lunes, 1 de agosto de 2016

SALA DE ESTAR

SALA DE ESTAR
















O salón, sala o salita de estar. Es el cuarto de la casa en el que se hace vida (más bien, se hacía); ahora se ve la tele. La nueva vivienda trajo consigo más comodidad junto a una economía del espacio y la estancia pasó a ser salón-comedor en la mayoría de las viviendas en las que el comedor, como tal, desaparece. En la actualidad el acto diario de comer tiende a incorporarse a la cocina, pero, ¿y en inglés?, ¿cómo llamamos en inglés a la sala de estar?
De manera enigmática si se desconoce el origen, la denominación clásica más común para la habitación –y la que encontramos en los libros de Jane Austen o Virginia Woolf- es “drawing room”, que curiosamente nada tiene que ver con el dibujo, aunque “drawing” signifique, entre otras cosas, “dibujar”, de modo que si ustedes se imaginan a las jóvenes casaderas de la casa  planeando sus enlaces con caballeros de la época mientras garabatean con los carboncillos y colorean con las acuarelas, van de lado. Se trata de un acortamiento de “withdrawing room”, -de “withdrawing” (retirar)- designando al lugar de recogimiento o retiro en el que la familia se recluía para buscar su intimidad separada de los criados y de encuentros formales como recepciones y cosas así.

En los siglos XVII y XVIII la palabra “salon” compitió con “drawing room” en las preferencias de los círculos distinguidos anglosajones y pronto apareció la versión anglofilizada  “saloon” que pasó de designar sitios públicos para socializar (mejor alternar o relacionarse) en lugares como hoteles o barcos a referirse a lugares de consumo de bebidas alcohólicas -en las que sólo el héroe de tapadillo y el predicador toman leche o zarzaparrilla- antes de referirse a un tipo específico de automóvil para acabar siendo acaparado el vocablo por los locales de belleza, peluquería y cosas por el estilo; de ahí el calco lingüístico hispano de “salón de belleza”.

Los americanos prefirieron desde el siglo XIX y durante mucho tiempo  la palabra “parlour” o “parlor” como aún vemos en las puertas de tantos negocios de Brooklyn o Chicago  (Tattoo Parlor, Funeral Parlor, Pizza Parlor…) para designar la habitación principal de la casa en la que la familia se instalaba para coser, leer, conversar, jugar a juegos de mesa y pasar el rato. Por nueva que parezca la palabra, es la más antigua. Hay registros del vocablo (del francés “parler”, hablar) desde 1225 para designar la habitación de los monasterios en la que los monjes se reunían a hablar, secularizándose el término en el habla inglesa en el último cuarto del siguiente siglo.

En el año 1806 aparece por primera vez el término hoy dominante de “sitting room” (de “sit”, sentarse), que se extiende en la segunda mitad del siglo XIX y que es hoy en día la más usada junto a living room con significados idénticos o parecidos, si acaso living room es un término más amplio que incluye no sólo la zona de sofá y sillones sino mesa de juegos o banquetes, audiovisuales… sólo amenazadas por  “lounge” (pronúnciese    /laʊndʒ/ y no  /lʌntʃ/, que significa comer a mediodía, ni   /lɔːntʃ/ que quiere decir lanzar -un cohete, un producto…-) y que originalmente se refería a un tipo de silla o sofá, después una chaqueta y tras 1881 una habitación de la casa. “Lounge” se usa hoy como sinónimo de “hall” (vestíbulo) en hoteles aeropuertos, hospitales, estaciones y otros edificios públicos. También, de manera notable, en los aeropuertos designan las salas esas a las que acceden personas que compran (o les compran las empresas e instituciones) billetes más caros y en las que es prácticamente imposible alternar con profesores y otros individuos de capacidad adquisitiva limitada o planteamientos vitales modestos, como es el caso de quien esto escribe.

Espero que se hayan entretenido (e instruido) con el tema de hoy. Parece que para elaborarlo haya hecho un considerable trabajo de “research”. No es así. En realidad lo he sacado, casi por completo, del capítulo VII “The Drawing Room” del ameno e instructivo libro “At Home” de Bill Bryson. Para su información.

Román Rubio
Agosto 2016 

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