sábado, 26 de diciembre de 2015

CORRELACIONES ESPURIAS

SPURIOUS CORRELATIONS

“El día que tú naciste, nacieron todas las flores /por eso los albañiles llevan zapatillas blancas” cantaba con gracejo un amigo de la infancia, allá en la España profunda,  en una interpretación libre le “las Mañanitas del Rey David”

La absurda letra de la cancioncilla, como la popular relación entre la velocidad y el tocino no  provienen de surrealistas diálogos de Groucho Marx, sino del acervo popular de la España rural de antaño y, en mi opinión, condensa, tras su aparente sinsentido y  manifiesta incongruencia, una sabiduría filosófica innegable y un mensaje contundente: ¡cuidado con las atribuciones causa –efecto! Las cosas parecen estar determinadas por la relación del tipo “A produce B” o “B es consecuencia de A” o (como diría un matemático) “A luego B”, pero, ¡atención!, hay que demostrarlo.


El ideario popular asocia la sabiduría con la lectura y probablemente tiene razón pero atribuye a la lectura el estatus de condición. Si lees serás sabio, pero ¿por qué no determinar que es la sabiduría la que  incita al individuo a la introspección y la lectura y no al revés? O,  ¿por qué no inferir que hay una causa diferente, tal que la curiosidad, que empuja a las personas sabias y cultas a continuar leyendo?


Hay otras muchas variables relacionadas a las que la filosofía popular otorga la relación causa- efecto sin que esta esté demostrada. La salud o el dinero como causa de la felicidad, el consumo de drogas como causa de problemas psiquiátricos, el alcohol como desencadenante de la violencia doméstica y la democracia en España como origen y causa última de la corrupción. Y nada de esto es cierto; o no, necesariamente.

En realidad lo que queremos decir, en la mayoría de los casos es que las variables A y B están positiva (o negativamente) correlacionadas; es decir, que el número de consultas psiquiátricas entre la población de consumidores de hachís y otras sustancias más fuertes es superior estadísticamente a las de la población no consumidora, lo cual no quiere decir que sea la causa. Podría ser al contrario; que las personas con problemas psicológicos son más propensas a colgarse con el porro, o bien, una tercera explicación: que una causa externa (diferente) como la sobreprotección en la niñez, una situación de inestabilidad familiar o de carencia afectiva sea la “causa” de la ocurrencia de ambas variables. O puede darse una correlación de dos variables puramente casual, como de hecho se da a miles en la vida real a poco que quisiéramos investigar.

Pues bien, hay alguien que lo ha hecho (investigar sobre el asunto, me refiero). El norteamericano Tyler Vigen ha escrito un delicioso y disparatado libro titulado Spurious Correlations en el que con ingenio y humor muestra correlaciones (tanto positivas como negativas) imposibles para intentar demostrar la falacia del “Cum hoc ergo propter hoc” (por tanto a causa de esto). Aquí van algunos curiosos ejemplos:

Nadie en su sano juicio (exceptuando quizás a aquellos de mi pueblo gustosos de cantar lo de las flores y los albañiles) relacionaría el índice de divorcios de cualquier lugar con el consumo nacional de margarina. Tyler Vigen lo hace y obtiene una correlación entre la tasa de divorcios anual del estado de Maine y el consumo nacional del alimento de 0.99.


En su delirio de correlaciones absurdas, el autor no sólo muestra las positivas sino las negativas. Una correlación negativa entre variables implica que la ocurrencia de A previene la ocurrencia de B. En el gráfico siguiente se ve que las variables tienen una correlación negativa de -0.94, siendo A: “Número de obras de arte visual registradas como producto mercantil” y B (no se lo pierdan): “Número de mujeres en Nueva York muertas por resbalón o tropezón” (entiendo que mientras andan por la calle o espacios públicos. Torpes, ellas).


Y, finalmente, mi favorita. El autor encuentra una correlación de 0.94 entre la variable A: “Ingresos totales generados por estaciones de esquí en los EEUU” y B: “Número de personas muertas a causa de enredarse en sus propias sábanas” ¡No me digan que la relación no es evidente! Y, sobre todo, piensen: ¿conocen de alguien que haya muerto por esta causa?, ¿han oído alguna vez de alguien a quién le haya podido ocurrir algo así?, ¿cuál puede ser la absurda situación en la que un ciudadano libre de toda sospecha (o no) resulte muerto al enredarse con las sábanas de su cama? El hecho de que ocurran cosas así nos dan idea de lo grande y absurdo que puede ser el mundo (o los Estados Unidos, anyway). Se entiende que el sujeto se encuentra solo en la cama -en otro caso, acompañado de frenética actividad, hablaríamos de homicidio o suicidio asistido-, y se habla de ropa de cama. De algún modo, en el año 2008, 809 norteamericanos se las arreglaron para ser aniquilados por agresivas sábanas y edredones de IKEA, Home Depot o cualquier otro peligroso proveedor . El cómo lo consiguieron es algo que se escapa a mi comprensión, no sé a la de ustedes.

Pues sí, lectores, sí. La próxima vez que escuchen a alguien decir, cargado de razón, que algo así es debido a esto otro (a discrecional conveniencia) y lo argumenten con la creciente o decreciente incidencia de una y otra cosa, piensen en la extraordinaria coincidencia correlacional entre fenómenos tan obviamente ligados entre sí como la recaudación de las estaciones de esquí y el número de personas muertas por estrangulamiento o asfixia entre sus propias sábanas. En EEUU, claro.

Román Rubio
@roman_rubio
Diciembre 2015 











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