domingo, 27 de septiembre de 2020

EL HOMBRE PRUDENTE

 

EL HOMBRE PRUDENTE


A mí me pasa. Basta con que me queje de la ineficacia o impericia de un delantero viendo un partido de fútbol para que este marque un golazo dejando a quien esto escribe con la impresión de lo guapo que habría estado calladito. En la cancha, a menudo, el jugador lo escenifica llevándose el dedo a la boca mandando callar a los descreídos como yo. El destino parece empeñado en quitarle a uno la razón. Y es que no hay razón que valga en los asuntos que no dependen de uno. Me lo dijo una vez alguien más sabio que yo: “Nunca presumas de buena salud que ya se encargarán los bichos o las mutaciones celulares de dejarte como un idiota,  ni presumas de nada que no dependa directamente de ti”.  Será por eso que siempre he encontrado ridículo aquello del orgullo de ser español, vasco o serbio, ya que —aparte, quizá, del alcalde de Bilbao— nadie elige donde nace.

En cuanto a lo que depende de uno, tampoco hay que presumir demasiado, pues uno es frágil, limitado e insignificante ante los embates de la caprichosa chiripa (o contingencia, como dirían en el pueblo aquel de Albacete). En definitiva, que hay que ser prudentes, coño.

Los políticos también. Estos, en su ciega lucha por el poder, y apremiados en muchos casos por los prejuicios etnocentristas de su tribu, han olvidado la levedad de sus personas y anhelos frente a los avatares del destino y hacen el bocazas sin descanso.

El adalid del País de la Estela aconseja no viajar al País del Madroño para preservar a los habitantes de su tribu de la sarna que campea por aquellas dehesas. Su segunda de abordo, portavoz de los de la raza elegida, había dicho que, desvinculados de los del Madroño, los Castañuelas, los Percebeiros, los Hidalgos y otros taifas menores,  las cosas irían mucho mejor para ellos, cosa que la maldita sarna se encargó en contradecir algo después convirtiéndoles a ellos en los apestados, lo que no impidió a los de la Estela solicitar a los sarnosos que fueran a veranear a su territorio y llenaran los hoteles para salvar así la temporada.

La Amazona del País del Madroño, poseída en ocasiones por delirios marianos, no tenía (y tiene) más empeño que contradecir al Gobierno de la Galaxia, y los de su secta critican a los del Gobierno  despiadadamente y se declaran continuamente en rebeldía, ora por tomar el mando sobre sus taifas (lo que consideran una intromisión inaceptable) ora por devolvérselo (lo que consideran una dejación de funciones).

Y en medio de tanta cigarra arribista, ineficaz, lenguaraz y petulante, un hombre justo. Al frente del País de la Luz…, patria de naranjas y fuegos fatuos, un hombre que no presumía de haber logrado mantener a su País con el menor número de casos de sarna del Reino. Bueno, él, en realidad, no había hecho algo muy distinto a los demás, pero al menos era consciente de que la fortuna, el azar, la suerte, el sino, el destino o quien quiera que fuese había soslayado (o amortiguado) el paso por su tierra. Toquemos madera.

Y prudente como era, el caudillo no sacó pecho, ni se hizo atribuir el mérito ni buscó medalla alguna, lo que engrandece su figura.

El hombre es tranquilo y sobre todo es prudente, y la prudencia le enaltece. Que siga así. Le expreso mi reconocimiento y le deseo lo mejor. Que siga prestando atención a los días ventosos y que no caiga en la tentación de sacar pecho ante lo incontrolable, pues el destino y el delantero siempre van a por el partido y a llevarle a uno la contraria.

 

Román Rubio

Septiembre 2020



No hay comentarios:

Publicar un comentario