martes, 5 de julio de 2022

LIBRO DE ESTILO

 

LIBRO DE ESTILO


No sé si existen aún los libros de estilo de los periódicos y los medios en general, si ahora solo aparecen en su edición digital o si han desaparecido del todo. Al fin y al cabo, uno no es periodista. Aún así, tengo en mi librería el Libro de estilo de El País, en su quinta edición, de junio de 1990, y sigue siendo mi guía de consulta en lo referido al  tratamiento y la forma de la noticia.

En el punto 2.16 del capítulo Géneros periodísticos se lee: “El autor de un texto informativo debe permanecer totalmente al margen de lo que cuenta, por lo que no podrá utilizar la primera persona del singular —salvo casos excepcionales autorizados por el redactor jefe de Edición o quien le sustituya— ni del plural (ni siquiera expresiones como ‘en nuestro país’… El adjetivo posesivo ‘nuestro’ incluye en este caso al lector y al informador, las dos personas que se comunican, y el lector no tiene por qué ser español (y en algunos casos tampoco el periodista).

Así de claro lo tienen en El País, y es por cosas así por las que muchos seguimos siendo fieles al periódico, aunque otros muchos (más sensibles a la ideología y a que les den la razón en todo) hayan abandonado su lectura.

Esto viene a cuento por los noticiarios deportivos del telediario. Allí, en TVE, los locutores-periodistas —o lo que sean esos tipos que salen con lela sonrisa desenfadada— ni parecen tener libro de estilo o de tenerlo haber sido redactado este por José Antonio Camacho, aquel que cuando se le preguntó que qué significaba la derrota en el devenir de la selección española contestó: “No, si los que tienen ‘de venir’ son ellos”, (se refería al partido de vuelta, claro).

Declaran los pregoneros ser muy felices cuando gana cualquier equipo español en competición internacional, cuando a mí y a algún otro purista irredento —de los que nos la cogemos con papel de fumar—, independientemente de que nos guste que ganen o no, nos importa un pimiento si eso le hace feliz o desdichado al locutor, y hablan de “los nuestros”, como si todos (él, yo, Camacho y los de Cuenca) tenemos obligatoriamente que sentir como “nuestros” a un grupo de atletas por llevar unas camisetas con determinados colores.

Y no solo son los equipos nacionales los que producen las delicias y miserias de los voceros, sino cualquier equipo o deportista del sur de Pirineos que se enfrente con cualquier otro de más allá. Da igual que se trate del Getafe o del Barça. La victoria de estos les pone eufóricos siempre que se produzca contra alguien de fuera, sea el Leeds o el Atalanta, sin explicarnos por qué deberíamos tomar partido por los de Getafe y no por los de Bérgamo, aunque muchos no hayamos pisado Getafe en la vida y conozcamos Bérgamo como la palma de la mano y tengamos allí a los suegros. ¡Ah!, y no se te ocurra manifestar que te trae al pairo lo que le pase al Getafe, que ya se encargarán los ‘mochufas’ de  tacharte  de antipatriota y de rarito.

Pues bien, raritos seremos algunos, lo reconozco, pero si no hubiera raritos tampoco habría ‘normales’. Y, en verdad, a mí me puede gustar más o menos Nadal; puede que por las noches rece un Padrenuestro para que gane o pierda Alcaraz y las andanzas de los Sainz, los alonsos o los héroes de las motocicletas me pueden ocasionar alegrías o desvelos, pero no asumo que le pueda ocurrir lo mismo a los demás, sean estos coruñeses o expatriados noruegos. Y no se trata de ser más o menos patriota, terreno al que quieren llevar algunos la discusión.

Recuerdo un mundial de fútbol en el que un servidor iba con Corea del Norte. Y no era porque uno sea comunista ni, menos aún, porque desee vivir en la distopía de Kim Jong-un, sino porque los jugadores no eran millonarios caprichosos hipertatuados; eran humildes, hacían caso a las decisiones del árbitro sin rechistar, pedían perdón al contrario cuando hacían falta, celebraban con decoro los pocos goles que anotaban (uno, en realidad)  y no se tiraban al suelo simulando infracciones. Todo un recital de buenas prácticas deportivas. Eso sí, Portugal les metió 7 a 0 y los apeó de la competición. Pobres. No sé si para ellos fue más traumática la derrota o el encuentro posterior con el Amado Líder.

Al fin y al cabo, nadie ha dicho que el mundo tenga que ser justo, pero de ser así, Corea del Norte debería haber ganado aquel Mundial de Suráfrica (una de las dos ocasiones en que se ha clasificado), y que ahora no recuerdo quién ganó.

 

Román Rubio

Julio 2022


miércoles, 29 de junio de 2022

SEGÚN HARVARD

 

SEGÚN HARVARD



Más que los periódicos, más que los blogs y más que Twitter, lo que más me gusta es seguir las noticias que me sirve Google cuando pongo en marcha la tablet. Como el Ser Omnisciente me conoce como si me hubiera parido (más, de hecho, pues a la que me parió nunca le confesé mis más abyectos anhelos) me proporciona una especie de popurrí de noticias inanes e intrascendentes en consonancia con la personalidad de quien esto escribe (por cierto, la palabra popurrí viene del francés pot pourri, nuestra olla podrida). Así, me salen noticias como la de Cómo adivinar si mi gato está deprimido, La forma más fácil de tratar los hongos de los pies, Los puntos débiles de una persona con baja autoestima y Las ampollas de Carlos Herrera en su enésimo Camino de Santiago. De manera curiosa, muchos de estos utilísimos consejos y admoniciones  vienen apostillados por un “según Harvard” que les da hondura e importancia. No sé si a ustedes les ocurre lo mismo. Probablemente no, porque entiendo que leen cosas de más sustancia en medios más serios que uno.

En mi última incursión a las noticias del pregonero de Palo Alto me he encontrado con Los mejores ejercicios para el abdomen a partir de los 60 años, según Harvard, por cortesía de El Confidencial, y Aleja el pincho de tortilla: cuatro alternativas más sanas que recomiendan los expertos de Harvard, por El Español. En este último, el experto nos ilustra con lecciones de alta tecnología de los alimentos, como que el gazpacho y los pistachos engordan menos y son más sanos que la tortilla.

Intrigado por los conocimientos del tal Harvard, que parece ostentar el patrimonio de la sabiduría, he tecleado en Google “según Harvard” y estos son los primeros resultados que aparecen:

-Las cinco mejores técnicas de estudio, según Harvard.

-Cómo mejorar la memoria, según Harvard.

-Seis claves para lograr la felicidad, según un estudio de la Universidad de Harvard.

-Según Harvard, este es el currículum perfecto en Linkedin.

-Según Harvard, el 60% de las reuniones no sirven.

--Estas son las únicas bebidas saludables, según Harvard.

En fin, abrumado por la ilustración de Harvard, que parece saberlo todo y ser americano,  he decidido hacer mi propio research.

El tal Harvard vive en Cambridge. No, no en Cambridge ese de Inglaterra, que hace la regata contra Oxford, ese lugar de tipos estirados y presumidos que hablan raro y no ven bien lo de llevar la gorra de beisbol en clase, no; sino el de Massachusetts, el que está a las afueras de Boston y tiene varios primos, que son tan sabiondos como él, pero algo menos famosos y no saben tanto sobre asuntos tan importantes para nosotros, como saber cuánto tiempo debo dejar solo al gato en casa sin ocasionarle daño psíquico ni cuáles son las seis rutinas para ser feliz.

Sus primos hermanos, todos viviendo en las cercanías, se llaman (por orden alfabético) Brown, Columbia, Cornell, Darmouth, Pensilvania, Yale y Princeton; todos ellos ricos, guapos y bien alimentados, con quienes el tal Harvard ha montado una liga deportiva que se la conoce como la Ivy League y da nombre al grupo, porque a todos les gusta tener hiedra en la fachada de sus casas (Ivy es hiedra, en inglés).

En fin, que si quieren saber de qué estoy hablando y desvelar más cosas del tal Harvard, interpelen al murciano aquel que ante las preguntas incómodas contestaba: “Y un gran pijo; el que quiera saber, que vaya a Salamanca como ha ido mi hijo”.

Pues eso, a Salamanca. O a Harvard; como quieran.

 

Román Rubio

Junio 2022



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miércoles, 22 de junio de 2022

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE LOPEZ

 

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE LOPEZ


Todos conocerán, aunque sea de oídas, la famosa obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto, y muchos se preguntarán la razón de tan aparentemente absurdo título, en una obra a la que se considera un monumento a la trivialidad y que el mismo Wilde defiende diciendo: “deberíamos tratar las cosas triviales de la vida con seriedad y las cosas serias de la vida con sincera y estudiada trivialidad”. Puro Wilde. Vale que el protagonista (o uno de ellos, con el permiso de Algernon) se hace llamar Ernesto y que los nombres tienen cierto protagonismo en el andamiaje de la historia. Aún así…ningún editor o productor se atendría a mantener un título tan soso. A no ser, claro, que fuera inglés.

En esa lengua, el título, The Importance of Being Earnest, tiene múltiples lecturas, pues juega con los homófonos Ernest (Ernesto) y Earnest (serio, sincero, formal), de modo que, si nos atenemos a la pronunciación, lo podríamos entender tanto por La importancia de llamarse Ernesto como por La importancia de ser honesto, lo cual, considerando el tema de la obra adquiere un significado más que sofisticado.

En nuestra lengua, López es López (o Lopez, sin acento, para los del Bronx). No hay subterfugio ni doble sentido con el que se pueda jugar. No sabemos las connotaciones y sugerencias que el nombrecito pueda evocar en oídos ajenos a la lengua española. A nosotros, los apellidos acabados en “z” como López, Martínez o Gutierrez, nos suenan corrientes tirando a vulgar. Aún así, Jennifer, la que quizá sea la persona más popular del Bronx, mantiene su apellido con gallardía y dignidad.

El otro día, en una gala benéfica en los Ángeles, presentó a su hija Emme Muñiz, que la acompañó en el escenario, con lenguaje inclusivo. Según el diario digital en el que he leído la noticia, y cuyo nombre omito por pudor, la diva del Bronx comentó sobre su hija que:

“Elle esta muy ocupade, es reservade, me cuesta mucho cuando elle sale, pero vale cada centavo porque es mi socie directe favorite de todos los tiempos, así que si me permiten…”,

queriendo, de este modo, subrayar el género no binario de la hija de 14 años.

Claro, que la alocución se produjo en inglés, como es natural, dado el contexto y la naturaleza de sus protagonistas, y las expresiones “elle”, “ocupade”, etc., no se produjeron.

En inglés, los participios/adjetivos como “ocupado”, “cansado” o “aburrido” no admiten formas de femenino o plural, al modo de “cansada”, “cansados”, “aburrida”, “aburridas”, etc. Para ellos todo es tired o bored, de modo que solucionan lo del lenguaje inclusivo cambiando únicamente el pronombre, sustituyendo las referencias de “he” (él) o “she” (ella) por  “they” (ellos), lo que no hace sino aumentar la confusión. En realidad, la alocución de la Lopez se produjo así:

"So this is a very special occasion, because they’re very, very busy and booked and pricey. They cost me when they come out, but they’re worth every single penny because they’re my favorite duet partner of all time. So if you would indulge me."

Lo que, traducido de manera literal, quedaría algo así como: Es una ocasión muy especial porque “ellos” están muy, muy ocupados, con muchos compromisos y son costosos de conseguir, pero valen cada centavo porque son mis compañeros de dúo favoritos, de modo que si me permiten…

Ya ven, cuando habla de “ellos” solo habla de su propia encantadora hija de 14 años, aunque parezca que se refiera al Regimiento de Regulares de Melilla.

Hay que ver, lo que se pierde en la traducción. O lo que se gana, que no lo tengo claro.

 

Román Rubio

Junio 2020


viernes, 17 de junio de 2022

POZZUOLI

 

POZZUOLI


Normalmente, cuando voy de viaje a una ciudad (lo que se llama “escapada urbana”), suelo buscar un sitio fuera de la población, accesible con transporte público, para pasar unas horas y desintoxicar la mirada y el espíritu del ajetreo urbano, el exceso de paisaje reconocible, de museos y monumentos y, sobre todo, de turistas.

Cuando alguien va a Paris le recomiendo que vayan a visitar el Parque y el Castillo de Sceaux, que está en la banlieu rica del sur, cerca de Orly y Versalles, (nadie me hace caso, con el argumento de que van pocos días; ¡allá ellos!) En Londres trato de ir un día a vaguear por Greenwich o, aún mejor, por Kew Gardens, a la orilla de un Támesis reconocible por la regata Oxford-Cambridge, en donde puede uno pasear por un estupendo jardín botánico y visitar el pueblo de Chiswick y su famosa casa paladiana. En Copenhague, Dyrehaven (el parque de los ciervos) es una buena opción para hacerse un paseo en bici entre cérvidos que pacen tranquilamente en los claros del bosque; y en Oslo, el mismo metro te lleva a la espesura del bosque junto al lago. Todo por salirse de los pasos de las masas de turistas.

Hace poco he visitado Nápoles, y harto de Pompeyas y Capris y sus manadas de turistas decidí el último día tomar el metro e ir hasta la última parada en dirección contraria al Vesubio, a la localidad de Pozzuoli, en donde me encontré con la grata sorpresa de las ruinas de un mercado de la época romana y de un anfiteatro, bastante bien conservado, que resultó ser el tercero más grande de la época romana y en el que no había ni un solo turista. En la cercanía se encuentra también el lago Averno, que no visité por supersticioso, ya que allí situó Virgilio la entrada del infierno. También se encuentra el santuario de San Gennaro, patrón de la ciudad de Nápoles (con el permiso de Maradona), y donde se produce la supuesta licuefacción de la sangre del primero.

Aparte de las ruinas y unas fumarolas volcánicas activas, el lugar no tenía mucho de especial. Un pequeño puerto y un puñado de restaurantes donde se servía pescado, la mayoría de ellos cerrados por ser lunes. El pequeño puerto resultó ser el más importante de la península itálica en la época clásica, hasta que el Emperador Claudio decidió ampliar el de Ostia, por su cercanía a la capital del imperio, convirtiéndose en el rival.

Entre las historias del puerto de Pozzuoli (Puteoli en la época latina) destaca el de haber sido al que llegó san Pablo en su camino forzado (puesto que iba, si no preso, sí al menos “custodiado” por un centurión) a Roma en un largo y azaroso viaje en compañía de su cronista, Lucas, autor del Evangelio al que da nombre y del celebrado libro Hechos de los Apóstoles.

Pablo, que había nacido en Tarso y no había pisado nunca Roma, tenía la nacionalidad romana por descendencia probablemente de libertos, lo que le valió la protección del tribuno romano ante un intento de linchamiento por judíos practicantes que le acusaban de profanador del templo en Jerusalén por entrar a él en compañía de unos griegos infieles. La autoridad romana, como era costumbre en la época, lo envió al Sanedrin y allí, Pablo se defendió mucho mejor que lo hiciera Jesús; tanto que acabó enfrentando a los saduceos y filisteos que integraban el tribunal: los primeros no creían en la vida eterna y los segundos sí. A partir de ahí, estuvo retenido en Cesarea Marítima por el procurador del lugar, que finalmente lo envió a Roma para que defendiera su alegación ante un tribunal romano. Tras varios meses de viaje que incluye un naufragio en Malta y una escala en Siracusa, el apóstol y otros, custodiados por el centurión, llegaron al puerto de Puteoli, para ser acogido con agasajos por la comunidad cristiana del lugar durante una semana, antes de continuar el viaje a pie por la Vía Apia hacia Roma. Allí no estuvo preso, pero sí en custodia durante un par de años, lo que al parecer contribuyó y mucho a la expansión del cristianismo en la metrópoli.

Todas esas historias (o una parte de ellas, al menos; las otras las he consultado) me vinieron a la cabeza allí, mientras me comía una pizza Pescatore mirando al muelle.

Pregunté por Pablo y Lucas. Nadie parecía conocerlos. Allí son Gennaro y Diego los que llenan el cartel.


Román Rubio

Junio 2020


martes, 31 de mayo de 2022

¿QUÉ HE HECHO YO…?

 

¿QUÉ HE HECHO YO…?

Hace poco vi en la televisión la película de Almodóvar Qué he hecho yo para merecer esto (1984) de la que no guardaba memoria. Ya saben, es esa en la que una imponente Carmen Maura, ama de casa de suburbio, tiene que lidiar con un marido machista, una suegra lunática (Chus Lampreave), un lagarto y dos hijos adolescentes: el mayor en el trapicheo de drogas y el más pequeño chapero. Todo un panorama.

Primero, lo costumbrista: lo de ver a un personaje entrar, en compañía de vecinos, fumando a un ascensor o encenderse el cigarro en el asiento trasero del taxi sin pedir permiso siquiera al taxista son cosas que chirrían, pero es la escena moral lo que más llama la atención.

La vecina del rellano es una prostituta, una alegre Verónica Forqué que nos presenta su profesión en plan pinturero y festivo, alejado de toda sordidez, y otra vecina del bloque ejerce maltrato psicológico sobre su hija Vanessa, que tiene poderes telequinéticos; pero lo más chocante es el trato que la desdichada ama de casa, desbordada por las circunstancias de su aperreada vida, tiene para con sus propios hijos adolescentes. No solo parece darle relativa importancia al hecho de que uno de ellos se dedique con más ahínco al trapicheo con la heroína que con su aplicación en los estudios, sino que condesciende con el hecho de que el más pequeño se gane unas pelillas teniendo relaciones con hombres mayores y llegue a ver con aparente indiferencia y hasta aprobación que caiga en las garras de un dentista pedófilo (Javier Gurruchaga).

¿Podría rodarse esa película hoy en día? ¿Cuál es el delito que haría inaceptable la producción? No se trata de aceptar o no la pedofilia, cosa en la que todos podemos estar de acuerdo, o la venta de papelinas a los colegas del insti, o el maltrato psicológico a una hija, tenga o no poderes; y ni siquiera al desenfado de la putita alegre de al lado, no. Lo que hoy sería inasumible es que todo esto se presente en formato de comedia. Negra, sí, pero comedia.

Los guardianes de la moral se pondrían de uñas por permitir(nos) reír de tan depravados males, sin tener en consideración de que se trata de películas y que gracias a ellas, y a los libros, podemos sentir cierta empatía hacia Anibal Lecter o Michael Corleone sin necesidad de aprobar el canibalismo o la extorsión criminal. Esa es la esencia y la función de la ficción desde que los griegos llamaron catarsis al efecto purificador de proyectar los miedos y las desgracias personales a los personajes en escena.

También me enteré por la prensa de la llegada a Barajas de los Stones (o lo que queda de ellos). Los Rolling (permítanme que no los llame Sus Satánicas Majestades ni Los Rollings) escenificaron su llegada estelar en las escaleras del avión ante once fotógrafos y una patrulla de guardias civiles (otro cambio de los tiempos). En declaraciones posteriores dijeron que iban a tocar todos los grandes éxitos que esperan los incondicionales. ¿Todos? No. Menos uno. Brown Sugar ya no la tocan. Está censurada por la modernidad. El azúcar moreno (brown sugar) es como se conocía a la heroína marrón en aquellos lejanos 70, y ese podría ser un motivo para la cancelación; pero no lo es, o no el principal. En realidad, la canción habla de esclavos y del uso lascivo de los mismos por parte de los propietarios/as al filo de la medianoche (around midnight). 

Como dijo Bardem en la entrevista concedida en Cannes, “si te limitas a decir lo que se supone que tienes que decir y que dice todo el mundo, no pasa nada. Pero…

Pues eso, por que no se callen los tipos como Almodóvar o Sus Satánicas Eméritas Majestades (con perdón). Va por ellos.

Román Rubio

Mayo 2022 

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viernes, 20 de mayo de 2022

PATRONES DE DISEÑO

 

PATRONES DE DISEÑO


Estoy perplejo. En primer lugar, por la repercusión que este año ha tenido (está teniendo) el Festival de Eurovisión. En épocas pretéritas y nada lejanas se trataba de un evento intranscendente y ligeramente chabacano lleno de luces y ruidos del que Ulises habría huido, no por el miedo a ser seducido, sino por lo contrario. Eurovisión era a la música y al espectáculo lo que el casino de Las Vegas a Venecia o Marina D’Or a Saint Tropez.

Las televisiones de prestigio, como la BBC, prestaban más atención en elegir a la persona adecuada para la narración que en la actuación misma, pues los comentarios debían andar por esa delgada línea que hay en la mirada displiciente por encima del hombro pero con cuidado de no caer en la burla, finezza en la que los ingleses son maestros.

Aquí, en España, TVE tenía la irreemplazable figura de José María Íñigo que solventaba el papel con medida elegancia. Con algo menos de ironía que los británicos, el de Bilbao lograba trivializar sin ofender, consciente de que la burla es un pecado de soberbia a evitar.

Pues, bien; este año ha cambiado el ecosistema. La resonancia del festival y de la participación española ha sido fabulosa, haciendo de la participación de la avecilla que cantaba al albor una proeza inconmensurable, un asunto de estado. Yo, como es mi costumbre, no vi el programa, pero he visto las imágenes en los telediarios y leído alguna de las innumerables columnas en los periódicos y me he visto sorprendido por  la inverosímil inyección de zafio orgullo patrio que ha traído el evento.

Finalmente, en un tuit de alguien experto en cosas de software  a quien sigo en Twitter he visto la letra de la canción. Se llama SloMo, que supongo que se refiere al término inglés slow motion (cámara lenta, en español). Dice así:

“El mundo ‘ta’ loco con este body” y “si tengo un problema no es monetary”, dice la artista total, ídolo de masas ibéricas, para continuar con un atrevido: “Les vuelvo ‘loquito’ a todos los daddie”, que si lo entiendo igual que ustedes, quiere decir (obviando el hecho de que a daddie le falta una “s” para hacerlo plural) lo que quiere decir: poner cachondos a los papás y los abuelitos, digo yo, propósito por el que apuesta de manera decidida su asesor de vestuario.

Aparte del enigmático “Apena hago doom, doom con mi boom, boom y le tengo dando zoom zoom on my yummy” (¿Qué carajo querrá decir la susodicha con tan elaborado texto?), nos aclara que ella está ready no solo “pa romper cadera, sino pa romper corazones”. Vamos bien.

A continuación, nos invita (en inglés, para que no la entiendan los de Campo de Criptana) a mirarla en cámara lenta cómo baja hasta el suelo (sue-lo-lo-yeah) su invitadora anatomía en este denbow (especie de reggaetón), con la promesa de que eso “Drives you loco, yeah”. ¿No se estará sobreestimando? Luego nos presunta si “te gusta ‘to’ lo que tengo” y como da por seguro una respuesta positiva, nos dice que “te endulzo la cara con jugo de mango”, lo que me resulta de difícil interpretación, por no decir absurdo.

En el último párrafo nos advierte de que “se te dispara cuando la prendo” ¿A qué se referirá la artesana del meneíto con lo de “se te dispara”? ¿Y con qué “la prende”, sea lo que sea que quiera prender? No lo sé, pero sí sé (porque nos lo dice) que ella va hasta el final, que no se detiene. ¡Hay, madre!

 

Bueno, y dirán ustedes ¿Qué significan esas palabrejas en inglés (Scheduler, Proxy…) anotadas al margen? Pues, bien; les diré que se refiere a lo que entre los especialistas en software es conocido como design paterns o patrones de diseño.

¿Que no saben ustedes lo que es eso? Pues yo se lo diré: son soluciones habituales a problemas comunes en el diseño de software. Cada patrón es como un plano que se puede personalizar para resolver un problema de diseño particular de tu código. Está claro, ¿no?

¿Qué dicen, que no lo entienden? No pasa nada; un servidor tampoco. Al fin y al cabo, este artículo va de eso, del hecho de todas esas cosas que las personas como usted y como yo no entendemos.

 

Román Rubio

Mayo 2020





martes, 3 de mayo de 2022

WESTMINSTER

 

WESTMINSTER


La última semana ha sido agitada en el Parlamento español por causa de un Pegaso que ha dejado de ser una marca de camiones de fabricación nacional o el caballo alado de Zeus para convertirse en un sistema de espionaje cibernético o spyware de elaboración israelí y disponible para los gobiernos por un precio razonable.

Para unos ha sido una prueba inaceptable de la maledicencia de un estado con reminiscencias autoritarias franquistas y para otros la evidencia de Perogrullo de que los espías espían, cosa que el gobierno no solo no ha desmentido sino que ha hecho trascender que el mismísimo Presidente y la Ministra de Defensa han sido objeto de escrutinio del caballo alado, quienquiera que dirigiera las riendas. En la polémica ha habido un baile de cifras concerniente al número de teléfonos infectados, tema de difícil cuantificación en la medida de que la función del teléfono es contactar con otros terminales, para regocijo del Gran Hermano.

En otro escenario, en Westminster, los corrillos trataban otro tipo de temas, alejados del mundo de las historias de Graham Greene o John Le Carré, aunque en consonancia con  lo que el primero llamó El factor humano.

Una vez agotado el tema de las fiestas de Boris en Downing Street durante la pandemia, ha saltado a la palestra el asunto del Diputado conservador Neil Parish, que se ha visto obligado a dimitir al haber sido sorprendido por dos miembros (miembras, de hecho) de su propia bancada viendo porno en su teléfono móvil mientras esperaba su turno para votar. Estas personas (cría amigos/as) denunciaron al diputado de 65 años al jefe de grupo, que no tuvo más remedio que ponerlo en conocimiento de la Comisión de Reclamaciones y Quejas (ICGS, en sus siglas en inglés) para vergüenza del prócer. Según él, en la primera ocasión (porque fueron dos) estaba consultando una página de tractores como miembro del Comité de Asuntos Rurales del que formaba parte y se le coló el sitio porno. Se conoce que John Deere y Massey Ferguson estaban haciendo de las suyas en un pajar. La segunda… bueno, la segunda fue una tentación.

Ya ven, a su lado nuestra Celia Villalobos es una novicia, jugando inocentemente al Candy Crush presidiendo la sesión mientras el latoso de Rajoy se esforzaba en exponer el estado de la nación. Y no como el inglés o los viciosos diputados de la Cámara autonómica madrileña Miguel Ángel Pérez Huysmans, Colomán Trabado y Manuel Troitiño, también de PP, cogidos viendo porno  en sesión en 2002 y multados por el partido con 900 y 450 €.

No ha sido este el único asunto que ha alimentado los corrillos del bar del congreso de Westminster. Glen Owen, comentarista político del Daily Mail (que es como decir el Federico Jiménez Losantos de Orihuela del Támesis), publicó en su edición dominical la delirante historia por la que la diputada Angela Rayner, de 42 años, número dos del laborismo y que se sienta en la primera fila de la bancada de la oposición (enfrente, por tanto, del Primer Ministro) hacía uso de la práctica de cruce y descruce de piernas que Sharon Stone ejercitara en Instinto básico, con el fin de distraer la atención de Boris Johnson y desconcentrarle en sus intervenciones.

“Sabe que nunca podrá competir con las habilidades oratorias (de Johnson) pero ella dispone de otras de las que él carece”, dice el diputado tory que prefiere mantenerse en el anonimato (y quién no). En fin, todo un despropósito que motivó la crítica del Primer Ministro que escribió a la diputada laborista para disculparse del mal gusto de quienes le apoyan, en la bancada y en la prensa amiga. Bien por Boris.

En fin, que la frivolidad parece haber tomado el Parlamento Británico, propiciada por la cercanía de los escaños, a modo de grada y de banco corrido. Ya se sabe que el hacinamiento favorece la concupiscencia. A ver si modernizan las instalaciones y hablan de cosas importantes, como el sexo de los ángeles, ¿o es el género?

Román Rubio

Mayo 2020


jueves, 21 de abril de 2022

MECAGÜEN LOS GUAPOS

 

MECAGÜEN LOS GUAPOS



Estamos dispuestos a aceptar que sean los que más ligan. Eso siempre ha sido y por siempre será. Los guapos ligan más y las guapas también. Por mucho que digan lo de que “la suerte de la fea la guapa la quisiera”. Nada de nada. Ellas (las menos agraciadas) lo aceptan con resignación, y nosotros (los menos agraciados) también. ¿Para qué rebelarse contra la naturaleza, Darwin y los documentales de la dos?

Ellos ligaban y otros más feúchos, con las mañas que proporcionan las desventajas físicas, se lo llevaban crudo. Nos habíamos acostumbrado a tipos como Roldán y sus fiestas en calzoncillos, unas rayas de coca adulterada y cortesanas en topless con la cara pixelada y a héroes populares y simpáticos como El Dioni, maestro de la felonía más castiza, héroe del pueblo llano, Robin Hood con ánimo de lucro y mito popular, cual Belén Estaban del latrocinio (qué gran pareja habrían hecho), que tuvo la brillante idea de vaciar el furgón de dinero que vigilaba y huir con las sacas a su paraíso tropical en dónde gastó todo lo que pudo en el corto periodo de tiempo en que tardaron en echarle el guante.

Hoy, sin embargo, empezamos a acostumbrarnos a que los guapos, además de llevarse a la chica, se lleven la pasta en crudo y se nos queda la cara de tonto del que no le dejan nada. La semana pasada fueron los célebres toreros Medina y Luceño y esta semana ha sido Piqué el que con todo el desparpajo nos ha enseñado como llenar la saca sin peligro alguno, y sin siquiera delinquir. Los primeros, aprovechando que el río bajaba revuelto lograron meter mascarillas cuyo coste de producción en Asia viene a ser de 0.08 Euros por 6.6 Euros al Ayuntamiento de Madrid, y el apuesto catalán sacó para su empresa, Kosmos, la menudencia de cuatro millones de comisión por cada año que la Supercopa de España se juegue en… Arabia Saudita.

¿Que es absurdo que la Copa de España se juegue en Arabia? Pues sí, pero ¿qué más da si es por la pasta?

Para quienes no estén familiarizados con esto del fútbol, les diré que la Supercopa de España la juegan el campeón de Liga y el campeón de la Copa del Rey (el Barcelona y el Valencia en su edición de 2020) y generalmente en campo neutral o bien designado con anterioridad. Pues bien; pareció conveniente que el trofeo se jugara en Arabia Saudita y no por los dos campeones sino por cuatro equipos. La final la disputaron el Real Madrid y el Atlético; ninguno de los dos había sido campeón, ni de Liga ni de Copa.

¿Y qué es eso de que el Numancia juegue en Los Pajaritos de Soria, la Ponferradina en Ponferrada y el Zaragoza en La Romareda? Eso es cosa antigua, hombre, de nostálgicos inmovilistas fracasados que se conforman con cualquier cosa, que no saben pensar a lo grande. Ahora la Ponferradina debe jugar en Nairobi, que hay mucha afición, el Numancia en Dubai, que tienen más pasta que los de Soria, son más y hace más calorcito. Y si quieres torreznos, eso sí, te los tendrás que llevar de casa y comerlos a escondidas, porque allí es pecado y la policía los huele antes que a la maría.

Y luego está lo de la pasta. ¿Al Madrid? 6.8 kilos. ¿Al Barça? Otro tanto; y seis a la Federación. Al Atlético, cuatro millones, que son más de barrio ¿Y al Valencia, que es (era) el campeón de Copa? Pues dos kilitos y medio, que son de provincias y con eso se conforman, y si no que no vengan, que los invitamos por compromiso y para salvar las apariencias. No quiero ni pensar lo que habrían ofrecido estos guaperas (y que conste que no va por el Presidente Rubiales lo de guaperas) si hubiese sido el Levante el clasificado: ¿500 euritos, máximo?

Con tanto salteador de caminos de desfile de Armani añoramos aquellos bandoleros de trabuco y pañuelo a la cabeza como Tragabuches, llamado así por haberse comido un buche entero (un burro pequeño) en una sentada, Pablo de Aroca “Ojitos”, Malafacha, Juan Palomo (el de yo me lo guiso, yo me lo como), Juan Antonio Gutierrez, “El Cojo”, Zamarrita, El Cencerro o el mismísimo Tempranillo, que privaba a las señoras que atracaba por los caminos de sus joyas diciéndoles que ellas eran tan hermosas que las joyas no hacían más que afear su natural belleza.

Vuelve, Dioni, vuelve. Te echamos de menos.

Román Rubio

Abril 2022

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lunes, 11 de abril de 2022

MEDINA Y LUCEÑO

 

MEDINA Y LUCEÑO


Seguramente habrán oído alguna vez la historia de Nathan Rothschild, el banquero judío-alemán afincado en Londres que, habiéndose enterado de la derrota de Napoleón en Waterloo antes de que la noticia llegara Inglaterra, comenzó a vender acciones en la Bolsa de Londres haciendo creer que había sido una derrota de los ingleses y provocando una enorme caída del valor para volverlas a comprar a precios tirados y ganar así, en pocas horas, enormes beneficios.

Pues bien, la historia no es cierta. Es verdad que se enteró antes que nadie de la victoria de Wellington gracias a su propia red de mensajeros, ya que había financiado en gran parte la campaña del general inglés. Y en cuanto tuvo noticia fue directo a Palacio a comunicarlo. Lo cierto es que, una vez de dominio público, compró los bonos del gobierno inglés a un precio que parecía muy alto y al cabo de dos años, tras la paz, aumentaron un 40% su valor produciendo al banquero enormes ganancias. Todo limpio, con las cartas sobre la mesa y respetando las reglas del juego liberal-capitalista. Audacia, sí, pero sin pillería.

Aquello era el Londres del siglo XIX. Ahora estamos aquí, en el siglo XXI, y en Madrid. ¡Ay, Madrid! ¿Qué tendrá esa ciudad de conseguidores que en plena pandemia, cuando más sufrimiento hay y mayores las necesidades y el desconcierto, en la ciudad con mayor incidencia de mortandad de España, se forran el hermano de la presidenta y dos pintorescos petimetres amigos del primo del alcalde?

Y no, no se trata de dos toreros: Medina y Luceño  no son matadores (como Lebrijano y Limeño o Camino y Mondeño) que ejecuten un mano a mano en Las Ventas. Son la pareja de moda, dos jóvenes apuestos, vendedores de humo, con labia fluida y buena agenda de contactos (uno de ellos es marqués, hermano de duque, o algo así) que lograron vender al Ayuntamiento de la capital en época de pandemia una remesa de mascarillas, tests y guantes por lo que sacaron seis millones de comisión, una cantidad cercana al ochenta por ciento del precio total. Una rentabilidad que hasta Rothschild habría considerado exagerada, inmoral y un mal negocio, pues para el capitalismo más ortodoxo no hay buen negocio en el que no ganen las dos partes. Pescar en río revuelto es una cosa; tiene sus riesgos, pues la corriente es traicionera. Otra distinta es desecar el río para coger el pescado mientras los demás se quedan sin riego.

¿Y qué creen que hicieron con el dinero los tan distinguidos figurines? Pues lo que de tales lechuguinos se espera: comprar doce coches de lujo (¿quién querría tener un coche pudiendo tener doce?), relojes carísimos, un yate y un piso de lujo en un lugar, esta vez, distinto de Marbella.

En fin, esta es la historia de los modernos Rinconete y Cortadillo pero con menos ética. Aquellos tenían sus principios. En la república de Manipodio se ayudaba a las familias de los del gremio caídos en manos de la autoridad, se encargaban misas para los muertos y se abstenían de ir a prostíbulos los días señalados del calendario mariano. Manguis, sí, pero con principios.

Lo dicho: apréndase los nombres; y además, en el orden correcto, pues Medina y Luceño ya han pasado a la historia de los dúos, como Manolo y Ramón o Daoiz y Velarde,  pero de la deshonra

La operación “mascarilla” se cerró con un comerciante malayo que responde al nombre de San Chin Choon, lo que me recordó otra historia rocambolesca protagonizada por otro pintoresco dúo patrio irrepetible: el formado por Roldán y Paesa, o Paesa y Roldán, que tanto monta. El hábil Paesa facilitó la entrega del reo Roldán al estado español por la módica comisioncita de 1,8 millones de euros. La entrega se realizó en el aeropuerto de Bangkok en donde un tal capitán Khan de la policía laosiana, que ni era capitán, ni policía y ni siquiera laosiano, entregó al prófugo Roldán, que presuntamente se ocultaba en Laos, pero que nunca había pisado aquel país, a unos policías españoles que tenían el convencimiento de que les estaban tomando el pelo, pero les daba igual, con tal de traer al reo de vuelta.

Ya ven, Medina y Luceño, San Chin Choon y el Capitán Khan, Paesa y Roldán… El mundo está lleno de tramposos que, como los trileros, se presentan de dos en dos. Vayan con cuidado.

Román Rubio

Abril 2020


lunes, 4 de abril de 2022

NEGRO PEGA A NEGRO

 

NEGRO PEGA A NEGRO


Ríos de tinta (permítanme la expresión), no; océanos han corrido sobre el incidente. Cada cual en este país —y en los otros— ha dado su opinión al respecto, con lo que yo, aunque tarde, no me voy a quedar atrás. Lo que hizo el tal Smith no tiene nombre; es una villanía tal que entrará en los anales de las afrentas mayores de la historia del espectáculo. Para el público y para los protagonistas: para el presentador chistoso, pero sobre todo para el agresor. ¿Qué director o productor de cine va a considerar a semejante fanfarrón como protagonista de su próxima película? ¿Cuántos monologuistas dejarán de empezar su espectáculo con la frase “no estará por aquí Will Smith, verdad” para jolgorio del público?

Es verdad que los chistecitos —al parecer, obligatorios— de los presentadores de esa y otras galas similares hacen sobre los asistentes están a menudo fuera de lugar y pueden resultar hasta hirientes, pero de alguna manera obliga a los aludidos a mantener la forzada sonrisa, al igual que hay que aplaudir cuando el premio se lo dan a otro o se ahorra uno el comentario de lo mal que le sientan a la vecina sus últimos retoques faciales. A eso llamamos civilidad y es lo que hace que no vayamos por ahí a mamporros.

Y dicho esto, el otro día vi el titular que el periodista Carlos Herrera dio a propósito del incidente: “¿Se imaginan si hubiese sido un blanco el que sube al escenario y hubiese abofeteado a un negro?” Ostras, es verdad; pensé yo. Por ejemplo, que en vez de haber sido el fantoche de Bel-Air hubiera sido un rubito wasp como Kevin Costner o Brad Pitt. Habría sido algo inaudito, impensable, que habría removido los cimientos de la sociedad. El esclavismo, la supremacía blanca. Blanco pegando a negro.

Imaginemos ahora otro escenario: negro pega a blanco. Buenafuente (primero que me viene a la mente) hace un chiste en los Goya y un actor negro ofendido sube al escenario y le cruza la cara. Excelente noticia para Vox y sus compadres. ¿Adónde vamos a llegar con tanta apertura y tanta transversalidad?

Tercer escenario posible: es Bardem el que sube y pega al monologuista al haber usado este un chiste sobre su mujer Sí, ya sé que esta posibilidad es más remota puesto que Javier es un hombre inteligente y educado, pero, ateniéndonos al asunto racial en beneficio del argumento: ¿Se consideraría a Bardem un hombre blanco o de color?  Recordemos que a Banderas se le catalogó como no blanco por la prensa americana cuando fue nominado por Dolor y Gloria en el 2020.

Hay algunos otros escenarios, más difíciles de contemplar pero igualmente interesantes porque añadirían el tema de género: el de que una mujer pegue a otra mujer, que una mujer pegue a un hombre o el más inverosímil de todos: que un hombre pegue una bofetada a una mujer por un chiste fuera de lugar en un sitio como el escenario del teatro Dolby de Los Angeles. A todo esto pueden añadir el asunto de raza en la coctelera. Ya digo, estas posibilidades son mucho más remotas puesto que la mujer, afortunadamente, no suele expresar su frustración, enfado o incluso ira con ese punto de violencia que tienen algunos hombres.

Que siga así.

Román Rubio

Abril 2020


miércoles, 30 de marzo de 2022

PLOU DE VALENT

 

PLOU DE VALENT

“Al meu país la pluja no sap ploure/ o plo poc o plou massa”



 “…Y se abrieron las compuertas de los cielos; y llovió a torrentes sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.

 “Fueron aumentando cada vez más las aguas sobre la tierra, y cubrieron los montes más altos que hay debajo de todos los cielos. Las aguas subieron quince codos por encima de los montes y quedaron estos totalmente cubiertos”.

 “Toda carne que se movía por la tierra pereció: aves, ganados, animales salvajes y todo ser que pululaba sobre la tierra y todo hombre”.

 “Cerráronse las fuentes del abismo y las compuertas de los cielos, y cesó la lluvia torrencial de los cielos”.

 “En el mes séptimo, el día diecisiete del mes, se posó el arca sobre los montes de Ararat. Y siguieron disminuyendo las aguas hasta el mes décimo; y en el mes décimo, el día primero del mes, aparecieron las cimas de los montes.

 “Al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca y soltó un cuervo (…) Soltó después una paloma (…) Esperó aún otros siete días y soltó otra vez la paloma fuera del arca. Por la tarde regresó a él la paloma con una hoja de olivo en su pico…”

                                                                                                                                                          Génesis (7,8)


La historia no acaba ahí. Una vez secada la tierra hubo de transcurrir más de un mes para que Yahvé diera la orden de abandonar la embarcación.

La aventura del arca tomó su tiempo, pero este fue un suspiro en la vida del protagonista. Vean: Noé era hijo de Lámek, que había sido engendrado por Matusalén cuando este tenía ciento ochenta y siete años (aún vivió seiscientos ochenta y dos más) y el mismo Noé tenía quinientos años cuando engendró a Sem, Cam y Jafet; todo un prodigio de fecundidad y vigor de una tardía juventud.

Y es que, como dijo Einstein, esto del tiempo es muy relativo. Dejará de llover.

 

Román Rubio

Marzo 2022