domingo, 22 de octubre de 2017

ALT RIGHT

ALT RIGHT
“El fanatismo y el supremacismo blanco son formas de blasfemia contra el credo americano: la identidad real de nuestra nación radica en los ideales civiles” Alguien estaba dando un rapapolvo a la ideología que marca la política que hoy rige en los EEU. Lo curioso, para quién no está familiarizado con la política americana, es que quien pronunciaba el discurso era, ni más ni menos, que George W. Bush, el torpe, el que de manera alevosa e insensata removió el avispero del Oriente Medio con una guerra criminal, injusta, ilegítima, torpe y de desastrosas consecuencias, además de tener el dudoso honor de haber abierto Guantánamo, para vergüenza de su país y del mundo.
Y continúa Bush: “El fanatismo parece fortalecido. Nuestra política se ha vuelto más vulnerable a las teorías conspiratorias y los montajes descarados”. En su oposición al rechazo a la inmigración de Trump (a quien no nombra en ningún momento), Bush dice: “Hemos visto el nacionalismo distorsionarse en nativismo, y hemos olvidado el dinamismo que siempre trajo la inmigración a los EEUU”.

La crítica al actual Presidente de su colega retirado es demoledora y muchos, desconocedores de la realidad americana, lo encuentran chocante cuando , en realidad, no es nada extraño. Los dos Bush (padre e hijo) confesaron en su momento no haber votado a Trump para la presidencia, aún  perteneciendo al mismo partido. Lo cierto es que los Bush y Trump representan las dos tendencias de la derecha americana, enfrentadas entre sí y que reproducen, dentro del Partido Republicano,  las dos facciones de la derecha en el resto del mundo civilizado: los neocon y los paleocon, la ultraliberal mercantilista defensora de la deslocalización del capitalismo apátrida y adoradora del becerro de oro contra la que reivindica el terruño y la tribu y su supremacía sobre las otras tribus vecinas y lejanas.
Trump, como el Frente Nacional francés, la Alternativa para Alemania (AfD), el Partido de la Libertad de Austria (FPO), el Partido del Progreso noruego, el UKIP británico o el PVV holandés, con todos los matices que quieran objetar ante este totum revolutum, son partidos que se oponen no solo a los de izquierda (o sus versiones light del Laborismo inglés o del Partido Demócrata americano) sino a los liberales y al neoconservadurismo ultraliberal  (los neocon de Bush, Rumsfeld, Cheney y compañía)

En EEUU se les conoce como la Alt Right (Alternative Right) o Derecha Alternativa, evolución actualizada de lo que se conocía como Paleocons, cuya versión más reconocida fue el venido a menos Tea Party.

¿Qué diferencia pues a los Paleocons o Alt-right de los Neocons de Bush y compañía? En muchos aspectos parecen difícil de distinguir: se oponen al aborto voluntario y el matrimonio entre personas del mismo sexo y defienden la pena capital y la libre tenencia de armas, así como una lectura “primigenia” de la Constitución Americana. A estos atributos comunes los Alt-right añaden el concepto de “nativismo” -la política de protección de los intereses de los nativos contra los de los inmigrantes- expresando de manera tajante el racismo  supremacista blanco y, por tanto, el neonazismo. Pregonan el aislacionismo y el proteccionismo comercial (bandera irrenunciable de los neocons), además de otros populismos de extrema derecha como el antisemitismo, la islamofobia y el antifeminismo. Curiosamente, y esto es quizá parte de lo que justifica su éxito,  disienten de los liberales y los neoconservadores expresando su apoyo a la protección medioambiental (se oponen al fracking) y a la preservación del ámbito de los campesinos y el modo de vida rural, abogan por el bienestar de los animales y la crianza tradicional, simpatizando, por tanto, con la corriente anticonsumista y de mercado de cercanía que siempre había sido territorio de la izquierda.
El mismo día que Bush atacara (sin nombrarlo)  a Trump, Obama también se había referido a él, o a sus políticas. Dijo: “Estamos en el siglo XXI, no en el XIX. Si alguien gana una campaña dividiendo a la gente, luego no será capaz de gobernarlos, no será capaz de unirlos”, lo que curiosamente parecía dirigido a otro lugar muy lejos de los EEUU y cuyo nombre, para no desgastarlo (y no agobiar más a ustedes), no quiero pronunciar.


Román Rubio
Octubre 2017

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