viernes, 1 de abril de 2016

POBRES PERO SEÑORITOS

POBRES PERO SEÑORITOS



Quienes escribimos tenemos temas recurrentes. Uno de los míos es el del gasto superfluo, al que tengo horror. El derroche insustancial  al que estamos acostumbrados los españoles y del que parece imposible prescindir, ocurra lo que ocurra y cualesquiera que sean las circunstancias. En agosto escribí dos artículos al respecto: en uno (“Dispendios”) me lamentaba de los sacos de billetes que se habían tirado en lugares como Valencia o Madrid, pero no sólo, en eventos sin sustancia o en obra pública prescindible. En otro artículo del mismo mes (“La izquierda y el gasto”) señalaba la connivencia con que la izquierda había acogido (y al parecer continúa acogiendo) al gasto en lujos tontos como modo de vida de un país y fórmula mágica del desarrollo, simpatizando con iniciativas como la Torre del Agua de Zaragoza (edificio más alto de Aragón que no contiene viviendas, ni oficinas ni nada), la estación de esquí seco de Valladolid (en la que no se esquía) o el Museo de las Palabras (en dónde… no sé qué se hace allí) de Vigo, además del Ágora valenciana y la Ciudad-de-lo-que-sea que se le hubiere antojado al ocurrente reyezuelo local.

Parecíamos inmunizados contra el gasto sin sentido, ¿verdad? Pues no, no es así. Ayer mismo se dio a conocer las cifra del Déficit Público de 2015 que el gobierno decía una y otra vez tener controlado y constatamos dos cosas: que el gobierno miente sin ningún pudor una y otra vez si así conviene para su estrategia política y que el gasto no lo puede controlar. Lo cierto es que el acuerdo con Bruselas permitía una diferencia entre ingresos y gastos del 4.2% y nos hemos ido en realidad a un 5.16%, lo que quiere decir que nos hemos gastado 55.608 millones de euros más de los que hemos ingresado; y eso, con todo el viento del precio del petróleo y el crecimiento a favor, imagínense cuando vengan de lado. El reto para el próximo año es descomunal, similar al que se produjo en el año de los recortes (2012) ya que habrá que reducir el déficit al 2.8% del PIB (unos 23.600 millones). Un regalito para los que lleguen.

Montoro tira balones fuera diciendo que los gastos no son atribuibles al Gobierno Central cuyo presupuesto se ha mantenido en los límites pactados, ni de los Ayuntamientos que han tenido superávit, sino de las Comunidades Autónomas (que, por cierto, son las que proporcionan los servicios ciudadanos de educación, sanidad y servicios sociales). ¿Olvida Montoro añadir que el otro gran incumplidor es la Seguridad Social que dobla el déficit previsto? ¿Olvida decir que el gobierno central es el responsable final de las cuentas del Estado? No; simplemente, lo obvia.

El mismo día de la publicación de las cifras visité mi pueblo, que está en el interior de la provincia de Valencia y vi, desde fuera, las casi acabadas obras del nuevo complejo deportivo anexo a la Piscina Municipal que consta de una pista de pádel ¿o dos?, una de squash y un espacio de césped artificial, de tamaño extravagante que alguien me dijo que se trataba de una pista de hockey hierba, deporte del que dudo que algún local (o visitante) haya visto jugar jamás, todo esto en -o junto a- un edificio state-of-the-art. Y  en un pueblo de unos setecientos habitantes, casi todos mayores, que ya disponía de campo de fútbol -este de tierra batida-, frontón, pista de tenis, gimnasio, dos pistas de fútbol sala (una en el Colegio Público) y piscina municipal descubierta. Un lujo que, dado el número de jóvenes deportistas del pueblo, posibilitará que cada uno practique un deporte distinto simultáneamente, sin necesidad de contrincante, que así se gana seguro.

Para ir al pueblo recorrí una cincuentena de kilómetros junto a la vía del AVE Madrid- Valencia. No vi pasar ningún tren; de hecho es una casualidad ver  el paso del tren ya que hay sólo unos 11 servicios por sentido al día en la carísima instalación. Para volver, lo hice por la carretera de Alicante, junto a la vía del AVE Madrid- Alicante. Tampoco vi pasar ninguno. Allí la ausencia de tráfico ferroviario es aún más conspicua en cuanto que al otro lado de la carretera está ubicada la vía convencional, también sin tráfico, ambas cruzando la llanura manchega por Almansa. Desolador.
Y me pregunto por qué nos empeñamos una y otra vez en arruinar al país con lujos innecesarios al tiempo que condenamos a la generación posterior a la huída y el desempleo. El AVE está bien pero acabo de venir de un país escandinavo que nos dobla en renta. Allí he viajado en unos trenes perfectamente cómodos y aceptables, mucho más baratos de construir, mantener y explotar, que van por la vía convencional y llegan media hora más tarde que los de aquí a los lugares en unas vías que admiten mercancías, cercanías y otros servicios, aunque eso les parezca inaceptable a unos españoles a los que aún les huelen los zapatos al estiércol que pisaban de pequeños cuando salían a defecar al corral. Pobres y desempleados sí, pero señoritos y horteramente apegados al lujo.

Román Rubio
Abril 2016 

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