jueves, 31 de diciembre de 2015

BOXEO


BOXEO



Michael  Robinson es un tipo muy popular.  Fue futbolista, el típico delantero de poca floritura presto a rematar cualquier cosa que pasara por el área -se tratara de un melón, un obús o un balón-; con la cabeza, con el pie, con la nuca o la rodilla con tal que fuese a puerta, primero con el Liverpool y luego con Osasuna. El programa de radio que hace en la SER (acento Robinson) cubre aspectos humanos del deporte; personajes o situaciones  de las que no se ocupan los telediarios.

En uno de sus últimos programas presentaba una entrevista con Antonio el Bigotes, un tipo de Sevilla, regidor (o propietario) de un gimnasio en el que acoge, entre otros, a muchos a chicos de las 3000 viviendas,  gente con historia de broncas, drogas, prisión…y que daban su testimonio de agradecimiento al Bigotes y al boxeo en general. Hasta había testimonio de chicos y chicas sordociegos –el hecho de que personas sordas y ciegas puedan aficionarse a una actividad que consiste en darse mamporros es algo que se me escapa, pero ¡hay tantas cosas que se me escapan!-… Todos ellos ponían de manifiesto algo en común: la liberación y el sentido que el boxeo (y el Bigotes) añadían a sus vidas.

Es la vieja historia tantas veces vista. Gente desfavorecida, pobre por lo general, que encuentra en el intercambio de golpes la salida –quizá la única- que, a falta de otras  habilidades, tiene a mano. Es la historia de un Rocky de andar por casa o la de juguetes rotos como Toro Salvaje, Jake LaMotta, Huracan Carter, Mohammed Alí, Million Dollar Baby y tantas otras. Es la historia de la liberación por el mamporro, similar a la de los niños de las favelas con el balón y los muchachos que en los años cincuenta saltaban a los recintos de las ganaderías taurinas de España con un trapo rojo y un palo.

En pocos lugares  del mundo se ha visto el boxeo como una oportunidad como en Limerick (Irlanda), la tierra de Frank McCourt en su  Angela’s Ashes” (Las cenizas de Ángela). O, mejor dicho, en EEUU para los jóvenes irlandeses de 1850 en adelante. Tras la Gran Hambruna de 1845-1849, casi la mitad de la población de la empobrecida Irlanda se vio forzada a emigrar a las zonas industriales de Inglaterra y, masivamente, a los EEUU, ocupando barrios enteros de lugares como Boston o Nueva York. Algunos consiguieron hacerse policías o bomberos en la segunda generación; para los otros quedaron los trabajos más duros y peor pagados. Eso, y… el boxeo. Los irlandeses eran fogosos, duros, buenos encajadores, eran bravos y estaban dispuestos a romperse la crisma por un puñado de dólares. Muchos de ellos venían de Limerick, como Sean Thornton, “El Hombre Tranquilo” de John Ford, interpretado por John Wayne, que vuelve a la bucólica Irlanda de la que salió a los doce años para curarse una herida de ring y descubrió que el país soñado no era tan bucólico como había imaginado.
John L Sullivan “Strong Boy”


El personaje de Sean Thornton era, en realidad, un tributo a un puñado de bravos irlandeses como Paddy Ryan, que en 1880 ganó a Joe Gross (campeón inglés), tras 87 asaltos a puño desnudo el primer campeonato  oficial de EEUU para perderlo dos años después (1882) contra otro irlandés, un coloso, enormemente popular en su época y primer deportista americano en ganar un millón de dólares: John L. Sullivan (Strong Boy).
El irlandés de Boston fue campeón con las Reglas de London Prize Ring (boxeo profesional sin guantes) y con las normas del Marqués de Queensberry (con guantes, rincones y tiempos marcados más o menos como conocemos ahora). Aunque gustaba de pelear en cualquier lugar en que alguien aceptara intercambiar golpes y hubiese una bolsa de dinero por medio, su pelea más famosa fue sin duda en la que derrotó a otro irlandés: Jake Kilrain. Tuvo lugar el 18 de julio de 1889 en Richburg (Mississipi). En aquel evento ilegal celebrado tras sobornar al sheriff local con 200 dólares, Kilrain saltó al ring fresco y Sullivan con pinta de haber pasado la noche bebiendo. En el cuarto asalto Sullivan tenía una oreja colgando y Kilrain los ojos semicerrados por los golpes. La cosa empezaba a pintar mal para el de Boston y en el asalto 44 Sullivan empezó a vomitar y dio la orden a su preparador que no le diera más té con whysky en los descansos porque “el té le sentaba mal”. A partir de ahí le dieron whysky solo. Acabó la botella y ganó el combate. En el asalto75, y tras más de dos horas y cuarto de pelea, el preparador de Kilrain tiró finalmente la toalla. Finalmente perdió el título de campeón por KO en el asalto 21 contra el californiano James J Corbett (Gentleman Jim),  personaje curioso, con estudios universitarios y carrera teatral, llevado a la pantalla  por Errol Flynn.
William Aimer (1812-1840) era el mayor de quince hermanos de una familia de gitanos (travellers) irlandesa. Empezó a boxear a los quince años. Gano todas las peleas, la mayoría por KO, excepto la última, contra Bartney Connolly (otro gitano) en que cayó a la lona y nunca más se levantó. Su rival (Connolly) nunca volvió a boxear.





Jimmy Barry (1870-1943) también vivió su historia trágica. Conocido como The Little Tiger, el irlandés de Chicago (los irlandeses, como los de Bilbao, son de donde les da la gana) fue campeón de los pesos gallos y uno de los cinco luchadores de la historia del boxeo que se retiró sin conocer la derrota. En la disputa del título, en diciembre de  1897, en Londres, su rival, el inglés Croot resultó muerto en el combate al golpearse la cabeza al caer a la lona (o lo que hubiere en el suelo, en la época).


James Braddock se especializó en ganar peleas en las que no era el favorito con lo que se ganó el apelativo de  Cinderella Man (el Cenicienta). Teniendo las apuestas diez contra uno ganó en 1935 el campeonato del mundo de los pesados a Max Baer, lo que constituyó el mayor fiasco en las apuestas desde que Corbett ganara a Strong Boy Sullivan.
  

Cinderella Man, Jimmy Elliot y Jack Dempsey
Simon Byrne “The Emerald Gem”, John H Clark (Professor), bailarín de “clog dancing” (baile zapateado irlandés) antes que boxeador, Mike Cleary, “Sailor” Tom Sharkey y, ¿como no? Jimmy Elliot y el gran Jack Dempsey.
Jimmy Elliot era tramposo, fuerte, ágil, poco disciplinado y muy agresivo, dentro y fuera del ring. Fue arrestado dos veces por robo a mano armada y lesiones con intento de homicidio. Murió tiroteado en un saloon de Chicago en 1883.
Jack Dempsey (1859-1983) nació en Manassa (Colorado) y a los dieciséis años recorrió los EEUU desde las Rocosas al Este subiendo y bajando a los trenes de mercancías como tantos vagabundos. Para sobrevivir, luchaba. Se dice que entraba en los bares y decía: “no sé cantar, no sé bailar, pero puedo tumbar a cualquier tipo de este garito. ¿Apuestan?” Llegó a Nueva York, se dio a conocer, ganó el título de los pesados y se convirtió en uno del Top Ten.
Las historias son innumerables. Después llegaron los italianos, algunos muy buenos, como Jake LaMotta y Rocky Marciano, los hispanos Roberto Durán, Carlos Monzón y sobre todo los negros - Joe Louis, Frazier, Cassius Clay, Tyson, Holyfield-…que coparon los títulos de los grandes pesos. Pero eso es otra historia. Historia alejada de Harvard, Princeton y Sillicon Valley, pero historia. Como la de Irlanda, o los barrios de Sevilla.

Román Rubio
@roman_rubio
Diciembre 2015




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