miércoles, 30 de septiembre de 2015

VOLKSWAGEN

VOLKSWAGEN


Max Weber y Davide Cantoni

Max Weber (1864-1920) formuló en su afamada obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo la tesis de que los países en los que triunfó la Reforma, es decir, los países protestantes (luteranos, calvinistas y anglicanos) han tenido un mayor éxito económico y de desarrollo que los países de la Contrarreforma (católicos). Para el padre de la sociología alemana las bases religiosas protestantes son la causa del progreso del norte frente al relativo atraso del sur fomentado por su base católica. La teoría weberiana, en mi opinión, y con la perspectiva del hombre actual, hace agua por muchos lados. Sin entrar en el plano conceptual, que nos llevaría a disquisiciones como la fe, la predestinación, el perdón de los pecados y limitándonos al plano empírico, la teoría no es consistente con hechos como el de que Austria, Baviera o Bélgica, zonas mayoritariamente católicas, observen grados de desarrollo similares, si no superiores, a otras zonas de Alemania, Reino Unido o Nueva Inglaterra, estas sí con mayoría protestante. Por otra parte, su contexto decimonónico le hace analizar el mundo desarrollado con una dialéctica católico-protestante, pero ¿en qué términos religiosos explicaría Weber el mundo desarrollado de hoy con la concurrencia de Japón, Taiwan, Corea, China y todos los nuevos que van viniendo al mundo desarrollado, con sus confucionismo, sintoísmo, hinduismo, taoísmo… y todos los ismos del oriente? ¡Menudo lío para adaptar la teoría de fundamentación religiosa con el guirigay de recién llegados al club!

La idea del protestantismo calvinista como impulsor del progreso y coartada de la riqueza y el éxito viene paradójicamente del determinismo. Dios sabe de antemano quién se va a salvar. Tú no lo sabes y no importa lo que hagas o la fe que tengas, pero cómo él no te lo hace saber, el muy pillo, tú obraras con un comportamiento moral intachable intentando reconocerte entre los elegidos de antemano para la salvación. Las cartas están marcadas. Es la paradoja de la predestinación que actúa como estímulo para el comportamiento moral. El destino inexorable diseñado por Dios parece jugar un papel más eficaz que el del perdón católico de la confesión, algo así como la Paradoja de Newcomb con sus cajas con dinero y la posibilidad de elegir ante una predicción hecha de antemano.

Por si las contradicciones de la teoría weberiana no fueran suficientes, Davide Cantoni, doctorado por Harvard y profesor de la Universidad de Munich llevó a cabo un estudio en el que analiza el crecimiento económico de 272 ciudades alemanas (162 luteranas, 88 católicas y 22 calvinistas de 1300 a 1900 para concluir que la religión no explica las diferencias de crecimiento.

Sea fundamentación religiosa o no, la industria alemana ha sido y es un ejemplo de calidad y de amor por el trabajo bien hecho. Los productos alemanes inundan los mercados mundiales de manera hegemónica sin competir en el apartado precio; eso lo dejan para los demás. Cuando compras un producto alemán (Bosch, Siemens, BMW…) eres consciente de que vas a pagar más y que te llevas lo mejor. ¡Que ahorren aquellos que se conformen con menos! Hasta el mercado mundial de los lápices (los humildes lapiceros) está dominado por dos marcas alemanas (Staedler y Faber Castell) localizadas, además, en la misma comarca. La poderosa industria germana abarca prácticamente todos los campos exceptuando, quizás, la fabricación de boinas y botijos, siendo Alemania el único país del mundo que presume de tener una balanza comercial positiva con China. Dentro de la gigantesca industria germana, la automovilística es la joya de la corona: Daimler (Mercedes) y BMW ocupan los primeros lugares en coches de lujo en todo el mundo, pero sobre todo Volkswagen, número uno mundial, por encima de Toyota y casa matriz de marcas como Seat, Skoda y Audi.  Pues bien: les han cogido haciendo trampas. Sus motores diesel tienen introducido un software que les hace comportarse de un modo limpio cuando el coche detecta que está siendo testado y otra de forma mucho más eficiente y sucia cuando no lo está.



El asunto es muy grave. Lo sería para cualquier marca, de cualquier nacionalidad pero tratándose de una marca alemana es una inapelable humillación. Los pueblos germánicos, escandinavos y anglosajones (mayoritariamente de origen protestante) tienen una relación con la verdad/mentira mucho más estricta que los pueblos del sur  (españoles, italianos, griegos…)  más permisivos, que hacen distinciones entre mentiras, mentirijillas, medias verdades y pecadillos veniales. No hay nada más que ver las cuentas que los griegos y los valencianos presentamos por ahí, llenas de tachoncillos, olvidos, equivocaciones con la coma de los decimales y otras menudencias. Algo inaceptable para los pueblos del norte y que tantos roces suponen en los organismos internacionales.


El filósofo Isaiah Berlín (1909-1997) en su obra El fuste torcido de la humanidad da cuenta de la existencia en el pueblo alemán de principios del siglo XX de una sensación de humillación colectiva por no haber tenido Siglo de Oro, ni genios como Cervantes, Leonardo o Shakespeare, como gozaron los países de su entorno, y ser conscientes de la aplastante superioridad de la gran Francia de aquel tiempo. Esta humillación se convertiría luego en indignación y hostilidad con las consecuencias que todos tenemos en mente.

Afortunadamente, la industria ha servido para afianzar el orgullo y la autoestima alemanas, ¡para que vengan ahora los ingenieros de la Volkswagen con sus trampitas! Eso y el reloj de cuco. ¿O fueron los suizos los del cu-cú?



Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015 

sábado, 26 de septiembre de 2015

PATRIOTAS

PATRIOTAS

Hanna Arendt (1906-1975) fue una filósofa alemana de origen judío, nacionalizada norteamericana en 1951 tras experimentar durante un tiempo el estado de apátrida. Famosa por su obra Los orígenes del totalitarismo fue comisionada por la revista The New Yorker en 1961 a cubrir el juicio que se estaba celebrando en Israel del  nazi Adolf Eichmann. La escritora publicó sus artículos que luego reunió en una obra que llamó Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, en la que presentaba al nazi como un individuo corriente, celoso del sentido del deber, el orden y la disciplina y no como a la esencia y personificación de la maldad como pretendían los círculos judíos que la presionaron y atacaron por ello. Cuando se le conminó a cambiar el sentido de sus artículos en base al amor a su pueblo, el pueblo judío, la filósofa contestó: “Nunca en mi vida he amado a ningún pueblo ni colectivo, ni al pueblo judío, ni al alemán, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni a nada semejante. Solo amo a mis amigos y el único género de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas”.

Vivimos uno de esos momentos en que hay que mostrar impúdicamente el amor a la patria de cada cual. Hay que afiliarse y hay que exhibir el grado de  afiliación de cada uno. Hay que expresar el amor o desamor a España, a Cataluña, a Cartagena o a la Comunidad Europea. “¿Te sientes español?” “¿Cuánto?” “¿Mucho o poco?” “¿Más o menos que catalán o andaluz o vasco?”. Es importante que te pronuncies y es importante que cuantifiques la intensidad de tu filiación. No sólo es importante saber si te sientes español, catalán o vasco sino cuánto te sientes. Aquí caben todas las gamas posibles. Hay quien se siente muy catalán, quien se siente muy español, quien se siente muy de las dos partes y también los hay quien, como yo, se sienten muy poco de nada. Por no sentir no sentimos ni los colores. En un partido de fútbol nos alineamos con Corea del Norte, no porque queramos  gozar de  una paranoica y criminal dictadura, que con nuestro Franquito tuvimos bastante, sino por el hecho de que los jugadores no tienen tatuajes por todo el cuerpo, claramente no tienen peluquero-estilista personal y son tan humildes que se dirigen al árbitro –si es que lo hacen- con educación y humildad  y piden disculpas al contrario cuando hacen una falta. ¡Corea campeón!

Para mostrar el patriotismo, RTVE invita a sus trabajadores a “renovar” el juramento a la bandera. ¡Venga ya!; con el bochorno con que algunos vivimos el trámite obligatorio del sometimiento a la bandera, poniendo cara de patriota emocionado ante la atenta mirada del coronel, ahora que disfrutamos de una sociedad civil en que uno puede ser o no un patriota sin tener que dar cuentas a nadie, RTVE nos invita (invita a sus empleados) a pasar otra vez el bochorno. ¿Qué no quieres lentejas? Toma dos platos.

Y si de invitaciones se trata, tenemos otra interesante cita. El arzobispo de Valencia, utielano de origen (o de la comarca) nos cita a una vigilia de recogimiento y oración “por la unidad de España”. A ver si lo he entendido bien: Dios, que es omnipotente, omnisciente, infinitamente misericordioso y todo lo ve, está preocupado porque España permanezca unida. Nosotros, los valencianos vamos a rezar para pedirle a Dios que España siga siendo una, indivisible e indivisa. No conozco a Dios. Nunca le he visto, pero por lo que de él me han contado parece andar más preocupado por cosas como que el cadáver de Aylan Kurdi, de tres años de edad flote inerte en una playa de Turquía, o que los lesionados de la Talodomida, con sus extremidades deformes no sean indemnizados  por haber presentado la reclamación “fuera de plazo”; ¡ojalá que sus malformaciones tuvieran el mismo plazo y no les acompañaran hasta el final de sus días! Ni que en su diócesis, los visionarios dirigentes celosos de la unidad de España (a quienes el prelado apoyaba sin pudor alguno) compraran años atrás unas Harley para acompañar al Papa en su visita a la ciudad, detrayendo el dinero de otras necesidades básicas. No señor, al dios del utielano le preocupan las banderitas; le interesan asuntos como el de que España sea un país o siete (pero no la Unión Soviética, que está mejor desmembrada) y que la liga la gane el Barça, el Madrid o el Celta, cuyos aficionados parece ser quienes rezan con más fervor este año al dios de Utiel.




Fernando Trueba, en esta especie de espiral impúdica de patriotismo decidió publicitar su no españolismo declarando que no se había sentido español ni cinco minutos, que lo que le hacía sentir algo era la raza humana y confesando medio en broma medio en serio que la Guerra de la Independencia la debía haber ganado Francia (lo que quizás habría sido bueno, a la larga). Ni que decir tiene que tan sinceras opiniones levantaron un enorme griterío de patriotas agraviados, molestos porque alguien de su tribu se atreviera a confesar semejante blasfemia y lamentándose de que tan execrable patriota (al fin y al cabo, lo único que ha hecho por la patria ha sido ganar un óscar a la mejor película de habla no inglesa, cosa que está al alcance de cualquiera) pudiera haberse alguna vez beneficiado de algún tipo de ayuda estatal. Los mismos que no ven mal que el patriota Tejero (que en nombre de la Patria secuestró a gobierno y parlamento) cobre su pensión del fondo común.

En una ocasión leí una definición de nacionalismo de Vargas Llosa que anoté y hago mía: “El nacionalismo es la cultura de los incultos, una entelequia ideológica construida de manera tan obtusa y primaria como el racismo, que hace de la pertenencia a una abstracción colectivista –la nación- el valor supremo y la credencial privilegiada de un individuo.” Totalmente de acuerdo señor Vargas Llosa. Lo que nunca he llegado a entender es la distinción que usted hace y que está extendida por todas partes entre nacionalismo y patriotismo; para mí, la misma cara de la misma moneda.

Roman Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015 

jueves, 24 de septiembre de 2015

NO LUGARES

NO LUGARES

¿Es lo mismo lugar que sitio? ¿Enclave que espacio natural o urbano? ¿O, como dice mi amigo el estoico: “da igual aquí que allá. Todo lo que un hombre necesita es un metro cúbico de aire alrededor de su cabeza para respirar”?

El antropólogo y etnólogo francés Mark Augé (1935) acuñó el término de no-lugar. Los aeropuertos, autopistas o supermercados son lugares de paso, sin valor relacional ni referencias históricas; con connotaciones de transitoriedad, de tránsito de un lugar a otro, escenario de la soledad de los movimientos acelerados de los ciudadanos, que usan el espacio para ir a otro lugar en el que, en este sí, se relacionan con sus semejantes y hacen uso de su condición y estatus. Los no-lugares carecen de carga relacional. En ellos no nos casamos, ni contamos cuentos a nuestros hijos, ni quedamos con amigos, y si lo hacemos es para ir a otro sitio; no nos relacionamos con el espacio, sea natural o urbano, aunque nos pueda proporcionar encuentros casuales, furtivos e inesperados que pueden dar pie a continuar la relación, esta vez en un lugar de verdad. Una característica de los no-lugares es la dificultad (cuando no imposibilidad) de interiorizar sus aspectos o componentes, aunque los arquitectos se empeñen en intentar transmitir personalidad y orden.

Pocos lugares tan espectacularmente anodinos como la plaza Taksim de Estambul. Quién haya estado allí sabrá de qué hablo. Enorme espacio lleno de gente que se afana de un lugar a otro, estación de metro y de autobuses y boca de la concurrida Istiklal Caddesi, acoge un continuo hormiguero de ir y venir en el que uno se ve inevitablemente atrapado en su visita a la ciudad. No importa las veces que vayas. No recordarás nada de la plaza. Ninguna referencia visual ni de otro tipo. Una ciudad que te dejará grabadas en la memoria excepcionales imágenes urbanas de atardeceres, torres, mercados y minaretes logra que su centro neurálgico y lugar más concurrido no deje ninguna huella. La única memoria es la del paso.



Si la plaza Taskim es un hervidero, la Plaça de les Glòries Catalanes, en Barcelona, confluencia de Diagonal, Gran Vía y Meridiana, es un desierto sin proporciones, sin referentes visuales, o mejor dicho, con referentes de vidrio y acero fríos, desangelados y lejanos. Parece estar pensada para que nadie la atraviese. Nunca. El peatón siente en ese otro no-lugar la situación de desamparo y tedio propio de quién ha venido a soportar el solazo sobre la cabeza en verano o el viento, la lluvia y el frío en invierno. Lo mejor que tiene, al contrario que la plaza Jamaa el Fna, de Marrakech, es que en algún momento se llega al otro lado. En la actualidad se encuentra en obras de ajardinamiento y transformación en lo que se convertirá en una de las zonas verdes más grandes de la ciudad, lo que contrasta con el horroroso proyecto que los desarrollistas de los años 60 diseñaron para el enclave.


De las grandes plazas que son no-lugares la más bella que conozco es, sin duda, la Place de La Concorde, en París. De dimensiones demasiado vastas para que tenga sentido al peatón ofrece vistas únicas. Mi favorita (como la de la mayoría) es la panorámica que se tiene desde las Tullerías con los Campos Elíseos al frente, el hotel de Crillon y la Madeleine a la derecha, el puente del Sena y la Asamblea Nacional a la izquierda, y allí, un poco más atrás, la parte superior de la torre Eiffel. En coche, de noche, la entrada a la plaza desde la Rue Royale, dejando Chez Maxim´s a un lado, es sencillamente espectacular. El gran inconveniente es la dificultad de poder apreciarlo mientras se conduce. La rotonda que rodea el obelisco es tan vasta que hace imposible la señalización en el suelo, lo que convierte la conducción en una aventura de resultado incierto. Tanto es así que, como es bien conocido en la ciudad, las aseguradoras no aplican las reglas de prioridad en caso de choque. Cada vehículo paga sus propios daños. En la época revolucionaria se instaló en lo que entonces se llamaba la plaza de Luis XV la más famosa de las guillotinas siendo decapitados en el lugar unos mil doscientos personajes de la época. Las celebrities de la alfombra roja fueron Luis XVI, Mª Antonieta, Madame Du Barry, Dantón y Robespierre, figuras que en fama igualan y aún superan  a Madonna, Paris Hilton, Brad Pitt, Isabel Preisler y Risto Mejide. El nombre devino en Plaza de la Revolución y finalmente, haciendo gala del racionalismo francés, en Plaza de la Concordia. No hay constancia de que, a pesar de la publicidad televisiva anual, se la vaya a denominar Plaza del Tour de France.


La altura de los edificios circundantes y, sobre todo, los luminosos hacen de Times Square un sitio exclusivamente de tránsito, diseñada para expresar la admiración del paleto, apto solo para la foto y quizás para sacar una entrada de musical, pero no para la relación con los otros o el entorno. No conozco a nadie que se haya dejado un jirón de su alma en aquel lugar: demasiado estímulo y movimiento. Lo mismo ocurre con Picadilly: el incesante trasiego del Circus no permite interacción alguna salvo en su parte central, junto a la estatua de Eros que sirvió (sirve) de lugar de encuentro a jóvenes provenientes de lugares menos libres, libertarios y libertinos, función que de modo más relajado proporciona la escalinata de la Plaza de España de Roma.

Hoy va de plazas que son no-lugares. En otra ocasión nos referiremos a los lugares, en los que ocurren cosas. Como dijo Neruda: “Algún día en cualquier parte, en algún lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo y esa será la más feliz o la más amarga de tus horas”. No te puedo garantizar que lo sientas en uno u otro sentido, pero apuesto a que esto no ocurrirá en Taksim. Ni en la Plaça de les Glòries. Aunque sean catalanas.

Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015

viernes, 18 de septiembre de 2015

CARTELES DE INDEPENDENCIA

CARTELES DE INDEPENDENCIA

He pasado una semana perdido en el GR 65 (sendero de Gran Recorrido) en algún lugar del Macizo Central francés, entre Le Puy-en-Velay y Conques. Como los randonneurs -que es como en Francia se llama a los caminantes o hickers- no son amigos de la televisión, he estado benditamente desconectado del huracán informativo de la Diada  y el pistoletazo de salida de la campaña catalana. ¡Qué alivio! También, tengo que decirlo, me he visto a salvo de las bromas, inquinas, desprecios y ataques de los anticatalanistas. ¡Otro alivio!

A la vuelta de mi incursión francesa pasé, eso sí, un día pateando por Barcelona la Bella y ello fue suficiente para ponerme al día. Como era de esperar, vi cantidad de banderas, banderolas, insignias, letreros y leyendas alusivas al tema de la independencia, lo que me llevó a las siguientes reflexiones:
En primer lugar, me llamó la atención la ausencia de banderas de España. No recuerdo haber visto en mi largo paseo (de unos doce kilómetros) por los barrios de Poble Nou, Eixample, Grácia y Sants ni una sola rojigualda. Me pareció ver una pero estaba enrollada en la barandilla del balcón, con lo que no estoy seguro. En segundo lugar, no vi banderas en los altos bloques de l’Hospitalet que se divisan desde la ventanilla del tren. Ni españolas ni catalanas, como si la independencia no fuera con el extrarradio.

Las banderas catalanas, por el contrario, gozaban de un promiscuo exhibicionismo en la capital. Estaba la cuatribarrada clásica, con su mensaje incierto en lo referente a la independencia. Estaba la cuatribarrada estelada; esta sí que expresando con claridad las pretensiones y querencias de sus moradores. Había también otra, muy extendida, con la punta de una flecha en amarillo en la que se lee: Via Lliure a la República Catalana 11S2015 haciendo referencia, claramente, a la convocatoria de manifestación de la Diada en la Meridiana


La banderola tenía una variante, en la que la fecha estaba escrita del modo 27º11’2015” y la leyenda Ara és l’Hora, refiriéndose al cambio que habrá de venir tras las elecciones. Había otras muchas con un mensaje más cuestionable, propagandístico y algo torticero. Sobreimpreso sobre la estelada venían mensajes del estilo:
 INDEPENDÈNCIA ÉS JUSTICIA SOCIAL. Bueno, no. Independencia no significa justicia social, ni mucho menos. Justicia social significa que la distribución de la riqueza sea equitativa, minimizando las diferencias sociales y eliminando al máximo las bolsas de pobreza y exclusión, y eso, señores no tiene que ver con el tamaño del país ni con la independencia sino con el consenso social y político que haya para transformar la sociedad y, la verdad, suponerle esa actitud a CDC es, cuando menos, ilusorio.
 INDEPENDÈNCIA ÉS PROGRÉS. En fin, será progres si impulsa el progreso, si no, no lo será. INDEPENDÈNCIA ES MÉS TREBALL Y MILLORS PENSIONS: Ahí te quería yo ver, Mercé. El nivel de renta de Cataluña está por encima de la media española, con lo que si la escisión se produjera y ésta fuera consensuada, de manera no traumática, es de suponer que, al no tener que aportar fondos que faciliten el desarrollo de los otros, a medio y largo plazo aumentaría la riqueza, lo que podría repercutir en mejores condiciones. Ahora bien: ¿por qué no escindir Barcelona de Cataluña? Siendo Barcelona más rica que las otras comarcas, y mucho más que su cinturón industrial se podría pedir la independencia de la ciudad y ser aún más ricos. Lo mismo podría hacer Madrid o Londres. En el caso londinense, la City, el distrito financiero, que aporta el 10% del PIB de la Gran Bretaña podría reclamar la segregación de la propia ciudad y de este modo, disfrutar del nivel de renta más alto del mundo…y el que sea pobre, allá él; ¡Que se joda!, que diría la Fabra.
INDEPENDÉNCIA ÉS FUTUR: Ahí estoy cien por cien de acuerdo. Bueno o malo, es harina de otro costal.

La independencia es seductora en tanto que la permanencia es aburrida. ¿Quién en su sano juicio preferiría seguir en el barco de Rajoy cuando le invitan a subir al crucero de la independencia? ¿Quién querría ir en el barco de Rajoy si hubiera otro cualquiera disponible en el Club Náutico? De modo que la bonita historia de la independencia  se vende sin pudor alguno.

George Brown fue un político británico laborista de los años sesenta. Izquierdista, de origen humilde, creció en un piso de propiedad municipal y llegó a todo en la política británica excepto a Primer Ministro. Fue Ministro de Economía y de Asuntos Exteriores con Harold Wilson y recibió título de Lord al final de su carrera. Y también era un gran bebedor. En las múltiples recepciones y cócteles era un peligro. No se sabía por dónde iba a salir el ministro con acceso ilimitado al trago.


En una ocasión, en un acto formal en Suramérica, y tras un número indeterminado de copas sacó a bailar a una atractiva figura con faldones morados y obtuvo la siguiente respuesta: “no voy a bailar con usted por tres razones: la primera es que esto no es un vals sino el himno nacional del Perú, la segunda es que está usted borracho y la tercera es que soy el arzobispo de Lima”.

Claro, la archiconocida anécdota es falsa. Nadie la escuchó de primera mano y además, no figura en la agenda del ministro visita alguna a Suramérica en las fechas en que se le atribuye, pero ¿qué más da? ¿Por qué  habría de echar a perder la realidad una  historia tan redonda, con arzobispo y todo? Falta Rajoy, que, por cierto, vestido de arzobispo no quedaría nada mal.


Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015 

martes, 15 de septiembre de 2015

EL EJE DE LA PROSPERIDAD

EL EJE DE LA PROSPERIDAD

¿Que no recuerdan qué es el Eje de la Prosperidad? Pues yo les haré memoria: en 1994, Esperanza Aguirre, Presidenta de la Región de Madrid, Francisco Camps de Valencia y Jaume Matas de Baleares escenificaron un pacto de humo en el castillo de Bellver, en Mallorca. Las tres regiones del PP “en sintonía total” según palabras de los actores declararon con pompa, circunstancia, bonhomía y un enorme cinismo –propio de los personajes- el “eje de la prosperidad Madrid-Valencia-Baleares”, que respondía a “unas intensas relaciones económicas y comerciales, generadoras de bienestar y riqueza”. Los cimientos habían sido puestos gracias la hercúlea acción del Gran Chamán Aznar que graciosamente había dejado el timón de la nación mientras provocaba con mentiras de desiertos lejanos y montañas remotas el fracaso electoral del delfín Rajoy  y el advenimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, El Incapaz (aunque bienintencionado).


La evolución de los tres personajes es bien sabida: Jaume Matas acabó con sus huesos en la cárcel, Camps salió absuelto de corrupción por una ajustada victoria de cinco votos a cuatro de un tribunal popular y Aguirre... bueno, ella no se ha visto implicada en procesos judiciales; sólo sus lugartenientes (prácticamente todos ellos).

Pero ¿cuál era el verdadero motivo que impulsó a estos relevantes personajes a impulsar una iniciativa tan vacua, huera e inútil como la mismísima Alianza de Civilizaciones? El propósito de los iluminados próceres era, ni más ni menos, que contrarrestar otra iniciativa, esta presentada por quién en aquel momento ostentaba el cargo de President de la Generalitat de Cataluña, el socialista Pascual Maragall.

Maragall, tratando de impulsar el Eje Mediterráneo (entre otras cosas) presentó por aquellas fechas la iniciativa de creación de una euroregión que, además de Cataluña, diera cabida a Aragón, Valencia, Baleares, Languedoc Roussillon y Midi-Pyrénées. Por supuesto, la iniciativa propició el rasgado de vestiduras de los entonces todopoderosos barones peperos. La idea la proponía alguien que se parecía al diablo más que el mismísimo Mike Jagger: nada menos que era socialista y catalán. Ahí es nada. 

El hecho de que la reclamación central de la euroregión fuera la realización del Eje o Corredor Mediterráneo que uniría por ferrocarril de ancho europeo nuestros puertos con los corredores del Ródano, el Rin y los puertos de Hamburgo, Roterdam y el Báltico parecía no tener tanta importancia como el hecho de una prosperidad basada en la construcción y la proyección de innumerables campos de golf con viviendas que debían ser adquiridas con abultados préstamos que proporcionaban mayoritariamente las Cajas (Bancaja, Caja Mediterráneo, Caja Madrid…), para lo que éstas pedían el dinero prestado al exterior, creando una gigantesca bola de nieve de patio de Monipodio.

Y bien: ¿a qué viene ahora todo esto, estas viejas historias de individuos denostados y fuera de la sociedad? Bueno, excepto Esperanza, que aunque algo disminuida ella y asediada por agentes de movilidad, sigue en el candelero. Pues viene a cuento de una entrevista que mi amigo Ciro Cavero me comentó que había escuchado hace unos días en una emisora valenciana al Presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, señor José Vicente Morata. En dicha entrevista, según relato de mi amigo, el empresario expresó una y otra vez la necesidad urgente de la infraestructura que hace sólo unos pocos años la misma Cámara, como todas las asociaciones empresariales de esta región había menospreciado. Por varias razones: en primer lugar porque en aquella época el empresariado valenciano estaba en lo que estaba: en el dinero inmediato, como los pisos: hoy cien mil, la semana que viene doscientos mil y la historia de vías europeas y conexiones era cosa de estrategas desapegados de la pasta gansa, pero sobre todo, lo que  les hacía ignorar la iniciativa es que esta provenía de Cataluña y eso, para nuestra cúpula empresarial es anatema. Para ellos, lo de los vecinos del norte resulta igual que a los portugueses lo de España: “De Espanha nem bom vento nem bom casamento”. Y ni les va excesivamente bien a los lusos ni a nosotros.

Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015 

martes, 8 de septiembre de 2015

INMIGRANTES

INMIGRANTES









Millares de refugiados se desplazan andando por Centroeuropa tratando de llegar a Alemania; cientos más viven acampados en Calais esperando dar el salto al Reino Unido intentando subirse a trenes o a las cajas de los camiones, entre las mercancías; otros, en las playas turcas, dan el salto de manera imprudente y a menudo trágica en pequeñas embarcaciones a las islas griegas. Miles de libios y subsaharianos abarrotan embarcaciones que cruzan el Mediterráneo y desembarcan –o lo intentan- en las islas de Lampedusa o Sicilia. La astuta política exterior española ha logrado implicar a las autoridades norteafricanas en la labor de desactivar aquel aluvión de cayucos y pateras que la chulesca actitud de Aznar ante todo lo que no fuera el imperio había alimentado. Aún así, las vallas de Ceuta y Melilla son, ocasionalmente, puntos calientes de asaltos en masa. El pequeño Abou y otros no tan pequeños han sido descubiertos por la policía española en lugares como maletas, maleteros de coche y otras angosturas. En EEUU, la valla de la frontera mexicana, el Desierto de Sonora y las patrullas fronterizas apenas pueden contener el paso de los ilegales al país. Con la promesa de parar el chorro construyendo un muro de 1.123 kilómetros, Donald Trump, el hombre del peinado imposible, ha logrado encontrar argumentos para presentar su candidatura a la Presidencia; y además, la van a pagar ellos (los mexicanos). Unos vienen en busca de refugio inducidos por la guerra o las represalias y otros simplemente porque quieren otra vida. Iba a decir una vida mejor, pero no estoy seguro: no sé si la vida del mantero extendiendo su mercancía en una calle céntrica de cualquier ciudad española y preparado para correr huyendo de la policía es mejor que la que llevaba en su país, pero al menos, en este lugar –dicen-, hay esperanza de poderla mejorar.




La incongruencia del asunto es que occidente, el primer mundo, no puede  prestar auxilio a todas esas gentes y al mismo tiempo no puede dejar de hacerlo. No puede dejar de hacerlo porque sería un atentado de lesa humanidad, de desatención al desamparado que, sin delinquir, viene en busca de socorro. No puede dejar de hacerlo por su propio interés, ya que la inmigración le garantiza el relevo generacional que la pirámide de la población occidental está pidiendo  y no puede hacerlo, al menos de  manera ilimitada, porque eso significaría abrir las fronteras, lo que acabaría con la situación de privilegio y si no fuera (occidente) una zona privilegiada ¿para qué habrían de venir?

El desfase viene dado por los mismos fundamentos de la filosofía del libre comercio y su oposición al proteccionismo de cuotas, cupos y regulaciones. La libre circulación de mercancías, la cada vez mayor liberación y exención de aranceles y tasas entre países, que tanto progreso ha traído a la humanidad y  las cada vez menores trabas al movimiento de capitales a través de fronteras, que tanta riqueza ha aportado a algunos, no se han visto respaldadas por la tercera pata del estadio liberal del laissez faire: la libre circulación de trabajadores. Es cierto que la oferta y la demanda, por sí mismas, acaban regulando el mercado de mercancías y capitales; con sufrimientos en el camino mientras los desfases encuentran su equilibrio, pero regulándose a la postre. Esto, sin embargo no ocurre, o no ocurre de manera completa si no abrimos las fronteras para que “el mercado del trabajo” –los trabajadores- se regule al mismo tiempo por efecto del mismo mecanismo oferta-demanda. Si admitimos que se pueden fabricar y vender los productos en el lugar que se quiera sin restricción y llevar el capital de un lugar a otro ¿por qué poner puertas al mercado de trabajadores? Si la eliminación de las fronteras sirve para regular los mercados que se instalan allí dónde las condiciones son más favorables, el hecho de poner trabas al desplazamiento de las personas no hace sino desequilibrar el sistema.

Sencillamente, la apertura total de fronteras para las personas significaría la igualación del nivel de vida entre los países y eso es algo que los países occidentales no están dispuestos a conceder, por la sencilla razón de que los vasos comunicantes de la riqueza les harían perder nivel de vida. Lo dice la ley de Murphy: para que unos vivan bien, otros tienen que vivir peor: y eso se cumple tanto de manera intra como inter fronteriza. Para que mi casa luzca, alguien se tiene que subir al andamio para arreglar la fachada, haga frío o calor. Para que en occidente se pueda comerciar con todo aquello que  llenan las estanterías de sus centros comerciales y cuyo IVA paga sus estados de bienestar, deben existir otros muchos países en que puedan fabricar barato y otros más en que se fabrique tan poco y tan barato que cualquier éxodo es deseable a la vida en ellos. Eso, y la guerra.

Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015 

jueves, 3 de septiembre de 2015

MONEY MONEY


MONEY MONEY



“Esta semana se evaporaron más de tres billones de euros” afirma Macarena Vidal Liy en su reportaje del suplemento de negocios en el diario El País del domingo 30 de agosto. La autora se refiere al tsunami ocasionado por la caída de la bolsa de Shanghái que ha arrastrado a los demás mercados haciendo alusión a la popular mariposa de la teoría del caos. Sí, esa que mueve las alas en Japón y causa el granizo que acaba con las expectativas de una buena cosecha de vino en Requena. Nunca lo entendí muy bien, la verdad. Las mariposas siempre están revoloteando, por Japón, por Alaska (en primavera) y por Alcázar de San Juan, y sin embargo, en Requena, a veces hace buen tiempo y otras graniza. Cosas del caos. “El hombre más rico de China (de nuevo según Macarena Vidal), Wang Jianlin, perdió de un plumazo ¿? 3.100 millones de euros”. El artículo también explica que, desde junio, los valores de la bolsa de Shanghái han perdido más de dos billones y que los pequeños inversores chinos, dada su escasa cultura económica e inversionista (no sé porqué pero eso me recuerda a algo o a alguien), están perdiendo sus ahorros ¿o eran sus expectativas de ganancia? a marchas forzadas.

¿Qué pasa con la pasta que aparece, se acrecienta hasta límites indecorosos y de cuando en cuando desaparece, como por arte de magia? En una de las últimas crisis que han azotado a este país (al tuyo y el mío) le oí decir a mi amigo Amador Finisterra: “¿Dónde está la pasta? A mí que no me jodan. Si la semana pasada estaba ¿cómo me dicen hoy que no está? Está, claro que está, pero en otro bolsillo” Mi amigo, futbolista de clase, levantinista de corazón y hombre con un agudo sentido de la supervivencia en épocas aptas y no aptas para la lírica, trasladaba su particular filosofía a una visión panóptica de la economía. Y creo que no es así. O no siempre.

De este modo se explica el contexto del trilero: ¿adónde está la bolita? La bola siempre está en un cubilete ¿o no?  El problema es que nunca está en el que tú crees que debería.  ¿Y el dinero? El dinero está localizado. O está en tu bolsillo (situación inicial) o en el del Gran Trilero (destino definitivo, origen y propósito del juego). A veces, de manera transitoria, está en el del compinche, ese que actúa de gancho y siempre gana.

 Lo que provocan los vaivenes de las burbujas es hacer afluir el dinero de los pequeños ahorradores con pequeñas ambiciones de lucro hacia los bolsillos de los grandes trileros con ambición insaciable. Me comentaba un amigo la decepción de su padre, hombre de zona rural, cuando, en el momento de su jubilación, decidió vender su ganado y conservar los olivos como entretenimiento. El dinero de la venta de las ovejas fue invertido en acciones en un mal momento y se esfumó como el de tantos otros; se fue a engrosar las plusvalías de los profesionales del trueque que supieron salir a tiempo. La historia del padre de mi amigo y sus ovejas es la historia que, repetida muchas veces, construyen grandes fortunas. El dinero cambia de bolsillo. Y siempre en la misma dirección.



Ahora bien: ¿qué pasa cuando pierden todos? ¿Significa que el dinero se desintegra? Hay casos como el de la bolsa china u otros que hemos vivido en el que no se puede identificar el flujo del dinero en una u otra dirección sino que pierden o parecen perder todos. Pierde el pequeño ahorrador (el de las ovejas), pierden los grandes trileros, pierden las catedrales del ilusionismo monetario (bancos) y pierde todo quisqui. Es como si el dinero, que corría abundante por todas partes, desapareciera de un día para otro. En realidad no desaparece sino que nunca estuvo. Bueno, sí que estuvo, pero en su esencia, en el material del que está hecho: de humo. Y es que, desde 1973, en que se abandonó cualquier convertibilidad del dinero en oro, en dólares oro… el dinero es una entelequia. Siempre lo fue, en realidad, pues aunque se pudiera convertir en oro, éste siempre tendría un valor convencional; ¿porqué el oro y no el yeso o el bicarbonato?  La pasta tiene el valor de trueque que le confiere la creencia subjetiva de que será aceptada por los demás habitantes de un país, o zona económica. En teoría, el dinero en circulación representa el valor de todos los bienes y servicios de un país o comunidad económica. La función del Estado debería ser, es en realidad, adecuar el valor del dinero a la producción de bienes y servicios e intentar poner orden en este ejército de trileros con corbata, vendedores de ovejas y anacrónicos jubilados de terno, Rolex y Varon Dandy que según vi el otro día en la tele, aún pululan por un parqué en el que deciden pasar la mañana indiferentes (o atentos) al tráfico intangible de las transacciones electrónicas.

Román Rubio
@roman_rubio
Septiembre 2015