lunes, 19 de diciembre de 2022

PALABRA DEL AÑO

 

PALABRA DEL AÑO



Estamos en tiempo de recapitulación, con las listas de lo mejor del año: las 20 mejores series, los 30 mejores libros, las mejores películas o la recopilación de las más rutilantes proezas deportivas, a la que acaba de incorporarse Messi, aprovechando la última hoja del calendario. Una de mis listas favoritas es la de la palabra del año que elige Fundéu (la Fundación del Español Urgente), entidad impulsada por el, en su tiempo, presidente de la Agencia EFE, mi admirado Álex Grijelmo, supervisada por la RAE, que trata de establecer las normas de uso de la lengua española dirigido a periodistas, escritores y público en general que quieran consultar los entresijos del buen uso del corpus vivo de la lengua.

Las palabras que compiten este año para ser “la palabra del año” son: apocalipsis (mejor que armagedón —lugar donde se supone que se librará la batalla final entre el bien y el mal en el libro del Apocalipsis—), criptomoneda, diversidad, gasoducto, gigafactoría (referida a la fabricación de baterías para coches, no al tamaño de la fábrica), gripalizar (fea palabra), inflación (que no inflacción, como dicen algunos), inteligencia artificial, ucraniano (mejor que ucranio, como gentilicio) y sexdopaje (con o sin Viagra). A mi parecer, un año difícil y hasta cruel en lo que a eventos se refiere, pero aburrido en lo del léxico. Para algunas personas, entre las que me incluyo, las palabras tiene su atractivo (mayor o menor) y, sinceramente, las contendientes de este año nada tienen que hacer con voces sugerentes e innovadoras como escrache (1913), selfi (2014), o mi favorita: aporofobia (2017), (vocablo inventado por la catedrática Adela Cortina y que alude a la aversión a los pobres). Ni siquiera se acercan a las decentes “los emojis” (2019), populismo (2016) o microplástico (2018), aunque están en la línea de las sosonas vacuna (2021) o confinamiento (2020).

En Reino Unido no tienen una institución como la Fundéu, ni Academia de la Lengua, por lo que son los grandes diccionarios los que cumplen esta función. El Oxford English Dictionary, considerado el árbitro y guardián de la lengua inglesa, ha abierto la elección a votación popular por primera vez. La expresión elegida por la mayoría de los más de trescientos treinta mil británicos que se dignaron contestar ha sido la expresión “goblin mode” —(los goblin son esos pequeños monstruitos que viven en los bosques, que tienen orejas puntiagudas y mirada traviesa, si no maligna)—,  que designa ese tipo de comportamiento “desinhibidamente  autoindulgente, perezoso, descuidado, glotón y egoísta, típicamente un modo que rechaza o elude las normas sociales y las expectativas”. En definitiva, el estado del que está lánguidamente tumbado en pijama en el sofá, comiendo algo de la nevera, sin propósito de hacer algo de provecho para él ni para los demás.

El Collins Dictionary, el otro guardián de la lengua inglesa y el mayor recopilador de su corpus léxico, también ha publicitado sus resultados. La palabra elegida es permacrisis, referida a la crisis permanente que se vive en el país con la inestabilidad política persistente, la guerra de Ucrania, la pandemia que no acaba de irse, el cambio climático, los precios, etc., que se ha impuesto a otras como partygate (gracias al imprescindible Boris),  warm bank (locales públicos con calefacción, como bibliotecas, etc., donde la gente que no puede caldear su casa puede ir a pasar el día calentita), lawfare (guerra legal, vocablo que se está colando en nuestro idioma gracias a la incompetencia de los políticos de aquí), o mis dos  favoritas: quiet quitting (la práctica de hacer estrictamente el trabajo que uno le pagan y ni un ápice más) y carolean (carolino, adjetivo referido al nuevo rey Carlos).

Y esto es lo que hay. En español y en inglés. Al año que viene, más.


Román Rubio

Diciembre 2022


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