miércoles, 18 de febrero de 2015

LA ACADEMIA DEL ESPÍRITU SANTO

LA ACADEMIA DEL ESPIRITU SANTO

“ Y al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en el mismo lugar, cuando de repente vino del cielo un estruendo como de viento que irrumpe impetuoso, el cual llenó toda la casa donde estaban. Y vieron sendas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; se sintieron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas según que el Espíritu les concedía expresarse”.

                                                                                                                           
En mi larga carrera como profesor de lengua extranjera (inglés)  me he enfrentado en innumerables ocasiones a la temida pregunta: “necesito aprender inglés ¡ya! ¡de aquí no pasa!, ¿qué debo hacer?”. Mi respuesta, macerada por el tiempo, a la inocente pregunta es: matricúlate en la Academia del Espíritu Santo. Es lo único que funciona. ¡Bueno, también está Vaughan!  E innumerables métodos, academias, profesores nativos, no nativos y mediopensionistas… está la web (excelente para el propósito) y todos esos cursos de audio y video de los que te has comprado los dos primeros fascículos... Pero, para ser realistas, si partes de un nivel muy bajo, necesitas un periodo de entre cinco y diez años, no para poder “hablar” inglés correctamente, sino para poder tener un nivel mínimamente aceptable que te permita manejarte y sobrevivir en contextos que no requieran gran responsabilidad, ¡siempre y cuando te lo trabajes a tope, claro!. Como en una ocasión le oí decir a Richard Vaughan: es más sencillo y requiere menos esfuerzo sacarse una licenciatura que aprender inglés de un modo que te permita trabajar o moverte con una cierta solvencia por el mundo. ¡Y eso que el hombre estaba vendiendo su producto!

Ni que decir tiene que mi respuesta no gusta. Nada. Por alguna razón que no llego a comprender bien, muchos piensan que se trata de una respuesta arrogante o maledicente, cuando en realidad, es sólo realista. De hecho, muchas personas no son conscientes de que están subestimando la dificultad del objetivo y creen que es un menosprecio a sus capacidades. En absoluto.

Aclaremos unos conceptos que formulara el profesor Stephen Krashen (Chicago,1941) y que aclaran aspectos referentes a las habilidades comunicativas en segundas lenguas. En primer lugar, diferenciemos entre los conceptos de “adquisición” y “aprendizaje” (acquisition and learning theory). La adquisición del lenguaje se produce de manera natural, intuitiva e inconsciente, sin darnos cuenta de que estamos aprendiendo. Es la manera en que aprende un niño. En la medida en la que el niño vive expuesto a la lengua de los adultos y, todavía mejor, en el ámbito de una familia afectuosa (afective filter hypothesis) aprenderá la lengua de manera sencilla y natural. Hasta aquí, todos de acuerdo. Hasta los más zotes parecen no tener dificultad para aprender la lengua materna.
Stephen Krashen

El adulto que vive en un país con una lengua diferente tendrá que reproducir las condiciones para que se produzca la adquisición, algo difícil de conseguir y siempre de manera limitada, con lo que tendrá que recurrir al “aprendizaje”. Éste es un proceso voluntario, consciente e intelectual que conlleva ejercicios, gramática, reglas y corrección de errores. Es, por tanto, mucho menos efectivo y, desde luego, menos natural y más sacrificado.
La pregunta es: ¿Se pueden reproducir contextos para que se produzca la “acquisition” en los adultos? Bueno, hasta cierto punto sí. Se puede impostar situaciones de comunicación (falsas, o casi) en clase que simulen necesidades comunicativas. Hasta cierto punto.

Podría también ocurrir el caso improbable (no sé si deseable) de un naufragio en una isla desierta en el que fuéramos la única persona de habla española dentro de un grupo de, digamos, diez personas de habla inglesa –Dios nos libre-  en dónde tuviéramos que convivir por el plazo de dos años -situación extremadamente difícil si no sabes jugar al cricket o no has visto jamás un capítulo de Eastenders-. Aún en ese caso improbable, que representaría el estadio de inmersión ideal, al ser adultos, estaríamos inconscientemente deduciendo reglas gramaticales y de traducción que obstaculizarían la adquisición “pura” del niño, que no establece hipótesis de generalización ni traduce. Pero aprenderíamos, ¡vaya si aprenderíamos! No creo, sin embargo que esto ocurra. Por señalar algo más factible, podríamos ir a vivir a un país anglohablante por una larga temporada. De este modo, esperar la vuelta cada noche al cuchitril a precio de oro en el que estamos instalados y, tras una larga jornada lavando platos en compañía de italianos y polacos, tener estupendas y relajadas conversaciones con nuestra familia y amigos españoles vía Skype (que la Providencia creó gratuito y así lo conserve muchos años).

Para el lingüista Stephen Krashen, especialista en el tema, el asunto clave es la gestión del input. La habilidad comunicativa en una lengua extranjera depende de la cantidad de input –exposición a la lengua- siempre que se produzca en un contexto significativo. Como es natural, si quieres aprender chino, no es suficiente someterte a sesiones de ocho horas diarias escuchando una emisora de radio china. Las palabras, los sonidos, no están conectados a nada, convirtiendo la actividad en un ejercicio estéril. Es la ligazón con la realidad, la vida, lo que carga las palabras de significado. El tomar café a diario en bar regentado por chinos, he oído decir que tampoco da los resultados esperados.



 Quiero también señalar que he apreciado dos maneras de acometer la idea del aprendizaje de la lengua extranjera. En primer lugar, la mayoría de personas expresan una orientación hacia la meta. “Quiero saber inglés” (cualquier cosa que eso signifique; como si “saber” inglés fuera un estadio absoluto –se “sabe” o no se “sabe”- y no un constructo continuo). Este tipo de personas, según mi experiencia, nunca lo consiguen y abandonan a las pocas semanas con resultados decepcionantes. Otro tipo de personas, menos numeroso, se orienta hacia el proceso. “Quiero aprender”, “quiero mejorar mi inglés”. Estas  personas casi siempre perduran en el  empeño y obtienen resultados satisfactorios, del mismo modo que hay adolescentes que sueñan en ser ídolos del rock mientras a otros les encanta tocar la guitarra. Es mucho más probable que sean los segundos quienes al final, lleguen a conseguir ser ídolos.

Y, si esta larga explicación ha sido de algún modo descorazonadora, no desesperemos, ya que nadie nos puede negar el derecho a explorar la vía rápida: reunámonos en grupos de doce y mientras saboreamos nuestra “relaxing cup of café con leche” esperemos que venga el esquivo espíritu en forma de lenguas de fuego, paloma o tarjeta black y nos ilumine.


Román Rubio
#roman_rubio

Febrero 2015  




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