lunes, 23 de noviembre de 2015

HALAL O KOSHER

HALAL O KOSHER


















Me cuentan que algunas familias musulmanas renuncian a la beca de comedor de los colegios por no serles proporcionada a los niños comida acorde con sus creencias. Al parecer, los comedores escolares incluyen un menú para mahometanos y judíos en el que se excluye el cerdo,  al igual que se adaptan los menús a los requerimientos médicos de celíacos y alérgicos en la mayoría de sus variantes. Por razones obvias no se incluyen otras excepciones como vegetarianismo que responde a decisiones no médicas. Parece sensato el arreglo. Lo público cubre lo general y la indicación médica eludiendo las costosas especificidades, los caprichos y supersticiones. ¿Es usted musulmán o judío? Le proporcionamos una dienta sin cerdo ni alcohol (lo que es redundante tratándose de comedores escolares). Tiene sentido. La carne del cerdo –además de las connotaciones religiosas- puede tener un rechazo de asco por todas aquellas personas que, culturalmente, la tienen fuera de la dieta, como nosotros (cristianos mejor o peor avenidos) podemos sentir por la carne de perro o de rana.

Lo que en realidad están pidiendo las familias que retiran a sus hijos de los comedores es la comida halal. ¿Y qué es la comida halal? En la idiosincrasia musulmana halal es aquello que es admisible para el mahometano en términos de vestimenta, costumbres sociales y alimentación. Para los “occidentales” se refiere exclusivamente a la alimentación, sobre todo, a la carne. Dice el Corán:


“Se os prohíbe la carne del animal muerto por causa natural, la sangre, la carne de cerdo, la del animal que haya sido sacrificado en nombre de otro que Allah, la del que haya muerto por asfixia, golpe, caída, cornada o devorado por una fiera, a menos que lo degolléis. Y la del que haya sido sacrificado sobre altares y que consultéis la suerte con las flechas…”


Y ¿cuáles son, pues, las implicaciones que esto conlleva? Pues implica que los animales deben ser sacrificados de una manera determinada. Los mataderos que obedecen a la sharía deben estar orientados a La Meca y los animales  sacrificados con un corte profundo en el cuello que seccione la yugular y la carótida (pero no la espina dorsal), dejados desangrar  sin ayuda de anestesia y realizado por un imán o persona autorizada, que debe de poner al animal mirando al levante  mientras  invoca a Alá durante el sacrificio, pues la res es muerta en su nombre para evitar la idolatría, ¡no vaya a ser que al matarife se le ocurra ofrendar  la oblación a otra deidad rival!  Pura superstición y anacrónica superchería.



Exquisita comida halal

Por mi edad y mi proveniencia rural tengo memoria de cuando en las casas se sacrificaba tanto el cerdo anual (anatema para los musulmanes) por desangramiento y el ocasional pollo gallina o conejo que daba sustancia al arroz dominical. Al conejo se le daba un golpe en la nuca. Con práctica, con uno basta. Al cruzar las patas delanteras (señal de la muerte del animal) se le colgaba de las traseras y, tras quitarle los ojos, se le dejaba desangrar unos minutos antes de proceder al despellejo. Alguna vez ayudé, en mi niñez, en el proceso. Hoy no lo haría a no ser que coincidiéramos en una isla desierta y nada que comer el conejo y yo. En el caso de que estuviéramos el conejo, yo y digamos, un portugués, tendría más probabilidades el portugués de ser devorado que el conejo.

Hace poco me contaron como alguien del ámbito rural que conozco se dispuso a sacrificar una gallina que ya no le ponía huevos pero que, como buena gallina vieja, era excelente para caldo. El sujeto le cortó el cuello a ras y creyó la faena terminada. Error. La gallina, descabezada, salió corriendo por el pasillo de la casa sin mirar, la pobre, ni a La Meca ni a Teruel. El resultado, según testigos que examinaron posteriormente el lugar de los hechos fue algo así como el escenario de la Matanza de Texas en el  Lago de los Cisnes.

Los judíos, mucho menos numerosos en mi país, siguen las arcaicas normas explicitadas en el Exodo 23:19, Éxodo 34:26 y Deuteronomio 14:21 y exigen  la certificación kosher para su alimentación que es aún más caprichosa, arcaica y sin fundamento  que la regulación halal. Kosher es la pronunciación yiddish de la palabra hebrea casher que es aquello que cumple los requisitos cashrut (lo correcto, lo apropiado) para ser consumido según las indicaciones de la Torá. Además del desangramiento en vivo del animal (lo que coincide con la práctica halal) somete el procedimiento a caprichosas normas en seguimiento estricto del Antiguo Testamento.



La carne aceptable para el consumo de los judíos es aquella proveniente de animales con pezuña hendida y rumiantes, teniéndose que dar las dos condiciones juntas. El conejo, el camello y por supuesto el proscrito cerdo queda fuera de lo aceptable para el consumo. En cuanto a los pescados se permite el consumo de aquellos que tienen aletas y escamas y, al igual que los terrestres, deben cumplir juntas ambas cualidades, con lo que el celebrado bagre del lago Kentucky (del artículo anterior) quedaría excluido del consumo humano así como las ostras, langostinos y gambas. En cuanto a las aves, se descartan las de presa y carroñeras (como en el caso de los musulmanes).

Pero lo que hace más engorrosa y complica notablemente la dieta kosher es la incompatibilidad de manipulación y consumo de los productos lácteos y los cárnicos, lo que afecta también al uso de los utensilios en la cocina. No se pueden consumir lácteos junto con carne. Si se consume carne, no se podrá tomar ningún lácteo, como el queso o el yogur, en un período de tiempo (horas) pues pueden quedar restos de carne entre los dientes. Si se consumen lácteos primero, bastará con lavarse la boca o comer alimentos neutros (pan…) para poder  ya comer la carne. En cuanto a los platos, cuchillos y otros utensilios deberán ser diferentes tanto en la mesa como en la cocina para estos tipos de alimentos y vigilar con atención que no se contaminen. Y la norma afecta hasta al fregadero, que debe ser diferente…

A su lado, los católicos con sus tímidas vigilias de Cuaresma, con sus potajes de garbanzos y bacalao los viernes y alguna que otra torrija parecen unos aficionados del anacronismo.

Román Rubio
@roman_rubio
Noviembre 2015 

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