jueves, 25 de julio de 2019

BORIS Y DONALD


BORIS Y DONALD



Lisa y Louise son dos hermanas gemelas que en la película El Resplandor representaban el papel de las niñas asesinadas por un padre loco que había sido guardián del infortunado hotel de Colorado. En la novela original, de Stephen King, eran simplemente hermanas, pero alguien decidió que fueran gemelas en la película y las vistió de ese modo tan convencional y repipi que potencia la carga trágica de la historia.
Muchos han querido ver en Donald y Boris a las gemelas idénticas que Danny, el hijo de Jack Torrance (Nicholson), vio, o creyó ver, mientras recorría en triciclo los pasillos del hotel.
No lo son. Tienen sus coincidencias, como el color del pelo, el olfato político, el arrojo y una enorme ambición. Todo lo demás son diferencias, si exceptuamos la habilidad como encantadores de serpientes, o de personas.

Donald es impulsivo, iletrado y abstemio, Boris, calculador, erudito y borrachín. Boozie Bear (osito borrachín, como le llama cariñosamente su nueva pareja) estudió en Eton y Oxford, donde se licenció en Lenguas Clásicas y presume (con fundamento, al parecer) de ser capaz de hablar en latín, que es algo poco o nada cotizado en los concursos de miss mundo que Donald solía organizar. John Carlin le entrevistó cuando era alcalde de Londres. Nada más empezar, y saliendo a colación la figura de Borges, el despeinado alcalde, al que su biógrafa Sonia Purnell lo describió como “… la antítesis del títere repeinado. Parece una cesta de la ropa sucia con sobrepeso y tiene el hábito de olvidarse de la ducha”  se arrancó citando literalmente el primer párrafo de uno de los relatos del argentino, para, a continuación, citar a Adriano, el emperador del que no estaba seguro si provenía de la Hispania Ulterior o de la Citerior (otro asunto nada relevante en el universo de Donald).

El carismático Boris es simpático, algo payaso, ingenioso, cautivador y brillante en su discurso; y muy, pero que muy, cínico. Las opiniones de algunos de sus antiguos colegas periodistas sobre él son demoledoras. Un exdirector del Daily Telegraph, Max Hasting, que coincidió con él durante veinte años, escribió: “La mayoría de los políticos son ambiciosos e implacables, pero Boris es un egomaníaco medalla de oro. No le confiaría ni a mi esposa ni, francamente, mi billetera. Y es también mucho más despiadado y ruin de lo que el público cree” Un amigo.

Haciendo gala de sus convicciones, siendo en un principio defensor de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, a la que comparó en un ensayo de su autoría con el moderno Imperio Romano, cambió de bando para enfrentarse a Cameron (ex alumno de Eton, como él mismo) y poder llegar algún día a liderar el partido y ser Primer Ministro.

Su pintoresco padre, Stanley, es una celebridad gustosa de aparecer en los programas de la tele; a ser posible, con una copa de champán en la mano. Es firme defensor de la permanencia en la UE ya que en su pasado ostentó cargos en el Banca Mundial y en la Comisión Europea. Sus brillantes hermanos, periodistas de renombre y políticos, también hicieron campaña por el remain, aunque Boris pudo con todos.
Pero, ¿qué hay de sus ancestros? Antes muerta que sencilla.
Para empezar, nació en Manhattan, a unos pocos kilómetros de Queens en donde vivía el joven  Donald y mantuvo unos años la doble nacionalidad americana y británica. 
Por vía materna tenía una abuela medio inglesa medio suiza y un abuelo, Ali Kemar Bey, turco, musulmán, periodista, escritor editor y político del Imperio Otomano que murió durante la Guerra de la Independencia de Turquía, linchado por una turba enardecida, convenientemente azuzada por sus enemigos políticos. Su otra abuela, Irène Johnson, era medio inglesa medio francesa, nieta ilegítima del Príncipe Paul de Würtemberg y por tanto, descendiente del mismísimo Jorge II de Inglaterra por vía bastarda, lo que le emparenta de manera lejana a las familias reales europeas y le hace primo octavo de su rival político, el ex Primer Ministro Cameron. Por vía materna, su madre, Charlotte, era nieta de un judío ruso lo que ha hecho que Boris se defina a su mismo como el hombre melting pot, aludiendo a sus ancestros musulmanes, judíos y cristianos.

De momento, Donald ha dado el beneplácito a la carrera de Boris y ambos están en la cabina de mando del mundo anglosajón. No son de fiar. Uno por zafio y brutal y otro por cínico y amoral forman una pareja inquietante.

Intenten evitar encontrárselos cogiditos de la mano mientras conducen alegremente su triciclo por los pasillos del hotel. Son mal presagio.

Román Rubio
Julio 2019

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