sábado, 17 de febrero de 2018

COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS


COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS



Hace nada que subí un mensaje a Facebook afirmando con sorna, medio en broma medio en serio (más bien en serio que en broma), que no habría de votar a ningún partido cuyo líder (o lideresa) se dirigiera a sus audiencias con la fórmula “ciudadanos y ciudadanas, valencianos y valencianas, alumnos y alumnas”. El tema, candente como está, levantó opiniones a favor y en contra entre mis amigos, tanto en la red como en el “tête à tête”.
Desde principios del siglo XX, en que Ferdinand de Saussure inaugurara el estructuralismo lingüístico con su obra póstuma Curso de lingüística general (1917), se entiende la diferenciación entre lingüística interna (estudio de las lenguas en sí mismas) y externa (componente social de las mismas). En este contexto, el uso continuado de las locuciones como “ciudadanos y ciudadanas”, a pesar de lo cansino que puedan resultar en el discurso, son admisibles en cuanto que atienden al reforzamiento de “lo femenino” en el lenguaje, obviamente relegado.
Ahora bien: estas fórmulas generan otro tipo de discriminaciones. ¿Ciudadanos y ciudadanas o ciudadanas y ciudadanos? Elegir un orden siempre supone discriminar. Por cierto, que en el tradicional lenguaje machista la fórmula usada para dirigirse a una audiencia ha sido “señoras y caballeros” o, la todavía más igualitaria, “señoras y señores”, anteponiendo siempre a las señoras. Imagino que en ciertos círculos feministas proclives a las portavozas se verá como un paternalismo insoportable. No quiero ni pensar qué opinarían si fuese al contrario.
La doble formulación genera además un problema de concordancia en la frase que atenta a la cohesión y la coherencia de los textos. Cuando el político dice “los valencianos y las valencianas estamos hartos de tanto corrupto” está cometiendo un atentado a las concordancias del texto, ya que, en buen orden, debería decir “los valencianos y las valencianas estamos hartos y hartas de tanto corrupto y corrupta”. Otra cosa es la de usar, en la medida de lo posible, sustantivos epicenos que no admiten la doble fórmula, como hartazgo y corrupción: “los valencianos y las valencianas sufrimos un hartazgo (o empacho) de tanta corrupción”, haciendo más llevadero el empalagoso discurso. De todos modos, nótese que hartazgo es masculino (el hartazgo) y corrupción –con perdón- femenino (la corrupción).

Los países de habla inglesa lo tienen más fácil ya que perdieron el triple género masculino/femenino/neutro del antiguo germánico en algún momento de la historia. En los años 70 algunas palabras  con  el sufijo femenino ess se transformaron ( stewardess  devino flight attendant)  y otras, con el prefijo masculino man, se convirtieron en otras cosas: fireman en firefighter, policeman en police officer (o police agent), barman en bartender, postman en post worker (o mail carrier) y chairman en chair woman o simplemente chair. Y poco más. También es cierto que la simplicidad del inglés en este asunto  lo hace más confuso. She has a friend no señala si se trata de un amigo o una amiga y créanme que puede ser muy relevante. Para ello se puede usar girl-friend o boy-friend, lo que aún puede enredar más el discurso. Al final lo tienen que resolver con un poco elegante she-friend o he-friend, al igual que con el bebé (he-baby) o con la gata (she-cat).

El francés, sin embargo, ofrece un panorama más tormentoso. No hace mucho que la Academia Francesa de la Lengua (los 40 sabios) ha denunciado la iniciativa de lenguaje inclusivo que afloró recientemente en Francia tras distribuirse un libro escrito con esta fórmula para la asignatura de ciudadanía en los institutos.
Según las normas de este lenguaje los nombres que admiten el masculino y el femenino como “los franceses”, deberán escribirse les Français·es, especificando las dos terminaciones, separadas por un punto, pero ojo, por un punto de mitad de línea, que no está en el teclado y que se obtiene con Alt 250 en el  PC y Alt+May+F en el Mac. Así pues, “todos los asalariados” que tradicionalmente se escribía tous les salariés se convierte en tou·te·s les salarié·e·s y la frase “son numerosos” ils sont nombreux deviene  elles·ils sont nombreux·ses.  En fin, un lío. No sé si ustedes han estudiado francés. Si lo han hecho convendrán conmigo en que es una lengua de ortografía endemoniada, mucho más complicada que la del español ya que, como las terminaciones se pronuncian igual, todo depende del juego de las concordancias en la escritura. Y esto ha provocado el rechazo frontal de la Academia. Si es tan difícil de aprender a escribir el francés, ¿por qué complicarlo hasta ese extremo?
 También recomiendan hacer la concordancia de género, no con el masculino sino con el nombre más próximo: les hommes et les femmes sont belles (los hombres y las mujeres son bellas) o les filles et les garçons sont gentils (las chicas y los chicos son simpáticos), lo que parece tener más sentido.
En fin, un lío. Ustedes mismo·a·s. O si lo prefieren: Ustedes mismos/as. O Ustedes mism@s. Como quieran.

Román Rubio
Febrero 2018

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