jueves, 12 de agosto de 2021

VUELTA AL COLE

 

VUELTA AL COLE


No quiero ser agorero, niños, pero la vuelta al cole está a la vuelta de la esquina. Pasa la Virgen de Agosto y los lápices de colores recién afilados, la goma de borrar por estrenar y la mochila nueva están pidiendo entrada en la vida de Brian.

Este año, el Ministerio de Educación ha elaborado un nuevo borrador (“otro”), regulador del currículum de la Enseñanza Primaria, que entraría en vigor en el curso 2022-23. El borrador del nuevo decreto introduce cambios notables en algunas de las asignaturas, entre ellas la de Educación Física.

El nuevo decreto quiere una Educación Física “más actual” y “más alineada” con las necesidades  del siglo XXI. Además de poner el énfasis en la perspectiva de género, como hacen todas las áreas, el decreto insiste en el desarrollo del plano emocional y la lucha contra los comportamientos antisociales, como la exclusión o la relegación en los juegos a los alumnos y alumnas de menor rendimiento físico-deportivo. Y para ello, el departamento que dirige Pilar Alegría propone algunas novedades. La más significativa es la de la necesidad de “dialogar, contrastar ideas y ponerse de acuerdo” para resolver situaciones conflictivas, de forma que el alumnado tenga en cuenta la perspectiva de las otras personas implicadas y busque “soluciones justas” en lo que Educación llama “dinámicas grupales reflexivas”, lo que puede llevar a llenar el horario de ejercicio físico con continuas asambleas para determinar si se salta o no el potro.

Ahora lo entiendo todo. Empiezo a descifrar la lógica de la neomodernidad moderna (como diría Catarella, el policía de las novelas de Montalbano) y su parloteo.

En mi ya lejana infancia solíamos jugar al fútbol en la calle, en el patio, en los solares y en cualquier terreno que fuera medianamente llano y desherbado. Para ello pactábamos las reglas del fuera de banda (en un terreno sin señalizar), las reglas del gol (cuando la portería venía marcada por dos carteras del cole a modo de postes) y había que convenir en cada una de las jugadas cuándo había salido la pelota de la línea imaginaria, si la jugada era merecedora de penalti o no o cuándo había pasado el maltrecho balón por dentro del espacio de la inexistente portería, lo que constituía el más elaborado de los debates. Todo eso hacíamos y conseguíamos jugar unos partidos sin incidentes dignos de mención. Y eso que no teníamos ni idea de lo que significaba “dinámicas grupales reflexivas”.

En cuanto a la discriminación por capacidades físicas éramos tremendamente inclusivos. Recuerdo a un muchacho que había sido atacado por la polio y había quedado con una pierna más debilitada que la otra ¿Creen que estaba excluido del juego? Ni hablar. El chico llegaba a jugar hasta con el rudimentario aparato ortopédico que llevaba por temporadas. A escondidas, por supuesto, de la vista de sus padres, maestros y otras “autoridades” que se lo tenían prohibido. Nunca se quedó sin jugar el muchacho si esa era su voluntad. ¡Y cómo disfrutaba! No sé si era tanto por el juego como por contravenir las indicaciones de padres y cuidadores. ¡Que nos vengan pues ahora con asambleítas a quienes éramos maestros de la negociación del acuerdo en toda clase de condiciones!

Para María José Camacho, profesora de Educación Física de la Complutense, la actividad física tiene una parte emocional importante y la exclusión de los más débiles depende del tipo de prácticas. “Si son muy competitivas, primará el principio de la energía motriz” y por eso considera muy positivo que el nuevo currículum contemple de forma “regulada” y “estructurada” la organización de debates colectivos para resolver conflictos (…).

Estoy de acuerdo con lo del “principio de la energía motriz”, aunque nosotros le llamábamos de otro modo. Le diré cómo lo solucionábamos en nuestro sistema “desregulado” y “desestructurado”: se ponen dos jugadores a unos pasos de distancia y poniendo un pie tras otro, por turno, se llega a montar al pie del contrario. A partir de ahí empiezan a escogerse jugadores de manera alterna para uno y otro equipo. Sin olvidar al portero (antes habrá que convenir si es puesto fijo o habrá que turnarse). El proceso asambleario tenía dos condiciones: que el dueño del balón es, por mérito propio, uno de los seleccionadores y que el chico tullido, el poeta ensimismado e inútil con el balón y el hermano pequeño tienen el mismo derecho a jugar que el Messi del barrio. Así lo hacíamos. Y nos funcionaba de maravilla. Lo digo por si les sirve a los “reguladores” y “estructuradores” de las “dinámicas grupales reflexivas”.

 

Román Rubio

Agosto 2021

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