viernes, 25 de noviembre de 2016

¿QUÉ TIENE LUGO QUE NO TENGA YO?

¿QUÉ TIENE LUGO QUE NO TENGA YO?









¿Que no conocen al tipo que está tumbado en el suelo boca abajo sobre la mullida alfombra? Pues se lo digo: se trata de Alfonso Carrasco Rouco; es sobrino de Rouco Varela, y la foto, de 2008, se corresponde con el momento en que es ordenado obispo por su ilustre tío. En la actualidad es obispo de Lugo. ¿Y a qué viene esto?  Pues bien, el domingo pasado, por la noche, la página web del obispado de Lugo fue atacada por hackers, lo que obligó a ser cerrada y rehecha por sus administradores. No sé a ustedes, pero a mí, el hecho de que hackers islamistas (como han desvelado los responsables de la página diocesana) se dediquen a torpedear la fe cristiana me resulta plausible, pero, ¿por qué Lugo? Anduve dándole vueltas a la cabeza para intentar llegar a imaginar una razón por la que un grupo islamista –en este caso el identificado como Tunisian Cyber Resistance All Falaga Team- cuyo objetivo primordial es  la “proclamación del Islam como única religión”, se dedique a desbaratar, dejar inoperativa y llenar de virus la página web de… el obispado de Lugo.

Pongámonos por un momento en el lugar de los malvados hackers islamistas puestos a hacer temblar el edificio del cristianismo y enseñar a los cristianos, de una vez por todas, la verdad del Islam. ¿Creen que deciden atacar al Vaticano y sus finanzas?, ¿a las directrices de la Congregación de la Doctrina de la Fe y sus mandatos?, ¿a parodiar, desprestigiar y ridiculizar el Catecismo?, ¿a desvelar y/o exagerar los casos de pederastia de los príncipes y soldados de la Iglesia?, ¿a bloquear la acción de la Conferencia Episcopal Española o de Cáritas? Pues no: el objetivo es paralizar la actividad normalizada de la diócesis de Lugo. Porque son astutos y malvados y saben que si cae Lugo, caerá todo lo demás: Calahorra, Ponferrada, Cuenca, Albacete y otras plazas fuertes. Y caído Albacete, se verá consumado el fin de la civilización cristiana.

El mismo día encuentro otra notable noticia. Al parecer hay una línea de ropa a la que llaman ropa conectada y que tiene la propiedad de facilitarnos la existencia. No porque nos proteja contra el frío o de las impúdicas miradas de los transeúntes, no, que eso ya está muy visto, sino por sus posibilidades tecnológicas. Por ejemplo: “se puede activar la música del Smartphone con el botón de la chaqueta”. ¿Lo tienen claro? Yo, no del todo. Veamos: ¿me abrocho y se pone en marcha la música? ¿Y si quiero ir abrochado y sin música? ¿El botón de arriba es el de la música clásica? ¿Y el de abajo?, ¿es Radio 3 o activa Spotify? El artículo no lo aclara pero pone otros ejemplos igual de fascinantes si no más. Dice: “pronto podremos manejar la tele solo con acariciar el sofá…” En serio, ¿cómo no se les habrá ocurrido antes? Con lo práctico que debe ser. ¿Dónde está el mando? No importa, toco la tapicería del reposabrazos y me sale Wyoming, la vuelvo a tocar y Pablo Motos, apoyo la cabeza y los ñus atravesando el río Murundunga… Una gozada. ¿Otro ejemplo? “Podremos manejar el GPS tocando las mangas de la camisa” Ya sé lo que están pensando. No ven el momento en que estas maravillas salgan al mercado para poder adquirirlas el primer día, sea o no Black Friday. No sé cómo nos las hemos apañado para vivir tanto tiempo sin poder controlar la tele tocando la tapicería del sofá, la música del Smartphone con los botones de la chaqueta, y el GPS dando estironcitos en la manga, la verdad.

Feliz  Blas Fraile, que tiene un puesto en el mercadillo de mi ciudad y está de rebajas.

Román Rubio
Noviembre 2016 

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