martes, 18 de julio de 2017

¡QUIÉRETEME!

¡QUIÉRETEME!
No daba crédito. Me advirtió mi amigo Benito Ledesma por WhatsApp. Decía haber oído la exhortación por la radio y yo le creí a medias, pensando que era rizar demasiado  el rizo. Hasta que en la mañana de ayer la escuché con estos oídos. Se trata del anuncio de unos grandes almacenes. Al final de toda la retahíla de consejos comerciales sobre pareos, polos de caballero, sandalias de playa y vestidos frescos para el verano, la interpelación directa al cliente: ¡Quiéreteme!

Todo venía porque yo le había comentado con anterioridad a mi amigo lo irritante que me resultaba el uso del pronombre enclítico de primera persona “me” entre desconocidos, en lo que para mí es un intento marrullerete y simplón de impostar campechanía y cercanía. Le relaté como acompañé a una familiar mía a hacerse una sencilla operación quirúrgica de ojos. En la consulta, la oftalmóloga -una pizpireta y bronceada mujer de treintaitantos- le daba a mi familiar, entre golpe y golpe de melena, recomendaciones del tipo “no ‘me’ abras los ojos a pleno sol” “no te ‘me’ limpies la lágrima con el dorso de la mano” y cosas así. Yo, confieso que tenía que morderme la lengua en cada ocasión para no rectificarle y decir: “¡Ah!, ¿quieres decir que ‘no abra’ los ojos o ‘se limpie’ con el dorso de la mano?”, haciéndole ver que ese “me” suena a falsa impostura, es paternalista y da otra vuelta de tuerca al infantilismo dominante en nuestra sociedad, en un empeño de hacernos a todos niños mimados. Bastante tuvimos algunos en la infancia cuando nuestras madres decían aquello de: “mi hijo me come muy bien” o “qué mal que me come esta criatura”. Pero, en fin, se trataba de nuestras madres y ellas sufrían “de verdad” cada bocado que dejaba de dar su hijo, cosa que no parece ser el caso de la desenfadada y muy bien remunerada oftalmóloga de pago y de lucida melena.

La primera parte del mensaje comercial –“Quiérete”- insiste en la línea de la marca, que hace unos años sacó la campaña “Porque tú te lo mereces” ¿Se acuerdan? Era aquello de: ¿No querías ese vestido tan elegante y que te quedaba tan bien de Vincenzo & Porquino? Pues es tuyo, mujer. ¿Y los zapatos de Ruperto Vespino, aquellos tan caros? Pues también, “porque tú te lo mereces”. Y tú, muchacho, te mereces ese traje de Leovigildo Plegma que antes valía 700€ y ahora sólo 650€, con el que vas a arrasar… En definitiva, todos, para los grandes almacenes, nos merecemos “lo mejor”, que no es sino, exactamente, lo que ellos venden. Lo que ya me parece un alarde de estrambótico funambulismo es la última parte del mensaje: ese “me” atrevido, falso como un doblón de hojalata y ofensivamente paternalista.

Y como hoy va de pronombres enclíticos (aquellos que se posponen  a los infinitivos, gerundios e imperativos de los verbos) no dejaré de mencionar la que, sin duda, es la noticia de la semana –con el permiso de la última movida del separatismo catalán y la detención de tal o cual prócer-. Se trata de la decisión de la RAE de aceptar “iros” como forma válida para el imperativo del verbo ir, que tenía (y seguirá teniendo) “idos” como forma normativa, asunto que los suramericanos y canarios  tenían ya solucionado con su “váyanse”, como en “váyase, señor González”. Ha sido estupendo. De un día para otro han salido defensores y detractores de una y otra forma en las redes sociales. Los cultos, el puñado y medio que usaban  “idos”, han saltado enfurecidos ante lo que era un clamor, como un día ocurrirá con el “andé” y el “anduve”. Han visto devaluado ese conocimiento que les hacía mirar por encima del hombro a los pobres desgraciados incultos que decían “iros” de la misma manera que estos miraban por encima del hombro a los que, como la inefable Lola Flores, decían: “¡Si me queréis, irse!”.

Estoy con Pérez Reverte cuando manifiesta lo de: “Ahora resulta que los que decían y escribían ‘idos’ eran muchísimos y estaban todos en Twitter. Qué sorpresas te da la vida”.

Román Rubio
Julio 2017

1 comentario:

  1. Tan acertado como de costumbre. Cuídatemé mucho. Observa la licencia de la doble acentuación. Los manchego somos muy enfáticos

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