martes, 11 de junio de 2024

LO QUE QUIERE LA GENTE

 

LO QUE QUIERE LA GENTE


Leí con sorpresa la noticia de hace un par de días: Yolanda Díaz dimite de su cargo como coordinadora de Sumar tras el batacazo electoral, en el que la formación, partido, plataforma, sindicato, asociación o lo que sea obtuvo un 4,65% de votos, que viene a ser más o menos un tercio de los obtenidos en las generales.

En su alocución de despedida la Vicepresidenta del Gobierno adujo con acierto que “la ciudadanía no se equivoca cuando vota y tampoco si decide o no ir a votar”. A continuación aludió en varias ocasiones a la manida construcción de los políticos de todos los partidos y tendencias sabedores de “lo que quiere la gente”.

Dice la dimisionaria:

“Tenemos que estar para solucionar los problemas de la gente. No los problemas de los partidos o de los políticos”.

¡Bravo, Yolanda! Has dado en el clavo. Lo que no me cuadra es por qué teniendo tan claro lo que quiere el personal te has (habéis) dedicado en cuerpo y alma a disputar los votos y los escaños a los primos de Podemos, Izquierda Unida, Verdes y quienquiera que se moviera por esos lares con el objeto de erigirte como la estrella fulgurante de los proletarios para darte cuenta tras el colapso electoral que la política no es (solo) una lucha de egos.

Y continúa: “Es necesario dar un paso a un lado para dar un paso adelante en la política que importa a la gente”. Aunque el paso al lado se materializa solo en lo que respecta a la formación política, pues anuncia que seguirá como Vicepresidenta del Gobierno, porque, dice: “Estoy convencida de que este gobierno es la mejor herramienta para mejorar la vida de la gente”.

¡Bienaventurados quienes están tan seguros de saber lo que quiere la gente y saben además cómo implementarlo! Gozan de la admiración de los que, como yo, a menudo no sabemos siquiera ni lo que es bueno para nosotros mismos, mucho menos para “la gente”.

No tardaron sus detractores en hacer sangre de ella. Y los compañeros y comilitones en dedicarle mensajes de alabanza: Errejón, Mónica García y cómo no, el portavoz de la formación y ministro Ernest Urtasun, que tras resaltar el compromiso y la honestidad de la política añade en su tuit: “Seguimos trabajando para mejorar la vida de la gente de este país”.

Está claro el mensaje: no solo quieren hacer sino que dicen saber qué es lo mejor para “la gente”, pero ¿para qué gente?

En francés “la gente” es plural (les gens) y en inglés (people) también es un sustantivo que concuerda en plural (people are, no people is*). Parece que en otros lugares tienen claro que hay gentes y gentes y que lo que es bueno para unos no lo es para otros.

Y vaya como ejemplo la anécdota:

En el bar del pueblo me tomé la caña junto a Edelmiro, un pequeño y próspero industrial local, buen tipo, respetado en el lugar y conocido votante de Vox. Hablando de la vacuidad y falta de interés de la TV me confesó que la única cadena que él veía con agrado era el canal de Castilla La Mancha. ¿Y por qué?, pregunté yo. Pues porque “hacen programas de agricultura”: el cultivo del pistacho, el olivar intensivo, los injertos, las variedades de almendra resistentes a las heladas y cosas por el estilo. Además (según el prócer rural) porque “televisan toros” y por si fuera poco “ponen cante”, refiriéndose, como es natural, a canción española. “Lo que le gusta a la gente”, concluyó el hombre, cargado de razón.

Ya ven lo que da de sí la palabra.  Vean si no a los que votaron a esa cosa nueva que acaba de aparecer y que siento hasta pudor de nombrar. ¿Serán ellos también “gente”?

Román Rubio

Junio, 2024 

                                                  DISPONIBLES EN AMAZON
https://www.amazon.es/dp/B0DMR7R556/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=



  







viernes, 7 de junio de 2024

LA SUERTE DE LA GUAPA

 

LA SUERTE DE LA GUAPA´


“La suerte de la guapa, la fea la quisiera”. Bueno, ya sé que el refrán, en un ejercicio de burda ironía y trasnochado anacronismo, dice lo contrario. Se insinúa que la fea obtiene buenos réditos sentimentales y matrimoniales, en tanto que la guapa es reclamo de vividores, crápulas y otros especímenes escasos de moral y rentas. De eso vamos a hablar hoy: de ciudades guapas y feas y los réditos de su belleza.

Empezaremos por Valencia:

Kenneth Tynan (1927-1980) fue un escritor, crítico literario y ensayista británico de gran reputación en el mundo anglosajón. Escribía con asiduidad en medios prestigiosos como The Observer o The New Yorker. Además, fue durante algún tiempo director artístico de la National Theatre Company de Londres  y autor de algunas obras de teatro. Quizá recuerden ustedes el musical Oh! Calcutta!, de su autoría, gran éxito tanto en Broadway como en el West End en la década de los 70.

El inglés escribió para el The New Yorker en 1970 un polémico artículo titulado Valencia, que causó cierto revuelo por estos lares, y en el que otorgaba a la ciudad el apelativo de “capital mundial del antiturismo”. El texto fue editado junto a otras piezas en un libro con el nombre de The Sound of Two Hands Clapping, que Anagrama editó en español con el título La pornografía, Valencia, Lenny, Polanski y otros entusiasmos, obra que en su momento compré y desapareció de mi biblioteca  producto de algún préstamo o mudanza.

El efecto que produjo el texto, más que de repudio fue de atracción hacia la ciudad, consecuencia del sarcasmo más sofisticado, pues le dedica párrafos como (y copio del estupendo artículo de Vicente Molins en Valencia Plaza):  en València se posa una fealdad ruidosa (...), siempre dispuesta a repeler a los forasteros, es uno de los pocos lugares que cumple con todas nuestras expectativas. Disfrutamos de estar inactivos a la luz del sol en una ciudad mediterránea: aquí podemos holgazanear, no tanto solitariamente sino verdaderamente solos, contemplativos y distantes (...) Algunas personas se van de vacaciones para conocer a extraños, otros van para encontrarse a sí mismos. Para este último grupo, Valencia, capital mundial del antiturismo, es el escondite que buscan”. Y, con doble pirueta, aterriza: “es un elogio sincero para la maloliente Valencia, mi ciudad mediterránea favorita”.

Vean ustedes en qué consiste la pirueta del inglés: ustedes buscan los lugares trillados y se conducen dentro de las masas turísticas en la búsqueda de lo chic; yo, en cambio, disfruto de esta ciudad ruidosa, maloliente e ignorada porque no soy como ustedes; pertenezco a los elegidos que sabemos apartarnos del rebaño y encontrar lo bueno que hay bajo la superficie y que ustedes (gente vulgar) son incapaces de apreciar.

Resulta chocante la opinión del británico para describir a una ciudad que cincuenta años después se erigiría como la favorita de los Erasmus, la de mayor calidad de vida del mundo —o una zarandaja similar otorgada por no sé qué revista u organismo— y la capital mundial de la sostenibilidad y las zonas verdes o algo parecido, pero es que habría que recordar la Valencia de finales de los años sesenta: la autopista del Mediterráneo se acababa por Puzol y todos los camiones del mundo atravesaban la ciudad por el eje de tránsitos —Cardenal Benlloch-Peris y Valero—, dándose a conocer al mundo como “el Semáforo de Europa”; Velluters no era tal: como ocurriera en Barcelona con el Raval, se había convertido en “el Barrio Chino” —aunque no se viera por allí chino alguno— en tanto que el Barrio del Carmen y la Xerea se llenaban de bares de tapas o de copas (entonces denominados pubs) al tiempo que los residentes huían y desertaban de los barrios antiguos para comprarse un pisito luminoso afuera: los ricos en Jaume Roig y la Alameda y los menos ricos en barrios como San Isidro, la Fuensanta o Benimaclet, mientras otros, más campestres, se decidían por LEliana, el Vedat o la Cañada.

El resto de la película ya lo conocemos: los barrios céntricos se deterioran, los inmuebles están tirados de precio, los fondos de inversión aprovechan la oportunidad, adecentan y limpian el espacio urbano encareciendo la propiedad y se forran trayendo  cantidades ingentes de gentes llamadas turistas que disfrutan del entorno que otros dejaron, en parte por abandono.

Es lo que tiene el turismo; ni contigo ni sin ti. Quienes lo tienen lo desprecian y quienes no lo tienen lo desean y no paran de hacer campañas voceando sus atractivos. Solo las guapas lo consiguen y algunas llegan a morir de éxito; de ahí, quizá, lo de “la suerte de la fea, la guapa la quisiera”.

Román Rubio

Junio, 2024


Disponibles en Amazon

 








miércoles, 22 de mayo de 2024

LAS 42 SOMBRAS DEL GÉNERO

 

LAS 42 SOMBRAS DEL GÉNERO


Llegó Milei y, como elefante en cacharrería, acaparó el noticiario. Uno, atento siempre a las noticias que no ocupan la primera página a cuatro columnas reparó, sin embargo, en otra más pequeñita pero de mayor interés y calado social. Leo en La Vanguardia del día 16 el titular: “No habrá educación sexual para los menores de 9 años en Gran Bretaña”.

Pobrecitos, ¿cómo podrán apañárselas en su vida cotidiana sin conocer los intríngulis del sexo en sus ochocientas treinta y dos variantes, sin contar las delicias y riesgos de las pequeñas perversiones como la hipoxifilia o semiasfixia durante el acto sexual, tan popular en el país?

Para los mayores de trece, las nuevas directrices del gobierno tory pide mesura y regula, entre otras cosas, la publicidad sobre la elección voluntaria de encuadramiento en uno de los “setenta y dos géneros teóricamente posibles”.

¡Alto ahí! ¿Setenta y dos géneros, han dicho? En mis lejanos tiempos de estudiante de la Enciclopedia Álvarez había dos géneros: masculino y femenino. Poco a poco nos íbamos dando cuenta que en cada grupo había unos que preferían carne, otros pescado y los había omnívoros (de carne y pescado) y hasta veganos (algunos a la fuerza, ya que venían de la excursión cinegética con el zurrón vacío). Conforme íbamos creciendo veíamos que esto no era tan simple y entre el blanco y el negro descubríamos algún gris, de modo que ampliamos la gama de géneros, aunque siempre podíamos contarlos con los dedos de una mano, dos como mucho.

Hoy en día no. Asustado por la cifra de setenta y dos géneros me he acercado a la lista preguntando a ChatGPT (el oráculo de Palo Alto) y me ha reducido la lista a 42; todo un alivio.

Para su solaz les paso el listado. Si su situación personal no se encuentra en ninguno de los especificados pueden ir añadiendo, que aquí cabemos todos. Ahí van:

1.      Agénero: Persona que no se identifica con ningún género.

2.      Andrógino: Persona cuya identidad de género es una mezcla de masculino y femenino.

3.      Bigénero: Persona que se identifica con dos géneros.

4.      Cisgénero: Persona cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer.

5.      Género fluido: Persona cuya identidad de género cambia con el tiempo.

6.      Género no conforme: Persona cuya expresión de género no encaja en las normas tradicionales.

7.      Genderqueer: Persona que no se suscribe a las distinciones de género convencionales.

8.      Intergénero: Persona cuya identidad de género está entre géneros o es una combinación de varios géneros.

9.      Neutrois: Persona que se identifica como neutral o sin género.

10. No binario: Persona que no se identifica estrictamente como hombre o mujer.

11. Pangénero: Persona que se identifica con todos los géneros.

12. Poligénero: Persona que se identifica con múltiples géneros.

13. Transgénero: Persona cuya identidad de género es diferente del sexo asignado al nacer.

14. Transmasculino: Persona asignada como mujer al nacer pero que se identifica más con la masculinidad.

15. Transfemenino: Persona asignada como hombre al nacer pero que se identifica más con la feminidad.

16. Dos espíritus: Término usado por algunas culturas indígenas de América del Norte para describir a una persona con espíritus tanto masculinos como femeninos.

17. Demichico: Persona que se identifica parcialmente como hombre.

18. Demichica: Persona que se identifica parcialmente como mujer.

19. Género fluctuante: Persona cuya identidad de género fluctúa en intensidad.

20. Autigénero: Persona cuya experiencia de género está profundamente conectada con su experiencia de ser autista.

21. Maverique: Persona que se identifica con un género distinto y autónomo que no es masculino, femenino ni una combinación de ambos.

22. Aliagénero: Persona con una identidad de género diferente del masculino, femenino o cualquier combinación de los dos.

23. Grisgénero: Persona que se identifica parcialmente con un género pero con una conexión débil.

24. Aporagénero: Persona con una identidad de género fuerte y específica que no es masculina, femenina ni una mezcla de ellos.

25. Intersex: Persona nacida con características sexuales físicas que no se ajustan a las nociones típicas de cuerpos masculinos o femeninos.

26. Multigénero: Persona que experimenta múltiples géneros simultáneamente o a lo largo del tiempo.

27. Quoigénero: Persona que siente que su género es desconocido o no puede definirse.

28. Novigénero: Persona que siente que su género es complicado y único.

29. Vacío de género: Persona que experimenta un género que es vacío o nulo.

30. Libragénero: Persona que se siente mayormente agénero con una ligera conexión a otro género.

31. Demifluido: Persona cuya identidad de género es parcialmente fluida y parcialmente estable.

32. Caelgénero: Género que comparte cualidades con el espacio exterior o tiene una estética de otro mundo.

33. Xenogénero: Persona cuya identidad de género está influenciada por conceptos más allá de la comprensión humana.

34. Juxera: Género similar al de una mujer pero separado y no alineado con lo femenino.

35. Magigénero: Persona cuya identidad de género es mayormente un género pero con una parte de otro género.

36. Collgénero: Persona que experimenta múltiples géneros que se sienten simultáneamente o en diferentes momentos.

37. Perigénero: Persona cuya identidad de género está cerca de un género pero no exactamente ese género.

38. Omnigénero: Persona que se identifica con todos los géneros o múltiples géneros simultáneamente.

39. Estéticagénero: Género experimentado a través de medios estéticos o visuales.

40. Anongénero: Género que es desconocido para uno mismo y para los demás.

41. Astralgénero: Identidad de género que se siente conectada al espacio o a las estrellas.

42. Deliciagénero: Género influenciado por el concepto de delicadeza o delicadeza.

 

Román Rubio

Mayo, 2024


DISPONIBLES EN AMAZON

https://www.amazon.es/dp/B0DMR7R556/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=



 
 








jueves, 16 de mayo de 2024

SHAKESPEARE

 

SHAKESPEARE


Hace no mucho que dediqué uno de mis artículos a cómo las primeras frases de ciertos libros hacen que hagan irresistible su lectura. Aludía a comienzos como:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo”.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo.

(…). Así pues, cojo la pluma en este año de gracia de 1700 y pico y me remonto con la memoria al tiempo en que mi padre regentaba la posada del “Almirante Benbow”. Cuando el marino de piel atezada, con la cicatriz de un sable en el rostro, tomó por primera vez asiento en nuestra casa, bajo nuestro propio techo.

Hoy me referiré a un libro menos famoso, pero (en mi opinión) de brillante comienzo. Dice así:

Antes de que le cayera del cielo, en 1983, una plétora de dinero, Richard Plantagenet Temple Nugent Brydges Chandos Grenville, segundo duque de Buckingham  y Chandos, vivía libre de mayores sobresaltos.

Había tenido un hijo bastardo en Italia, intervenido ocasionalmente en el Parlamento en contra de la revocación de las Leyes de Granos y demostrado un visionario interés en la lampistería (equipando su casa de Stowe, en Buckinghamshire, con nueve de los primeros inodoros de cisterna de Inglaterra); por lo demás, solo se había distinguido por sus gloriosas perspectivas y sus numerosos nombres. Sin embargo, tras heredar sus títulos y una de las mayores fortunas inglesas, dejó atónitos a sus socios y, sin duda, también a sí mismo con su talento para perder hasta el último penique de esa herencia en escasos nueve años de sonadas y calamitosas inversiones.

El lector (yo mismo) ya está atrapado. Con estos dos párrafos, el autor —cuyo nombre me reservo para el final—  lo ha ganado por completo. ¿Quién no querría saber más sobre ese curioso individuo? Y sigue el relato:

“En el verano de 1848, arruinado y humillado, Richard dejó Stowe y todo cuanto contenía en manos de sus acreedores y marchó a Francia. La subasta posterior fue uno de los acontecimientos sociales de la época. Era tal la riqueza que encerraba Stowe que un equipo entero de la firma londinense Christie and Mason tardó cuarenta días en completar el inventario.

Entre los objetos menos destacados había un oscuro retrato ovalado de 55 x 45 cm que el conde de Ellesmere había adquirido por 355 guineas y que desde entonces se conoce como el retrato de Chandos. (…) En él se ve a un hombre de unos cuarenta años con barba recortada y cierto atractivo a pesar de su calvicie incipiente. Lleva un pendiente de oro en la oreja izquierda. Su expresión es confiada, de una serena desfachatez. (…)

Si bien nada se sabe acerca del origen del cuadro ni cuál fue su suerte antes de 1747, cuando se incorporó al patrimonio de la familia Chandos, durante mucho tiempo pasó por ser un retrato de William Shakespeare. No hay duda de que se parece mucho a Shakespeare… aunque no podía ser de otro modo, puesto que se trata de una de las tres imágenes de Shakespeare en la que se basa toda la imaginería posterior.

Así comienza Bill Bryson su libro Shakespeare (RBA Editores) en lo que constituye un repaso a todos los mitos sobre la autoría de la obra, sexualidad, afiliación religiosa y otros detalles que han surgido en torno al más grande autor teatral y notable poeta de todos los tiempos, y del que en realidad se sabe tan poco.

No voy a ponderar aquí la maestría del bardo de Avon, sino en la capacidad del autor de la semblanza para captar nuestra atención. Podría haber empezado el libro diciendo: el retrato de Chandos pasa por ser la imagen más fidedigna de los retratos de Shakespeare y en la que se basa toda la imaginería posterior. Habría sido igual de veraz, pero no es lo mismo. Es la diferencia entre el oficio de un verdadero escritor y la redacción de un chico de Bachillerato.

Román Rubio

Mayo, 2024

Disponibles en Amazon


https://www.amazon.es/dp/B0DMR7R556/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=




 









martes, 7 de mayo de 2024

LOS QUE SE VAN

            


LOS QUE SE VAN

   

He estado ausente unos días en un lugar lejano. Cuando uno viaja (o cuando lo hago yo, al menos) le ocurre que, con fortuna, se desentiende del día a día, los terremotos sociales domésticos se convierten en tormentas en vasos de agua y lo que de cerca se vive como grandes turbulencias, a diez mil kilómetros se ve como parto de ratoncillo tras el bramido de la montaña. Todo esto viene, como podrán imaginar, por el sainete con tintes melodramáticos de la persona que ostenta el ejercicio del gobierno de mi país, y que el desfase horario convierte en irrelevante nadería.

Hay noticias, sin embargo, que afectan por igual en Vladivostok que en Requena, como la de la muerte de Paul Auster,  por esperada que fuera. El tipo caía bien. En todas partes, pero, sin saberlo con certeza, me atrevería a decir que en Europa en general y España en particular era más popular y estimado que en su propio país. Auster, a diferencia de tantos compatriotas suyos, hablaba francés con fluidez, huella de sus años juveniles en París, se casó con  la escritora Siri Hustvedt, de ascendencia noruega  y se fue a vivir a ese barrio que de tan neoyorquino se parece tanto a Londres. Como el protagonista de su novela Brooklyn Follies, buscó un lugar tranquilo para vivir (que no para morir, como el protagonista de su historia, aunque con el mismo inevitable desenlace).

La muerte de otro personaje vinculado a la literatura pasó desapercibida para mí en mi apresurado vistazo diario a la prensa española. Fue la del filólogo, profesor, especialista del Quijote y miembro de la Real Academia de la Lengua Francisco Rico. De las muchas obras y ensayos de su autoría, su Poesía de España, editada por Círculo de Lectores, habita en la mesa de mi escritorio de manera permanente para que yo la abra de cuando en cuando, ora  para repasar algún verso del Siglo de Oro, ora para imbuirme de la melancolía de Rosalía (la de Castro, por supuesto)  cuando se aleja de sus “prados, ríos, arboredas, pinares que move o vento, paxarinos piadores, …,” , o para escuchar el lamento espriuano de  “¡Oh, que cansat estic de la meva/ covarda, vella, tan salvatje terra,/ i com m’agradaría d’allunyar-me’n,/ nord enllá,/ on diuen que la gen tés neta i noble, culta, rica, lliure,/ desvetllada i feliç!, que de todo hay en el recuento de Francisco Rico.

Rico es un erudito y Auster un creador. Ambos están en el mismo bar, pero cada uno a un lado de la barra.

El fenómeno creativo más imponente, William Shakespeare, era culto pero no erudito: su obra está llena de anatropismos (disparates geográficos): en  La tempestad y en Los dos hidalgos de Verona hace que Próspero y Valentín zarparan de Milán y Verona —que es como si hubieran de embarcarse en Cuenca y Valladolid— y no parece conocer la existencia de los canales de Venecia, ya que no los nombra ni una sola vez en  El mercader de Venecia. Sin embargo, todavía hoy sus obras se interpretan en los teatros de todo el mundo y su repercusión en la lengua inglesa es fabulosa. Expresiones como “vanish into thin air”, (esfumarse), “of flesh and blood” (de carne y hueso), “foul play”(juego sucio),“pomp and circunstance”  y tantas otras se han convertido en uso común gracias a las obras del autor.

No importa la erudición, porque el de Stratford poseía lo esencial: el poder del lenguaje para explicar el alma humana, sus debilidades, grandezas y pasiones. Como dijo de él John Dryden: “Aquellos que lo acusan de andar falto de saberes son quienes le brindan su mejor halago: el suyo es un saber natural”.

Ya tenía yo pensado mi texto de obituarios cuando esta misma mañana me entero de la muerte de otro coloso de la literatura: Bernard Pivot.

En los años ochenta del siglo pasado me llevó la vida a residir unos meses en Francia. Allí me sorprendió con agrado que se emitiera semanalmente en la cadena Antenne 2, los viernes por la noche en horario de máxima audiencia, un programa sobre libros llamado Apostrophes, en el que se hablaba de literatura y se invitaba a un autor para entrevistarlo. El programa era muy popular en Francia, se rodaba en directo en un plató con público y era conducido no por un escritor sino por el muy respetado periodista Bernard Pivot.

Con muy pocas fechas de diferencia se han ido tres pilares del mundo literario: el autor de talento, el estudioso erudito y el clarividente divulgador. Descansen en paz.

Román Rubio

Mayo, 2024 



DISPONIBLES EN AMAZON