viernes, 5 de mayo de 2017

NÚMEROS Y MÁS NÚMEROS

NÚMEROS Y MÁS NÚMEROS

En mis tiempos (no sé ahora) a la Licenciatura de Matemáticas se le llamaba Ciencias Exactas, y era porque los números han tenido siempre la vocación de exactitud inapelable, medición objetiva, magnitud operable e indiscutible. De algún modo, a los números se les ha otorgado la función de contenedor de la verdad. ¿Tienen razón los marxistas, los liberales, los conservadores, los socialdemócratas? Todo es opinable. Todo menos los números. ¿Cuántos votos has sacado? ¿Cuántos avales tienes? ¿Cuántos penaltis le han pitado al Barça? ¿Y al Madrid? ¿Cuántos puntos tienen uno y otro? ¿Y goles a favor y en contra? Cuando hay discusión recurrimos a los números con la convicción de que nos van a desenmascarar la verdad, lo cual no siempre es así. En realidad, si lo piensan, casi nunca lo es. Veamos.


Resulta que para poder aprobar los Presupuestos Generales del Estado, el gobierno ha necesitado del apoyo del PNV y cada uno ha llevado sus cuentas. Para los vascos, que disponen de una cantidad de dinero por habitante por encima de los 4.000 euros mientras que los valencianos –los peor financiados- se resignan con 1.800, el gobierno central (llámese España, como si los demás fuésemos un bloque) tiene un déficit con el territorio vasco que se ha fijado, tras el tira y afloja, en 1.400 millones y una rebaja de la aportación quinquenal de unos 500 millones, además de otras bagatelas de inversiones que suben a miles de millones como la llamada Y Vasca y otras menudencias. ¿Lo ven? ¿Dónde unos ven un favoritismo inasumible, otros un insultante déficit. Con las mismas cifras.

Los iPhones tienen prestaciones que no siempre vienen explicitadas por el fabricante, en una astuta política de dejar que sea el usuario el que las descubra. Un sueco ha redescubierto una propiedad ignorada por la inmensa mayoría de usuarios y que tras publicitarla se ha convertido en un acontecimiento. Al parecer, tocando aquí o allá en la pantalla de la calculadora del teléfono se logra borrar una sola cifra del número que se está introduciendo sin necesidad de darle a la tecla “C”, que borra todo el número. La “novedad” ha sido acogida con alborozo en la Red y algunos usuarios se lamentan del tiempo de sus valiosas existencias que “han perdido” borrando el número completo en sus operaciones cuando podían haber borrado una sola cifra. ¿Se imaginan ustedes la frustración terrible del que en su lecho de muerte se lamenta de los momentos “perdidos” en volver a introducir los números completos en la calculadora del móvil? El hecho de haber formado o no una familia o de haberse ido uno  a vivir a Buenos Aires cuando tuvo aquella oportunidad se convierten en cosas irrelevantes comparadas con los instantes perdidos tecleando más números de lo que permite la prestación de la calculadora del  móvil.

¿Y saben ustedes cuántas personas mueren anualmente a causa del ruido? 17.400. ¿Que cómo pueden calcular esas cifra? Ni idea. De verdad, me encantaría saber cómo se ha podido llegar a tan precisa cantidad. Lamento no poder dar más detalles sobre el particular ya que vi el titular sobreimpresionado en la pantalla del televisor en el telediario de una u otra cadena, pero me dio que pensar. ¿Cómo han podido obtener una cifra tan redonda de una cosa tan difusa? ¿A partir de los certificados de defunción de todo el mundo, quizá? Yo no he visto muchos certificados de esta naturaleza pero si cae alguno en mis manos, en el espacio donde pone causa de la muerte, esperaría encontrar cosas como “insuficiencia respiratoria”, “paro cardíaco súbito”, “fallo renal agudo” y cosas así, pero desde luego, no “exceso de ruido”.

La afición a cuantificar los fenómenos lleva a conclusiones extravagantes y absurdas. En una ocasión vi un ranking de las ciudades españolas ordenadas por lo que las consultorías han dado en llamar “calidad de vida” –ellos sabrán a qué se refieren con tal cosa- y, ¿saben cuál era la ciudad situada en primer lugar? Albacete. Al parecer, en una vorágine de operaciones sumatorias, divisorias, multiplicativas y porcentuales de metros cuadrados de museo y número de farolas por habitante, plazas escolares y precio de la vivienda dividido por el número de pacientes en lista de espera para operaciones de cadera, salía Albacete como indiscutible campeona, seguida, nada más y nada menos, que de Logroño. Por encima de Sevilla. O Málaga, en dónde corre más la brisa. ¿Cómo vamos a volver a creer en los números y sus manipuladores?


Román Rubio
Mayo 2017

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