lunes, 25 de mayo de 2015

LA CUTRERÍA QUE VIENE

LA CUTRERÍA QUE VIENE


 Capitanía. Valencia

Yo soy de quienes hicieron la mili. En mi época, los hombres que no éramos miopes, bajitos hasta la exageración, hijos de viuda ni teníamos los pies planos dábamos unos meses de nuestra vida al servicio de la patria. Por razones de enchufe (supongo) me tocó hacerla en un sitio de privilegio, cercano al poder: Capitanía General de Valencia –el mismo sitio, por cierto, que el ciudadano Mariano Rajoy Brey-. Allí coincidí con dos capitanes generales (ambos devendrían famosos por razonas muy distintas) que no nombraré. El edificio de Capitanía de Valencia, que integra el precioso claustro gótico de Santo Domingo alberga las viviendas del capitán general en ejercicio y del general de estado mayor, ambas en la primera planta. En el zaguán de la entrada principal, en dónde en aquel tiempo estaba instalado el cuarto de guardia, había un ascensor que daba servicio a las viviendas. Pues bien: recuerdo perfectamente la imagen de la señora del capitán general bajar en el ascensor (nunca la vi usar la escalera) y esperar, con su abrigo de pieles, guantes de piel negros y ademán impasible a que el sargento de guardia o el cabo abriera la puerta del ascensor. Según me dijo el cabo de guardia (con el sargento no tenía trato), la señora esperaba impasible a que se alguien le resolviera el irritante acto de tener que abrir, ella misma, una puerta, cuando la patria –que tan agradecida debería estar- puede poner a alguien que solvente tan engorroso asunto. Lo absurdo de la situación no quita para que la mujer no fuera una buena persona, que no lo sé. Probablemente iría a misa asiduamente y formaría parte de esas cofradías o hermandades o congregaciones o lo que sea que recogen dinero para los pobres y ancianitos desamparados. No lo pongo en duda.

Winston Churchill, vencedor de la II Guerra, abandonó el hábito de fumar sus célebres puros, pero le hacía a su secretario que guardara alguno en los bolsillos para sus apariciones en público. Sir Winston era de la opinión de que “la gente” quería ver en él al  aristócrata bon vivant, rico y despreocupado. Le fue bien la estrategia. Hasta cierto punto. En 1945 fue derrotado por el laborista Clement Atlee y se creó el estado de bienestar, con su Servicio Nacional de Salud (NHS), que fuera faro y guía para todos los servicios de salud europeos.

La semana pasada entré en el edificio principal del Ayuntamiento de Valencia. En la parte de la plaza hay una puerta cerrada y custodiada por un Policía Municipal que antes estaba siempre de par en par. Por ella entran y salen los coches oficiales y hay instalado un ascensor que usa la alcaldesa para subir directamente a su despacho y (imagino) para proporcionar confidencialidad a las visitas. Lo que me llamó la atención, y así se lo comenté a mi acompañante, es que los coches oficiales “cabían” sin agobios en el modesto espacio interior asignado. Inaudito. Recuerdo, no hace tanto tiempo, la exhibición sin pudor alguno de legiones de coches azul marino a las puertas del Ayuntamiento o junto al Palau de la Generalitat, con sus alegres chóferes de traje azul, fumando, esperando órdenes a la salida de la legión de jefecillos que miraban al ciudadano transeúnte con la misma expresión altiva y turbada que la señora del capitán general.



Las cosas están cambiando. Ellos se dan cuenta, y de ahí su reluctancia y pudor a la hora de exhibir su natural prepotencia y sentido de superioridad. Una cosa me llamó  la atención en el periodo previo a las elecciones. Recibí en casa propaganda electoral -con las listas y sus correspondientes sobres- de tres partidos. Uno de Compromís, con la imagen de Mónica Oltra bien visible en el exterior del sobre, orgullosa, poniéndose en valor, haciendo publicidad del nombre del partido y de su líder. Otro del PSOE: este indicaba claramente sus siglas en el sobre, pero ya no incluía foto del líder en el exterior. Y un tercero,  señalando que se trataba de propaganda electoral, pero sin ningún distintivo que permitiera identificar el partido en el sobre. Este, por supuesto era del PP. Desde el momento en que vi que renunciaban a identificarse me di cuenta de que estaban aceptando la más humillante de las derrotas. El aspirante exhibía el orgullo de ser él (ella) en tanto que el campeón escondía su identidad.


En un Colegio Público de Valencia, en funciones de Colegio Electoral, el comisionado del PP mandó al policía de servicio quitar una camiseta, colgada junto a conserjería (fuera del recinto en que se celebraba la votación), en la que se podía leer el letrero: ”per una escola pública de qualitat”, sin distintivo de partido, organización sindical u otro tipo de siglas. Sé que el asunto es discutible. Si bien es cierto que el mensaje es neutro y apolítico, el contexto en el que se produjeron las protestas en defensa de la escuela pública se significaban en contra del partido del poder. También se podría alegar que en otro Colegios Electorales (Colegios Religiosos concertados) hay signos católicos como crucifijos, imágenes de santos… que podrían interpretarse como un apoyo a un sistema con religión, que marca la política educativa del mismo... El asunto es controvertido y la discusión sería inacabable. Lo que quiero señalar es la actitud. El apoderado del PP “mandó” quitar la camiseta al policía nacional, cosa que no consiguió tras la intervención de la directora del colegio y deliberación de los presidentes de las mesas.

¿Imaginan, por el contrario, que el apoderado de Compromís “ordenara” al policía el levantamiento de tal o cual signo externo en cualquier Colegio Electoral? A eso me refiero.

“Lo que no quiero son las cutrerías que defienden otros” Pues bien señora (todavía) alcaldesa. Esos de las cutrerías, que vienen al ayuntamiento en bicicleta, le han arrebatado la vara de mando, lo cual nos satisface a muchos enormemente. El hecho de que “los cutres”, los que son como nosotros, gobiernen, supone que las cosas están cambiando. Que España está superando, al fin, la vetusta arrogancia de quienes son como usted y que hasta usted se avergüenza y empieza a renunciar a ella. ¡Sea bienvenida al mundo de los cutres!
Y sea bienvenido el cambio.  


Román Rubio
#roman_rubio
Mayo 2015

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