martes, 23 de julio de 2019

COMUNICACIÓN INCLUSIVA


COMUNICACIÓN INCLUSIVA


Me alegré cuando Obama fue elegido Presidente. Porque era (y es) negro, sí; pero no solo, sino porque es un tipo elegante, educado, dialogante, diplomático, sincero y con un excelente sentido del humor (como demostraba en cada una de las cenas de la prensa). Al contrario del brutal patán de color calabaza que le ha sustituido en el cargo.
Haciendo gala de mi “transversalidad” en los asuntos políticos, siempre he expresado mi admiración y simpatía por Manuela Carmena —por su talante y sentido común— y por Angela Merkel (para pasmo de mis amigos progres) por su sensatez e inapelable conminación a los países meridionales de “gasta lo que tienes”.
Me llevé una sorpresa agradable el otro día al enterarme de que, por primera vez, una mujer, Patricia Ortega, había sido promocionada al cargo de general del Ejército Español “por haber acumulado el mérito y capacidad para ello, y no por cupos”, como señaló el Jefe de Estado Mayor en presencia de su jefa directa, la Ministra Margarita Robles, y me llamó la atención que la flamante general no hiciera alegato feminista alguno en su primer discurso en el empleo para disgusto de algunas personas que murmuraron por lo bajini con el gesto torcido.

Hace unos días la alemana Ursula Von der Leyen —madre de siete hijos, además de ministra de defensa de su país— fue nombrada presidenta de la Comisión Europea, unos días después de que Christine Lagarde dimitiera como jefa del FMI para pasar a dirigir el Banco Central Europeo; y otra mujer, la ministra Calviño, suena como sustituta de Lagarde en Washington.

No me considero, por tanto, ni racista, ni homófobo ni cosas así, pero como las mujeres del César no solo tenemos que ser virtuosas, sino parecerlo, incitado por Javier Marías, me he hecho con una Guía de Comunicación Inclusiva editada por el Ayuntamiento de Barcelona para ver de pulir y poner al día mi torpe y atrasado lenguaje, al parecer irrespetuoso y muy alejado de ayudar a “construir un mundo más igualitario”.

El apartado de Racismo y prejuicios étnicos y culturales no tiene desperdicio. En primer lugar nos dice que “un tercio de la ciudadanía de Barcelona proviene de orígenes y contextos culturales diversos” ¿Diversos? ¿Un tercio? ¿Y qué pasa con los otros dos tercios, que “son de aquí”? Todos son diversos; ahora, si lo que quieren decir es que no son autóctonos… Después continúa explicando que la “racialización” es “una construcción social que sitúa a las personas blancas por encima del resto” (gracias por la aclaración), para terminar añadiendo el enigmático y ocurrente axioma de que, aunque las razas no existen, el racismo sí.

Y pasa a hacer una recolección de palabras y expresiones a evitar y a sustituir por otras: inmigrante y emigrante pasan a ser proscritas; hay que decir migrante, como las aves, y persona de color o negro quedan prohibidas en beneficio de persona negra (no veo la mejora, aparte ser mucho más inespecífica), persona afrodescendiente (muy práctico) o la extravagante y poco concreta persona racializada. No sé ustedes, pero yo, a pesar de mis esfuerzos, no me veo diciendo: “tengo a una persona racializada” como nuevo vecino en la finca. Por supuesto el moro y la mora deben ser nombrados como persona del Magreb (lo de magrebí ni se nombra en la moderna guía) y al inmigrante de segunda generación se invita a llamarlo descendiente de personas que migraron, lo que no parece ser un enorme avance.
En el capítulo del lenguaje homófobo o sexista también hay indicaciones pintorescas. Por ejemplo, la contundente expresión vete a tomar por el culo aparece como inaceptable y se propone, en cambio, la más amable de vete a freír espárragos, lo que habría contado con la aprobación de mi abuela, que habría añadido, quizá, vete a hacer gárgaras, y la expresión cambio de sexo aparece como no respetuosa, proponiendo operaciones de afirmación de género en su lugar, confundiendo, en mi opinión, los conceptos de género y sexo.
El capítulo de discapacidades físicas y mentales es también amplio. Se consideran expresiones no respetuosas discapacidad, incapacidad, deficiente, minusválido, inválido, paralítico y cojo, para sustituirlos por circunloquios como persona en situación de discapacidad, o las poco concretas de persona con discapacidad física (¿pero, no habíamos quedado que discapacidad era humillante?), o la vaga persona con movilidad reducida (¿es cojo, va en silla de ruedas o está postrado?
El ciego y el sordo pasan a ser persona con ceguera y cosas así y lo más chocante: el lenguaje de signos es una expresión poco respetuosa y debe decirse lengua de signos en su lugar.
En fin, me dejo capítulos sustanciales y sustanciosos como el de salud mental, pero lo pueden consultar, si gustan, en el siguiente enlace:



Estoy tratando de interiorizar las consignas del Ayuntamiento de Colau. Para ello me leo una y otra vez la lista de expresiones correctas intentando automatizarlas. Prometo borrar de mi vocabulario palabras ofensivas como “hermafrodita” para referirme a una “persona con DSD (diferencias en el desarrollo sexual)”. Y si no me entienden, pues allá ustedes.


Román Rubio

Julio 2019

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