial de Móviles, esas computadoras de bolsillo.

Entendido, pero ¿qué demonios es esa majadería de 4YFN? Aquí, uno tendría que echar mano de Google para explicarle que se trata de las siglas de la frase Four Years From Now (de aquí a cuatro años), y que no es sino un encuentro de compañías tecnológicas en el que se ha reivindicado el desarrollo de las DeepTech (esta palabra sí señalada en cursiva), que un servidor no sabe lo que son, pero que deben de ser muy importantes puesto que al parecer están destinadas “a resolver grandes problemas en cualquier sector” (no consta que el agrandamiento de próstata sea uno de ellos, por el momento).

Se enteraría, si continuara con la lectura, de que en el porfolio presentado en el stand de cierta entidad bancaria hay proyectos como DostAI, un software para agilizar ciertos procesos financieros, NeuralTrust, que sirve para no sé qué, o EmilyAI, un dispositivo dedicado a “la oxigenoterapia, en el que los algoritmos automatizan un conocimiento médico de alto nivel…” 

A estas alturas me temo que el hombre habría tenido bastante, pero si tuviera la tentación de seguir leyendo se enteraría de que Kloutit es una SaaS B2B que ayuda a los ecommerce, y habría que explicarle  que SaaS significa Software as a service y B2B quiere decir Business to Bussiness (de empresa a empresa), que ecommmerce es… bueno, ya lo saben ustedes; y que Plesh es una desarrolladora de snacks saludables (que no incluyen, al parecer, las olivas, cacaos y tramusos).

También se habría enterado que la compañía española Admit Therapeutics desarrolla un test de detección precoz del Alzheimer y cuenta con el apoyo de la Alzhimer Drug’s Discovery Foundation y que hay otras compañías españolas muy significadas en el campo de la salud que, con unos nombres tan  castizos como Time is Brain, Nanobots, Able Human Motion y otros parecidos, prueban la eficacia del ecosistema con buenos partners.

Del mismo modo llegaría a su conocimiento que hay tipos tan inteligentes y con tanta iniciativa como Carlos Kuchkovsky, CEO & Co-founder de QCentroid, Carles Igual, CEO & Co-founder de Kimera  o Cesare Cugnasco, CEO & Co-founder de QBeast, y que CEO (Chief Executive Officer) significa director general y Co-founder, lo que parece; y también se familiarizaría con los beneficios de la inversión en equity y de tantas y tantas otras cosas imprescindibles, modernas y sustanciosas.

¡Ay, lo que te perdiste, padre!

Eso sí, la lectura del diario le pondría al corriente de quien es el nuevo Presidente de los Estados Unidos; y eso lo habría entendido sin explicación alguna y sospecho que no le habría hecho ni pizca de gracia.

Román Rubio

Marzo 2025




 






miércoles, 5 de marzo de 2025

TRUMP

 

TRUMP



El escritor británico Nate White explica el porqué del rechazo que produce la figura de Donald Trump entre sus compatriotas. Paso la traducción.

“Unas cuantas cosas me vienen a la mente. A Trump le faltan ciertas cualidades que los británicos tradicionalmente estiman.

Por ejemplo, no tiene clase, ni encanto, ni elegancia, ni credibilidad, ni compasión, ni ingenio, ni calidez, ni sabiduría, ni sutileza, ni sensibilidad, ni autoconciencia, ni humildad, ni honor ni gracia, todas ellas cualidades que, curiosamente, su predecesor, el Sr. Obama, poseía en abundancia.

Así que, para nosotros, el marcado contraste resalta de manera embarazosamente evidente las limitaciones de Trump.

Además, a los británicos nos gusta reír. Y aunque Trump puede ser risible, jamás ha dicho nada irónico, ingenioso o siquiera levemente gracioso. Ni una sola vez.

No lo digo como una figura retórica, lo digo literalmente: ni una sola vez, nunca. Y ese hecho es particularmente inquietante para la sensibilidad británica, porque para nosotros, carecer de sentido del humor es casi inhumano.

Pero con Trump, es un hecho. Ni siquiera parece entender qué es un chiste; su idea de un chiste se reduce a un comentario grosero, un insulto burdo o un acto de crueldad gratuita

 Trump es un troll. Y, como todos los trolls, nunca es gracioso y nunca se ríe; solo se pavonea o se burla.

Y lo más aterrador es que no solo habla en insultos toscos y sin ingenio, sino que realmente piensa en ellos. Su mente es un simple algoritmo robótico de prejuicios mezquinos y maldad instintiva.

Nunca hay ninguna capa subyacente de ironía, complejidad, matices o profundidad. Todo es superficial.

Algunos estadounidenses podrían ver esto como refrescante franqueza.

Pues bien, nosotros no. Lo vemos como la ausencia de un mundo interior, de alma.

Y en Gran Bretaña, tradicionalmente nos ponemos del lado de David, no de Goliat. Todos nuestros héroes son luchadores valientes y perdedores: Robin Hood, Dick Whittington, Oliver Twist.

Trump no es valiente ni un perdedor. Es todo lo contrario a eso.

Ni siquiera es un niño rico consentido, ni un codicioso magnate.

Es más como una babosa blanca y gorda. Un Jabba el Hutt del privilegio.

Y lo peor de todo, es lo más imperdonable para los británicos: un matón.

Es decir, excepto cuando está entre matones; ahí es cuando de repente se transforma en un lamebotas tembloroso.

Hay reglas no escritas en este asunto: las reglas de la decencia básica, las reglas de Queensberry, y él las rompe todas. Golpea hacia abajo, algo que un caballero nunca debería hacer, ni haría, ni podría hacer. Y cada golpe que lanza es por debajo del cinturón. Le gusta especialmente patear a los vulnerables o a los que no tienen voz, y lo hace cuando están en el suelo.

Así que el hecho de que una minoría significativa, quizás un tercio, de los estadounidenses miren lo que hace, escuchen lo que dice y luego piensen: "Sí, parece mi tipo de persona", es un asunto de cierta confusión y no poca angustia para los británicos, dado que: 

—Se supone que los estadounidenses son más amables que nosotros, y en su mayoría lo son. 

—No hace falta un ojo particularmente agudo para detectar algunos defectos en el hombre.

Este último punto es lo que especialmente confunde y desconcierta a los británicos, y a muchas otras personas también; sus defectos parecen bastante imposibles de pasar por alto.

Después de todo, es imposible leer un solo tuit o escucharle decir una o dos frases sin mirar directamente al abismo. Convierte el ser torpe en una forma de arte; es un Picasso de la mezquindad; un Shakespeare de la mierda. Sus defectos son fractales: incluso sus fallos tienen fallos, y así sucesivamente ad infinitum.

Dios sabe que siempre ha habido gente estúpida en el mundo, y también mucha gente desagradable. Pero rara vez la estupidez ha sido tan desagradable, o la antipatía tan estúpida.

Hace que Nixon parezca confiable y George W. Bush  inteligente.

De hecho, si Frankenstein decidiera crear un monstruo compuesto enteramente de defectos humanos, haría a un Trump.

Y un Doctor Frankenstein arrepentido se agarraría puñados de cabello y gritaría con angustia:

¡Dios mío! ¿Qué he creado?

Si ser un imbécil fuera un programa de televisión, Trump sería la caja completa.

Román Rubio

Marzo 2025




viernes, 10 de enero de 2025

¿NO SE HABÍAN ENTERADO? FRANCO HA MUERTO

 

¿NO SE HABÍAN ENTERADO? FRANCO HA MUERTO



Cuando yo era un niño, allá por el pleistoceno, oía constantemente en la radio de casa que si Falange por aquí, Falange por allá. Podía ver en el mapa de la Enciclopedia Álvarez lugares como Castilla la Vieja, sabía de un sitio que se llamaba Madrid en el que vivían los que hablaban por la radio y conocía, por haber ido en alguna ocasión, Valencia, la gran capital, pero Falange no aparecía por ningún sitio.

Sospechando que era un lugar en el que vivía mucha gente influyente, interpelé  a mi padre y este me dijo que ese lugar no existía, que se podía ser de Falange aún siendo de cualquier lugar. A mí aquello no me convenció, me parecía brujería o un engaño para que los de Jalance y otros pueblos pudieran decir que eran de Falange y ocultar así el oprobio de ser jalancinos o cosas así.

Dice Montaigne en uno de sus ensayos que las condiciones ambientales como clima y orografía hacen que los hombres tiendan a ser más o menos belicosos, justos, moderados y dóciles o más bien sujetos al vino, al robo o la lujuria, y que por esa razón, Ciro no consintió que los persas abandonaran su país, cubierto de fragosidades y montañas para trasladarse a una región más llana y fértil; para no ablandar los espíritus de sus gentes.

Pero no solo el clima y la orografía del lugar de procedencia moldean el carácter de la gente, también lo hace el rebaño ideológico. La naturaleza de la derecha promueve el cultivo de la falsedad, la maledicencia, la hipocresía, la mentira, la perfidia y el clasismo. La izquierda, por su parte, padece de buenrrollismo, infantilismo, inanidad woke, falta de sustancia y tendencia a practicar la puntería en sus modalidades de tiro en el pie y tiro por la culata, disciplinas en las que es imbatible. Pondré unos ejemplos:

Primero. La Derecha.

—En la época de la pandemia, en momentos en que los sanitarios se jugaban la vida en la atención de los contagiados, un intermediario, pareja de la Dama de la Libertad Mesetaria, amasa una fortuna importando y vendiendo mascarillas. El asunto es feo, muy feo, pero no punible.

—No conforme con embolsarse unos milloncetes, el susodicho decide (presuntamente) evadir unos cientos de miles en impuestos. Aquí ya hay delito.

—Una vez descubierto por Hacienda, propone, por mediación de su abogado, un trato para evitar la cárcel.

—Hace saber a la opinión pública que Hacienda le ha propuesto a él el trato.

—La Administración se defiende demostrando que fue él quien lo solicitó.

—Como consecuencia se cargan al líder de la oposición y hacen tambalear al fiscal general del estado, mientras el Novio sigue manifestando su afición por comer fruta.

Segundo. La Izquierda.

—El Gobierno de izquierdas decide celebrar el cincuentenario de la muerte de Franco, sabiendo que es algo innecesario, ineficaz, redundante e impropio de la izquierda con el único propósito de poner en un brete al partido principal de la oposición abriendo un frente infantilón de desgaste con el jueguecito de “tú has ido a este acto, tú te ajuntas con aquel” y nimiedades parecidas.

—Lo disfrazan diciendo que el motivo es concienciar a los derechizados jóvenes de la maldad de la dictadura, ignorando o pretendiendo ignorar que a los jóvenes les importa un carajo Franco y su ajetreada momia, que lo que quieren es poder alquilar un piso por cuatrocientos euros al mes para irse a vivir con su pareja, que el precio de la matrícula del máster no sea un atraco y que al abuelo le llamen en un plazo razonable de un par de semanas para operarle la cadera.

Soy malo haciendo pronósticos, pero aún así me atrevo a decir que estamos en otra situación de tiro por la culata a la que tan aficionados son nuestros monaguillos laicos.

Román Rubio

Enero 2025 

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viernes, 22 de noviembre de 2024

EL SÍNDROME DEL QUEMADO

 

EL SÍNDROME DEL QUEMADO

 


Y no me refiero a lo del “burnout”, sino a otra clase de quemados. Leo en un titular de El País unas declaraciones de Koldo El Conseguidor en las que se lamenta de estar socialmente muerto. Èl, que se ha caracterizado por su generosidad al dar a ganar dinerillos a empresas de su entorno por el amor al arte se ve ahora abocado al deceso social en su nuevo estatus de apestado. Por dadivoso. Por bueno. Pobre.

Otro cadáver por combustión ha sido el de Maribel Vilaplana. La periodista tuvo la mala suerte de quedar a comer con Carlos Mazón un día en que las fuerzas de la naturaleza se conjuraron para descargar cantidades extraordinarias de agua en sitios en los que llueve poco o nada. Al parecer, el Honorable la citó para proponerle la dirección de la cadena À Punt, para lo que el político necesitó el ingente lapso de tres horas en un discreto reservado. No sé cuál sería la respuesta de la periodista, pero visto el desenlace posterior no le quedó más remedio que decir que no. Y  no solo eso: de forma fortuita, indeseada e injusta, algunos casposillos la verán como la causa por la que el responsable y villano abandonó sus obligaciones en el momento crucial de su carrera. Otra víctima.

Pero si ha habido últimamente un quemado por antonomasia, ese ha sido Errejón, el  chico simpático, amable, inteligente y carismático de la izquierda que ha pasado a ser un apestado del que ahora reniegan por igual amigos, enemigos, rivales, compadres y comilitinones. Y todo, ¿por qué?

Al parecer, el comportamiento del joven para con las mujeres solía entrar en contradicción con la cara de aplicado monaguillo del chaval, y alguna chica se quejó de la inclinación del madrileño por palpar culos sin siquiera presentación formal, como hiciera constar una chica de Castellón.

A partir de ahí se produce una serie de acusaciones anónimas expresadas en el blog de cierta militante feminista de apellido Fallarás, que opina que la maternidad  es “el instrumento del patriarcado para someternos” y que “vivimos en una sociedad que castiga ‘brutalmente’ la maternidad, para someternos, mantenernos trabajando sin cobrar y ‘para crear mecanismos de lucro blanco machos` (sic)”.

A continuación se presentó contra él una única denuncia por abusos: la de Elisa Mouliaá. Los hechos son conocidos por todos. Tras la presentación de un libro del político, Errejón y la dicente (perdón, pero así llamaban a la denunciante en el diario que leí) se fueron a una fiesta. Según el testimonio de la mujer, en el ascensor el hombre se lanzó sobre ella sin cortejo alguno. A continuación, ya en la fiesta, la cogió del brazo y la llevó a una habitación, echó el pestillo (para que ella no pudiera escapar y no para que los intrusos pudieran entrar, como podría sospecharse) y continuó con su asalto sobre las partes del cuerpo obvias con exhibición del miembro viril incluida. A la salida de la fiesta, a pesar de lo acontecido, la mujer accede a ir a la casa de él y, ¡Oh, sorpresa!, el susodicho prosigue con su obsesión de explorar las mismas partes de la anatomía de la mujer con el mismo sentido del cortejo. Por tercera vez en una sola velada.

Por una razón o por otra, la causa de la mujer me resultaba simpática a pesar de las incongruencias, hasta que algo me hizo cambiar de opinión. Una vez abierta la instrucción, esta se ha visto aplazada indefinidamente por la baja laboral de la embarazada abogada de la actriz y la negativa a la sustitución de la letrada, lo que hace imposible la declaración del acusado.

No me hagan comulgar con ruedas de molino. No sé lo que hizo o no hizo Errejón porque yo no estaba allí, pero nunca me harán simpatizar con una causa en la que la estrategia de la parte denunciante sea evitar que el acusado se explique. Jamás. Hay una intención deliberada de destruir al acusado sin posibilidad de defensa alguna; y si esto no es un caso flagrante de cancelación, ya me explicarán ustedes.

El tiovivo de la vida, por un motivo u otro, va dejando “socarrats” a su paso. Vayan con cuidado.

Román Rubio

Noviembre 2024

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miércoles, 4 de septiembre de 2024

LO VIEJO Y LO NUEVO

 

LO VIEJO Y LO NUEVO



En la novela Zalacaín, el aventurero (1908), Baroja relata cómo Martín Zalacaín, en compañía de Bautista, amigo, socio en asuntos de contrabando y cuñado, caen en las redes de la cuadrilla carlista del Cura Santa Cruz, temible guerrillero en tierras vascas, de la que escapan tras un tiroteo en el que cae herido el intrépido protagonista.

En un momento del relato, Baroja se refiere a la situación del País Vasco durante la última guerra carlista (1872-1876) en los siguientes términos:

Los carlistas se apoderaban de una porción de pueblos abandonados por los liberales. Habían entrado en Estella.

En las dos orillas del Bidasoa, lo mismo en la frontera española que en la francesa, se sentía un gran entusiasmo por la causa del Pretendiente.

Capistun y Bautista señalaron sus conocidos alistados en la facción. La mayoría eran mozos, pero no faltaban tampoco los viejos. Los fueron citando.

Allá estaban Juan Echeberrigaray, de Ezpeleta; Tomás Ablandos, de Añoa; el herrero Lerrumburo, de Zaro; Echebarría, de Irisarri; Galparzasolo, el alpargatero de Urruña; Mearuberry, el carnicero de Ostabat; Miguel Larralde, el de Azcain; Carricaburo, el mozo de un caserío de Arhamus; Chaubandidegui, el hijo del confitero de Azcarat; Peyrohade y Lafourchette, los dos mozos del bazar de Hasparren.

—¡Valientes granujas! —murmuró Martín, que escuchaba.

Capistun y Bautista siguieron su enumeración (refiriéndose ahora a los del otro lado del Bidasoa). Estaban también Bordagorri, el de Meharín; Achucarro, de Urdax; Etcheun, el versolari de Chacxu; Gañecoechia, de Osses; Bishiño, de Azparrain; Listurria, de Briscus; Rebenacq, de Portualés; el propietario de Saint-Palais con el barón Lesbas dÁrmangac, de Mauleon; Dechesarry, el sacristán de Biriatou; (…).

Los vascos, siguiendo las tendencias de su raza, marchaban a defender lo viejo contra lo nuevo. Así habían peleado en la antigüedad contra el romano, contra el godo, contra el árabe, contra el castellano, siempre a favor de la costumbre vieja y en contra de la idea nueva.

Estos aldeanos y viejos hidalgos de Vasconia y de Navarra, esta semiaristocracia campesina de las dos vertientes del Pirineo creía en aquel Borbón vulgar, extranjero y extranjerizado, y estaban dispuestos a morir para satisfacer las ambiciones de un aventurero tan grotesco.

Los legitimistas franceses se lo figuraban como un nuevo Enrique VI, y como de allí, del Bearn, salieron en otro tiempo los Borbones para reinar en España y en Francia, soñaban con que Carlos VII triunfaría en España, acabaría con la maldita República francesa, daría fueros a Navarra, que sería el centro del mundo, y, además, restablecería el poder político del Papa en Roma.

Está claro que la postura de Baroja —al igual que Unamuno— es poco proclive al nacionalismo vasco, y menos aún al nacionalismo carca y tradicionalista. Y, si bien no se puede tachar a Baroja de izquierdista, cosa de la que abominaba, hay que reconocerle un par de cosillas en su haber liberal-inconformista: sus comienzos anarquistas, de los que también renegó —como sus compañeros de viaje, Azorín y Maeztu— y, sobre todo, su radical anticlericalismo, llevado hasta el mismo fin de sus días, en que decidió que se  le enterrara en el cementerio civil de Madrid tras su muerte, cosa que ocurrió en 1956, deseo respetado por su familia, a pesar de las muchas presiones que las autoridades ejercieron para tratar de  contravenir sus últimas voluntades.

Y como lo viejo se convierte en nuevo —tal que la minifalda, los topolinos o los pantalones acampanados— los batallones carlistas se convirtieron en el Requeté, que renacieron más o menos en los mismos territorios de Navarra, País Vasco y Cataluña y el 22 de julio de 1936, cuatro días después de pronunciarse el Alzamiento Nacional, Baroja es detenido y llevado preso en un pueblo cercano a Vera de Bidasoa, al que había acudido  en coche junto a dos amigos para ver el despliegue de la columna requeté que se desplazaba desde Navarra a Irún. Alguien intercedió por el escritor y lo sacó de la cárcel rural, pero Baroja, ya viejo y con doscientas pesetas en el bolsillo, cogió miedo y puso pies en polvorosa en dirección a San Juan de Luz primero y París después, a esperar tiempos menos inciertos.

Casi, casi como le había ocurrido a su imaginario héroe Zalacaín ciento cincuenta años atrás.

Lo viejo y lo nuevo. Todo pasa y todo vuelve, pero lo nuestro es volver.

Román Rubio

Septiembre 2024

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miércoles, 14 de agosto de 2024

COSAS DEL TIMING

 

COSAS DEL TIMING



El miércoles pasado a media mañana me dispuse a llevar trastos inútiles al ecoparque del pueblo de al lado de donde veraneo, que da servicio a la comarca. Cargué el coche con aparatos que no funcionan, la maleta de Vente a Alemania Pepe,  ropas que no se han usado desde que Amstrong pisó la Luna y otras utilerías prescindibles. Al llegar a la instalación me encuentro el lugar cerrado con el siguiente cartel:

HORARIO

 Lunes: de 9.00 a 13.00

 Miércoles: de 15.00 a 19.00

 Jueves: de 09.00 a 13.00

Sábados: de 09 a 13.00

Veamos: estamos en agosto, fechas en las que los pueblos del interior, de natural vacíos (o vaciados, como prefieran) se llenan de veraneantes, gentes —como quien esto escribe— en su mayoría de limitados posibles y menos glamur, que intentan por todos los medios de deshacerse de las figuritas que los abuelos —en su tránsito a lo desconocido— dejaron encima de la tele de la casa del pueblo, hules para la mesa de la cocina y escenas de ciervos en las paredes.

¿Y gestionan la instalación con tan extravagante horario? ¿Quién, aparte del empleado, puede intuir que un lugar así puede estar abierto por las mañanas excepto los miércoles, en que caprichosamente abre por la tarde? Vale que los domingos esté cerrado, ya que es fiesta de guardar, pero, ¿qué tienen los Supercicutas contra los martes y los viernes? ¿Es que no se puede uno deshacer esos días de los pucheros descascarillados de la abuela?

Volvía de mi frustrado viaje al ecoparque cargado de todos los malditos cachivaches inútiles, pensando que el maldito horario lo había impuesto alguien con el único propósito de disuadir a las personas que aún se guían por la lógica, cuando escuché por la radio el inminente advenimiento de la quincuagésima segunda ola de calor del año y los preparativos que mi ciudad lleva a cabo para resguardo de las personas vulnerables. La responsable municipal valenciana habla de diversas fuentes de agua fresca y filtrada repartidas por la ciudad y de un nuevo refugio climático, abierto de 11 a 19 horas (las fuertes de calor) todos los martes y viernes.

¿Había oído bien? ¿Me estaban diciendo que todos los martes y viernes se abre un local climatizado para que sirva de refugio contra el calor? ¿Es que la ponentá sabe de días de la semana? Por un momento pensé que la persona que atendía el ecoparque era la misma que abría el refugio, lo que inmediatamente descarté puesto que está a 100 kilómetros de distancia un lugar de otro. En ese momento me percaté de que se trataba de toda una estrategia del absurdo; que era como si hubieran dado las riendas de la gestión pública a Tip y Coll.

Y los émulos de Tip y Coll decidieron que la ciudad fuera descartada como sede del mundial de fútbol de 2030, que tanto anhelaban. Tras diez años de obras paradas en el que iba a ser el nuevo estadio de Valencia y del Valencia C.F, los distintos agentes (club, Ayuntamiento y demás guionistas del absurdo) lograron ponerse de acuerdo para el reinicio de las obras… Exacto: un par de días después de que se cerrara el plazo para la toma de decisión del organismo competente.

¡Viva la Pepa!

Román Rubio

Agosto, 2024

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martes, 30 de julio de 2024

VÍCTOR O VICTORIA

 

VÍCTOR O VICTORIA


La fase final de la Eurocopa de fútbol me cogió en el extranjero, con lo que vi la semifinal contra Francia y la final contra Inglaterra en una terraza al aire libre con dos superpantallas en un contexto multinacional de cervezas, amigos y familia. Ambos partidos comentados en una lengua escandinava, en la que era difícil, a veces, reconocer hasta los nombres de los futbolistas españoles, aunque con la pequeña satisfacción de que, al menos, el nombre del central español francés de la roja era pronunciado correctamente como “Laport”, y no “Lapor”, como le llaman los locutores de medios españoles, pertinaces ellos en su paletismo en lenguas extranjeras.

Ni qué decir tiene que la satisfacción por la victoria de la selección fue enorme, ampliada por el hecho de estar fuera y reforzada además por el estupendo triunfo del murcianico en Wimbledon. Hasta ahí, la dicha. A partir de ese momento, la desdicha, la decepción y la vergüenza propia y sobre todo ajena por las celebraciones. Agradeciendo, eso sí, el haberme evitado el sonrojo de ver y escuchar a las masas patrióticas de populacho acaparador de papel higiénico en épocas de turbulencia enardecidas por las calles en un acalorado clima de euforia nacionalista festejando de manera ruidosa y zafia lo que ganaron otros.

Y no solo por lo de “Gibraltar español”, esa plegaria de plañideras que quieren recobrar con cancioncitas de “oé, oé, oé” lo que perdieron con barcos y diplomacia. Gibraltar será español cuando quieran los gibraltareños y eso parece estar bastante alejado de la voluntad de aquellos; cosa nada fácil de cambiar, por cierto.

Lo siento, me he subido a la parra en la crítica de mis compatriotas. Lo cierto es que no somos los únicos en mostrar tan patética actitud. Una amiga viajera me contó con emoción que había vivido en Argentina la celebración del último campeonato del mundo y la entronización de Messi, ese personaje semiautista y pesetero (además de jugador excelso), en el Olimpo de los dioses, a la derecha de Zeus. No se lo dije por cortesía, pero no la envidié por haber vivido tan desmesurado espectáculo.

Recuerdo que otra copa del mundo ya lejana —la de Estados Unidos de 1994 (en la que Tassotti rompió la nariz de Luis Enrique de un codazo) la viví en Escocia. La competición la ganó Brasil a los penaltis en reñido partido con Italia. Una amiga italiana, que estaba viendo el partido de la final en el grupo, manifestó su preferencia de que no ganara Italia. ¿Por qué?, dije yo. “No sabes cómo se ponen mis compatriotas cuando ganan algo”.

No, no lo sabía porque hasta ese momento nosotros habíamos ganado muy poco. A partir de entonces nos ha ido mejor y la italiana estará feliz de ver que son otros los que hacen el ridículo con sus vociferios.

Hay quien me pregunta por qué siento predilección por los japoneses. Pues bien, en el último mundial, los organizadores se sorprendieron de que, incluso tras ser eliminados, los seguidores de Japón dejaron la grada impoluta recogiendo los desperdicios propios y ajenos. En cuanto a los jugadores, además de dejar el vestuario como una patena, dejaron un cartel dando las gracias y unas figuritas de garzas de origami como cortesía y agradecimiento a los encargados de la limpieza. Lo mismito que los argentinos y los españoles. Habrá que ver cómo dejaron el vestuario los valientes guerreros rescatadores del Peñón.

Es encomiable saber perder (Djokovic lo hizo de manera impecable ante Alcaraz), pero tan difícil o más es saber ganar. En algún lugar del acceso a la pista principal de Wimbledon hay un cartel con unas palabras del poema If de Ruyard Kipling:

If you can meet with Triumph and Disaster/ And treat those two impostors just the same.

Si eres capaz de encontrarte con el Triunfo y el Desastre/ y tratar a esos dos impostores de la misma manera.

Pues eso; si hay que aprender de algo o alguien que sea de la estoica caballerosidad victoriana o de los japoneses. Y de Messi, a jugar al fútbol; de lo demás…

 

Román Rubio

Julio, 2024





lunes, 22 de julio de 2024

LAS TONTUNAS DE LA EDAD

 

LAS TONTUNAS DE LA EDAD



Una de las cosas que tiene hacerse mayor es que uno descubre montones de formas nuevas de hacerse daño. Hace poco, en Francia, la barrera automática de un parking me dio en toda la cabeza; la verdad, no creo que eso me hubiera ocurrido en mis años más mozos y menos atontados

Sólo hay dos maneras en que la barrera de un parking acabe golpeándote en la cabeza. Uno es quedarse de pie bajo una barrera levantada y esperar conscientemente a que te caiga encima. Por supuesto, esto es la forma fácil. El otro método —y aquí es donde puede ayudar tener una capacidad mental ligeramente mermada— consiste en olvidarse de la barrera que acaba de levantarse delante de tus narices, plantarte justo en el espacio que ocupaba, fruncir los labios mientras sopesas cuál será tu siguiente movimiento y quedarte patidifuso cuando este pedazo de madera se desploma sobre tu cabeza como lo haría una maza sobre una estaca. Y este es el método que elegí yo.

Otra de las cosas que tiene hacerse mayor es pasarse un buen rato buscando las gafas que uno lleva sobre la frente o la gorra que finalmente está… en la cabeza. Aunque no sean circunstancias exclusivas de la gente mayor: vean si no la conversación entre estas dos jóvenes que llegó a mis oídos no hace mucho: “Tía, que mal rollo, anoche perdí el móvil y estuve media hora palpando por el suelo del jardín”. “Tía, y por qué no encendiste la linterna del teléfono?

Es reconfortante leer las tontunas de la edad que les ocurren a otros. El de la barrera no era yo, sino Bill Bryson, el ocurrente tipo de Iowa que comienza de ese modo su libro “Nuevas crónicas de Gran Bretaña”, continuación del que escribiera hace años en el que ponía al país frente al espejo.

Un poco más adelante relata su primer contacto con Gran Bretaña en su lejana juventud veinteañera:

En aquella época, durante un periodo breve pero muy intenso, una proporción muy considerable de lo que valía la pena en el mundo procedía de Gran Bretaña. Los Beatles, James Bond, Mary Quant y la minifalda, Twiggy y Justin de Villeneuve, la vida amorosa de Elizabeth Taylor y Richard Burton, la vida amorosa de la princesa Margaret, los Rolling Stones, los Kinks, las americanas sin solapa, las series televisivas como Los vengadores y El prisionero, las novelas de espionaje de John le Carré y Len Deighton, Marianne Faithfull y Dusty Springfield…

Y ya que hablamos de Gran Bretaña, hablemos de Londres, la magnética ciudad. Vean lo que dice de ella Enric González en su estupendo libro Historias de Londres, otra de mis últimas relecturas:

Hay ciudades bellas y crueles, como París. O elegantes y escépticas, como Roma. O densas y obsesivas, como Nueva York. Londres no puede ser reducida a antropomorfismos. Siglos de paz civil, de comercio próspero, de empirismo y de cielos grises la han hecho indiferente como la misma naturaleza. Quizá exagero. Quizá Londres sea una proyección del carácter inglés. No hay sentimentalismos, ni derroches de pasión, ni verdades con mayúsculas. Por una u otra razón, Londres reúne las condiciones óptimas para que florezca la vida. Es difícil no sentirse libre en esta ciudad inabarcable y a la vez recoleta, sosegada como el musgo de sus rincones umbríos (…), donde caben el arte y su reverso técnico, el kitsch, sin estorbarse mutuamente, donde la Justicia, ese concepto peligroso, metafísico y continental, pesa menos que la sensatez a escala humana del fair play.

Estamos de acuerdo, amigo Enric, con lo de lo de los cielos grises, el comercio próspero, el fair play y el ajetreo o sosiego según los barrios, pero en lo de paz social… Bien es cierto que la ciudad no ha conocido guerras civiles, pero disturbios los han tenido y gordos: no hay más que recordar los de agosto de 2011 o los de Brixton de 1981, por no hablar de los ya lejanos de Hyde Park (1855) o los Gordon Riots de 1780.

Artístico y kitsch, tradicional y multicultural, frenético y tranquilo, siempre es buen momento para volver a Londres.

 

Román Rubio

Julio 2024 

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jueves, 27 de junio de 2024

COMPROMISE

 

COMPROMISE


A los ingleses siempre se les ha asociado con un sentido práctico, propiedad que heredaron sus hijastros los estadounidenses. Esto les ha llevado a marcar el paso del mundo moderno: la electricidad y el teléfono dentro de las casas, los electrodomésticos, la televisión, el ordenador personal y el Internet son cosas que hoy no existirían sin la concurrencia del mundo anglosajón y su sentido de “lo práctico”.

Los avances anteriores, todos tecnológicos y facilitadores de la vida cotidiana no habrían aparecido a no ser por la filosofía del fair play, del comercio justo y la capacidad de negociación. El fair play, que saca del terreno de juego la corrupción y otras marrullerías, el comercio y su fundamento primero de que un buen negocio es aquel en el que ganan las dos partes y la negociación como manera de ponerse de acuerdo las partes en lo que en inglés se llama “compromise”, palabra que no significa compromiso (que en inglés se dice commitment) sino “llegar a un acuerdo”, ceder una y otra parte en una negociación hasta encontrar un punto intermedio, que sin ser el óptimo para las partes, sea aceptable para ambas. Que tú quieres comprarte el Ferrari rojo y yo el amarillo, pues nos compramos el naranja. Que quieres una casa en la montaña y yo en el mar, ¿qué tal una en una montaña desde la que se vea el mar? Esa es la pauta.

En política, el punto de encuentro no tiene que ser necesariamente el punto medio, pues dependerá de las fuerzas o los apoyos con que uno se presenta a una negociación. No se sentará a la mesa un agente que cuenta con el respaldo de un ochenta por ciento de seguidores o votantes que el que le apoyan el veinte por ciento. Habrá que encontrar una salida que, desequilibrada a una parte, sea capaz de hacerle salvar la cara a la otra.

Eso o el bloqueo. En España, país alejado de la practicidad anglosajona a menudo se opta por el bloqueo, como se puede ver en algunas liquidaciones de herencia o acuerdos de comunidad de vecinos: me niego a poner ascensor, aunque tenga que subir con la pierna vendada si consigo fastidiar al del tercero que va en silla de ruedas. Y así ha sido durante años por lo que respecta al CGPJ. Esta semana se desbloqueó el asunto y los dos partidos mayoritarios decidieron encontrar la fórmula para la renovación del órgano de gobierno de los jueces.

No me pregunten sobre el contenido del acuerdo: el mundo judicial, de la judicatura, la jurisprudencia y hasta de la justicia es tan arcano para mí como el de la macroeconomía o la física cuántica. Aún así, me atrevo a aventurar que es un buen acuerdo.

Y ¿por qué?, preguntarán ustedes. Pues porque inmediatamente después de la escenificación por parte de los principales agentes del acuerdo (Bolaños y González Pons) se manifestaron en contra Belarra y Abascal. Desde ese mismo momento comprendí que el acuerdo había de ser necesariamente bueno y que todos habían cedido en sus pretensiones. Después escuché o leí que Rufián, de ER, Aizpurúa de Bildu, alguien del PNV y otros también condenaron el pacto, lo que no hizo más que afianzarme en mi postura. Me falta conocer la opinión de Jiménez Losantos y de Puigdemont (que ni está ni se le espera en el debate) y, sobre todo, de Díaz Ayuso. Si se pronuncia la madrileña — en público o en privado— condenando el acuerdo, yo lo firmaría ya. Sin ni siquiera leerlo.

Román Rubio

Junio, 2024


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martes, 11 de junio de 2024

LO QUE QUIERE LA GENTE

 

LO QUE QUIERE LA GENTE


Leí con sorpresa la noticia de hace un par de días: Yolanda Díaz dimite de su cargo como coordinadora de Sumar tras el batacazo electoral, en el que la formación, partido, plataforma, sindicato, asociación o lo que sea obtuvo un 4,65% de votos, que viene a ser más o menos un tercio de los obtenidos en las generales.

En su alocución de despedida la Vicepresidenta del Gobierno adujo con acierto que “la ciudadanía no se equivoca cuando vota y tampoco si decide o no ir a votar”. A continuación aludió en varias ocasiones a la manida construcción de los políticos de todos los partidos y tendencias sabedores de “lo que quiere la gente”.

Dice la dimisionaria:

“Tenemos que estar para solucionar los problemas de la gente. No los problemas de los partidos o de los políticos”.

¡Bravo, Yolanda! Has dado en el clavo. Lo que no me cuadra es por qué teniendo tan claro lo que quiere el personal te has (habéis) dedicado en cuerpo y alma a disputar los votos y los escaños a los primos de Podemos, Izquierda Unida, Verdes y quienquiera que se moviera por esos lares con el objeto de erigirte como la estrella fulgurante de los proletarios para darte cuenta tras el colapso electoral que la política no es (solo) una lucha de egos.

Y continúa: “Es necesario dar un paso a un lado para dar un paso adelante en la política que importa a la gente”. Aunque el paso al lado se materializa solo en lo que respecta a la formación política, pues anuncia que seguirá como Vicepresidenta del Gobierno, porque, dice: “Estoy convencida de que este gobierno es la mejor herramienta para mejorar la vida de la gente”.

¡Bienaventurados quienes están tan seguros de saber lo que quiere la gente y saben además cómo implementarlo! Gozan de la admiración de los que, como yo, a menudo no sabemos siquiera ni lo que es bueno para nosotros mismos, mucho menos para “la gente”.

No tardaron sus detractores en hacer sangre de ella. Y los compañeros y comilitones en dedicarle mensajes de alabanza: Errejón, Mónica García y cómo no, el portavoz de la formación y ministro Ernest Urtasun, que tras resaltar el compromiso y la honestidad de la política añade en su tuit: “Seguimos trabajando para mejorar la vida de la gente de este país”.

Está claro el mensaje: no solo quieren hacer sino que dicen saber qué es lo mejor para “la gente”, pero ¿para qué gente?

En francés “la gente” es plural (les gens) y en inglés (people) también es un sustantivo que concuerda en plural (people are, no people is*). Parece que en otros lugares tienen claro que hay gentes y gentes y que lo que es bueno para unos no lo es para otros.

Y vaya como ejemplo la anécdota:

En el bar del pueblo me tomé la caña junto a Edelmiro, un pequeño y próspero industrial local, buen tipo, respetado en el lugar y conocido votante de Vox. Hablando de la vacuidad y falta de interés de la TV me confesó que la única cadena que él veía con agrado era el canal de Castilla La Mancha. ¿Y por qué?, pregunté yo. Pues porque “hacen programas de agricultura”: el cultivo del pistacho, el olivar intensivo, los injertos, las variedades de almendra resistentes a las heladas y cosas por el estilo. Además (según el prócer rural) porque “televisan toros” y por si fuera poco “ponen cante”, refiriéndose, como es natural, a canción española. “Lo que le gusta a la gente”, concluyó el hombre, cargado de razón.

Ya ven lo que da de sí la palabra.  Vean si no a los que votaron a esa cosa nueva que acaba de aparecer y que siento hasta pudor de nombrar. ¿Serán ellos también “gente”?

Román Rubio

Junio, 2024 

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