domingo, 25 de octubre de 2015

EL CASO

EL CASO

Cualquier persona de mi generación sabe de qué hablo. El Caso es un semanario de sucesos que se editaba en España entre 1952 y 1997. Se trataba de una publicación periódica que recogía todo lo macabro, escabroso y criminal que ocurría en aquel país de botijos, panas antiguas, mujerucas con pañuelo negro, procesiones con mujeres descalzas y velas y santos a hombros, partidas de mus y truc con barajas roñosas, copa, café y Faria, señores irascibles con bigotito fino de ganador de guerra del brazo de señora con abrigo de pieles, seats seiscientos, “yo soy aquel negrito del África Tropical” y consultorio de Elena Francis. Tenía una tirada de 100.000 ejemplares que en momentos de alta intensidad mórbida como en el Caso de la mano Cortada o el Crimen de Jarabo podía llegar a distribuir la considerable tirada de 500.000,  toda una proeza en aquel país de poca cultura, mucha religión, superstición (si es que no es la misma cosa) y semianalfabetismo.





El semanario, conocido también como el “periódico de las porteras” se cebaba en los hechos  más escabrosos de la sociedad alimentando lo peor de cada cual, o más bien, por el contrario, actuaba, a modo de tragedia griega, de manera catártica en una población crédula, sumisa, empobrecida e ignorante permitiéndole comparar su miserable vida con el horror que había ahí afuera y que El Caso, cada semana, le mostraba.

Para aquellos seguidores de este blog que no vivieron aquella época y han visto la estupenda película “La isla mínima” les diré que el personaje del periodista que proporciona la información al policía de las andanzas de su compañero confiesa trabajar para el semanario, razón por la cual pide el trueque de las fotos de los cadáveres de las niñas al policía, material preciadísimo para la publicación y su público.

Ha llovido mucho desde entonces en este país y además para bien. A pesar de que algunas aguas han continuado regando el jardín inmundo de la corrupción y la incompetencia, la mayor parte han contribuido a limpiar la atmósfera y regenerar las aguas subterráneas de la razón y la cultura. Y El Caso desapareció, aunque, como es obvio, no los hechos luctuosos, y ese submundo de crimen y sinrazón ahora tiene su eco y difusión en… el Telediario.

Sintonice usted un día cualquiera el Telediario de la 1 y se encontrarán con una exhaustiva crónica de sucesos como si de El Caso se tratara. Yo lo hice la otra noche mientras daba cuenta de mi frugal cena y me tragué una larga crónica del caso de Asunta, el terrible suceso de la niña gallega asesinada, presumiblemente, por sus padres. Tremendo. El tema del día era la discusión sobre una posible contaminación de la ropa de la niña con restos de semen en el laboratorio de la Guardia Civil. A continuación las últimas novedades del caso Marta del Castillo, la malograda chica andaluza cuyo cuerpo continúa desaparecido a pesar de los esfuerzos de las policías. Un determinado número de horas de grabación que darían luz a ciertos aspectos del caso no son aceptados por el tribunal por afectar a personas que no están enjuiciadas. Luego, las novedades, estas felices, de la detención del violador del cútex, noticia en la que se da cuenta del modus operandi del bellaco, con simulación de figuras virtuales incluida. Ahí es donde finalmente me planté, tomé el mando a distancia y sintonicé el programa del Wyoming, para regocijo de algún miembro de mi familia, devoto del madrileño, o de sus guionistas, vaya usted a saber.

La feliz detención del presunto asesino de la niña de Algete, el hombre que mató a su caballo a golpes, la penúltima víctima de algún participante en festejos taurinos, el cadáver colgado de un puente exhibido por los narcos mexicanos, la imagen del contenedor y ropas del antepenúltimo bebé encontrado vivo o muerto en algún lugar suburbio –generalmente pobre, o muy pobre- de Madrid o Melilla y, cómo no, el crimen diario de violencia doméstica, machista, familiar o como le quieran ustedes llamar.

A ver, considero que son –tal y como dicen en cada uno de estos tristes episodios- una lacra social. No hay violencia que más duela, que la que se produce dentro de la unidad familiar. Es el entorno en donde la protección es más difícil y la indefensión más desangelada y cruda. Y ha existido siempre. En todas partes. Quién se crea que es un fenómeno español y/o de ahora está muy equivocado. Sólo tiene que consultar las estadísticas

Los datos de 2003 son los únicos que he podido encontrar que representan el número de mujeres asesinadas. Los casos de agresiones machistas, de lo que he encontrado más información estadística, no los reproduzco aquí puesto que indican el número de denuncias, y no de casos, lo que hace que los números en los países nórdicos sean aún más abultados.

Esta es, pues, la situación. Hasta aquí, los datos. El hecho de que cada caso se publicite en todos y cada uno de los noticieros de cada una de las televisiones y cadenas de radio constituye el tratamiento de la información. ¿Es necesario que sea así? Más aún: ¿es conveniente que así sea? Se difunde igual en el resto de los países de nuestro entorno o es un fenómeno exclusivamente español? ¿Ayuda la difusión –de todos y cada uno de  los casos- realmente a la reducción del número de los mismos por medio de la concienciación? ¿o corre el peligro de convertirse en la tediosa noticia a la que por repetitiva y cotidiana deja de ser llamativa y la procesamos sin prestar atención mientras buscamos el mando y conectamos con la mordacidad, dinamismo y humor del Wyoming asistido por el buen hacer de Sandra Sabates?

Román Rubio
@roman_rubio
Octubre 2015 

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