jueves, 11 de agosto de 2016

EL FACTOR HUMANO

EL FACTOR HUMANO





















O sólo España me importa, podría ser el otro título de este artículo. Han llegado los Juegos Olímpicos, lo que para mí significa encender la tele más rato del habitual y ver de entretenerse de cuando en cuando mirando imágenes de deportes insospechados y hasta desconocidos. Hoy es un rato de tiro con arco, o al plato o con pistola en la que los tiradores usan gafas y artefactos extraños, mañana piragüismo de aguas bravas o de equipo o parejas o vaya usted a saber; o boxeo, golf, natación, lanzamiento de hueso de aceituna o levantamiento de troncos; así hasta llegar al atletismo, el padre de todos los deportes olímpicos. Lo cierto es que todos tienen su interés, su destreza y estética, nos evocan mundos alejados de nuestra cotidianeidad y hacen entrever largas horas de entrenamientos, vidas enteras dedicadas a perseguir la excelencia en disciplinas que nos son alienas o vagamente familiares.

Los pasados días he pasado alguna hora mirando la competición de gimnasia femenina (y algo de la masculina) y la he encontrado interesantísima: unas niñas de uno cuarenta de estatura chinas, rusas, norteamericanas, holandesas o japonesas haciendo saltos y movimientos prodigiosos, casi imposibles. Mientras me entretenía con sus piruetas escuchaba a las locutoras de TVE diciendo mayormente nimiedades técnicas de las atletas.Como gran cotilla que soy a mí me interesaba todo lo demás, todo lo que “no” decían, por desconocimiento, desidia o falta de interés. Me interesaba quiénes son esas niñas, qué comen, cuánto se entrenan, si viven con sus familias o en centros de entrenamiento, si aprueban la reválida o la suspenden, cuánto dinero ganan, en el caso de las chinas por qué tienen esa carita de muñecas de porcelana, en el de las americanas (muchas negras con físico prodigioso, aunque menudas) si provienen del guetto o de la clase media, si gozan de privilegios escolares por el ejercicio de su actividad, si tienen hermanos, primos o vecinos metidos en tiroteos juveniles o son tranquilos estudiantes suburbanos, qué estatus tienen ahora las rusas en una sociedad que antes de ser mercantilista les concedía jugosas prebendas… Me interesa el factor humano de la Olimpiada, algo que por desconocimiento o dejadez no cuentan los medios de comunicación.

¿Y qué cuentan los telediarios? Hoy nos abruman con el estupendo triunfo de Mireia de Badalona, del que me alegro, no crean. Hasta hoy, la entradilla típica de un día de deporte olímpico en el telediario había sido: “Hoy ha sido un día triste para el sueño Olímpico español…” Todo porque tal o cual atleta o equipo no ha conseguido clasificarse para tal o cual final o semifinal. Pero, bueno: ¿tanto os importa España como para resumir la cantidad de historias (que desconocéis los profesionales o no sabéis contarlas) en el hecho de que España gane tanto o cuánto? El otro día la judoka Majlinda Kelmendi ganó una medalla de oro para su país, Kosovo, logrando la primera y única medalla que ha obtenido el pequeño país castigado por la no tan lejana guerra y al que España no ha reconocido aún como país soberano. La chica, convertida en su tierra en heroína nacional, mostraba un orgullo y una emoción contagiosa y auténtica. ¿Por qué no abren los telediarios con una historia así y son las redes sociales las que difunden lo que puede haber de interés en el lado humano de las cosas?

Una de tres: o los profesionales de la información son personajes abotargados por la costumbre y la rutina, sin reflejos, ideas o conocimientos, o los espectadores son una masa amorfa y acrítica que se limita a saltar en el asiento cada vez que algo vestido con la rojigualda gana algo o soy un tipo raro con una curiosidad malsana que se interesa por todo lo que hay alrededor de los acontecimientos en vez de hacerlo por lo que importa que no es sino ganar, ganar y que gane España. Una y otra vez. A todo.

Sospecho que no sólo ocurrirá en este país. Que todos mirarán al medallero. Lo entiendo. En eso eran especialistas las autoridades de la RDA, de la URSS y de la Rumanía de Ceucescu, que trataban de capitalizar los éxitos de los deportistas como propaganda del ineficaz sistema político. Y así les fue. Pero, en serio: ¿tanto les pone que un tipo de Ponferrada salte más que otro de, digamos, Liverpool? 

Yo, por mi parte, intentaré indagar en las vidas de las muñequitas de porcelana del Oriente y de las pequeñas chicas del guetto de Occidente para contextualizar y poner un poco de sal en las espectaculares performances y piruetas y seguiré huyendo de los programas de cotilleo de este país con su nutrida pléyade de tonadilleras, torerillos, pícaros chulescos, futbolistas portugueses, princesas del pueblo, chiquilicuatres y metemeentodos, que son también para cotillas, pero de otra clase. Y me importan más bien poco las medallas que gane España. O Rusia. ¡Viva Kosovo!

Román Rubio
Agosto 2016 

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