miércoles, 15 de junio de 2016

LA ESPAÑA VACÍA… (Y marcó Piqué)

LA ESPAÑA VACÍA… (Y marcó Piqué)













Acabo de leer el magnífico ensayo La España vacía en el que el joven autor Sergio del Molino expone de manera original y erudita que hay una España del interior, de grandes espacios con densidades de población inferiores a territorios semihelados como Laponia; un territorio negro que rodea a la mancha luminosa de Madrid en los mapas nocturnos de la NASA de la que todos o casi todos procedemos (¿quién no tiene un Sagrillas en su vida?), sin posibilidad plausible de revitalización que nutre el imaginario de los habitantes de la España llena –la del litoral más Madrid-. Los pueblos deshabitados, o casi, del interior llenan los figurados desvanes de los mitos y recuerdos  telúricos, vividos o imaginados, de los habitantes de Móstoles, Badalona, Baracaldo o Torrent, pero también de los de muchos de Pedralves, Getxo o Chamartín. Es como si ese país vacío del interior, ese hinterland, guardara las esencias del ser de cada uno de nosotros que vivimos en el populoso y cosmopolita litoral o en el muy concurrido Madrid.

Muchos escritores han loado la belleza, el “tirón” emocional al menos, de la estepa mesetaria resaltando las emociones producidas en ellos por el desolado páramo, helado en invierno, tórrido en verano y sin atisbo de verdura o sombra todo el año, pero han sido tres quienes lo han hecho con mayor convicción, sentimiento y proyección: el bilbaíno Unamuno, el sevillano Antonio Machado y el alicantino Azorín (todos ellos precedentes del habitado litoral –consideramos Sevilla puerto de mar dada la relativa navegabilidad del Guadalquivir y en beneficio del argumento-.

El lunes, un tipo de la España vacía, de Fuentealvilla (Albacete), con toda la pinta de serlo y adorado y vitoreado en todos los rincones del país, que juega en el Barça –equipo de la España superpoblada con aspiraciones a no serlo- llevó, con su juego magistral, a la selección de la España Total (también conocida como España Una –apelativo que desecho por razones obvias-) al triunfo ante una República Checa a la que muchos recordamos casada con Eslovaquia. Y otro futbolista, Piqué, jugador del mismo equipo y natural de la Cataluña independentista, comprensiblemente antimadridista, partidario del referéndum de autodeterminación, abucheado, vituperado y odiado por ello en las españas vacías, en la gran urbe mesetaria y en los litorales (menos en un par de pedazos, en donde le adoran) marcó, en el minuto 87, para gozo de los habitantes de todas las Sagrillas de las españas, el gol que llevó a la España Total – la que incluye a la vacía, más Madrid, más el litoral, más los dos o tres pedazos que nunca pitan al barcelonés- a la victoria.

Lo han entendido, ¿verdad?, ¿o se lo explico?

Román Rubio
Junio 2016

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