sábado, 1 de abril de 2017

CASSANDRA

CASSANDRA
Me había propuesto no hablar de Cassandra hoy pero parece ser inevitable, de modo que intentaré ser breve. El personaje no existía. Bueno, sí, supongo que existía para su familia y un puñado de amigos, hasta que la Audiencia Nacional y los Guardianes del Templo, de la Moral, las Buenas Costumbres y la Patria decidieron convertirla en una “celebrity” Los chistes sobre Carrero los hemos contado todos, pero en los años setenta, mucho antes de Twitter o de Internet. Recuerdo que  en la década prodigiosa de los 70, en una de mis visitas a Madrid fui a la calle Claudio Coello. Allí íbamos en peregrinación gentes de Oviedo, Barcelona, Valencia o  Antequera a evaluar la altura de la valla. Unos por curiosidad, otros como sentido  homenaje y otros por puro regocijo. En otro año de aquella misma época bulliciosa compré en una librería parisina de la Rue de la Seine el libro Operación Ogro. Cómo y por qué matamos a Carrero Blanco, escrito por la periodista Eva Forest a partir de los testimonios directos de los ejecutores (perdón, asesinos), libro que presté a alguien y no recuperé y que veo con sorpresa que está disponible a la venta  en la Casa del Libro (según la web).  Los chistes sobre la muerte del almirante habían quedado en el cajón de los recuerdos en blanco y negro: eran cosa de Don Cicuta, Chicho Ibáñez Serrador, Mariano Medina, el hombre en la Luna y el asesinato de Kennedy;  tan obsoletos que no había comediantillo de quinta fila ni monologuista que osara  incluirlos en su repertorio. Hasta ayer. Hasta que  la Audiencia Nacional decidiera intervenir castigando con prisión a una persona  que osó hacer un chiste (o varios, me da igual) sobre la muerte de alguien de una época anterior a Arias Navarro, hombre fuerte de un régimen dictatorial, apoyado por media España, que liquidó en el campo de batalla y con vergonzosos procesos, encarceló o mandó al exilio a la otra  media.  De modo que ya lo saben: si quieren rescatar viejos agravios reabriendo de nuevo la herida no tienen más que hacer intervenir a la Audiencia Nacional y condenar cualquier chiste, chascarrillo o grosería de cualquier colgado de cualquiera de las distintas especies de la fauna local. Que hay muchas.

Y dicho esto, callo para siempre. No contestaré ni entraré al trapo a ningún comentario, observación, interpelación, recriminación, alabanza, insulto o sugerencia que este artículo pueda ocasionar. Enough is enough.

Román Rubio
Abril 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario