viernes, 12 de abril de 2019

ISLAM


ISLAM




Acabo de llegar de viaje de un país musulmán y como siempre que voy por aquellos lugares me convenzo de que el islam es la más boyante de las religiones, al menos de las monoteístas. Es la que más crece en número de fieles año tras año ocupando cada vez más territorio. No hay más que ver las masas de hombres y mujeres de todas las edades y condición social que atienden a la oración de mediodía o de la tarde en las grandes mezquitas de Estambul, El Cairo o Tánger. Y el fervor con el que se conducen y que hace resaltar más la apatía y tibieza del mundo cristiano de grandes iglesias y catedrales, casi siempre vacías, visitadas casi exclusivamente por turistas. Si es cierto que, como dicen los padres de la iglesia, el materialismo imperante está alejando cada vez más al hombre de Dios, conduciendo a la humanidad a la deshumanización (sociedad sin valores), esto no ocurre en el mundo musulmán, o al menos a simple vista, a tenor de la cantidad de gente que llena las mezquitas y la devoción que manifiesta.

Mi condición de no creyente me hace mantenerme al margen de ciertos prejuicios y me permite reflexionar sobre el porqué de la, para mí evidente, popularidad hegemónica y éxito del islam:

-En el islam no hay jerarquías ni clero. El imán no es un clérigo, ni siquiera tiene que ser el más virtuoso de la comunidad. Es solo el mejor conocedor del Corán y más apto para repetir en lengua árabe los preceptos del libro y su cargo dura lo que dura la oración. Al menos en el mayoritario rito suní.
-Al no haber jerarquías ni clero no hay liturgia; o esta es tan sencilla que hasta un niño podría ejecutarla. Olvídense de advientos (época de los nabos), colores de las estolas y ceremonias complicadas. Se trata solo de recitar la palabra de Dios.
-No hay imaginería, lo que otorga a los espacios sagrados carácter de autenticidad. Lo sagrado es irreproducible, tanto en imaginería como en iconografía. Al despojar a Dios de atributos humanos se adapta mejor a su condición de omnisciencia, omnipresencia, justicia infinita y otros atributos sobrehumanos, al tiempo que aleja del abaratamiento emocional que suponen las dolorosas, nazarenos, y figuras menores del más allá (ángeles, demonios y santos) con que se adorna el cristianismo y que tanto trivializa el sentimiento religioso auténtico. Por no mencionar la feria de dioses, campanitas y ritos banales con que se muestran el hinduismo y el budismo (religiones estas no reveladas).
-Todo es seriedad, simplicidad y “autenticidad” en el islam. Sin ornamentos ni exageraciones. Se trata del Hombre (y la Mujer) en diálogo con Dios sin intermediación de estatuitas y campanillas de por medio. Todos mirando a un mismo punto, desde el norte, el sur, el este y el oeste, en comunión universal.
-La postura de la oración es un magnífico ejercicio de yoga o gimnasia aeróbica y postural. Pónganse en cuclillas y apoyen la frente y la nariz en tierra varias veces. Repítalo cinco veces al día al tiempo que repiten fórmulas tántricas de relajación muscular y respiratoria y sentirá los beneficios del particular yoga islámico. Aunque no crea en Alá ni entienda las fórmulas en árabe del Corán. La oración previene molestias en las rodillas (prácticamente desconocidas entre los practicantes musulmanes de cualquier edad), espalda y aparato digestivo, al tiempo que la afluencia de sangre en la cabeza y la repetición de consignas tántricas ejercen su efecto balsámico en los pensamientos.

Los cinco pilares del islam son:
1.  La declaración de fe. Alá es Alá. Moisés, Jesús y el mismo Mahoma son profetas.
2. La oración. Son obligatorias cinco oraciones diarias (al alba, a mediodía, a media tarde, al ocaso y en la noche). Se debe hacer a ser posible en la mezquita, descalzos y purificados por unas abluciones.
3. El zakat: el pudiente debe entregar el 2.5 de su ahorro anual para obras de misericordia. Se debe ayudar en primer lugar al hermano, al vecino, al pariente o al paisano necesitado, ensanchando el círculo lo que sea menester.
4. El ayuno. Es obligatorio ayunar durante el mes de Ramadán cada año. Supone la abstención de comer, beber y tener conocimiento carnal desde el alba hasta pasada la oración de la noche. El ayuno purifica el cuerpo, fortalece la voluntad y ayuda al creyente a conocer como se siente el necesitado.
5. La peregrinación a La Meca. Todo musulmán con capacidad física, mental y económica debe realizar esta peregrinación al menos una vez en la vida para rezar al unísono con millones de fieles de todas partes del mundo.


En cuanto al mensaje, poco les puedo decir; no entiendo el árabe, con lo que las misivas orales me resultan incomprensibles. Me he hecho con un Corán en castellano y leo algunos párrafos de vez en cuando. Si encuentro algo de interés se lo haré saber en este mismo blog, aunque les aviso: no esperen de mí a un converso.


Román Rubio
Abril 2019

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