JUEGO DE TRONOS
Acaba de terminar Juego de tronos, o eso me dice el
periódico porque yo no he visto ni uno solo de los 73 capítulos que forman las
siete u ocho temporadas que dura la serie. A pesar de ello he intentado
enterarme de qué va. Me ha sido imposible. He leído (o intentado, al menos) el
artículo de Natalia Marcios en la edición digital de El País de hoy el resumen
y no ha hecho sino aumentar mi confusión: se habla de Las ruinas del desembarco del Rey, Jon un mar de dudas, El Trono
de Hierro, Un nuevo rey, Despedidas… en fin, un galimatías. Otro enlace
remite a un artículo de la misma persona (parece ser la cronista de la serie en
el diario) titulado Juego de tronos, la
serie que rompió los límites: Cada capítulo se ha vivido como la final de un
mundial. ¿Será verdad? Parece ser que sí
En la misma portada del periódico,
algo más abajo, Manuel Jabois escribe su artículo titulado ‘Juego de tronos’ 8x06: Cuántos asesinatos hay que cometer para ser
buenos y José Rodríguez Marcos el suyo titulado La era de la psicosis del ‘spoiler’.
Habrá terminado el diario con Juego de tronos, dirán ustedes. Quiá.
En la sección de opinión,
Guillermo Altares escribe sus reflexiones del final de la obra y tras declarar
que el texto “no contiene ‘spoilers’ (claramente lo escribió antes de ver el
último capítulo) se pregunta que hará el personal ahora que le falta ese
material “capaz de cumplir con las exigencias de nuestra imaginación, que son
también las de la vida”. Lo cual nos deja a quienes no hemos visto ningún
capítulo algo zaheridos: con una imaginación anémica y prácticamente sin vida.
En la edición digital del periódico
aparecen de vez en cuando unos vídeos inspiracionales al estilo de las charlas
TED, patrocinados por el BBV, en los que personajes influyentes hablan de temas
referidos generalmente a la educación. El matemático inglés Keith Devlin
presenta su charla, ¿cómo no?, titulada La
curiosa relación entre las matemáticas y ‘Juego de tronos’. ¿Tendrá algo
que ver? No sé.
Algo más abajo, dentro de la
revista o sección Verne, Héctor Llanos Martínez, en su Así era el mundo cuando se estrenó Juego de tronos reflexiona sobre
que hacían (hacíamos) los humanos antes de existir la dichosa serie y se
contesta él mismo diciendo que “escuchar a Adele y ver películas de Woody
Allen”. Bueno, y otras cosas: Obama y Zapatero reinaban en los Siete Reinos,
ETA no sé qué y China iba a igualar, adelantar o al menos se le acercaba a los
EEUU. Hay en el artículo, eso sí, un interesante mapa de España en el que me
entero de que, por provincias, Castellón, Valladolid, Girona, Álava y La Rioja
son los lugares en donde hay más niñas con el nombre de Ayra. También sé (por
otro artículo que leí) que algunas madres están arrepentidas de haber puesto a
sus hijas el nombre de Daynerys, porque al parecer, las cualidades morales del
personaje no satisficieron las expectativas de las bienintencionadas mamás.
Siempre tendrán la posibilidad de ir al juzgado y cambiar el nombre de las
niñas por el de cualquier nueva heroína
de la próxima serie.
En la portada de ICON (también en
la misma pantalla de portada), Juan Sanguino firma ¿Por qué ha desaparecido el sexo en ‘Juego de tronos’ y en
MeriStation Se acabó ‘Juego de tronos’:
¿quiénes han muerto? ¿Quiénes han sobrevivido?
Ya ven ustedes que, para no haber
seguido la saga, información no me falta. Y eso, antes de haber encendido
siquiera la radio.
Sé que se trata de una especie de
epopeya a lo Eneida —y, por tanto, a lo Ilíada y Odisea— con referencias shakesperianas (Lady Macbeth y
otras) en una versión fantástica, a lo Tolkien, en el marco de una fantasiosa
Inglaterra medieval inspirada en las luchas dinásticas de la Guerra de las Dos
Rosas entre los Lancaster y los York (Lannister y Stark en la serie).
Sé que algunos capítulos se han
rodado en España porque he visto colas de gente en Zumaia o Bermeo que se han
desviado del Camino para conocer lugares como la playa de Itzurun o San Juan de
Gaztelugatxe porque los habían visto en la pantalla y tacharlos así de la lista
de deberes; y que Cáceres, Almodóvar del Río y otros lugares han servido de
escenarios para la serie.
En realidad, sé tantas cosas de
la serie que ya solo me falta verla. Lo he considerado, pero la magnitud de la
empresa me tira para atrás. Creo que si fuera inmortal lo haría. Tendría el
tiempo necesario. Pero ya no tendría gracia. Es una tontería ver algo tan largo
conociendo el final. Por eso, quizá, no la he visto. Sabía desde antes incluso
de empezar el primer capítulo que reinarían los Lancaster. Y que el rey
jorobado, sin descendencia, habría de morir en la batalla; y que sus restos,
500 años después, habrían de ser descubiertos bajo un aparcamiento del centro
comercial de Leicester, pero eso ya es una historia para la próxima serie.
Román Rubio
Mayo 2019
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